Capítulo 3
Al dejar caer la sangre sagrada de mi juramento en la copa de vino, sentí cómo decenas de miradas se clavaban en mí.
Especialmente la de la Sabia Vivian, que estaba en la mesa principal. Era la jueza más imparcial de la Alianza. En mi vida pasada, nunca me dio ni un segundo de su tiempo. Para ella, yo solo era la Luna de una manada débil y sin valor.
Pero ahora, caminó despacio hacia mí.
—Pensé que Damon había elegido a una compañera frágil.
Vivian me recorrió con una mirada evaluadora. El desprecio en su voz había desaparecido, reemplazado por algo más. Respeto.
—Parece que tienes la fuerza necesaria para ser la Luna de la manada más poderosa de la Alianza.
Incluso asintió con la cabeza, una señal de verdadero respeto según las reglas de la Alianza.
Los invitados a nuestro alrededor cambiaron de actitud y me brindaron un saludo con sus copas. Les sonreí y les devolví el gesto, pero mi mente estaba lúcida y tranquila.
Esto apenas comenzaba. La aprobación de Vivian no bastaba para sobrevivir. Necesitaba que mis enemigos se destruyeran entre ellos.
En ese momento, un aroma empalagoso llegó hasta mí. Sarah se acercó con dos copas de vino. Se había retocado el maquillaje y ya tenía puesta otra vez su máscara de afecto fraternal.
—Lo que pasó hace rato estuvo fuera de lugar.
Sarah tenía los ojos rojos mientras levantaba su copa.
—Te pido una disculpa. Brindo por Damon y por ti... espero que sean muy felices para siempre.
Me ofreció a propósito la copa que tenía en la mano izquierda. El vino era de un escarlata intenso y se veía normal.
Pero mi espíritu de lobo se puso en alerta máxima. Una sensación de peligro me recorrió la espalda. Entonces, su pensamiento cruel resonó en mi mente:
“Tómatelo, maldita. Este vino tiene plata líquida concentrada. Un solo trago te va a quemar las cuerdas vocales y va a volver cenizas a tu espíritu de lobo. ¡A ver si esa vieja de Vivian te sigue respetando cuando estés muda e inválida!”
Plata líquida. El veneno más agresivo para nuestra especie. No solo quería arruinar mi ceremonia; quería destruirme.
Miré a Sarah a los ojos y dejé que una sonrisa indiferente apareciera. En mi vida pasada tomé demasiado vino amargo. Esta vez era su turno.
Alargué la mano, fingiendo que iba a tomar la copa. Cuando mis dedos rozaron el cristal, “por accidente” enganché el dobladillo de su vestido con mi pie. Con un movimiento fluido, di un paso hacia atrás.
—¡Ah!
Sarah gritó, perdió el equilibrio y se fue hacia adelante.
El vino envenenado no me tocó. Voló por el aire trazando un arco acusador, empapando el altar sagrado que estaba detrás de mí.
—¡Plaf!
El líquido rojo salpicó la estatua blanca y pura de la Diosa de la Luna. La copa se hizo pedazos y lanzó fragmentos de vidrio por todas partes. El salón entero se quedó en silencio.
Había más silencio que cuando Damon no apareció. Ese era el altar. El lugar sagrado para adorar a la Diosa de la Luna y pedir por la prosperidad de las manadas. Derramar una ofrenda y ensuciar la estatua durante una ceremonia de unión era la mayor de las blasfemias. Era un presagio terrible.
—¡Insolente!
Un rugido rompió el silencio. La Sabia Vivian temblaba de furia, y su presencia de clase Alfa se sintió con fuerza en toda la habitación.
—¡Eres la Luna de la Manada Alder! ¡¿Cómo te atreves a montar un espectáculo en el altar sagrado de la Manada Dark Moon?!
Sarah estaba tirada en el suelo de forma patética, con el vestido manchado de vino y lleno de vidrios. Levantó la mirada aterrada, con la cara pálida como un fantasma.
—¡No... yo no fui! ¡Elena me empujó! Fue ella...
—¡Silencio!
Vivian le gritó con fuerza.
—¡Lo vi yo misma! ¡Elena ni siquiera te tocó! ¡Tus propios pies torpes te hicieron tropezar!
Los invitados señalaban y murmuraban con asco.
—Qué mala suerte.
—Profanó a la Diosa en una ceremonia de unión... la Manada Alder está condenada.
Sarah temblaba y miraba desesperada hacia donde estaba Liam entre la multitud. Tenía una actitud de furia contenida, pero debía actuar. Caminó hacia Sarah, se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros con una ternura impecable.
—Le pido una disculpa, Sabia Vivian. Sarah no está acostumbrada a beber. Yo pediré perdón a la Diosa en su nombre.
