Capítulo 1

Mi hermana me envenenó. Todo porque su compañero del destino no le llegaba ni a los talones al mío. Ahora estoy de vuelta en el lugar donde todo comenzó. En la ceremonia de unión, hace cinco años.

En mi vida anterior, Sarah y yo elegimos a nuestros compañeros en la gala de la Alianza de Manadas. Sarah eligió a Damon, el Alfa más poderoso y futuro líder de la Alianza. Pero nunca pudo darle un cachorro.

Damon la despreciaba. La maltrataba. Incluso se volvía salvaje cuando perdía el control por su maldición y estuvo a punto de matarla.

Me empujó hacia Liam, el Alfa de una manada en decadencia. Sarah nunca se imaginó que el poder de Liam estallaría, ni que un día le arrebataría el título de Gran Alfa a Damon.

Entonces, el día de la coronación de Liam, Sarah me envenenó por puros celos. Abrí los ojos de nuevo. Estábamos otra vez en la ceremonia de elección de compañeros.

Sarah habló con firmeza frente a todos los invitados.

—Elijo a Liam.

A mí me empujaron hacia Damon, su excompañero. Pero en ese momento escuché su grito interno.

“Muérete, Elena. ¡Solo muérete! Tú y ese lobo rabioso de Damon pueden irse al diablo juntos. Liam será el Gran Alfa de todos modos y yo seré la Luna suprema”.

Pero yo solo sonreí con burla mientras caía en los brazos de Damon. Sarah no tenía idea. El “compañero perfecto” que había elegido ya estaba planeando cómo devorarle hasta el alma.

Mi hermana Sarah me envenenó. Ahora estoy de vuelta donde todo empezó hace cinco años: el día en que elegimos a nuestros compañeros.

—¡Elijo a Liam! ¡Quiero al Alfa de la Manada Alder!

Abrí los ojos.

Sentí una punzada. Liam. Enterrando un cuchillo de plata en mi cuerpo.

Pero no había sangre ni aquel altar de piedra. No estaba muerta. Había regresado. El tiempo retrocedió cinco años, a la ceremonia de unión.

En medio del gran salón, mi hermana Sarah se aferraba al brazo del Alfa Liam como si fuera un tesoro invaluable. Se armó un alboroto en toda la habitación.

—¿Sarah está loca?

—¿Va a rechazar al Alfa Damon por él? ¿Por el Alfa de una manada de mala muerte?

—¡Damon es de la Manada Dark Moon! ¡Es el Alfa más fuerte de toda la Alianza! Ya es el siguiente Gran Alfa.

El territorio de su manada era inmenso y su riqueza incalculable. Tenía bajo su mando a los Alfas más poderosos del continente.

Todas las lobas soñaban con entrar en su cama y convertirse en la Luna más respetada de la Alianza.

La última vez, Sarah se quedó con él. A mí me obligaron a quedarme con Liam y su patética manada en decadencia.

Con el tiempo, Liam logró liderar las cuatro manadas.

Pero yo nunca llegué a verlo. Sarah me mató por celos antes de que él tomara el trono.

Mis pensamientos se interrumpieron.

La Sabia Vivian le recordó a Sarah con un tono de incredulidad.

—Es el Alfa Damon...

—¡No me importa el poder!

Sarah la interrumpió, fingiendo ser noble.

—Solo veo amor verdadero con el Alfa Liam.

Pero yo escuché otra voz. Era una voz aguda y cruel que retumbaba en mi mente.

“¡¿Amor?! Por favor. En la vida pasada, ese psicópata de Damon hizo de mi vida un infierno. ¡Solo me usó para tener cachorros! Y cuando no pude quedar embarazada, su maldición estalló y trató de matarme. Elena, idiota. Esta vez ni siquiera tendré que envenenarte yo misma. ¡Te vas a morir con esa bestia salvaje!”

Me quedé helada.

¿Esos eran... los pensamientos de Sarah?

¿Ella también había renacido?

