Capítulo 1

El día que me diagnosticaron cáncer, mi esposo me dio una cachetada.

—¡Eres una malvada! ¡Hasta eres capaz de inventar que tienes cáncer solo para dar más lástima que tu hermana!

Mi hijo gritó:

—¡Mi mamá es horrible! ¡La odio!

No lloré ni hice un drama. Guardé los resultados de los estudios sin decir nada y elegí una tumba para mí misma.

En quince días me iré de esta ciudad para morir en paz en otro lado. Ni siquiera van a tener la oportunidad de arrepentirse.

—Señorita Wynn, ¿está segura de que quiere comprar una isla deshabitada? Está en medio de la nada. No hay agua, ni luz, ni señal de celular. En cuanto llegue allá, va a estar prácticamente desconectada del mundo.

—Lo sé —respondió Evelyn Wynn en voz baja. Bajó la mirada hacia el reporte médico que tenía en la mano, el que confirmaba que tenía cáncer. Una extraña calma hizo que se relajara.

—No se preocupe. No voy a vivir ahí por mucho tiempo. ¿Qué tan rápido podemos terminar los trámites? —preguntó ella.

—Deme un momento. Voy a revisar.

Se escuchó el crujido de unos papeles a través del teléfono mientras Evelyn se perdía en sus pensamientos.

Nadie habría creído que hace un mes le diagnosticaron cáncer de estómago en etapa avanzada. Probablemente la enfermedad empezó hace siete años, cuando se la pasaba haciendo llamadas de ventas durante el día y cuidando a Daniel Hayes por las noches después de su accidente de auto.

En ese entonces, Daniel estaba en el mejor momento de su carrera. Para ayudarlo a establecerse en Riverton, ella bebió con cada cliente hasta terminar vomitando en el baño. Dormía menos de tres horas antes de arrastrarse de vuelta al trabajo. Trabajaba todo el día y luego corría a casa para cuidar a Daniel.

Daniel estaba tan conmovido que apenas podía expresarlo con palabras. El día que le dieron el alta, fueron al registro civil y se casaron.

Para demostrarle cuánto la amaba, puso una foto de ella en su perfil de redes sociales. Todos los días, al salir del trabajo, le llevaba lirios, sus flores favoritas. Cada vez que regresaba de un viaje de negocios, apenas había espacio para su ropa en la maleta porque siempre venía llena de regalos para ella.

Más tarde, cuando nació su hijo, Noah Hayes, su relación pareció fortalecerse todavía más.

Hasta el día en que su hermana menor, Zoe Wynn, a quien no veían desde hacía años, fue encontrada de pronto y regresó con la familia.

Poco a poco, Evelyn se dio cuenta de que el hombre al que amaba y el hijo del que estaba tan orgullosa habían empezado a preferir a Zoe.

Lo más gracioso fue que, el mismo día que diagnosticaron a Evelyn con cáncer avanzado, Zoe se le adelantó y sacó primero un estudio de oncología. La mirada de Zoe cuando se lo enseñó era una burla directa.

En ese momento, Evelyn se dio cuenta de que Zoe estaba fingiendo.

Evelyn corrió a desmentir la mentira, pero lo único que recibió a cambio fue una cachetada violenta de Daniel. Fue tan fuerte que le rompió el labio.

—¡Ya te pasaste! ¡Zoe tiene cáncer! ¿Cómo se te ocurre fingir que tú también? ¿En serio tienes que pelearte con ella por algo así?

Noah gritó:

—¡Eres horrible! ¡Te odio!

Sus papás la miraron con asco.

—Te la pasamos cada vez que te peleabas con Zoe por atención, pero esto ya es demasiado. ¿Cómo pudiste decir algo así?

—Siempre te estás peleando con Zoe por todo. ¿Por qué tuvo que pasarle esto a ella en lugar de a ti?

En ese instante, un escalofrío recorrió a Evelyn de pies a cabeza. Fue como si la hubieran aventado a un pozo oscuro, sin ninguna esperanza de volver a ver la luz.

