Capítulo 2

Cierro la puerta de casa, coloco la llave en la cerradura y le doy media vuelta al pestillo para terminar colocando la silla bajo el pomo pero ni así me siento segura. Me quito el chaquetón, el gorro, los guantes y camino hacia la pequeña cocina mientras saco la cinta del bolso, cuando la sostengo en mis manos veo el temblor de mis dedos porque se lo que hay dentro de este plástico negro. Busco el cuchillo del pan, uno que es muy largo y con dientes.

Me siento en el suelo al lado del colchón y hundo el cuchillo en el lateral intentando hacer un agujero lo suficientemente grande como para esconder la cinta dentro. Cada vez me cuesta más serrar el colchón pero más empeño le pongo hasta que termino sujetando el mango con las dos manos, apretando los dientes y resoplando por el esfuerzo. Me sorprendo gritándole a la nada.

-¿También vas a poder tu conmigo hijo de puta? - no se si se lo digo al colchón o al borracho de anoche pero por fin consigo sentir algo que no sea vergüenza : RABIA .

Suelto el cuchillo en el suelo y me recojo el pelo en una cola, la paso sobre mi hombro izquierdo mientras meso el mechón entre mis dedos procurando serenarme.

El destrozo que he hecho es lo suficientemente grande como para que quepa la cinta. Tapo con las sábanas mi pequeño escondite y me tumbo encima sabiendo el gran secreto que hay justo debajo de mi espalda, ese secreto que es mío y solo mío, que me llevaré a la tumba y si pudiera también al hombre que aparece en ella.

Antes era una persona risueña, siempre tenía algo en mente como ir al super, fregar los platos, recoger algún que otro papelote que siempre iba dejando esparcidos, pero ahora, tumbada en la cama, soy incapaz de pensar en nada. Tengo la mente tan en blanco que casi me deslumbra y tengo que achinar los ojos. Paso las horas tumbada, mirando la pared y me sorprendo a mi misma intentando llorar pero soy incapaz de cambiar mi cara de poker. Las horas pasan y continúo en la misma postura, de lado con las rodillas tocándome el pecho.

Ni he comido ni he cenado pero me prometo que mañana será otro día y me esforzaré por hacerlo mejor.

Suena un mensaje en el móvil

¡ mierda, mi hermano! se me había ido completamente de la cabeza.

<¿Dónde te has metido?> y se por su sequedad que está preocupado.

Siempre ha intentando protegerme de todos los males, imagino que el típico hermano mayor.

< Se me fue de la cabeza, perdona. Te aviso cuando tenga un hueco y quedamos. prometido :) > coloco un emoticono al final de la frase solamente para que se imagine que esa es mi sonrisa .

A las nueve de la noche me levanto, me ducho y me visto para ir a trabajar pero antes de salir llamo a un taxi. Espero en casa hasta que el hombre llama para avisarme de que ya ha llegado.

Lección aprendida, no pienso esperar en la calle por la noche. No gracias.

Una vez sentada en el asiento trasero no puedo evitar volver a preguntarme ¿ Por que yo? No soy nada especial. Podría fanfarronear y decir que soy rubia con ojos azules y delgada como un bicho palo o que soy pelirroja con ojos verdes con unos pechos de escándalo pero no, soy castaña, mis ojos son marrones y nunca he sido gorda pero tampoco tengo un cuerpo diez. Puede que al tipo le de igual el cuerpo de la chica, simplemente le gusta ir por ahí destrozando vidas, pues la mía no, desgraciado. Quizás ya esta destrozada y no soy consciente pero soy de las que creen que la mente es un 90% de como nos sentimos así que voy a poner todo de mi parte para superar esto.

Delante de mi hay un gran letrero luminoso en el que pone Holys y ahí trabajo yo, sirviendo bebidas a borrachos asquerosos que no saben todavía que el alcohol mata a ti y a los demás... y no me refiero a que un día se te pare el corazón y ¡ pumba! a la tumba...