Mi espíritu de lobo había despertado un nuevo poder: la capacidad de escuchar los pensamientos de los demás.

Yo sabía que después de que Damon y Sarah se unieron, su maldición lo hizo poco apto para el cargo de Gran Alfa. Pero no sabía que casi la mata.

Sin darme tiempo a reaccionar, Sarah se dio la vuelta y me empujó hacia el trono de Damon.

—Ya que encontré a mi único y verdadero amor, voy a ser buena contigo y te voy a dejar al Alfa más poderoso, a Damon.

Sonreía como una santa, pero sus ojos desbordaban maldad. El empujón me hizo tropezar hacia él.

Damon estaba sentado ahí, sosteniendo un puro apagado entre los dedos. Era atractivo.

Sus rasgos marcados parecían una escultura perfecta, pero en sus ojos negros se notaba que estaba muy molesto. El poder que emanaba de él creaba un círculo de silencio a su alrededor.

Observaba todo el drama con indiferencia, como si estuviera viendo una habitación llena de cadáveres.

Choqué contra su pierna.

Hubo un silencio de tumba. Todos aguantaron la respiración, esperando a que Damon estallara. Que dos lobas se lo estuvieran pasando como si fuera cualquier cosa era el peor insulto para un Alfa de su rango.

Damon habló.

—¿Crees que soy tu desecho?

Su voz era profunda y magnética, pero tenía un tono que calaba hasta los huesos. No me estaba mirando a mí. Su mirada estaba fija en Sarah y Liam, y un ligero brillo rojo apareció en sus ojos.

Era la primera señal de que su maldición estaba despertando.

Sentí mucho miedo, pero aquel que sonreía al otro lado del salón me aterraba todavía más.

Liam abrazó con delicadeza a Sarah.

—Si eso es lo que Sarah quiere, para mí es un honor aceptar.

En el momento en que mis ojos se cruzaron con los de Liam, sus pensamientos desagradables se metieron en mi cabeza.

“¿Esa tonta de Sarah en serio dejó a Damon por mí? Ja. Perfecto. Su linaje es más puro que el de Elena. Será el sacrificio ideal para el ritual prohibido y me ahorrará diez años de trabajo. En cuanto la deje seca, podré matar a Damon”.

Se me heló la sangre. Liam lo había planeado todo desde el principio. Nunca fue el Alfa amable que aparentaba ser.

Si no elegía a Damon, mi manada me obligaría a ser el sacrificio de repuesto de Liam. No tenía otra opción.

Tomé aire. Mientras todos miraban con espanto, no me alejé. En lugar de eso, estiré la mano y agarré su mano grande que descansaba sobre su rodilla.

Estaba rígida y helada.

—Tú no eres el desecho de nadie.

Levanté la cara para verlo a sus ojos rojos. Mi voz temblaba, pero cada palabra fue clara.

—Eres mi salvación. Por favor, elígeme.

Los dedos de Damon se tensaron. En el momento en que nuestras pieles se tocaron, ocurrió un milagro. El rojo intenso de sus ojos desapareció.

Damon se quedó inmóvil. Bajó la cabeza y me miró como si me viera por primera vez.

El dolor de cabeza insoportable y las ganas de matar se habían esfumado con un toque.

Pero yo no podía escuchar sus pensamientos. Era el único en todo el salón a quien no podía leer.

Damon me agarró el mentón con fuerza, tanto que me lastimó.

No me moví. Había alcanzado a ver a Liam mirando la piel pálida del cuello de Sarah.

Y escuché su pensamiento espantoso.

“Qué corderito tan gordo... En cuanto termine de jugar con ustedes dos, toda la Alianza será mía”.

Sentí un escalofrío. Abracé a Damon por la cintura y escondí mi cara en su pecho, rodeada de esa aura de peligro. Comparado con el demonio que planeaba devorarme, este lobo rabioso por ahora era un escudo poderoso y predecible. Su mente se volvió un silencio para mí, pero por alguna razón, sentí paz.