Nada dolía más que la traición de la gente que más amaba. Especialmente cuando los primeros en acusarla fueron su esposo y el hijo que llevó en su vientre por nueve largos meses.

Algo dentro de Evelyn se rompió. De todos modos, no le quedaba mucho tiempo. Si lo único que les importaba era Zoe, entonces les daría lo que querían.

—Señorita Wynn.

La voz en el teléfono la trajo de vuelta a la realidad.

—Ya revisé todo. El traspaso puede quedar listo en quince días.

—Está bien. Vengan por mí en quince días.

Apenas terminó de hablar cuando una voz dura la interrumpió desde la entrada.

—¿Que vengan por ti para qué? ¿A dónde vas?

Evelyn levantó la mirada y vio a Daniel parado en la puerta con un traje planchado y arrugando la frente. Detrás de él estaban Zoe y Noah, agarrados de la mano, la viva imagen de una madre con su hijo.

Así que también habían ido al hospital con Zoe.

Evelyn bajó la mirada. Estaba a punto de decir que no era nada cuando Daniel caminó hacia ella y le arrebató los papeles de la mano.

—¿Cáncer de estómago en etapa avanzada? —leyó en el reporte.

Evelyn sintió un arranque de pánico. No quería que él arruinara sus planes. Quiso explicarle, pero los ojos de Daniel ya estaban con desprecio.

—¿Dónde compraste esto? Te quedó muy real, eso te lo reconozco.

Evelyn se quedó tiesa.

Noah le sacó la lengua.

—Mamá está mintiendo otra vez. ¡Dice que tiene cáncer para dar lástima!

—No puedes hablarle así a tu mamá —dijo Zoe con un tono de regaño fingido.

Noah suspiró.

—Es la verdad. Mamá te tiene envidia, por eso finge que ella también está enferma. Mi abuela tenía razón, quedarse de ama de casa le secó el cerebro.

Esas palabras fueron como una quemadura directa en el alma de Evelyn.

Hace siete años, ella destrozó su salud por atender a clientes y cuidar a Daniel en el hospital. Después de que nació Noah, los dolores de espalda y de estómago nunca se le quitaron. Había días en los que apenas podía moverse.

En aquel entonces, tanto Daniel como Noah se angustiaban por ella; le rogaban que dejara el trabajo y se quedara en casa para que pudiera enfocarse en su salud y en la familia.

Ahora, todo aquello se había convertido en un insulto barato, como si se hubiera quedado pudriéndose en el sillón hasta volverse idiota.

Evelyn respiró.

Qué bueno que ya no esperaba nada de ellos dos. Todavía le dolía, pero ya no era esa sensación de que le faltaba el aire.

Capítulo 2

—Piensa lo que quieras —respondió Evelyn sin intención de discutir. Se levantó y se retiró.

Daniel se quedó inmóvil un momento. Esperaba que ella, al menos, regañara a Noah. En serio se había pasado con lo que dijo.

Evelyn iba a mitad de la escalera cuando, de pronto, Zoe la siguió.

—Hace tanto que no pasamos tiempo juntas. Deja que te acompañe —dijo Zoe con dulzura.

En cuanto se acercó, su sonrisa se transformó en una mueca y bajó la voz hasta convertirla en un susurro agresivo.

—¡En serio das lástima, Evelyn! Trajiste ese diagnóstico a propósito, ¿verdad? ¿Creíste que me podías quitar a Daniel y a Noah? ¡Sigue soñando! ¡No voy a dejar que eso pase!

Al segundo siguiente, Zoe tomó a Evelyn de la mano y levantó la voz.

—¡No! ¡Perdóname! ¡Es mi culpa!

Un instante después, Zoe se lanzó hacia atrás, arrastrando a Evelyn con ella.

Las dos rodaron por las escaleras. La cabeza de Evelyn golpeó con fuerza contra uno de los escalones antes de que su cuerpo llegara al suelo. Le retumbaba el cráneo; todo le daba vueltas y escuchaba un zumbido constante. Antes de que pudiera entender qué había pasado, escuchó los gritos desesperados de Daniel y Noah.