Muchos de los clientes habituales que antes consideraba conocidos por los que sentía cierto cariño, ahora simplemente me dan asco, me preguntan constantemente si me ocurre algo, que tengo mala cara, que si estoy triste... y a todos les suelto la misma jodida mentira con la voz más dulce que puedo inventar " creo que estoy pillando gripe, seguro que en unos días estoy mejor" y quiero creerlo. Quiero creer que en unos días estaré mejor pero en el fondo de mi alma, ese lugar en el que las mentiras no pueden llegar, el lugar donde solo existe la verdad aunque te repitas mil veces una mentira, me dice que no estaré mejor en unos días.

Cuando ya casi es la hora de que se termine mi turno se acerca mi jefe Martín, ese es su apellido, pero no se por qué todo el mundo le llama así.

-Lisa, ve detrás y coge cinco o seis cajas vacías de esas de copas y te puedes ir. ¿ Estás bien? ese golpe de la frente tiene mal aspecto eh -me dice mientras pasa un trapo por la barra

-Muchas gracias Martín. No es nada solo que bebimos demasiado... esto... nos subimos a un bordillo intentando hacer no se que.. y bueno.. ya sabes jeje Nos vemos mañana entonces - me coloco mi falsa sonrisa y camino hacia la puerta trasera caminando rápido para que no sienta la mentira como la siento yo rodeándome.

No se por que guardan las cajas en este callejón. Nunca me había dado miedo hasta ahora y aunque no me gusta regodearme en la mierda, me permito el lujo de sentir miedo y frustrarme. Me repito una y otra vez que es normal que me sienta así, que no va a pasarme nada. Es como si te tocara dos días seguido la lotería, eso es imposible ¿no? puede que imposible no, quizás un cero coma uno por cierto pero puede pasar... Con cada pensamiento que me viene a la cabeza me voy poniendo más nerviosa e intento correr más.

-¿ Perdone? -Siento una mano sobre mi hombro y antes de darme la vuelta y ver quien es, mi primer instinto es correr y salir de ahí cuanto antes. Así que eso hago.

Doy un paso hacia delante y choco con las cajas que había ido colocando, me tropiezo y caigo sobre ellas. Ignoro el dolor de mi rodilla al golpearme con la esquina de la caja y sigo intentando ponerme de pie.

- ¿Estás bien? siento haberte asustado -sonríe un hombre mientras me tiende una mano.

Ahora veo su rostro y definitivamente no es un borracho o al menos no lo parece. Va bien vestido aunque solo veo un chaquetón de tres cuartos gris y una bufanda a juego.

- No me has asustado -le espeto siendo más brusca de lo que quizás se merezca.

-Ya veo que no...-suelta con una sonrisilla de suficiencia a la vez que me tiende una mano para ayudarme a que me levante.

Acepto su mano con algo de reticencia. Tiene las manos grandes y suaves, sujeta la mía con delicadeza. Me incorporo y siento mi corazón a mil ¿Miedo? no creo que este hombre vaya hacerme daño, al contrario, está ayudándome.

-Vaya golpe más feo tienes en la frente -dice señalandome.

-¿Si? Vaya no me había dado cuenta - ironizo por su ridículo comentario o porque estoy hasta las narices de que me pregunten por el golpe - bueno, ¿Qué necesita?

- Dentro de dos semanas es el cumpleaños de un amigo y me gustaría alquilar el local - ha cambiado la pose de simpatía por la de negocios y ahora saca una agenda mostrándome el día del cumpleaños - Por cierto, me llamo Hugo.

-Esos temas con el jefe, Hugo. Buenas noches -corto de raíz. No voy a tener ninguna charla con un desconocido en un callejón a las tantas de la noche

Doy media vuelta y lo dejo ahí plantado.

Capítulo 3

Siento un peso que impide que pueda moverme encima de mi cuerpo. Giro la cabeza para ver de que se trata. Un hombre a escasos centímetros de mi rostro me sonríe, se pasa la lengua por el labio inferior intentando retener la saliva que se le escapa.

-No te resistas encanto, te va a gustar

-Saboreo el olor a alcohol que se desprende cada vez que separa los labios.