Liam ayudó a Sarah a levantarse mientras ella seguía temblando; su cara era la viva imagen del arrepentimiento y la preocupación.
—¿Estás bien? ¿Te duele algo?
Parecía un Alfa dedicado. Lástima que yo podía escuchar la voz agresiva en su mente:
“Inútil. Hiciste enojar a la vieja amargada de Vivian. Me pusiste en vergüenza frente a todo el Consejo de la Alianza”.
La mano de Liam acariciaba la espalda de Sarah, como si estuviera calmando a un gatito asustado. Pero noté que el cuerpo de Sarah se puso rígido. Era una reacción física de terror.
Liam me miró con una sonrisa ensayada.
—Siento mucho haber arruinado el momento, Elena. Me llevaré a Sarah para que curen sus heridas.
Me quedé viendo a esa pareja de hipócritas, levanté mi copa vacía y les hice una seña para que se fueran.
—Adelante, Liam. En serio espero que las heridas de Sarah... sanen como es debido.
Liam se alejó abrazando a Sarah. Cuando pasaron junto a mí, capté un último destello de los pensamientos de mi hermana. Su voz mental era de una calma aterradora y me puso la piel de gallina:
“Estúpida... Se te acabó el tiempo. La maldición de Damon está apareciendo. Y me va a encantar ver cómo te hace pedazos”.
Capítulo 4
Las tres de la mañana.
La lluvia caía como un diluvio. Los portones de la mansión se abrieron de par en par con una fuerza brutal.
Damon estaba de vuelta.
Estaba empapado hasta los huesos. Su camisa negra fue desgarrada, se le pegaba al cuerpo y remarcaba los músculos tensos que vibraban con una fuerza explosiva.
Un fuerte hedor a sangre y lluvia inundó la sala.
Era la sangre de cientos de errantes.
Se quedó de pie bajo el marco de la puerta, con el pecho agitado y los ojos rojos brillando de forma inquietante en la oscuridad. Parecía una bestia que acababa de matar a su presa, todavía al borde de un ataque de furia.
Los sirvientes temblaban de miedo y nadie se atrevía a acercarse. En esos momentos era cuando su Maldición de la Luna de Sangre resultaba más inestable. Cualquier cosa, por pequeña que fuera, podía hacer que perdiera el control.
Pero yo no podía echarme atrás. Respiré y caminé hacia ese foco de peligro con un manojo de hierbas medicinales en la mano.
—Lárgate.
Damon gruñó.
No me miró. Sus uñas se clavaron profundamente en el marco de la puerta, dejando un rastro de arañazos. Estaba luchando contra su instinto, tratando de no despedazar a la hembra frágil que tenía enfrente.
—Soy tu compañera, Damon.
Caminé hacia él, obligándome a ignorar la presión sofocante que sentía, y presioné una toalla sobre su hombro, que todavía sangraba.
—Vine a curarte las heridas.
Damon levantó la cara.
Esos ojos rojos se clavaron en mí como si quisiera devorarme entera. Pero no pude escuchar sus pensamientos; solo había un silencio inquietante. Cuando pensé que iba a romperme el cuello, el brillo rojo de su mirada parpadeó de forma extraña y luego se apagó poco a poco.
Ahí estaba otra vez. Mientras yo no le tuviera miedo y me mantuviera cerca, la tormenta en su interior se calmaba. Damon no dijo nada, solo dejó que lo guiara hasta el sofá.
Limpié la herida espantosa de su espalda con un algodón con alcohol. Estaba a carne viva, con los bordes oscurecidos. Un rastro de humo, veneno de errante, brotaba de su carne. Cualquier otro lobo se habría desmayado del dolor, pero él ni siquiera se movió.
—¿Por qué?
Después de un largo silencio, su voz retumbó sobre mí.
—¿Qué?
Yo no detuve mi trabajo.
—¿Por qué me ayudaste? Me advertiste sobre el ataque de los errantes y me defendiste en la ceremonia.
Damon giró la cara y me analizó con un brillo juguetón en sus ojos negros.
—Me enteré de lo que pasó mientras estaba en el frente. Convertiste mi ausencia en una misión heroica. Hasta lograste que esa vieja de Vivian se pusiera de tu lado.
Se acercó a mí y su aroma de Alfa me rodeó, volviéndose abrumador.
—¿Cuál es tu plan, lobita? ¿Te estás haciendo la difícil?
Enredó sus dedos en un mechón de mi cabello con tono burlón.
—Nos conocemos hace menos de veinticuatro horas. No tienes ninguna razón para protegerme de esta manera.
Levanté la mirada y lo miré a los ojos. Él era demasiado desconfiado y demasiado inteligente; solo un trato de negocios haría que bajara la guardia.