—¡Zoe!

—¡Tía Zoe!

Zoe se encogió en el suelo, llorando.

—¡Nunca quise quitarte a Daniel ni a Noah! ¡Solo sienten pena por mí y quieren cuidarme el tiempo que me queda! ¿Por qué me empujaste por las escaleras?

—¿Estás loca? ¡Zoe está enferma! —rugió Daniel.

Noah vio la sangre en la frente de Zoe y miró a Evelyn con odio.

—¡No quiero que una asesina sea mi mamá! ¡Te odio! ¡Te odio!

Ninguno de los dos notó siquiera la sangre que escurría por la cara de Evelyn, donde empezaba su cabello.

Daniel corrió a cargar a Zoe, totalmente concentrado en ella. Antes de irse, pareció recordar algo.

—Quédate aquí y cuida a tu mamá.

—¡No quiero! —Noah dio un salto hacia atrás, como si le hubieran pedido que tocara algo asqueroso—. ¡Lastimó a la tía Zoe! ¡Si se muere, se lo merece! ¡La tía Zoe es la única que importa!

Daniel y Noah no lo pensaron más. Salieron de prisa con Zoe y desaparecieron.

Con la mirada fija en la puerta vacía, Evelyn vio cómo todo se oscurecía y se aclaraba por intervalos, hasta que perdió el conocimiento.

Cuando volvió a abrir los ojos, seguía en el suelo. Habían pasado seis horas. La mancha de sangre en la madera junto a ella ya se había secado y era de un color café oscuro.

Ni Daniel ni Noah habían regresado.

Evelyn se rio con amargura. Así que esos eran su buen esposo y su hijo. La abandonaron sin pensarlo para correr al lado de Zoe y su drama, sin siquiera molestarse en ver si seguía viva.

Evelyn hizo un esfuerzo por levantarse; se sentía rígida y se movía con lentitud. Mientras subía las escaleras, se fijó en el calendario de la pared. Tomó una pluma y marcó con un círculo la fecha de dentro de quince días.

Solo quince días más y por fin podría irse. Dejaría a Daniel y a Noah para siempre.

***

Cuando Daniel y Noah por fin regresaron, habían pasado tres días más. Se habían quedado en el hospital con Zoe, sin despegarse de su cama por una herida superficial, como si fuera de cristal.

Mientras tanto, a nadie le importó que Evelyn se hubiera golpeado la cabeza en las escaleras.

Lo primero que hizo Noah al entrar a casa fue acercarse a Evelyn para reclamarle:

—¿Por qué no fuiste a ver a la tía Zoe? Casi se muere por tu culpa. Deberías pedirle perdón.

Al ver la actitud de tirano de Noah, Evelyn estuvo a punto de reírse.

—¿Ella se lastimó y yo no? —preguntó.

Noah titubeó, como si apenas se le hubiera ocurrido que Evelyn también se había caído. Sin embargo, su duda duró solo un par de segundos. Luego, levantó el mentón, con rebeldía e indignación.

—¡Eso es tu culpa! Si no le tuvieras tanta envidia a la tía Zoe, nada de esto habría pasado.

Evelyn sabía que él diría algo así, pero las palabras le dolieron como una puñalada. Le sostuvo la mirada en silencio.

Noah empezó a moverse con nerviosismo y se escondió detrás de Daniel, perdiendo de pronto su seguridad.

Daniel arrugó la frente.

—¿Por qué te desquitas con un niño? —Se acercó e intentó tocar a Evelyn—. Déjame ver. ¿Es grave?

Evelyn giró la cara, rechazando su contacto. No necesitaba su falsa preocupación.

La mano de Daniel se quedó en el aire. Se quedó inmóvil, confundido por su actitud. El rechazo le provocó incomodidad y mostró molestia al hablar.

