Capítulo 4

—¡No! ¡No lo hagas! —Evelyn temblaba de terror. Trató de quitarse la mano de Daniel de encima, pero Noah se lanzó hacia ella y la sujetó con fuerza por la cintura.

—¡Papá, ahora! —gritó Noah.

Noah solo tenía seis años, pero la sujetaba con tanta fuerza que Evelyn no podía soltarse. El alcohol le quemó la garganta, desgarrándole el pecho al bajar.

En cuanto el líquido llegó a su estómago, sintió como si le hubieran echado fuego en una herida abierta.

Evelyn cayó de rodillas y tuvo una arcada tras otra, con el cuerpo sacudido por el esfuerzo de querer devolver sin éxito.

Noah se quedó petrificado, atónito por lo que veía.

Zoe, en cambio, bajó la mirada para ocultar su felicidad. Cuando volvió a levantar la mirada, sus ojos reflejaban una inocencia fingida.

—¿Qué le pasa a Evelyn? Cualquiera pensaría que la que tiene cáncer es ella...

Esas palabras borraron cualquier rastro de preocupación de los ojos de Daniel.

—En serio que deberías haber sido actriz. Tu actuación es increíble —dijo él con una mueca de desprecio.

Noah salió de su asombro y recuperó la voz.

—¡Sí, mamá, otra vez estás fingiendo! ¡Mi abuela dijo que antes te encantaba tomar!

El tono de Daniel se volvió afilado y burlón.

—Antes te ibas de cena de negocios todas las noches y tomabas hasta que terminabas vomitando en el baño. ¿Y ahora, por una sola copa, haces como si te estuvieras muriendo?

A Evelyn se le escaparon las lágrimas, pero era solo una reacción de su cuerpo. Sentía el sabor metálico de la sangre quemándole la garganta. No podía ni hablar.

En ese momento, Zoe se llevó una mano al vientre y se quejó.

—Me duele. Me duele mucho el estómago...

Daniel y Noah entraron en pánico y se olvidaron de que Evelyn estaba ahí.

—¡Resiste! ¡Te llevaré al hospital! —dijo Daniel con urgencia.

—¡No te puedes enfermar! ¡Te necesito! —exclamó Noah llorando.

Sus voces se fueron apagando, alejándose cada vez más.

Evelyn sentía que el dolor la sobrepasaba, como si una ola la golpeara con furia. Antes de perder el conocimiento, se dobló sobre sí misma y vomitó un charco de sangre roja y brillante sobre el tapete, dejando atónitos a los hombres que seguían en la sala privada.

—¡Qué demonios! —exclamó uno, ahogando un grito.

Otro hombre dijo con voz temblorosa:

—¡Maldita sea! ¡Zoe dijo que esto era solo una broma! ¿Quiere que se muera?

—¡Esto no tiene nada que ver conmigo! ¡Yo no hice nada! —gritó otro enseguida.

—¡Vamos de aquí ya!

Salieron disparados, desalojando la habitación como si hubiera sonado una alarma de incendios.

Evelyn, sola en el suelo, temblaba. Una carcajada amarga se le escapó entre las lágrimas. Así que esa era la mujer a la que Daniel y Noah amaban. Esa era la mujer que habían elegido.

Evelyn solo esperaba que, cuando al fin supieran la verdad, no se ahogaran con el arrepentimiento.

***

Cuando Evelyn volvió a abrir los ojos, estaba en una cama de hospital. La habitación estaba en silencio. No había nadie sentado a su lado.

Le preguntó a una enfermera qué había pasado y le dijeron que alguien la había dejado en urgencias después de que se desmayara por el dolor, y luego se había ido.

El doctor entró unos minutos después. Su cara se endureció mientras la interrogaba.

—¿Tu cuerpo ya está en este estado y todavía te pones a tomar? ¿Estás loca o es que ya no quieres vivir?

Evelyn sonrió con amargura.

“Yo no quería tomar. Mi esposo y mi hijo me obligaron a tragarme esa copa con sus propias manos”.

Quería vivir un poco más. Ellos fueron los que la empujaron hacia la muerte.

El doctor suspiró.

—Escucha. Tienes que entender esto. Si quieres sufrir menos, no puedes volver a tocar el alcohol.

En cuanto el médico se fue, Evelyn pidió el alta. No importaba cuánto tiempo le quedara, no quería pasarlo mirando el techo de un hospital.

Al salir, pasó junto a un grupo de pacientes y visitas que hablaban afuera de una de las habitaciones.

—Esa mujer del cuarto 6 tiene mucha suerte. Su esposo y su hijo no se le despegan ni de día ni de noche. La tratan como si fuera de cristal.