Siento nauseas. Intento golpearle con los brazos pero me los sujeta por encima de la cabeza y no tengo fuerza suficiente. Comienzo a gritar con la esperanza de que alguien me escuche y venga a salvarme. Mueve los dedos de forma nerviosa procurando sujetar mis muñecas con una sola mano. La otra la coloca sobre mi cuello y aprieta.

- Como grites te mato, puta -esas cinco palabras han cambiado mi vida.

En ese instante supe que mi lucha se había terminado, lo único que podía hacer era dejarle profanarme, humillarme, degradarme hasta que él, y solo él, decidiera que había terminado conmigo.

Despierto en la cama. Empapada en sudor, el corazón me va a mil. Siento el pulso como un caballo galopando por todo mi cuerpo. Quiero llorar, gritar, hundirme, pero no puedo.

Podría decir que solo ha sido un sueño pero no, he vuelto a vivir lo que ocurrió aquella noche.

Suena el móvil que me asusta y pego un bote. Debería relajarme un poco, tanto sobresalto no puede ser bueno para la salud.

Miro la pantalla en la que sale el nombre de Martín, mi jefe. Es muy raro. Jamás me llama y mucho menos por la mañana

- Dime Martín -saludo carraspeando para quitar la voz de dormida.

-Perdona que te llame tan temprano pero tenemos que hablar, ¿ Te puedes pasar por holys?

-Claro, en media hora estoy allí.

No se de que querrá hablar pero nada bueno puede salir de ahí. Me preparo lo más rápido posible con el corazón en un puño, es lo que me faltaba. No creo que me despida ¿ Puede que si?

Cuando llego ya he pensado mil tonterías a cada cual más estrambótica y estúpida.

-Buenas ¿ Qué ocurre?-pregunto con un nudo en la garganta y la preocupación en el rostro.

-Nada malo, cálmate -sonríe de forma paternal.

No se como he podido pensar mal. Conozco a Martín desde hace años, se que no haría nada que me perjudicara.

-Anoche, antes de cerrar, vino un tipo que quería alquilar el local para un cumpleaños.

-Si, lo se. Antes de irme me comento algo

-¡Estupendo! Quiere hacer algunos cambios en la decoración y hacer una noche temática de no se qué -mueve la mano mientras pone una mueca de que le parece una gilipollez -él paga todos los gastos.

-Bien ¿Para que me has llamado? - se que es una estupidez preguntar pero tengo la esperanza de que no me involucre en todo esto.

-Por que a partir de hoy tu te vas a encargar de toda la preparación. Desde hoy, hasta el día de la fiesta, no tienes que venir por la noche solo quedar con él por el día para que te diga lo que tienes que ir haciendo e ir programando cada cosa para que esté lista.

- ¿En serio?¿Tengo que encargarme yo?

-Lis -odio cuando me llama así por que solo lo hace cuando se enfada - esto es importante. Paga muy bien y nos hace falta, así que no la cagues - me señala con el dedo y levanta una ceja.

En otras palabras, como la cagues ya puedes ir y apuntarte al paro.

Asiento en señal de derrota. No va a cambiar de opinión y tampoco quiero iniciar una discusión por que no nos llevaría a ningún sitio, lo conozco.

-Has quedado con él a la una en " the Palmer" - Es un restaurante bastante caro al que, evidentemente, jamás he ido.

Se levanta de su silla, me da una palmadita en el hombro poniendo una falsa cara de pena como diciendo " Lo siento por ti".

No quiero malos entendidos así que voy a intentar ir de la forma más profesional posible. Recojo mi pelo en una cola alta, voy maquillada así que estupendo. Entro en una tienda y compro una agenda y un bolígrafo (creo que es importante si tengo que tomar nota de las cosas que me vaya diciendo Hugo).

Llego diez minutos antes de la una pero no me importa, le esperaré dentro.

Una chica muy simpática me recibe con una amplia sonrisa en su cara, claramente ensayada.

-¿ Tiene usted reserva ?