—Zoe es tu hermana. Tiene cáncer. Puede que no le queden ni dos meses. ¿Por qué tienes que pelear con ella por todo? ¿En serio crees que alguien que está por morir puede quitarte algo? ¡Deja de ser tan egoísta!

¿Egoísta?

Evelyn casi se rio.

Estaban equivocados. Todos estaban mal.

Ella era la que tenía cáncer. Era la que se estaba muriendo.

Capítulo 3

Daniel se fue con Noah, decidido a darle una lección a Evelyn. En el pasado, cada vez que Daniel y Noah la ignoraban, Evelyn se aterraba.

En el momento en que ellos se ponían distantes, ella entraba en pánico y pedía perdón una y otra vez hasta que la perdonaban. Solo entonces podía volver a respirar.

Esta vez, no hizo nada.

Durante varios días, se dedicó a empacar sus cosas con calma.

El equipo que manejaba la isla privada necesitaba sus documentos, así que Evelyn eligió un momento y entregó todo. Apenas terminaba con el papeleo cuando sonó su celular.

—Señorita Wynn, ya llegó su vestido de novia —dijo la encargada de la tienda de vestidos de novia—. ¿Cuándo le gustaría venir a probárselo?

Solo entonces Evelyn recordó que Daniel planeaba una boda para su aniversario.

Cuando se casaron, Daniel todavía estaba en silla de ruedas. No hubo ceremonia ni fotos, solo un acta de matrimonio y una firma rápida en el juzgado. Él le prometió que el 26 de diciembre de ese año compensaría todo con una boda. Incluso mandó pedir el vestido con seis meses de anticipación.

Pero ahora, Evelyn ya no pensaba seguir con eso.

—Ya no es necesario. Cancele el pedido, por favor —dijo Evelyn.

—¿Qué? —La encargada se escuchaba sorprendida—. El señor Hayes ya está aquí en la tienda.

Evelyn fue a la tienda de vestidos de novia. Daniel y Noah estaban sentados en la sala de espera. Cuando Noah vio a Evelyn, se enojó.

Habían pasado tres días completos. Evelyn no había llamado ni mandado un solo mensaje. Eso nunca había pasado antes. Noah estaba enojado y herido de una forma que no sabía explicar. ¿Su mamá ya no lo quería?

Cuando la encargada llamó para avisar que el vestido había llegado, Noah insistió en venir. Ahora que veía a Evelyn bien, su coraje solo aumentó.

“¡Mi abuela tenía razón! ¡Mi mamá es una desalmada! ¡No se parece nada a mi tía Zoe, que siempre es tan linda!”

La expresión de Daniel tampoco era buena, pero se soportó el enojo.

—¿Ya hiciste suficiente berrinche? Fuiste tú la que se portó mal el otro día y todavía te pones así. Ahora ni siquiera quieres probarte el vestido.

Evelyn casi se rio.

Ellos eran los que la habían estado ignorando, tratándola como si no existiera. Y de alguna forma, la del berrinche era ella.

—No estoy haciendo nada malo —dijo ella con calma—. No tiene caso probármelo.

El día 26 era el día que se marchaba. No habría boda.

La cara de Daniel se endureció.

—¡Mala! —Noah pataleó y alzó la voz—. ¡Eres muy caprichosa! ¡No mereces ser mi mamá!

Noah estaba muy consentido y acostumbrado a hablar así. Sabía cómo atacar donde dolía, y siempre que lo hacía, sus palabras dejaban a Evelyn tan mal que apenas podía soportar las lágrimas.

Pero esta vez, ella solo respondió con voz pausada:

—Tienes razón. No lo merezco. Deja que Zoe sea tu madre entonces.

Noah se quedó mudo.

Daniel se puso furioso.

—Ya basta, Evelyn. No hay nada entre Zoe y yo. ¡No lo conviertas en algo sucio! ¡Solo me siento mal por ella! ¡Apenas tiene veinte años y tiene cáncer! El doctor dijo que quizás no le queden ni dos meses. ¡Es tu hermana! ¿Cómo puedes ser tan cruel con ella?