—Yo necesito un protector y tú necesitas a alguien que dé la cara por ti.
Hablé con calma mientras ponía el último pedazo de gasa.
—Puedo ser tu imagen. Yo me encargo de la manada y de la tediosa política de la Alianza, para que tú tengas tiempo de hacer lo que mejor sabes hacer: destrozar enemigos. Así los dos conseguimos lo que queremos.
Damon arqueó una ceja, aparentemente sorprendido por mi honestidad. Se acercó más y su aliento caliente rozó mi oído.
—¿Y cuál es el precio? ¿Mi poder? ¿Mi fortuna? ¿O... mi cama?
Di un paso atrás para poner distancia.
—Cuartos separados.
Damon se quedó helado.
—Seremos compañeros solo de nombre.
Señalé la habitación de invitados en el piso de arriba.
—No me meteré en tu vida privada y tú me das la máxima autoridad como Luna. Esas son mis condiciones.
El aire se sintió pesado por unos segundos. Entonces, Damon rio.
—Trato hecho.
Se recostó en el sofá y las ansias de matar desaparecieron de sus ojos, reemplazadas por el aire relajado y peligroso de un aristócrata. Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Primer paso: completado.
Me di la vuelta para recoger el botiquín, con la mente trabajando ya en el siguiente movimiento.
“Cincuenta millones. Es todo lo que necesito. Después, compraré un boleto de ida directo al mundo humano. ¿Quién querría pasar su vida con esta bomba de tiempo? En cuanto le saque hasta el último centavo a este perro rabioso, me largo”.
Cuando me giré para subir las escaleras, lo escuché.
—¿Cincuenta millones?
Su voz era una risa baja.
Sentí una punzada en el corazón. Me quedé inmóvil, con la mano sobre la perilla de latón. Miré hacia atrás. Estaba de espaldas a mí, jugando con una daga manchada de sangre.
—¿Qué?
Me obligué a sonar tranquila.
—Nada.
Agitó la mano restándole importancia.
—Solo pensaba que una actuación tan buena merece un bono. Considéralo una comisión por firmar el contrato.
El corazón me latía a mil por hora. Me arriesgué a mirarlo, aterrada de que estuviera dentro de mi cabeza. Pero se veía calmado.
“Es solo una coincidencia”, me dije a mí misma. Sacudí la cabeza para despejarme y me retiré a mi cuarto.
No alcancé a verlo en el sofá. Damon abrió los ojos. Su mirada oscura brillaba con la emoción de un depredador que acaba de encontrar un juguete nuevo y fascinante. Sonrió y movió los labios en silencio hacia la habitación vacía.
—Intenta huir, lobita. Solo lo lograrás sobre mi cadáver.
***
A la mañana siguiente, el sol brillaba de forma molesta. En cuanto Damon y yo llegamos a la propiedad de la Alianza, nos encontramos con esa pareja “perfecta” que me revolvía el estómago.
Sarah y Liam obviamente nos estaban esperando. Sarah llevaba puesto un suéter de cuello alto color blanco. Hacía un calor infernal de más de treinta grados, pero ella estaba envuelta en esa prenda gruesa. Estaba escondiendo algo.
Incluso podía oler el aroma ligero y rancio de una pomada cara mezclada con carne podrida. Parecía que la lección de Liam de anoche había sido profunda.
—Vaya, vaya, si es nuestro futuro líder de la Alianza y su Luna.
Sarah se burló mientras se colgaba del brazo de Liam. Estaba pálida, pero su voz era sarcástica.
—¿Durmió bien, Alfa Damon?
—Me enteré de que durmieron en cuartos separados. Qué lástima, dejar a tu nueva compañera tan solita en su primera noche como pareja.
Las noticias volaban. Todavía tenían espías en la manada. Liam mantenía su habitual sonrisa amable, pero tenía ojeras.
—Debes estar agotado por tu expedición de anoche.
Liam habló con una sinceridad falsa y estiró la mano para darle una palmada en el hombro a Damon.
—Como macho, todavía tienes que disfrutar a tu compañera. Mira a Sarah... quedó agotada anoche...
La indirecta era obvia. Pero yo escuché los celos desesperados en su mente:
“Maldito sea. ¿Cómo pudo masacrar a cientos de errantes y volver sin un rasguño? ¿Por qué no lo ha consumido la maldición? ¿Por qué sigue respirando? ¡Me pasé toda la noche desahogándome con Sarah y ni siquiera eso fue suficiente! ¡Lo quiero muerto!”
Damon se detuvo. Ni siquiera miró la mano que Liam le ofrecía. Solo ladeó la cabeza y les lanzó una mirada despreciativa.
—¿Este es el respeto que muestra la Manada Alder? ¿Ni siquiera se inclinan ante el Gran Alfa de esta Alianza?