-He quedado aquí con un hombre... su nombre es Hugo -me avergüenzo un poco porque no puedo decirle su apellido.

- Está esperándola. Si es tan amable de seguirme.

Serpenteamos entre las mesas y mientras camino observo a las personas. Unos comen, otros, simplemente beben y charlan pero todos tienen en común que van arreglados hasta las cejas.

Llegamos a la mesa y ahí está él. Leyendo un periódico con una copa en la mano. No levanta la mirada así que imagino que está enfrascado en algo realmente interesante y que le hace gracia porque levanta levemente la comisura de los labios. Carraspeo mientras aparto una silla y me siento.

-Buenas-no se que decir ¿buenos días? ¿buenas tardes? ¿ayer fui una borde y me comporté como una loca pero aquí estoy? Siento el calor inundar mis mejillas.

-Muy buenas. Ya puede servirnos el primero, gracias -dice dirigiéndose a un camarero que se a acercado. Me quedo sin habla ¿piensa que voy a comer? es más, no he podido comer desde la otra noche quitando un yogur ayer y un café esta mañana. Soy incapaz de ingerir nada sin sentir nauseas después.

-Creo que dijo que la fiesta de su amigo era en dos semanas ¿ no? - saco la agenda del bolso y comienzo a contar días -quizá tenía pensado algún cambio importante en el local..

-Nada que no se pueda hacer pero los negocios después de comer - sonríe enseñando unos diente perfectamente alineados. No quiero comer con él, ni ser su amiga. Esta situación me resulta bastante violenta. Suspiro y cierro la boca por Martín y por mi trabajo.

Creo que nota que no estoy a gusto. Su sonrisa, esa que le iluminaba la cara, desaparece y se convierte en una fina linea recta. Llega el camarero con dos consomés y se marcha sin hacer ningún ruido, tal y como había aparecido.

-No quieres estar aquí-suelta, señalándome con la cuchara.

-Es solo que no entiendo lo de la comida -digo señalando los platos.

- No me gustan las mentiras, Lisa. No quieres estar aquí ¿ verdad?

-¿Peligrará mi trabajo si soy sincera? -es evidente que sabe que no quiero estar ahí con él y lo de las mentiras lo ha dicho tan serio que me he acobardado.No me atrevo a mentirle.

La carcajada con la que rompe el tenso silencio me sobresalta y la cuchara cae sobre el plato de sopa que salpica la mesa.

-No peligrará tu puesto de trabajo por nada que me digas o hagas - levanta la mano, la coloca sobre el pecho de la forma más solemne que había visto nunca -prometido.

-Entonces... - dudo por que se ve que es simpático y no quiero herirlo -no, no quiero estar aquí -bajo la cabeza directamente a la sopa, arrepentida.

Pensaba que me diría que me fuera o que le iría con el cuento a Martín pero sigue sonriendo.

-Interesante, muy interesante - murmura.

-¿Qué es tan interesante?- suelto de forma brusca. No se porque me molesta el tono que está usando.

-Mírame Lisa. no creo que sea feo ¿verdad? - me ruborizo al momento porque claramente no es feo aunque a mi sigue sin interesarme lo más mínimo -tan poco es que sea pobre - levanta la mano para que mire en el local en el que nos encontramos mientras ladea un poco la cabeza- ... y ahí estás tu, diciéndome que no quieres estar aquí. Nunca me había ocurrido, por eso es tan interesante. Pero no pasa nada, dos semanas conmigo y no querrás estar en ningún otro lugar - me guiña el ojo.

Ese simple gesto que es de lo más inocente o esa declaración que suena a un ligoteo barato de orgullo de hombre herido, me molesta. No me puede interesar ni él, ni nadie. No lo sabe, no lo entiende pero estoy rota, los trozos son tan pequeños que son imposibles de pegar.

Me levanto, me cuelgo el bolso y antes de salir y dejarle con la cara de tonto le suelto

-Eso no va a ocurrir, ni en dos semanas ni nunca.

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Tú, o tu pasado

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