Otra persona respondió:

—En serio que se sacó la lotería con ese hombre. ¿Vieron lo que pasó hace rato? Dijo que tenía ganas de comer pastel y mandaron pedir uno de cada tipo de todas las pastelerías de la ciudad. Si pidiera las estrellas del cielo, te juro que esos dos buscarían la forma de bajárselas.

—Ya cállense. Ahí vienen.

El grupo se hizo a un lado.

Evelyn levantó la cabeza y vio a Daniel y a Noah saliendo del cuarto 6. Ambos se quedaron petrificados al verla.

—¿Mamá?

—¿Evelyn?

Daniel bajó la mirada hacia la bata de hospital que ella aún llevaba y su cara mostró un desconcierto.

—¿Qué haces en oncología?

Noah entró en pánico y su cuerpo se puso rígido. Nadie terminaba en ese piso por un simple resfriado.

Antes de que Evelyn pudiera responder, Zoe salió de la habitación.

—¿Por qué se quedan ahí parados?

Se tomó del brazo de Daniel como si fuera lo más natural del mundo. Entonces vio a Evelyn y sus dedos se tensaron sobre la manga de él.

Daniel se soltó de Zoe, poniéndose tenso. Se acercó a Evelyn con pasos rápidos, mirándola fijamente a la cara.

—Dime, ¿qué haces aquí?

Noah también corrió a su lado.

—Sí, mamá. ¿Estás enferma?

Zoe se mordió el labio, incapaz de ocultar el destello de pánico en sus ojos.

Evelyn sonrió. “Así que Zoe también puede sentir miedo, después de todo”.

Capítulo 5

De hecho, Zoe no tenía de qué preocuparse. Evelyn no tenía la menor intención de decir la verdad; esperaría a que ella ya no estuviera para que Daniel y Noah finalmente se enteraran de lo que había pasado en realidad.

Ese tipo de dolor y arrepentimiento, que llega cuando ya no hay forma de arreglar las cosas, los perseguiría por el resto de sus vidas.

—Escuché que estabas aquí, así que vine a verte —dijo Evelyn con calma. Su expresión era tan tranquila que tanto Daniel como Noah se relajaron.

—¿Entonces vienes de otro piso? —preguntó Daniel.

—Sí —respondió Evelyn.

Daniel suspiró, pero arrugó la frente.

—¿Qué te pasa? Traes puesta la bata del hospital.

Los labios de Evelyn se curvaron en una sonrisa.

—Problemas del estómago.

En cuanto lo dijo, Daniel y Noah intercambiaron una mirada de inquietud. Daniel sabía que ella había tenido molestias en el estómago durante años, no pensó que fueran tan graves como para que terminara internada.

Antes de que él pudiera decir otra palabra, Zoe se acercó con los ojos llorosos y la voz temblorosa.

—En serio lo siento. Todo es mi culpa. Si no te hubiera obligado a tomar esa copa, no estarías en el hospital.

En el momento en que ella empezó a llorar, la actitud de Daniel y Noah se suavizó.

Daniel se apresuró a sostener a Zoe para darle apoyo.

—¡Claro que no es tu culpa! ¡No hay forma de que una sola copa la dejara así! ¡Eso ya es puro drama!

—¡Sí, tía Zoe! No estés triste —intervino Noah—. ¡Todo es culpa de mamá! ¡De seguro dejó de comer y se enfermó para que mi papá y yo le hiciéramos caso!

Con tal de hacer sentir mejor a Zoe, Noah era capaz de decir cosas muy crueles. Evelyn no pudo evitar preguntarse en qué momento se había vuelto así; recordaba haberlo educado para que fuera una mejor persona.

La expresión de Zoe por fin cambió. Se llevó una mano al pecho y susurró que se sentía un poco mal. Daniel y Noah se desvivieron por atenderla y la ayudaron a entrar de nuevo a la habitación. Para cuando volvieron a salir, Evelyn ya se había ido.

Daniel no le dio mucha importancia. Si le pasara algo grave, ella lo diría. Evelyn era de las que lloraban por un simple rasguño; no había forma de que enfrentara una enfermedad seria sin decir una sola palabra. Si no decía nada, era porque estaba bien.

Además, a Zoe no le quedaba mucho tiempo. Él necesitaba estar a su lado mientras todavía pudiera. Cuando ella se fuera, ya vería cómo compensar a Evelyn.

***

Evelyn recogió sus analgésicos recetados y se fue a casa. Eran lo único que podía calmarle el dolor.

Faltaban ocho días para irse a la isla y no quería que nada saliera mal antes de eso.

Para evitar que su salud decayera, se permitió descansar por primera vez en años. Dormía todos los días hasta el mediodía.