Capítulo 2

La ceremonia de unión fue al día siguiente.

Debió ser el momento más glorioso en la vida de la Luna más poderosa de la Alianza.

Pero ahí estaba yo, sola frente al altar sagrado, hecha una burla. El lugar a mi lado permanecía vacío. Damon no llegó.

Los murmullos zumbaban como moscas en mis oídos.

—¿Ven? Se los dije, Damon solo estaba jugando con ella.

—¿Por qué el Alfa de la Manada Dark Moon querría unirse a una loba con un espíritu tan débil?

—Qué patética. La abandonaron antes de cerrar el vínculo.

Aun así, me mantuve firme, con la espalda bien derecha. Yo sabía dónde estaba Damon.

Como ya había vivido este día antes, sabía lo que venía. La invasión de errantes más grande de la historia estaba por estallar en la frontera.

La última vez, los dramas de Sarah retrasaron a Damon y masacraron tres aldeas. Esta vez, gracias a la pista que le di, se fue antes.

—Ay, ¿dónde está tu Alfa?

Esa voz tan dulce que empalagaba llegó en un momento de silencio incómodo.

Las puertas se abrieron de par en par. Sarah entró del brazo de Liam. Llevaba un vestido rojo con un escote escandalosamente bajo y el cabello hacia un lado. Una marca de mordida, tosca y roja, arruinaba la piel de su cuello. Era la prueba de que se acababan de unir.

Todos los presentes se giraron a verla.

—Cielo santo, Liam debió ser muy rudo anoche.

—Parece que el Alfa de la Manada Alder está loco por Sarah.

Sarah disfrutó ser el centro de atención, luego se acercó a mí y suspiró de falsa lástima.

—Linda, te dije que Damon era puro cuento. Te dejó plantada en tu propia ceremonia. Si yo fuera tú, buscaría un hoyo donde esconderme para morirme de vergüenza.

Sin embargo, escuché las carcajadas en su mente: “¡Jajaja! ¡Parece que Damon no pudo venir! Tal vez su maldición se adelantó. ¡Elena, esta noche él te va a hacer pedazos!”

Contaba con que Damon se volviera salvaje.

—Preocúpate por ti, Sarah —le dije con indiferencia.

Liam acarició la espalda de Sarah y me sonrió.

—No le hagas caso a Sarah, ya sabes que no se guarda nada. Si te sientes sola, a Sarah y a mí no nos molestaría invitarte un trago.

Qué compañero tan considerado.

Si tan solo no pudiera escuchar lo que estaba pensando: “ ¿Damon no vino? Qué bien. Ya escuché los rumores sobre su maldición. En cuanto aumente mi poder, me quedaré con su territorio... y con su hembra”.

Qué asco.

Sarah sentía que no me había humillado lo suficiente. Se puso de puntitas, rodeó el cuello de Liam con los brazos y le plantó un beso apasionado frente a los cientos de invitados.

—Eres tan bueno conmigo —ronroneó Sarah, lanzándome una mirada desafiante—. No como otros Alfas, que son tan secos.

El espíritu de mi loba gruñó de furia en mi interior.

Ya basta. No iba a tolerar esto ni un segundo más. Me giré hacia el altar y hacia la multitud.

—Silencio.

Mi voz, aunque no fue un grito, se impuso sobre el ruido y calló a todo el salón.

—Mi Alfa no me abandonó.

Recorrí el salón con la mirada hasta detenerme en la burla de Sarah.

—Todos están aquí, bebiendo champaña y riéndose de mí. Mientras tanto, mi Alfa lidera a los guerreros de Dark Moon contra una invasión de tres mil errantes en la frontera norte.

Se escuchó un murmullo de asombro entre la multitud. Nadie sabía que la frontera estaba en peligro.

—Se perdió esta ceremonia para que todos ustedes pudieran estar aquí perdiendo el tiempo hablando de más —dije con una sonrisa burlona—. Él está allá afuera derramando sangre para proteger a cada uno de ustedes. No como cierto perro alborotado, que no sirve para nada más que para morderle el cuello a la primera que se le ponga enfrente.

