Capítulo 3
En medio de toda la confusión, vi a Maggie lanzarme una sonrisa extraña.
—¡Bianca! ¿No escuchaste a Dave?
Yo seguía paralizada cuando ella caminó hacia mí. De pronto, me pateó detrás de la rodilla.
Perdí el equilibrio al instante. La copa escapó de mi mano y el vino salpicó directamente la cara de Jared.
Un segundo después, me estrellé contra el suelo cubierto de cristales rotos. Un dolor punzante me atravesó el brazo cuando varios cortes profundos rasgaron mi piel.
Mi vista se desvió hacia una mujer tendida a mi lado, con el rostro pálido y desencajado por el malestar.
Entonces la voz aguda de Maggie resonó en toda la habitación.
—Bianca, si no querías ofrecerle una copa a Jared, podrías haberlo dicho. No hacía falta que actuaras como una loca para provocarlo. ¿Así se comporta la esposa de Dave? ¿O lo que buscas es avergonzarlo delante de todos?
Jared se quedó inmóvil.
Y entonces lo entendió. Me observó con los ojos muy abiertos.
—E-Espera... ¿eres la esposa de Dave?
No respondí.
Seguía sentada en el suelo, luchando por respirar mientras el dolor me oprimía el pecho.
Jared dio un paso hacia mí, pero Dave se interpuso primero.
Dave miró la sangre que corría por mi rostro y su expresión se endureció. Luego miró a Jared con frialdad.
—Lárgate.
Jared retrocedió de inmediato. Incluso alguien como él sabía cuándo había cruzado una línea.
Se tragó cualquier excusa que pudiera tener y salió apresuradamente. Antes de cruzar la puerta, murmuró:
—Dave, ¿qué demonios te pasa? Si hubiera sabido que era tu esposa, nunca habría hecho esto.
En cuanto se fue, me obligué a ponerme de pie.
Entonces alguien volvió a agarrarme del brazo.
—Bianca, ya lograste lo que querías, ¿verdad? ¿Todo lo que te pasó en aquella isla no te enseñó nada? Lo único que tenías que hacer era darle una copa y esto se habría acabado. ¿Por qué tuviste que hacer esa locura? Sabías que estaba intentando resolver la situación. ¿Tan difícil es darte cuenta de lo que pasa a tu alrededor?
Miré al hombre furioso que tenía delante. Mis ojos ardían.
Y por primera vez, me negué a callarme.
—Dave Tarrett, soy tu esposa. Si les hubieras dicho quién era desde el principio, el resultado habría sido exactamente el mismo.
No hacía falta explicar nada más.
Él había preferido proteger los sentimientos de Maggie antes que detener la humillación que yo estaba soportando.
Por primera vez, Dave no tuvo nada que decir.
La culpa apareció por un instante en su rostro.
Maggie quiso salir en su defensa, pero Dave la interrumpió con el ceño fruncido.
—Ya basta. Cállate y espera en el coche.
Cuando ella se alejó, Dave dejó escapar un suspiro.
—Lo siento, ¿está bien? Pero necesito explicarte algo. No sabía lo que significaba ese desafío del huevo. Si lo hubiera sabido, nunca habría aceptado. Y Maggie...
Hizo una pausa, pero yo entendí.
—Espero que puedas entenderla. Acaba de regresar y descubrió que me había casado...
Se detuvo de inmediato, pero ya no hacía falta escuchar más.
Maggie descubrió que él tenía esposa, sintió celos y decidió convertir mi vida en un infierno.
Y aun así quería que la comprendiera y la perdonara. Sí, cómo no.
Nuestras miradas se cruzaron.
Dave debió notar la ironía en mi mirada porque dejó escapar otro suspiro.
—Está bien. Estás herida, así que haré que el chofer te lleve al hospital. Maggie está pasando por un momento difícil y necesito hablar con ella. Lo discutiremos cuando regrese.
Luego añadió, sin darme tiempo para responder:
—Aunque no terminaste esos dos retos, los contaré como fichas de perdón.
Después se dio la vuelta y se fue.
Me quedé observando cómo desaparecía de mi vista mientras la sangre seguía deslizándose por mi rostro.
Y entonces empecé a reír.
Porque ya nada de esto importaba.
Solo faltaban dos veces más.
En cuanto terminara de pagar la deuda que tenía con él, me iría para siempre.
Y después de eso, jamás volvería a tener la oportunidad de lastimarme.
Capítulo 4
Cuando el conductor me llevó de regreso a casa, ya era bastante tarde.
Dave aún no había vuelto y tampoco me interesaba saber dónde estaba.
A la mañana siguiente, su asistente personal llegó con otro obsequio de su parte: las escrituras de dos locales comerciales.
Me explicó por qué me las enviaba.
Una servía como compensación por el incidente de lamer la crema batida.
La otra era una disculpa por el desafío del huevo.
Sin decir nada, las registré como las propiedades número 287 y 288, y luego las guardé en la caja fuerte junto al resto.
La empleada que estaba cerca sonrió con admiración.
—El señor Tarrett la quiere muchísimo. Últimamente no deja de hacerle regalos.
Yo simplemente sonreí, sin decir nada.
Ella no sabía que aquellos regalos eran la forma que tenía Dave de compensarme cada vez que me rompía el corazón.
Miré la caja fuerte llena de escrituras y comprendí que pronto me iría.
Pero antes de irme, había algo que necesitaba recuperar.
Una cámara.
Dentro había grabaciones que debían desaparecer para siempre.
A Dave siempre le gustaba correr riesgos en la intimidad. A veces le gustaba grabarnos.
En aquel tiempo, esos videos parecían algo privado y especial.
Ahora eran una amenaza.
Si alguna vez se filtraban, mi vida quedaría destruida.
Registré toda la habitación buscando la cámara, pero no la encontré.
Justo cuando estaba por empezar a buscar otra vez, recibí una llamada de mi representante, Claudia, estaba gritando.
—¡Bianca, ¿perdiste la cabeza?! ¡Métete a internet ahora mismo! ¡Tus videos íntimos están circulando por todas partes! ¿De verdad te acostaste con otros patrocinadores a espaldas del señor Tarrett? Si quieres destruir tu reputación, adelante, ¡pero no hundas también a toda la agencia!
Mi mente se quedó en blanco.
Lo único que escuchaba era a Claudia gritando a través del teléfono.
—¡Más te vale darme una explicación ahora mismo! ¡Y si el señor Tarrett se enfurece por este escándalo, ninguno de nosotros va a protegerte!
Después, la llamada se cortó.
Mis manos temblaban mientras tomaba el teléfono.
Todos los portales de chismes estaban inundados con mis videos íntimos filtrados.
Y encabezando todo estaba un titular enorme:
[La supermodelo internacional Bianca Belmont llegó a la cima acostándose con un hombre poderoso]
El rostro de Dave había sido difuminado.
El mío era perfectamente visible.
Mi rostro sonrojado aparecía en primer plano, expuesto para que millones de personas lo observaran y juzgaran.
Las críticas inundaban internet, llamándome una mujer sin talento que había conseguido fama vendiendo su cuerpo.
Sentí que me temblaban las piernas. Caí hacia adelante.
Pero antes de golpear el suelo, Dave me atrapó entre sus brazos.
—No lo veas —dijo de inmediato—. Todo está bajo control. Yo resolveré esto. Confía en mí.
Sin embargo, apenas terminó de hablar, su rostro se endureció.
Miró alrededor de la habitación y gritó:
—¿Quién hizo esto? ¡Quiero una respuesta ahora mismo! ¡¿Quién demonios fue?!
Nunca lo había visto tan enfadado.
Mis ojos comenzaron a arderme.
Y entonces escuché la voz despreocupada de Maggie cerca de nosotros.
—Dave, ¿hablas de los videos? Fui yo quien los publicó.
El brazo de Dave alrededor de mi cintura se tensó al instante.
Los dos giramos la cabeza hacia Maggie.
—¿Por qué me miran así? —preguntó sonriendo—. Vi los videos y pensé que Bianca se veía muy atractiva. ¿No sería un desperdicio que solo Dave pudiera verlos? Así que decidí compartirlos. Después de todo, las cosas bellas están hechas para compartirse.
La sangre me hirvió.
Me lancé sobre ella sin pensar, pero Dave me sujetó de la muñeca antes de que pudiera tocarla.
—¡Bianca! ¡Es suficiente!
La humillación y la rabia terminaron por hacerme explotar: —¡Pero ella...!
No me dejó terminar. Dave observó el rostro burlón de Maggie y luego me miró con el ceño fruncido.
—Haré que retiren todo de internet. Dejemos el asunto aquí. No sigas enfrentándote a Maggie, ¿sí? Sabes que, después de todo, ella todavía es...
Capítulo 5
—¡No! —grité—. Dave, ¿por qué tendría que dejarlo pasar? ¡Ella arruinó mi reputación y destruyó mi carrera! ¿Por qué debería aceptarlo sin más? Voy a demandarla por difamación. Va a responder por lo que hizo.
Lo miré fijamente con los ojos llenos de rabia, negándome a dar un paso atrás.
—Bianca... Tú —Dave soltó un suspiro pesado, estaba listo para defender a Maggie de nuevo.
Entonces Maggie se aferró a su brazo y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Dave, basta. Sé que esto es culpa mía. Si Bianca quiere demandarme, déjala hacerlo —su voz comenzó a quebrarse—. No debí ponerme celosa. No debió afectarme que Bianca se casara contigo. Todo ocurrió por mi culpa. Quizá si hubiera aguantado un poco más aquella vez...
Las lágrimas comenzaron a caer sin parar mientras hablaba.
—Bianca, sé que cometí un error. Haré cualquier cosa para que me perdones. Por favor, no le hagas esto a Dave. Si eso te hace sentir mejor, iré a entregarme a la policía y limpiaré tu nombre. En el peor de los casos, mi reputación también quedará arruinada. Solo no permitas que esto destruya su matrimonio.
Su patética actuación fue perfecta.
Dave volvió a ponerse de su lado al instante.
—Bianca, Maggie ya reconoció su error. No sigas insistiendo —su voz se volvió fría y autoritaria—. Además, tu reputación ya está destruida. ¿Por qué no dejas el modelaje, te quedas en casa y disfrutas de tu vida como una señora adinerada?
Lo observé con incredulidad.
Aun después de todo esto, seguía protegiéndola.
Intenté responder, pero antes de que pudiera decir una sola palabra, me abofeteó.
El dolor me atravesó la cara de golpe.
La palma de su mano estaba roja. Respiraba con agitación y la ira en sus ojos era algo que jamás había visto antes.
Entonces me arrojó un acuerdo de renuncia.
—Sé razonable y firma. Cuando este escándalo termine, te ayudaré a regresar al mundo del modelaje —su voz era tan fría que me estremeció—. Pero si llamas a la policía, olvídate de salir de esta casa.
—¡No pienso firmar eso!
Lo miré con los dientes apretados.
Pero no importó cuánto luchara ni cuántas veces me negara, Dave terminó sujetándome la mano y arrastrando mis dedos sobre el papel, obligándome a firmar.
En cuanto me desplomé en el suelo, una sensación indescriptible se extendió por todo mi cuerpo.
Impotencia.
Desesperación.
Como si una cuchilla me atravesara el corazón.
Ellos se alejaron hablando tranquilamente mientras todo lo que conocía se hacía pedazos.
Sus voces llegaron hasta mí con claridad.
—Dave, ¿Bianca estará bien?
—Claro que sí. Si quiere volver a trabajar, tendrá que hacer lo que le diga —ni siquiera parecía preocupado—. Y si se pone difícil, simplemente contaré esto como otra ficha de perdón. Todavía me quedan muchas. Entrará en razón.
No.
Ya no quedaban muchas fichas.
Solo quedaba una.
Dave, ya terminé de ser tu muñeca obediente.
Me quedé sentada durante largo rato antes de volver a mi habitación y sacar mi diario.
Todo el mundo decía que la industria del modelaje era tan sucia como la del entretenimiento.
Tal vez era cierto.
Pero yo amaba mi carrera.
Cuando caminaba bajo las luces de la pasarela, era la única vez que sentía que pertenecía a algún lugar.
Y ahora todo eso había desaparecido.
Quizá era la forma que tenía el destino de decirme que era hora de seguir adelante.
De dejar de aferrarme a algo que ya había muerto.
Llorando en silencio, escribí en mi diario todo lo que había ocurrido aquel día.
Y al final agregué una única cifra:
[289]
Cada vez que Dave me lastimaba, lo anotaba para recordarme que no debía volver a ceder ante él.
Entonces escuché su voz detrás de mí.
—¿Qué significa 289?
***
En cuanto vi que intentaba alcanzar el diario, lo cerré de golpe y lo escondí dentro del cajón.
—No significa nada.
Al notar mi reacción, pareció llegar a una conclusión.
—Las mujeres son todas iguales. Siempre llevan un diario donde anotan cada ofensa. ¿Es ese el cuaderno de venganza que mencionaste antes?
Se refería a aquella ocasión en la que perdió nuestros anillos durante la ceremonia de bodas que celebramos después de registrar el matrimonio.