Ya no tenía que preparar la comida de Noah, ni preocuparse por sus horarios de la escuela, ni quedarse despierta en la noche preguntándose si Daniel llegaría borracho de alguna otra cena de negocios.

Resultó que vivir sola podía ser muy cómodo.

Unos días después, sus padres llamaron.

—Si estás libre hoy, ven a casa. Deberíamos estar todos juntos —dijo su madre, Tiana Dunn.

Por primera vez desde el supuesto diagnóstico de cáncer de Zoe, buscaban a Evelyn. Desde que decidieron que ella estaba mintiendo, incluso la habían bloqueado.

Evelyn miró el calendario en la pared. Era día 21, su cumpleaños. Aceptó ir, solo por pasar un último cumpleaños con sus padres. Después de eso, todos podrían dar las cosas por terminadas.

Cuando entró a la residencia Wynn, no había pastel ni regalos; solo las caras extrañas de sus padres y un silencio incómodo y sofocante. Al verla en la puerta, ellos intercambiaron una mirada.

—Ya que estás aquí, siéntate —dijo su padre, Owen Wynn.

Evelyn se sentó en el sofá.

Tiana observó a Evelyn por un momento y luego dijo en un tono bajo y confundido:

—El día 26 se supone que Daniel te va a organizar una boda, ¿no?

Evelyn arrugó la frente, sin entender todavía a dónde iba esto. Antes de que pudiera responder, Tiana continuó:

—Deja que Zoe tenga la boda en tu lugar.

Evelyn se quedó inmóvil.

Tiana siguió hablando sin rodeos:

—Sabes que a Zoe le gusta Daniel. Él y Noah también la quieren a ella. ¡El lazo que tienen ya es más fuerte que el que tú tienes con ellos! Si fuera en cualquier otro momento, yo nunca me involucraría. Pero Zoe tiene cáncer. No le queda mucho tiempo. Quiero ayudarla a cumplir su deseo y dejar que se case con Daniel, aunque sea solo de nombre.

Por un segundo, Evelyn sintió que la sangre le hervía en las venas. ¿Ayudar a Zoe a cumplir su deseo? ¿Y ella qué? Se trataba de su esposo y de su boda, pero sus padres le pedían que se los entregara como si no fuera nada. Era ridículo.

—¿Han pensado en mí? —preguntó Evelyn en voz baja.

La expresión de Owen se endureció.

—¿Qué te pasa? ¿A poco tú eres la que se está muriendo?

Los labios de Evelyn se curvaron en una ligera sonrisa.

—Sí. De hecho, yo soy la que se está muriendo.

Al segundo siguiente, una fuerte cachetada resonó en la cara de Evelyn. Se llevó una mano a la mejilla y sintió sangre en la comisura de la boca.

—¡Eres una terca! —gritó Owen—. ¿Cómo terminé con una hija tan desalmada?

La cara de Tiana estaba llena de decepción y asco.

—¿Cómo puedes ser tan inhumana? Eres su hermana. Ni siquiera quieres aceptar el último deseo de Zoe. ¡Si hubiera sabido que ibas a ser así, nunca te habría tenido! Si no hubiéramos estado tan ocupados cuidándote, Zoe no se habría perdido en aquel entonces. ¡No eres más que una maldición en mi vida!

—¡Si te niegas, prefiero mudarme y vivir con Zoe! ¡Así no tendré que verte y sentirme enferma!

Evelyn pasó la lengua por la sangre de su labio.

—No tienes que irte con Zoe. Yo me voy —dijo ella.

Se iría a un lugar donde ninguno de ellos pudiera encontrarla jamás.

Si algún día todos terminaban en el cielo, ella con gusto preferiría irse al infierno.

Capítulo 6

Evelyn salió de la sala con la mejilla todavía ardiéndole; se llevó la mano a la cara para cubrirse la piel inflamada. Casi se encontró de frente con tres personas que subían los escalones de la entrada.

Por puro instinto, se encogió para ocultarse en las sombras de la puerta y vio cómo Daniel y Zoe bajaban del auto. Noah estaba en medio de los dos, muy feliz, agarrado de la mano de cada uno. Los tres se veían como una familia.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Noah.

Zoe sonrió y le despeinó el cabello.

—Mucho mejor.

—¡Qué bueno! ¡Por fin vas a poder jugar conmigo otra vez! —Noah pateó una piedrita que le estorbaba, con una sonrisa de oreja a oreja—. Mi mamá es aburrida y molesta. Tú eres la única que me entiende. Qué bueno que no vino, porque lo hubiera arruinado todo.

La sonrisa de Zoe se hizo más obvia. Usó un tono suave, como si no pudiera hacer nada al respecto.

—No puedes hablar así de tu mamá.