Hubo un silencio. Después, las burlas se convirtieron en miradas de admiración.

—Cielos, nos está protegiendo...

—¡El Alfa Damon es un líder de verdad!

La situación se había invertido. A Sarah se le borró la sonrisa. Esa marca roja de pasión ahora se veía corriente y vulgar.

—Pero yo... —Sarah se puso roja de coraje e intentó contestar.

Pero no le di la oportunidad.

—Continúen con la ceremonia —ordené con firmeza—. El pacto sigue en pie. Mi vínculo con Damon se mantendrá.

Había ganado. Al menos por ahora. Había protegido el honor de Damon y asegurado mi posición.

***

El banquete continuó. Sostuve mi copa de vino mientras los observaba desde el otro lado del salón.

Sarah estaba acurrucada en los brazos de Liam, riendo y coqueteando. Pero noté un pequeño detalle. La mano que Liam tenía en su cintura la apretaba con muchísima fuerza; tanto que los dedos se le pusieron pálidos. Le estaba encajando los dedos en la parte más blanda del costado.

Sarah hizo un gesto de dolor por un segundo antes de forzar otra sonrisa. Escuché sus pensamientos, dolor y engaño: “Me duele... pero es porque me ama demasiado. Todos los Alfas son así de posesivos. Solo me está castigando por dejarlo en mal”.

Tonta.

Dirigí mi mirada a la cara de Liam. Seguía sonriendo, con una mirada tan dulce que podría engañar a cualquiera. Pero la voz que escuché en su cabeza era más siniestra que el mismo infierno: “Aguántate, estúpida. ¿Crees que esto duele? Esto es solo el principio. Esta noche te voy a enseñar lo que es el dolor de verdad cuando me devore a mi presa”.

Capítulo 3

Al dejar caer la sangre sagrada de mi juramento en la copa de vino, sentí cómo decenas de miradas se clavaban en mí.

Especialmente la de la Sabia Vivian, que estaba en la mesa principal. Era la jueza más imparcial de la Alianza. En mi vida pasada, nunca me dio ni un segundo de su tiempo. Para ella, yo solo era la Luna de una manada débil y sin valor.

Pero ahora, caminó despacio hacia mí.

—Pensé que Damon había elegido a una compañera frágil.

Vivian me recorrió con una mirada evaluadora. El desprecio en su voz había desaparecido, reemplazado por algo más. Respeto.

—Parece que tienes la fuerza necesaria para ser la Luna de la manada más poderosa de la Alianza.

Incluso asintió con la cabeza, una señal de verdadero respeto según las reglas de la Alianza.

Los invitados a nuestro alrededor cambiaron de actitud y me brindaron un saludo con sus copas. Les sonreí y les devolví el gesto, pero mi mente estaba lúcida y tranquila.

Esto apenas comenzaba. La aprobación de Vivian no bastaba para sobrevivir. Necesitaba que mis enemigos se destruyeran entre ellos.

En ese momento, un aroma empalagoso llegó hasta mí. Sarah se acercó con dos copas de vino. Se había retocado el maquillaje y ya tenía puesta otra vez su máscara de afecto fraternal.

—Lo que pasó hace rato estuvo fuera de lugar.

Sarah tenía los ojos rojos mientras levantaba su copa.

—Te pido una disculpa. Brindo por Damon y por ti... espero que sean muy felices para siempre.

Me ofreció a propósito la copa que tenía en la mano izquierda. El vino era de un escarlata intenso y se veía normal.

Pero mi espíritu de lobo se puso en alerta máxima. Una sensación de peligro me recorrió la espalda. Entonces, su pensamiento cruel resonó en mi mente:

“Tómatelo, maldita. Este vino tiene plata líquida concentrada. Un solo trago te va a quemar las cuerdas vocales y va a volver cenizas a tu espíritu de lobo. ¡A ver si esa vieja de Vivian te sigue respetando cuando estés muda e inválida!”

Plata líquida. El veneno más agresivo para nuestra especie. No solo quería arruinar mi ceremonia; quería destruirme.

Miré a Sarah a los ojos y dejé que una sonrisa indiferente apareciera. En mi vida pasada tomé demasiado vino amargo. Esta vez era su turno.

Alargué la mano, fingiendo que iba a tomar la copa. Cuando mis dedos rozaron el cristal, “por accidente” enganché el dobladillo de su vestido con mi pie. Con un movimiento fluido, di un paso hacia atrás.

—¡Ah!

Sarah gritó, perdió el equilibrio y se fue hacia adelante.

El vino envenenado no me tocó. Voló por el aire trazando un arco acusador, empapando el altar sagrado que estaba detrás de mí.

—¡Plaf!

El líquido rojo salpicó la estatua blanca y pura de la Diosa de la Luna. La copa se hizo pedazos y lanzó fragmentos de vidrio por todas partes. El salón entero se quedó en silencio.

Había más silencio que cuando Damon no apareció. Ese era el altar. El lugar sagrado para adorar a la Diosa de la Luna y pedir por la prosperidad de las manadas. Derramar una ofrenda y ensuciar la estatua durante una ceremonia de unión era la mayor de las blasfemias. Era un presagio terrible.

—¡Insolente!

Un rugido rompió el silencio. La Sabia Vivian temblaba de furia, y su presencia de clase Alfa se sintió con fuerza en toda la habitación.

—¡Eres la Luna de la Manada Alder! ¡¿Cómo te atreves a montar un espectáculo en el altar sagrado de la Manada Dark Moon?!

Sarah estaba tirada en el suelo de forma patética, con el vestido manchado de vino y lleno de vidrios. Levantó la mirada aterrada, con la cara pálida como un fantasma.

—¡No... yo no fui! ¡Elena me empujó! Fue ella...

—¡Silencio!

Vivian le gritó con fuerza.

—¡Lo vi yo misma! ¡Elena ni siquiera te tocó! ¡Tus propios pies torpes te hicieron tropezar!

Los invitados señalaban y murmuraban con asco.

—Qué mala suerte.

—Profanó a la Diosa en una ceremonia de unión... la Manada Alder está condenada.

Sarah temblaba y miraba desesperada hacia donde estaba Liam entre la multitud. Tenía una actitud de furia contenida, pero debía actuar. Caminó hacia Sarah, se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros con una ternura impecable.

—Le pido una disculpa, Sabia Vivian. Sarah no está acostumbrada a beber. Yo pediré perdón a la Diosa en su nombre.

Liam ayudó a Sarah a levantarse mientras ella seguía temblando; su cara era la viva imagen del arrepentimiento y la preocupación.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo?

Parecía un Alfa dedicado. Lástima que yo podía escuchar la voz agresiva en su mente:

“Inútil. Hiciste enojar a la vieja amargada de Vivian. Me pusiste en vergüenza frente a todo el Consejo de la Alianza”.

La mano de Liam acariciaba la espalda de Sarah, como si estuviera calmando a un gatito asustado. Pero noté que el cuerpo de Sarah se puso rígido. Era una reacción física de terror.

Liam me miró con una sonrisa ensayada.

—Siento mucho haber arruinado el momento, Elena. Me llevaré a Sarah para que curen sus heridas.

Me quedé viendo a esa pareja de hipócritas, levanté mi copa vacía y les hice una seña para que se fueran.

—Adelante, Liam. En serio espero que las heridas de Sarah... sanen como es debido.

Liam se alejó abrazando a Sarah. Cuando pasaron junto a mí, capté un último destello de los pensamientos de mi hermana. Su voz mental era de una calma aterradora y me puso la piel de gallina:

“Estúpida... Se te acabó el tiempo. La maldición de Damon está apareciendo. Y me va a encantar ver cómo te hace pedazos”.

Renacer Es Volver A Morir

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