Capítulo 2

Luis entró.

En cuanto lo vi, sentí un destello de esperanza.

Estaba a punto de caminar hacia él, pero Flora se me adelantó y se lanzó a sus brazos, con los ojos enrojecidos y una voz llorosa, casi empalagosa.

—Amor, Raquel se puso como loca conmigo. Hasta me pegó.

Al ver la marca de la bofetada en su rostro, la mirada de Luis se volvió fría al instante. Me miró lleno de ira.

—¿Estás loca? ¿Por qué la golpeaste sin razón?

Intenté defenderme.

—Fue ella quien quiso despedirme sin tener ninguna autoridad. También rompió mi…

¡Paf!

Antes de que terminara de hablar, Luis me dio una bofetada.

—¡Cállate! Si tú no la hubieras provocado, ¿por qué iba a meterse contigo? No vengas a inventar excusas.

Me cubrí la mejilla, incapaz de creerlo.

En diez años juntos, él nunca había discutido conmigo, nunca me había dicho una palabra dura, mucho menos me había levantado la mano.

—Llevo diez años siendo tu novia. Te acompañé desde que no tenías nada y me maté trabajando por esta empresa durante una década. ¿Ahora vas a ponerte en mi contra por otra mujer?

No podía evitar que me temblara la voz.

Diez años atrás, su empresa estaba al borde de la quiebra. Fui yo quien lo acompañó a salir adelante, quien levantó la empresa y la ayudó a crecer paso a paso.

Como arquitecta con cierto reconocimiento en la industria, muchas empresas grandes quisieron contratarme con sueldos altísimos, pero las rechacé a todas.

Para entregar proyectos y conseguir clientes, trabajé día y noche sin descanso. Viajé por todo el país, visité obras y negocié cada detalle.

Podía decirse que, sin mí, esta empresa no sería lo que es hoy.

Pero Luis soltó una risa fría, con una expresión de desprecio.

—Lo único que hacías era tomar con los clientes, endulzarles el oído y así cerrar algunos contratos.

Mientras hablaba, abrazó con más fuerza a Flora. Su tono se volvió tierno al instante.

—Flora es diferente. Ella se ganó un lugar en el mundo del diseño gracias a su talento. Alguien como tú jamás podría compararse con ella.

Al oír eso, de pronto sentí que el nombre de Flora me sonaba familiar.

Recordé que en la industria había una diseñadora llamada Flora Vargas, vetada por varias empresas por un caso de plagio. Y todo indicaba que era ella.

Miré la forma tan íntima en que estaban abrazados y apreté los puños con fuerza, con la voz temblorosa.

—Entonces, mientras yo no estaba, ¿me estuviste engañando todo este tiempo?

—¿Engañarte?

Luis soltó una risa, como si acabara de oír la mayor estupidez del mundo.

Sacó unas copias del acta de matrimonio y las dejó sobre el escritorio, frente a mí.

La prueba era clara y contundente.

En el acta aparecían sus nombres.

Capítulo 3

—¡Abre bien los ojos y fíjate bien! Flora y yo estamos casados legalmente desde hace años. ¿Qué tiene de raro que sea cariñoso con mi esposa en mi propia oficina? Además, ¿cuándo dije yo que tú y yo éramos novios?

La gente alrededor estalló de inmediato. Los murmullos se convirtieron en burlas abiertas.

—Exacto. Luis y Flora ya hicieron oficial su relación en la empresa. Siempre entran y salen juntos. Son tan melosos que empalagan.

—¿Cómo puede haber una mujer tan descarada como para querer meterse en una relación ajena?

—Ellos dos se quieren muchísimo. Alguien como ella jamás podría meterse entre ellos.

—Yo casi nunca la he visto en la empresa. ¿Con qué cara dice que es la novia de Luis? ¿Y encima acusa a Luis de engañarla? ¿Eso quién se lo cree?

Me quedé mirando las copias del acta; sentía que me quemaban los ojos. Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que casi me hice sangre.

La fecha en los documentos era de hace siete años.

Así que esa era la razón por la que, durante todos esos años, él nunca quiso hacer pública nuestra relación.

Me había pedido que esperara a que la empresa se estabilizara, que esperara el momento adecuado, que esperara hasta que pudiera darme una vida segura…

Todo había sido mentira.

Sin saberlo, me habían convertido en la otra.

Solté una sonrisa amarga y los miré de frente.

—Perfecto. Entonces les voy a dar el gusto.

Después de decir eso, me agaché para recoger mis cosas del suelo y me preparé para irme.

—Espera.

Pero Luis me detuvo de pronto.

Extendió la mano hacia mí con una actitud arrogante.

—Entrega toda la información de los clientes que manejas, y también el proyecto multimillonario en el que estás trabajando ahora. Todo eso es información confidencial de la empresa. Si te lo llevas, estarías violando la ley.

Respondí con calma:

—La información básica de los clientes está en la computadora. Pero la versión final de esa propuesta, con las últimas correcciones aprobadas por el cliente, era precisamente la que Flora acaba de romper. Todavía no había alcanzado a subirla al sistema.

Bajé la mirada hacia los documentos hechos pedazos en el suelo y señalé a Flora.

—Ella acaba de romper la única copia impresa de la versión final aprobada por el cliente.

Al oír eso, Flora apartó la mirada de inmediato. Luego se colgó del brazo de Luis con una voz melosa.