Evelyn lo dejó decir lo que quisiera. Su corazón ya casi ni sentía punzadas. Sintió una amarga curiosidad. Si llegaba el día en que Daniel descubriera que Zoe no tenía cáncer, ¿qué cara pondría?

—¿Algo más? Si no, ya me voy.

Con eso, Evelyn se dio la vuelta para salir.

El pánico de Daniel se asomó.

Antes de que Evelyn pudiera reaccionar, sonó el celular de Daniel. Contestó y se puso pálido, mientras su voz se suavizaba a un tono que Evelyn casi no reconocía.

—¡No tengas miedo! ¡Voy para allá!

Antes de que Evelyn pudiera entender qué pasaba, Daniel la agarró de la muñeca.

—¡Tú vienes también! —dijo él.

No le dio oportunidad de soltarse y la metió a la fuerza al auto. Daniel pisó a fondo el acelerador, haciendo que el auto saliera disparado. Era la primera vez que Evelyn veía a Daniel tan alterado.

Cuando llegaron al club y abrieron la puerta de un salón privado, Zoe ya estaba llorando mientras se lanzaba hacia él.

—¡Daniel, ayúdame! ¡Me están obligando a tomar! —sollozó ella.

Daniel la abrazó y la protegió con su cuerpo.

Noah también se puso frente a ella, con su carita tensa y seria.

—¡No se atrevan a molestar a mi tía Zoe!

El cuarto estaba lleno de hombres de traje. Había un contrato abierto sobre la mesa. Parecía que estaban en medio de un negocio.

Al ver a Daniel y a Noah así, uno de los hombres se picó la oreja con el dedo, sin verse impresionado.

—Eso no es justo. Nadie está obligando a nadie. Solo pedimos que se termine este trago. En cuanto lo haga, el trato queda cerrado.

La cara de Daniel se puso dura.

—Zoe tiene cáncer de estómago. No puede tomar. ¡Yo me lo tomo por ella!

El hombre se rio entre dientes.

—¿Usted es del Grupo Wynn? Si usted se lo toma, ¿eso qué cuenta? ¡Quiero que alguien de la familia Wynn se lo tome!

Al segundo siguiente, Daniel y Noah se giraron para mirar a Evelyn.

Evelyn se puso pálida. Ahora entendía por qué Daniel la había traído a rastras. Estaba ahí para arreglar el desastre de Zoe.

—¡No! —dijo Evelyn, apretando los puños—. ¡No voy a tomar!

Zoe volvió a quebrarse y las lágrimas rodaron por su cara. Rogó:

—Por favor. ¡El Grupo Wynn es la empresa de la familia! ¡Es tuya también! ¿En serio te vas a quedar ahí parada viendo cómo se hunde la familia?

Daniel le gritó:

—¿Tienes que ser tan insensible? ¿Tienes idea de cuántas noches se desveló Zoe trabajando en este proyecto? ¡Es solo un trago!

Noah intervino:

—¡Apúrate y tómatelo! ¡Si lo haces, ya no estaré enojado contigo por empujar a mi tía Zoe por las escaleras!

Evelyn se sostuvo con fuerza de la orilla de la pared. Un entumecimiento le recorrió todo el cuerpo. Cada palabra de ellos la empujaba más hacia el límite.

Tenía cáncer de estómago en etapa avanzada y ellos querían que se tomara un trago de alcohol fuerte. Eso no era solo un trago. Era una sentencia de muerte.

¿Y el Grupo Wynn? ¿Eso qué tenía que ver con ella? Podría ser la hija mayor, pero no era dueña ni del uno por ciento de la empresa. Sus ojos ardían de coraje.

—¡Ni lo piensen!

Daniel apretó la mandíbula y su cara se puso rígida. Los sollozos de Zoe llenaron la habitación mientras Daniel tomaba una decisión. Agarró el vaso y lo levantó. Entonces, sin previo aviso, su otra mano salió disparada y apretó con fuerza la quijada de Evelyn.

Solo La Muerte Es Libertad

Capítulo 1
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo