Capítulo 2

Seguí en el trabajo, hasta que se hicieron las cuatro de la tarde y me fui bien arreglado para la dirección donde la chica me había dicho, no quedaba muy lejos por suerte, o al menos, no en carro, caminando si me iba a tomar como treinta minutos llegar, pero valía la pena, tenía una bicicleta, pero como no recordaba que por allí haya aparcamiento de bicicletas, preferí dejarla en la tienda y luego volver por ella de regreso.

Mientras caminaba entre el mar de personas que iban y venían por la acera, pensaba de nuevo en que propuesta me tendría o si solo me estaba molestando; ya me había pasado antes con una persona que me había dicho que fuera a una entrevista, pero al final no me ayudo en nada, lo que me hizo fue perder tiempo, rogaba que no fuera así esta vez, tenía mucha esperanza en que de verdad me ayudaría y, además, la chica fue bastante seria con lo que me dijo.

Al llegar, comenzaba a buscar el edificio, hubiera sido más sencillo si me hubiese dicho el nombre o se lo hubiera preguntado, pero no fue así, pregunté en el primer edificio, pero me dijeron que no conocían a ninguna señorita Morrison y menos a ninguna Sophie, lo mismo paso en los dos siguientes que, hasta llegue a pensar en que tal vez la chica solo quería jugarme una broma y me desmotive al punto de pensar en irme, pero aún quedaban dos edificios más en esa calle en donde preguntar.

Al acercarme al más grande de todos, uno que se llamaba, GreySpark Partners, pregunté al de seguridad que estaba en la puerta por la chica y me dijo que justo acababa de salir de urgencia, que podía esperarla o venir luego, suspiré y asentí alejándome de allí.

Pensé en irme y volver luego, pero era media hora de camino de vuelta que no valía la pena caminarlo si luego iba a volver, preferí esperar sentado en un cafetín que estaba a media calle y aprovechar para comer algo, ya que no lo había hecho.

Treinta minutos después regrese, si me decía que no estaba aún me iba a ir, porque si no llegaba más o duraba dos o tres horas para hacerlo, no me iba a quedar esperándola, por más que quisiera saber la propuesta que me iba a dar, no tenía tiempo para perderlo solo sentado o caminando por los alrededores.

— Buenas tardes, ¿la señorita Morrison ya llegó? — le pregunté al de seguridad nuevamente al acercarme.

— Si señor, hace como veinte minutos llegó, suba por el ascensor hasta el quinto piso y allí pregunta cuál es su oficina — me dijo muy amablemente, le agradecí y subí al piso que me había indicado.

Mientras iba en el ascensor estaba un poco nervioso, ya le había dado una buena impresión en la tienda porque si no, no me hubiera dicho que viniera; por una parte, tenía eso seguro, pero también me puse a pensar que tal vez, había otras personas allí con más experiencia para postularse a algún cargo que estuviera vacante.

Al abrirse el ascensor, tome aire lentamente y salí mostrando mucha confianza, el espacio era grande como me lo supuse, por el pasillo donde iba caminando habían diferentes puertas, la mayoría cerradas y las que estaban abiertas parecían vacías por lo que logré ver, también había personas muy bien vestidas, de traje los hombres y las mujeres algunas con vestido y otras con faldas y blusas a juego, muy de personas con cargos importantes, varios se me quedaron observando por momentos pero la mayoría me ignoraba completamente.

Me acerqué a donde había dos hombres charlando cerca de un filtro de agua, ambos al verme acercar se callaron inmediatamente y me observaron, no fue una mirada amistosa, aunque tampoco fue como de querer intimidarme, fue más una mirada neutral.

— Buenas tardes, ¿Dónde queda la oficina de la Señorita Morrison? — les pregunté a ambos y el más cercano a mí fue el que hablo.

— ¿Quién la busca? — me preguntó un poco serio.

Se me ocurrió responder de forma sarcástica diciéndole que yo, porque era el que estaba preguntando, pero mejor no lo hice, no conocía esos sujetos y no iba a estropear nada.

— Me llamo Daniel Rodríguez, ella me dijo que la viera en su oficina hoy — le respondí al sujeto que pareció evaluarme con la mirada antes de responderme.

— Sigue el pasillo, al final cruza a la derecha, veras una única puerta dice gerencia, tocas allí y esperas — me índico antes de voltearse de nuevo a reanudar su charla con el otro sujeto.

Les agradecí amablemente y seguí las indicaciones que me había dicho, al llegar al final y mirar a la izquierda, más por curiosidad que otra cosa, había una puerta también, en ella tenía grabado subgerencia y parecía no haber nadie, luego miré al lado derecho y me acerqué a la puerta donde toqué levemente y me retiré unos cuantos pasos a esperar, un minuto después salió una mujer como de unos cuarenta años, era rubia y me sonrió levemente.

— Supongo que eres Daniel, pasa — me dijo abriendo la puerta lo suficiente para que pasara.

— Si, un placer — le dije una que vez que entré, la oficina era pequeña, había un escritorio con una silla donde la chica se sentó, también atrás de mi estaban tres sillas más, supongo que es para que los que vienen a ver a Sophie se sienten a esperar, iba a hacer lo mismo, pero decidí no hacerlo por pena así que solo observe el lugar, habían unos cuantos cuadros de pinturas, también plantas de plástico plantadas en masetas, una lampara en medio del techo que iluminaba todo el lugar y una puerta de vidrio más adelante, un lugar muy común para una recepción.

— Ya puedes pasar Daniel — me dijo luego de un minuto y asentí dándole las gracias.

Al entrar observé la oficina, era amplia, tenía un sillón al lado izquierdo del todo junto a unas macetas con algunas plantas de plástico, había también varias pinturas en las paredes, el lugar estaba iluminado por dos lámparas colocadas en el techo, también había un archivador de cuatro gavetas, un escritorio de vidrio con dos sillas a un lado y una al otro donde estaba sentada Sophie observándome.

— Buenas tardes Daniel, un placer verte de nuevo, ven siéntate — me dijo ella sonriendo y asentí —. Me dijeron abajo que habías venido más temprano, tuve que salir de emergencia, perdón por hacerte esperar.

— No se preocupe señorita, no esperé mucho tampoco — le dije amablemente con una sonrisa.

— Que bueno, supongo que quieres saber cuál es la propuesta que te mencioné — me dijo mirándome

— Si la verdad, acá traje mi hoja de vida — le dije colocándola sobre el escritorio —, no tengo experiencia como le comenté en la tienda, pero aprendo rápido y no la decepcionaré.

— Me gustan los chicos así, con iniciativa y que sean seguros de sí mismos, es lo que necesito — me respondió sonriendo —, pero antes de verlo, quiero saber una cosa.

— Si dígame — le dije emocionado.

— ¿Te interesaría casarte conmigo? — me preguntó tranquilamente lo que me sorprendió mucho, pensé que había escuchado mal por lo que le volví a preguntar y ella respondió lo mismo.

— Disculpe señorita, no me malinterprete, pero no la conozco y casarse no es una decisión que se tome a la ligera — le respondí amablemente.

— Entonces dices que, a pesar de ser una chica bonita, con dinero y todo eso, ¿no te casarías conmigo? — me preguntó un tanto ofendida.

— No fue lo que yo dije señorita, dije que el matrimonio no es algo que se tome a la ligera y si me casaría con alguien no es por cuanto dinero tenga, sino porque la conozco y formé una bonita relación con ella — le expliqué amablemente para no hacerla molestar a lo que ella sonrió asintiendo.

— Sabia que no me había equivocado — dijo y se levantó de la silla comenzando a caminar por la oficina —. Verás Daniel, mi propuesta es la siguiente, yo te puedo dar trabajo acá o conseguirte trabajo en alguna otra compañía, si aceptas ser mi esposo por un año.

— Pero, ósea, si no fuera por eso, ¿no me hubiera citado acá? — le pregunté.

— Daniel, no te lo tomes a mal, lo que te dije en la tienda en cierto, pareces ser un buen chico, bastante activo, inteligente, responsable y seguro aprendes muy rápido, pero — dijo volviéndose a sentar en su silla mirándome —, tu experiencia no te ayuda para conseguir trabajos en compañías grandes.

— Eso lo entiendo, muchos me lo han dicho, pero de verdad pensé que usted me daría la oportunidad — le dije encogiéndome de hombros.

— Te la voy a dar, pero solo necesito ese pequeño favor de tu parte — me dijo mirándome casi suplicándome.

— Y ¿Por qué quiere casarse? — le pregunté intrigado —. Usted parece una chica muy inteligente además tiene este gran empleo, ¿para qué necesita un esposo?

— Verás, esta empresa no es mía, si soy la gerente general pero la compañía es de otras personas — comenzó explicándome —. Ahora bien, mi padre quedó en darme su empresa completamente, pero su única condición es que yo me case.

— Podrías inventar un matrimonio con cualquier otro hombre y listo — le dije.

— Así no funciona Daniel, mi padre quiere pagar la boda y verme casándome, por eso tengo un mes buscando con quien, pero ninguno de los que le he preguntado ha sido digno.

— ¿Digno en qué sentido? — le pregunté confundido.

— Unos no más le preguntaba si se querían casar conmigo decían que sí, otros lo decían cuando les mencionaba que tenía mucho dinero — me dijo haciendo una pausa —, y otros hacían la misma pregunta que tú me hiciste, de por qué quiero casarme y les respondía lo mismo que te dije a ti y cambiaban de parecer, ahora si se querían casar conmigo, pero por lo visto tu sigues dudoso de hacerlo — me dijo al final.

— Quisiera ayudarla de verdad, pero es una decisión que no puedo tomar a la ligera, no le puedo decir que si sin pensar bien, necesito el trabajo y como le dije, no me importa el dinero, solo quiero la oportunidad de demostrarle a cualquier que puedo ser mejor que muchos que tienen mucha experiencia.

— Por eso sé que eres el indicado — me dijo sonriendo —, pero está bien, piensa en lo que te dije hoy y mañana vienes a esta hora igual y me dices que decides.

Asentí y salí despidiéndome de ella y de la secretaria que no le pregunté el nombre porque tenía la mente tan confundida en ese momento que luego no lo iba a recordar, me había mentalizado para responder cualquier pregunta que ella me dijera sobre el empleo, pero que me dijera que me casara con ella fue una noticia completamente fuera de lugar

Salí del edificio rápidamente en dirección a la tienda, aún faltaba para que el señor Johnson cerrara y, además, debía buscar mi bicicleta, seguro cuando llegara me iba preguntar cómo me fue y que me había dicho la señorita y se quedará sin palabras cuando le diga.

Capítulo 3

Había llegado nuevamente a la tienda, ya casi era hora de cerrar por lo que no había clientes y como me lo supuse, el señor Jonhson, no más me vio entrar, se me acercó animadamente a preguntarme sobre lo que me había dicho Sophie, en el camino de vuelta estuve pensando que decidir y creo que el consejo de él me ayudaría a tener más claro lo mejor.

— Bueno, para explicarle de la forma más sencilla, no me va a contratar si no hago un favor para ella — le expliqué.

— ¿Qué clase de favor? — me preguntó confundido e intrigado.

— Bueno, quiere que me case con ella.

— ¡Me estas jugando una broma Daniel! — me dijo incrédulo y yo negué —. Pero, ¿para qué quiere que te cases con ella?

Le expliqué lo que ella me había dicho sobre la empresa de su padre, la condición que le había colocado para para poder tenerla y todo lo demás que me dijo, él me escuchaba pacientemente mientras su expresión variaba entre confusión, intriga y sorpresa mientras avanzaba con el cuento, hasta que al final de la explicación volvió a preguntarme.

— ¿Qué decisión tomaste?

— Le dije que no podía decirle sin pensar muy bien, tengo apenas veinticuatro y entre mis planes no estaba el casarme.

— Te entiendo, pero es una oportunidad y solo tendrás que estar casado por un año, eso pasa rápido, no más mira el tiempo que llevas acá sin darte cuenta — me dijo.

— Eso lo sé, pero va en contra de lo que siempre mis padres me dijeron, de que consiguiera las cosas por mí mismo por mi capacidad y no porque me hicieran un favor — le expliqué contrariado.

— Lo sé, pero piensa las cosas, ambos se estarían ayudando mutuamente, tanto ella a ti como tú a ella y además le puedes demostrar que, a pesar de haberte graduado recientemente, puedes aprender y ser el mejor — me dijo sabiamente colocando una de sus manos en mi hombro —. Además, puede que en un año te termines hasta enamorando de ella y viceversa, tendrías una buena vida, como siempre la has querido.

— Lo entiendo, pero sabe que yo no busco el dinero de los demás, prefiero ganarlo por mis propios medios.

— Pero tendrás una esposa con una empresa, trabajas allí, ganas tú propio dinero y además podrías formar una familia — me dijo el un tanto emocionado —. Pero es tu decisión, piensa las cosas esta noche y ya mañana decides lo que creas que es más conveniente, recuerda que oportunidades como esta no salen todos los días Daniel.

— Lo sé, muchas gracias señor Jonhson — le respondí amablemente, agradeciéndole por los consejos.

Terminamos de acomodar algunas cosas en la tienda y cerramos, me despedí y me fui en mi bicicleta, por el camino pensé en todas las posibilidades que tenía, si negaba la propuesta que me había hecho Sophie o si la aceptaba; por una parte, si la negaba, significaría seguir buscando todos los días hasta encontrar alguna compañía que me diera la oportunidad de trabajar y, como ya sabía, no iba a ser fácil; por otro lado, aceptar la propuesta me daría buenos beneficios pero perdería un año sin poder conocer a nadie para tener una relación y, aunque el señor Johnson me dijo que podía existir la posibilidad de formar una relación con Sophie, no era nada seguro, además que traicionaría lo que me inculcaron desde pequeño.

Aunque parecía sencillo, porque era responder si o no, no lo era, así que, una vez que llegué a la casa, comencé a preguntarle a algunos de mis conocidos más cercanos sobre qué harían ellos si estuvieran en esa posición.

Varios me respondieron que lo harían sin dudarlo, otros me dijeron que les sería difícil porque estaban en una relación pero que hablando con su pareja podrían llegar a un acuerdo y al final si aceptar la propuesta, solo uno me dijo que no la aceptaría porque estaba ya casado y tenía un hijo, pero que, si estuviera soltero como yo, lo haría porque es una muy buena oportunidad.

Por último, decidí llamar a mi padre para pedirle un consejo sobre la situación, luego de explicarle detalladamente se quedó en silencio por un minuto, que a mí me pareció una eternidad, antes de hablar.

— Hijo, en la vida tendrás que tomar decisiones que vayan en contra de tus principios, pero eso no significa que sean las decisiones incorrectas — me dijo solamente —. Creo que ya sabias la decisión que ibas a tomar, pero quería confirmar conmigo si era la correcta.

— La verdad si papá, siempre he respetado tus decisiones y necesitaba escucharte que no iba a cometer un error y que no te decepcionaría — le respondí.

— Nunca me has decepcionado y nunca lo harías por más errores que cometas, eres humano y de los errores se aprende más que de los aciertos — me dijo sabiamente.

Seguimos hablando un rato de más otras cosas diferentes hasta que nos despedimos una hora después, tenía varios días sin hablarles porque había estado ocupado y no me había dado tiempo, así que aprovechamos el momento para ponernos al día con todo.

A la mañana siguiente me dirigía a mi trabajo cuando me crucé con una amiga de la universidad, una de las pocas que tuve y con quien mantuve una relación amorosa, pero por diferentes factores tuvimos que terminar; sin embargo, mantuvimos una buena amistad luego y eso que me decían que no podía tener de amiga a mi ex porque no era muy común que eso pasara, pero ella y yo éramos los suficientemente maduros para sobrellevar la situación y que no fuera incómodo para ninguno de los dos.

Me reveló que había conseguido un buen empleo en una compañía de encomiendas y que le iba muy bien en los pocos meses que llevaba, me alegré por ella porque sabía que le iría bien ya que era inteligente y sabia de sus capacidades, antes de irme me dio su número para que le escribiera, me dijo que si yo quería podíamos salir y ver si lo intentábamos de nuevo, fue la primera vez que me incomodé estando con ella porque no sabía que responderle, me agradaba y si me gustaría volver a intentarlo, pero no podía porque me iba a casar, aunque fuera un matrimonio falso no podía hacerle eso ni a Sophie ni mucho menos a Emma, así que simplemente le dije que lo pensaría y me fui rápido para que no me preguntara nada más.

Llegue al trabajo un poco tarde, hablar con Emma me llevó más tiempo del que me esperaba, rápidamente me cambie de ropa por el uniforme y comencé a atender, el Señor Johnson no me dijo nada cuando llegué y estuvimos tan ocupados que no pudimos cruzar muchas palabras si no hasta la una de la tarde, que fue cuando hubo menos clientes en la tienda.

— ¿Por qué llegaste tarde Daniel? — me preguntó en voz baja mientras atendíamos a las ultimas personas que quedaban.

— Lo lamente señor Johnson, de camino me topé con una amiga de la universidad y me entretuvo más de la cuenta — le respondí con el mismo todo de voz luego de entregarle a una señora lo que me había pedido.