—No pasa nada, amor. Solo eran unos planos. Puedo hacer otra versión cuando se me dé la gana, y te aseguro que quedarán mejor que los de esta mujer.

Solo entonces el rostro de Luis se relajó un poco. Después anunció a todos en la oficina:

—Tranquilos. Cuando este proyecto se complete, todos recibirán un bono.

La oficina se llenó de gritos de emoción.

Yo solo terminé de recoger mis cosas en silencio y me di la vuelta para irme.

Ellos no sabían que el documento que Flora había roto era la versión final que yo había acordado con aquel cliente después de negociar durante todo un mes.

Ese cliente no escatimaba en gastos, pero era extremadamente exigente con cada detalle.

Aparte de mí, casi nadie podía cumplir y equilibrar todas sus exigencias.

Me tomó semanas de esfuerzo entregar un resultado que por fin lo dejara satisfecho, y él se había deshecho en elogios al aprobarlo.

Pero esa propuesta había quedado hecha pedazos.

Quería ver cómo iban a explicárselo después.

Capítulo 4

Poco después de salir de la empresa, empecé a recibir ofertas de varias empresas importantes del sector.

Varios altos ejecutivos de grandes grupos empresariales me llamaron personalmente para ofrecerme puestos con salarios muy altos.

Pero no respondí de inmediato. Pensaba analizarlo bien antes de tomar una decisión.

Dos semanas después, también recibí una llamada del cliente del proyecto multimillonario.

Al otro lado de la línea, su voz sonaba furiosa.

—¿Por qué el proyecto cambió de responsable de pronto? Esa tal Flora no entiende absolutamente nada de diseño arquitectónico. Sus planos son un desastre, no escucha mis requisitos y modifica el proyecto como se le da la gana. Si esto sigue así, voy a cancelar el contrato directamente.

Con calma, le conté que me habían despedido.

Después de escucharme, se enojó todavía más.

—¡Esto es absurdo! Esa mujer es una inútil. No está capacitada para hacerse cargo de este proyecto. ¿En qué empresa estás ahora? Para este proyecto, solo confío en ti.

Le dije que todavía no me había incorporado a ninguna empresa y que, por ahora, estaba desempleada. Lamentablemente, no podía seguir a cargo del proyecto a menos que la compañía volviera a contratarme.

Del otro lado hubo un breve silencio. Luego dijo de pronto:

—Entonces no sigas buscando. Nuestro grupo ya llevaba tiempo preparando una empresa de arquitectura, pero aún no habíamos encontrado a la persona adecuada para dirigir el área de diseño. Precisamente mi hijo estará a cargo de esa nueva filial. Tendrá fondos y recursos de sobra. Si te interesa venir, te daríamos una participación importante en la empresa. Serías socia y la segunda al mando.

Alcé una ceja.

¿Así de fácil me caía del cielo una oportunidad como esa?

El grupo empresarial de su familia estaba entre los más importantes del país. Si podía entrar y obtener una participación en esa filial, no se me ocurría ninguna razón para rechazarlo.

Así que acordamos reunirnos en persona para hablarlo. La reunión fue igual de cordial, y cerramos el trato ahí mismo.

Aunque Javier estaría al frente de la empresa, en realidad se trataba de una filial del grupo de su familia. Las oficinas estaban dentro de la sede central, en el mismo edificio.

No esperaba encontrarme con Luis y Flora en la sala de reuniones durante mi primer día en la nueva empresa.

Al verme, Luis se quedó sorprendido.

—¿Raquel? ¿Qué haces aquí? ¿A qué viniste?

Flora me miró de arriba abajo y soltó una risa burlona.

—No me digas que no encontraste trabajo y viniste aquí a probar suerte, pero ni siquiera pasaste la entrevista. Qué inútil.

Luis me miró de reojo, con una actitud altanera.

—Hoy vinimos a hablar con el señor Castillo sobre los detalles del proyecto. No vengas a armar un escándalo. Hazte a un lado.

Parecía que todavía no sabían que Enrique Castillo ya pensaba cancelarles el contrato.

Justo en ese momento, Enrique Castillo, presidente del grupo empresarial y, desde ese momento, también mi jefe, entró en la sala de reuniones.

Luis y Flora forzaron sonrisas serviles y se acercaron a recibirlo.

—Señor Castillo, usted ya nos pidió cambiar la propuesta más de diez veces. Hemos hecho todo lo posible por reconstruir la versión que usted quería al principio. Por favor, revísela.

Solo entonces entendí que, como Flora había destruido la versión final de mi propuesta, Enrique nunca había quedado satisfecho e insistió en que reconstruyeran la versión original que había acordado conmigo.

No tuvieron más remedio que trabajar horas extra y hacer todo lo posible para reconstruir aquella propuesta hecha pedazos.

Pero Enrique ni siquiera se molestó en mirar el documento. Sin rodeos, puso un acuerdo de rescisión frente a ellos.

—No hace falta. Hoy vine a hablar con ustedes sobre la rescisión del contrato.

El rostro de Luis cambió de golpe.

—¿Rescisión? ¿Por qué quiere cancelar? Además de nosotros, ¿quién más puede encargarse de este proyecto?

Enrique lo miró con frialdad.

Luego extendió la mano y me señaló.

—A partir de ahora, este proyecto quedará completamente a cargo de la arquitecta principal de nuestro grupo, la señorita Méndez.

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Me Echó Por Su Esposa Plagiadora

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