—¿Por qué no? —El niño infló los cachetes—. ¡Es que es mala! ¡Siempre es molesta y se hace la víctima! ¡Ni te quiere ayudar con las copas! Si a alguien le debería dar cáncer, es a ella.

Esas palabras hicieron que a Evelyn se le detuviera el corazón y su cuerpo se quedó rígido. El resto de la conversación se convirtió en un ruido lejano que ya no pudo entender.

Se quedó ahí donde estaba, escondida en el rincón como si fuera una sombra. Esperó hasta que escuchó las risas de los tres perderse dentro de la casa. Solo entonces se dio la vuelta y se alejó.

Sintió que su vida se había vuelto patética y miserable, tanto que no había palabras para describirlo. Llevó a Noah en su vientre durante nueve meses y ahora él deseaba que se muriera sin dudarlo ni un segundo.

Las lágrimas rodaron por su cara mientras caminaba.

Tal como ellos querían, era la que tenía cáncer. En cuanto se fuera, Zoe ocuparía su lugar sin ningún problema. Noah tendría lo que quería.

***

Al llegar a casa, Evelyn recorrió cada habitación y sacó todo lo que le pertenecía. Luego, lo echó todo a un brasero y le prendió fuego en el patio trasero. Quemó la foto de su boda, la foto familiar y cada regalo que les había comprado a Daniel y a Noah a lo largo de los años.

Cuando Daniel llegó y vio el fuego, abrió los ojos con desesperación. No le importó el calor ni el dolor; metió la mano a las llamas para intentar salvar su foto. Logró sacar solo la mitad; lo demás ya se había hecho cenizas.

Con los ojos rojos, le gritó:

—¿Te volviste loca? Estos son los recuerdos de nuestra familia. ¿Por qué los quemaste?

Noah empezó a patalear por el coraje.

—¡Esos peluches eran mis favoritos! ¿Por qué los quemaste?

Evelyn respondió sin ninguna emoción:

—Pues, ¿qué no Zoe te compra juguetes nuevos? Tú mismo echaste esos peluches al cuarto de desperdicios. ¿Para qué más iban a servir?

Noah se puso rojo de la cara. Era cierto que amaba los juguetes que Zoe le compraba. ¿Quién iba a querer algo viejo pudiendo tener algo nuevo? Pero esos peluches los había hecho Evelyn a mano.

Noah apretó los puños. Su enojo creció tanto que no pudo controlarse y empujó a Evelyn con fuerza.

—¡Mala mamá! ¡Te odio!

Agarró el único peluche medio quemado que no se había caído al fuego, se limpió los ojos con el dorso de la mano y entró corriendo a la casa.

Evelyn cayó al suelo. El brasero se ladeó y las brasas y la madera ardiendo rodaron hacia ella. Un trozo de carbón encendido le pegó en el antebrazo. El ardor le sacó un grito de dolor mientras la piel se le llenaba de ampollas por la quemadura.

Daniel ni cuenta se dio. Seguía mirando por donde se había ido Noah.

Cuando por fin volvió a verla, Daniel sonaba cortante.

—Noah no debió empujarte, pero ahora sí te pasaste. No son formas de hacer un berrinche. Hoy mismo vas a mandar a que restauren esas fotos con los negativos. Si no lo haces, ¡ni te aparezcas en la boda!

Dicho esto, se fue furioso.

Una sonrisa amarga y burlona asomó en Evelyn. Ese era el pretexto que Daniel estaba esperando. Si ella no iba a la boda, le resultaría mucho más fácil pararse en el altar con Zoe.

No importaba. De todos modos no tenía planeado ir.

Para cuando Daniel le estuviera poniendo el anillo a Zoe, Evelyn ya estaría en un barco camino a su propia isla privada.

***

Durante los siguientes días, Daniel y Noah la ignoraron a propósito. Ni siquiera la saludaban cuando la veían.

A Evelyn no le importó nada. Empacó la poca ropa que pensaba llevarse y se quedó lista para salir en cualquier momento.

Mañana, por fin, podría irse de este lugar.

En ese momento, su celular vibró. Zoe le había mandado una foto.

Evelyn la abrió y se quedó pasmada por la impresión. Era una foto del único recuerdo que le había dejado su abuela, la única persona que la había querido. Al lado del objeto, había un brasero.

Evelyn llamó a Zoe.

—¿Qué estás haciendo?

—Ven a buscarme. Quiero que hagamos un trato —dijo Zoe.

Evelyn agarró sus llaves y salió corriendo. Apenas había puesto un pie afuera cuando fue golpeada en la nuca. Se desplomó y todo se volvió oscuridad.

Antes de perder el conocimiento, escuchó la voz de Zoe.

—Átenla bien. Que no se escape.

Solo La Muerte Es Libertad

Capítulo 4
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