— No te preocupes — me dijo tranquilamente y ya cuando despachamos a todos se giró a verme —. ¿Qué decidiste?

— Pues — dije y solté un suspiro leve — voy a aceptar el trato de la señorita.

— Muy bien Daniel, eso esta excelente, aunque no te vez muy contento — me dijo mientras me veía, ya que me mantenía muy poco expresivo.

— Veré, con la chica que me topé, es mi ex novia y me dijo que si quería podíamos volver a salir e intentarlo de nuevo y la verdad me gustaría, pero al aceptar el trato con la señorita Morrison estaré comprometido y no quiero serle infiel, aunque sea un matrimonio falso.

— Pero habla con ella, tal vez se pueda — me dijo tranquilo y yo asentí levemente.

Me dispuse a arreglar algunas cosas que estaban desordenadas allí en la tienda hasta que llegó la hora de irme, me despedí del señor Johnson y me fui en mi bicicleta ya que había visto un lugar donde aparcarla, además, que me sería más rápido para llegar.

Al llegar y aparcar la bici, entré al edificio saludando al de seguridad de la puerta el cual me devolvió el saludo muy amablemente, subí por el ascensor como ayer y al abrirse la puerta en el quinto piso, un nerviosismo me invadió el cuerpo, comencé a pensar en si tal vez la señorita se habría arrepentido del trato que me había hecho o si de verdad yo estaría haciendo lo correcto, pero ya estaba allí, debía seguir con lo que había decidido, no podía dar marcha atrás, nunca me retractaba de mis decisiones y esa no iba a ser la excepción.

Llegué a su oficina, su secretaria me dijo que me esperara un poco ya que estaba reunida así que esos hice. Mientras estaba esperando, sentado en una de las sillas de espera, observé que en el escritorio de la secretaria había una placa con un nombre grabado, decía Licenciada Victoria Miller y en ese momento recordé que en la universidad había conocido a otra persona que se llamaba exactamente igual y me puse a pensar, si tal vez serian familia o algo por el estilo o sería una mera coincidencia; de igual forma, me puse a pensar si habría algún sujeto que tuviera exactamente mí mismo nombre, si así lo fuere, seria genial conocerlo.

La curiosidad por saber si tenía alguna hija o sobrina que se llamara igual que ella y haya estudiado en la misma universidad que yo, era grande, era un defecto mío, de querer saber las cosa, mis padres me decían que por eso era tan aplicado e inteligente, desde muy pequeño he sido de las personas que les gusta indagar y saber cualquier cosa que me resultara extraña.

— Oiga señora — le dije para llamar su atención.

— Dígame — me respondió ella sin levantar la vista de un papel que estaba leyendo.

— Disculpe, es que me causaba curiosidad una cosa al leer la placa en su escritorio ¿tiene alguna hija o sobrina que se llame Victoria igual que usted y haya estudiado en la universidad de Cornell? — le pregunté y la señora alzo la vista para verme, parecía consternada por mi pregunta y luego de varios segundos después, fue que respondió.

— Si, mi hija estudio allí, se graduó hace poco, ¿Por qué? — me preguntó de vuelta.

— Ah ya decía yo que me parecía a alguien, yo estudié con ella.

— Oh vaya, no me lo esperaba, bueno le diré cuando la vea que conocí a su compañero de clase— me dijo levantando la vista del papel que tenía en las manos.

— Esta bien, le da mis saludos también — le dije sonriendo y justo en ese momento salió de la oficina Sophie, y detrás de ella salieron dos hombres más dándole la mano, se despidieron muy amablemente de la secretaria y de mí y abandonaron la oficina.

— Daniel, que gusto, ven pasa — me dijo ella al verme, la saludé de vuelta y entré enseguida, lo nervios habían vuelto a mi cuando ella se sentó en frente de mí, al otro lado del escritorio —. Disculpa que te haya hecho esperar, estaba en una reunión importante con los señores que viste.

— No se preocupe — le respondí amablemente.

— Si estás aquí es porque tomaste una decisión o me equivoco — me dijo y yo asentí —. Bien, ¿Qué decisión tomaste? — me preguntó curiosamente.

— Si aceptare su propuesta — le dije sin esperar mucho más tiempo y ella sonrió emocionada.

— Perfecto Daniel, entonces a partir de ahora estamos comprometidos — me dijo extendiendo su mano la cual estreché sin decir nada más.

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Un trato con la CEO

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