Capítulo 1

El día de la ceremonia de unión, una bruja enloquecida irrumpió y me señaló, chillando:

—¡En seis años, tu Alfa te traicionará!

Troy Hudson, mi futuro compañero, se puso pálido. Le arrebató la bola de cristal que brillaba con luz púrpura de un manotazo, haciéndola pedazos contra el suelo.

—¡Estupideces! —gritó él—. ¡Estelle es mi pareja destinada! ¡Solo la amaré a ella en esta vida!

Después de eso, se volvió aún más devoto a mí. En el altar de la Diosa de la Luna, colocó el chal plateado de Luna sobre mis hombros. Me impregnó con su aroma para que toda la manada supiera que le pertenecía.

Cada luna llena, profundizaba la marca en mi cuello, susurrándome que era suya para siempre.

Creí que su amor era inquebrantable hasta nuestro sexto aniversario. Una caja esperaba en la puerta de nuestra entrada. Dentro había unas bragas de encaje y una fotografía.

En la foto, Troy estaba sobre su hermana adoptiva, Rue Youngblood; el tatuaje de lobo en su cuerpo emitía un tenue resplandor. Su mano aferraba la cintura de ella y sus ojos ardían con la misma intensidad con la que yo había soñado un millón de veces.

¿Y Rue? Llevaba puestas esas mismas bragas. Al reverso de la foto, escrita con una tinta tan roja como la sangre, había una línea de pura provocación: “El corazón del Alfa puede pertenecerte a ti, pero su cuerpo me pertenece a mí”.

Mi loba aulló en mi interior y una agonía desgarró mi pecho, pero no derramé ni una sola lágrima. En cambio, posé la mano sobre mi vientre y envié un mensaje silencioso a la Asociación de Brujas.

“Acepto su invitación. Por favor, ayúdenme a desaparecer”.

Mientras veía al ruiseñor plateado tragarse mi mensaje y perderse en el cielo, escondí la caja en el compartimento secreto de nuestra habitación.

Estaba segura de que nadie regresaría esa noche, pero la puerta principal se abrió al segundo siguiente. Era Troy Hudson, mi compañero. Un rastro de alcohol lo acompañaba y en sus brazos traía un ramo de rosas blancas todavía húmedas por el rocío; mis favoritas.

—¿Por qué no prendiste la luz? —preguntó riendo.

Metió la mano en su abrigo y sacó una cajita. Cuando la abrió, el brillo suave de una piedra lunar se derramó hacia afuera, iluminando la ternura en su mirada.

—Feliz sexto aniversario, mi Luna —murmuró—. La piedra principal está tallada en piedra lunar extraída de Northlight Sacred Mines. Solo hay una así en el mundo. ¿Te gusta?

Sonreí con sequedad, tratando de parecer conmovida como siempre lo hacía, pero no pude. Bajé la cabeza y dejé que mi cabello ocultara mi cara.

—Gracias... ¿Me lo pones?

Troy se inclinó para abrochar el collar alrededor de mi cuello, pero alcancé a ver una marca de labial rojo en el interior del cuello de su camisa. Ardió como una luz cegadora.

Recordé que había jurado no vincularme con nadie, nunca. Mi madre era una bruja que se escondió para vivir con mi padre, un Beta. Cuando yo era pequeña, eran la pareja perfecta que todos envidiaban.

Sin embargo, cuando papá se cansó de la lealtad y se fue a perseguir el aroma de otra loba, el vínculo de pareja que ya existía no los dejó ir.

Mamá apenas tenía poco más de treinta años en ese entonces, hermosa y orgullosa, pero la reacción negativa del vínculo tras la traición la destrozó. Se acurrucaba todas las noches, temblando, sollozando y gritando, todo porque su compañero estaba en los brazos de otra loba.

Caía de rodillas, clavándose las uñas en su propio pecho, como si el dolor pudiera ahogar la agonía que la estaba desgarrando por dentro.

Al final, mató a papá con su maldición y la reacción negativa del vínculo también le quitó la vida a ella. Antes de morir, usó lo último de su magia para sellar a mi loba.

—Perdóname, cariño. Todos dicen que el vínculo de pareja es la mayor bendición de la Diosa de la Luna, pero nadie dice que también es su maldición más cruel.

Desde ese día, me convertí en la única mujer lobo de la manada sin espíritu de loba. Veía a los otros vincularse, marcarse, besarse y jurarse eternidad, pero en mis ojos no había más que indiferencia.

No creía en el destino ni en el amor... hasta que conocí a Troy.

Fue la noche del Festival de Caza de la manada, cuando la luna colgaba llena y brillante. Troy era el Alfa recién nombrado. Era joven, orgulloso y devastadoramente atractivo.

En el momento en que su mirada se posó en mí, un destello dorado estalló en sus ojos. El tatuaje de lobo en su pecho comenzó a moverse e incluso dejó escapar un gruñido bajo e incontrolable.

—Mi lobo... está reaccionando a ti —dijo con asombro y hambre voraz, como si acabara de encontrar a su compañera destinada.

Me quedé pasmada. Yo no tenía loba, así que se suponía que no podía activar al lobo de nadie. Aun así, de alguna manera, su lobo temblaba por mí.

Desde entonces, Troy comenzó a perseguirme con una determinación demencial. Aparecía todos los días. Cazaba conmigo, me traía flores e incluso desafió a otro Alfa solo porque me miró demasiado tiempo.

Todos decían que había perdido la cabeza, pero no le importaba. Durante una emboscada de vampiros, se lanzó frente a mí y recibió un golpe destinado a matarme.

—Estelle... Eres la única que mi lobo desea —balbuceó, con el cuerpo empapado en sangre y los labios temblorosos.

Aun así, a pesar de todo, intentó sonreírme. Fue ahí cuando me enamoré de él.

Preparó la ceremonia de unión más grandiosa que nuestra manada había visto en un siglo. Colocaron un chal plateado de Luna sobre mis hombros y el fuego del juramento ardió contra el cielo nocturno.

Sin embargo, la ceremonia fue interrumpida por la profecía de una bruja:

—¡En seis años, tu Alfa te traicionará!

En aquel entonces, me reí del asunto. Creía que el amor era una cuestión de elección, no de destino. Ahora, el mismo día en que descubrí que estaba esperando a su cachorro, encontré esa caja en la puerta, probando su infidelidad.

La voz preocupada de Troy me sacó de mis recuerdos.

—¿Qué tienes, amor? Te ves pálida.

Lo miré a los ojos, tan llenos de calidez y devoción, pero el aire a mi alrededor se sentía asfixiante. Forcé una sonrisa.

—Estoy bien —respondí—. Solo recordé que no le he dado de comer al ruiseñor plateado todavía. Ya debe estar muerto de hambre.

Antes de que pudiera contestar, pasé por su lado y subí a la terraza de la azotea.

El viento nocturno rozó mi cara. En ese momento, el ruiseñor plateado regresó. Se posó en su jaula dorada y habló con voz humana:

—Querida, pensé que seguías perdida en los tiernos cuidados del Alfa Troy. ¿Qué te hizo decidir heredar el legado de bruja de tu madre?

Me reí con amargura.

—Me traicionó.

Los ojos del ruiseñor plateado perdieron brillo y se quedó en silencio un momento antes de volver a hablar.

—He enviado el mensaje a la Asociación de Brujas. En tres días, alguien vendrá por ti.

Y añadió:

—Cuando llegue el momento, la magia borrará todo rastro de ti en este mundo. ¿Das tu consentimiento?

—Por mí está bien —murmuré—. No es como si me quedara alguien o algo a lo que aferrarme.

Desde la muerte de mis padres, Troy se había convertido en mi única familia. Tan pronto como mis palabras resonaron en la noche, una voz familiar hizo eco desde las escaleras.

—¿Quién dijiste que te traicionó, amor?

Capítulo 2

Me giré y me encontré con la mirada inquisitiva de Troy. Reprimí el pánico y alcé la cabeza, sonriendo.

—Ah, es que me acordé de lo que me contó una amiga sobre un Alfa que traicionó a su Luna. Le estaba advirtiendo al ruiseñor plateado que no me hiciera lo mismo.

Me estudió la cara con detenimiento, como si intentara desentrañar mi expresión para descubrir alguna mentira oculta. Solo cuando comprobó que no había nada inusual, se relajó. Me atrajo hacia sus brazos, enredando sus dedos en mi cabello.

—Nunca voy a entender a esos tipos —dijo con desprecio—. Traicionar a tu Luna es lo mismo que traicionar al destino; la Diosa de la Luna los va a destruir por eso. Tranquila, mi Luna. Siempre te seré fiel.

Su juramento resonó en mis oídos, pero la imagen de aquella fotografía emergió en mi mente. El recuerdo me destrozó por dentro y sentí una punzada tan aguda en el corazón que apenas podía respirar.

Alcé el mentón y susurré:

—Y si… digo, hablando hipotéticamente… ¿Y si me traicionaras?

Negó, con una posesividad ardiendo en los ojos.

—Ni de chiste. Eres el único regalo que me ha dado la Diosa de la Luna. Nadie puede apartarte de mí.

—¿Y si lo hicieras? —insistí.

Me sostuvo la mirada, con seriedad.

—Entonces, que la Diosa de la Luna me castigue; que pase la eternidad buscándote sin encontrarte jamás. Eres la otra mitad de mi alma. Sin ti, mi vida no tiene sentido.

Sonreí y no le respondí. En ese momento, la piedra de comunicación de Troy se iluminó. Del otro lado surgieron las voces de varios Alfas, borrachos, riendo a carcajadas.

—¡Ven para acá, Troy! ¡Ya estamos en la taberna, nada más te estamos esperando a ti!

Sin dudarlo, Troy los rechazó.

—Voy a pasar mi aniversario con Estelle, así que no, no voy a ir.

—¡No seas así! ¡Tienes meses sin salir! ¡Si no te conociéramos, pensaríamos que tu Luna te tiene encerrado!

—¡Sí es cierto! ¡Tráete a Estelle y celebren en la taberna! ¡Va a estar divertido!

Troy arrugó la frente y bajó la voz.

—No le gusta el ruido. No voy a ir. Nada es más importante que estar con ella.

Sonaba decidido, pero los Alfas del otro lado se negaban a rendirse. Se turnaban para insistir y burlarse, y sus voces se volvían cada vez más fuertes y animadas. El estira y afloja se prolongó hasta que cedí.

—Deberías ir. No dejes que yo sea un obstáculo para tus amistades.

Parecía renuente; hundió la cara en el hueco de mi cuello y me acarició con la nariz.

—Entonces vienes conmigo. Si no, no voy.

Sus amigos estallaron en carcajadas al otro lado de la piedra de comunicación.

—¡Ándale, Estelle! ¡No seas tan dura con tu Alfa! ¡Si sigue quedándose en casa, vamos a pensar que se está volviendo un lobo domesticado!

Al final, asentí. Solo entonces Troy aceptó salir de la casa.

***

En cuanto se abrió la puerta del privado, me llegó el aire cargado de humo, alcohol y feromonas puras. Unos cuantos Alfas estaban rodeados de lobas, cuyos cuellos lucían marcas de mordidas apenas disimuladas.

Di un paso atrás y el semblante de Troy se volvió serio. La mera presencia de un Alfa de alto rango presionó la habitación, helando el ambiente. Los Alfas reaccionaron, apartando a sus acompañantes e intentando disimular con sonrisas nerviosas.

—¡Wow, Estelle está aquí! ¡A ver, todos, compórtense!

—¡Todas ustedes, lárguense! ¡Fuera!

Una vez que las lobas se fueron, uno de los Alfas le dio una palmada de admiración a Troy en el hombro.

—Hay que reconocerlo, eres un Alfa que pone a su pareja ante todo. Ni siquiera volteas a ver a otra loba. Mis respetos.

Troy se quitó la mano de encima con un gesto brusco; el desprecio era obvio en él.

—Mi Luna merece sentirse segura. ¿Tú qué vas a saber, lobo sin pareja?

La multitud estalló en risas y gritos, y algunos aplaudieron en señal de aprobación. Los ignoró, me tomó de la mano y me llevó hacia la ventana antes de cubrirme los ojos. Un toque de frustración se coló en su tono.

—Quería enseñarte esta sorpresa en casa, pero… no pude evitar que me arrastraran hasta acá. Igual no importa. Ahora funciona igual de bien.

Ante el aullido de su lobo, incontables luciérnagas plateadas surgieron del bosque, reuniéndose en un río de luz que se arremolinó sobre nosotros. Danzaron por el cielo nocturno antes de formar una sola línea de palabras resplandecientes.

“Para mi única y verdadera, Estelle”.

La multitud dejó escapar un grito de asombro.

—¡Solo tú podrías armar algo tan épico! ¡Con razón conquistaste a tu Luna!

Me rodeó la cintura con el brazo desde atrás y sus palabras sentimentales flotaron.

—Han sido seis años, Estelle.

Me quedé mirando las palabras brillantes, mareada. En efecto, habían pasado seis años. Hace seis años, pasé de ser una mujer lobo opuesta a los vínculos a convertirme en una Luna que todos envidiaban.

Al mismo tiempo, esos mismos años transformaron al Alfa que alguna vez me salvó la vida en un mentiroso que ni siquiera parpadeó al engañarme.

Ya no podía seguir fingiendo.

—Es tarde. Debería irme a casa.

Troy quiso venir conmigo, pero unos cuantos Alfas lo sujetaron.

—La Luna Estelle es demasiado guapa para desvelarse, ¡pero hace siglos que no convivimos, Troy! ¡Ándale, no te puedes ir todavía!

Solté mi mano de su agarre y dije despacio:

—Los guardias me escoltarán a casa. Tú quédate.

Antes de que pudiera discutir, me di la vuelta y salí. Poco después de salir, sentí algo en el bolsillo de mi abrigo: la cartera de Troy. Me detuve, dudando, y me giré. Al doblar la esquina, vi a su hermana adoptiva, Rue Youngblood, entrando en la taberna.

Capítulo 3

Rue se acomodó el cabello y se bajó un poco más el cuello de la blusa. Yo apreté la cartera con fuerza y la seguí. Como era de esperarse, se detuvo afuera de la habitación privada de Troy.

En cuanto se abrió la puerta, ella se lanzó a los brazos de Troy. Me quedé en un rincón oculto, observando sus figuras entrelazadas a través de la estrecha rendija de la puerta.

Si él tan solo la hubiera apartado, yo habría dado media vuelta para volver a casa, quemar la foto y fingir que nada de esto había pasado.

Sin embargo, no lo hizo. Al contrario, la tomó por la cintura y la sentó con cuidado en su regazo.

—Llegaste rápido.

Ella levantó la cara con una sonrisa dulce.

—Te extrañaba.

Él la besó en los labios y su mirada se cargó de deseo.

—Ten, tu premio.

Las quejas y las risas estallaron en la habitación.

—¡Ya, dejen de estarse exhibiendo!

—La tienes muy fácil, Troy. Como Estelle no tiene loba, nunca se va a dar cuenta de que estás de vago con otra.

El tono que usaban era el mismo de las bromas y burlas ligeras que me habían dedicado hacía apenas unos minutos. Solo en ese momento me cayó el veinte: todos sabían lo de él y Rue, menos yo.

Jamás imaginé que mi loba sellada se convertiría en la mayor ventaja de Troy para engañarme. Me quedé paralizada mientras las lágrimas rodaban por mi cara sin control.

Una traición en vivo dolía mucho más que cualquier fotografía. Mi loba aullaba en mi interior, destrozada y con el alma rota. Di media vuelta y me alejé; sentía que las piernas me fallarían en cualquier momento.

Los guardias notaron que me había puesto pálida e intentaron entrar para avisarle a Troy, pero los detuve.

—No le digan que regresé.

Él no tenía idea de que el secreto que más quería ocultarme ya estaba al descubierto, ni se imaginaba que la Luna que juraba no poder perder ya estaba planeando su huida.

La lluvia empezó a caer con fuerza mientras iba camino a casa. Recordé otra noche lluviosa en la que Rue decidió declarársele a Troy.

Ella sostenía una sola rosa con los dedos temblorosos y las mejillas rojas de la vergüenza.

—Me gustas, Troy.

Él despedazó esa rosa frente a todos, arrancando pétalo por pétalo.

—En mi vida solo habrá una Luna. Ni se te ocurra hacerte ideas que no van. Me das asco.

Esa escena se me quedó tan grabada en la mente que nunca volví a creer en la profecía de la bruja.

Ahora, esas mismas manos que destrozaron una rosa por mí estaban aferradas a la cintura de ella en nuestro sexto aniversario.

Fui sola a la enfermería de la manada con la intención de interrumpir el embarazo del cachorro. Sin embargo, la sanadora me entregó una imagen que mostraba la pequeña silueta de mi bebé.

—¡Muchas felicidades, Luna! Su cachorro se está desarrollando muy bien —exclamó la sanadora con entusiasmo—. Mire... aquí se ve su manita y su piecito...

Mis manos temblaron al sostener el ultrasonido y, al final, no pude decir que quería abortar al cachorro. La sanadora me dedicó una sonrisa radiante.

—¡Es una noticia maravillosa! ¿Le avisamos al Alfa Troy?

—No —murmuré, sacudiendo la cabeza con los ojos llenos de lágrimas—. Quiero que sea una sorpresa.

Una verdadera sorpresa, de hecho, porque planeaba llevarme al cachorro y dejarlo. Pasé la noche en la enfermería de la manada y regresé a casa hasta el mediodía del día siguiente. En cuanto abrí la puerta, el mayordomo casi se desmaya del alivio.

—¡Por fin volvió! ¡El Alfa Troy la ha estado buscando como loco!

Me quité el chal húmedo por el rocío con calma.

—¿Para qué me busca?

El mayordomo se quedó confundido por mi pregunta y tartamudeó.

—Es que... pensó que usted... lo había dejado.

Solté una carcajada sin ninguna emoción. Si me amaba con todo su corazón, ¿por qué tendría miedo de que me fuera? Solo alguien con la conciencia sucia entraría en pánico de esa manera.

En el momento en que entré al vestíbulo, un aroma denso y agobiante me golpeó. Era el tipo de feromonas que un Alfa solo liberaba cuando la ansiedad lo estaba consumiendo.

Había vidrios rotos por todo el suelo. Unas marcas profundas de garras destrozaban el descansabrazos del sillón, como si una tormenta hubiera pasado por la sala. Troy caminaba de un lado a otro, inquieto.

En cuanto me vio, se lanzó hacia mí y me apretó contra su pecho con tanta fuerza que parecía que quería fusionarme con sus huesos.

—¿En dónde estuviste toda la noche, Estelle? —rugió, entre el alivio y el miedo—. ¡Te busqué por todos lados! Pensé... ¡pensé que ya no ibas a volver!

Le di unas palmaditas suaves en la espalda.

—Ya estoy aquí, ¿no?

Hundió la cara en mi marca de pareja; su cuerpo temblaba a pesar de su esfuerzo por mantenerse firme.

—Prométeme que no vas a desaparecer así otra vez. Eres mi vida, Estelle. Si te perdiera, sería como morir.

Bajé la mirada y me quedé callada. En dos días no volvería a encontrarme, sin importar qué tan desesperado se pusiera. Miré sus ojos rojos y luego me di la vuelta para recoger una caja envuelta que había preparado antes.

—No te preocupes. Ten, aquí tienes tu regalo de aniversario.

Se quedó sorprendido, el pánico desapareció de su cara y sintió alegría.

—Tú...

—Es una sorpresa para ti —dije, levantando la mirada para mirarlo con una sonrisa que me costaba mantener—. Pero me tienes que prometer que no la vas a abrir sino hasta dentro de dos días.

Era tanto un regalo para Troy como la última ofrenda que le daría a esta farsa de vínculo que duró seis años.

—Está bien, te lo prometo —respondió emocionado, tomando la caja casi con devoción.

Apenas terminó de hablar, el timbre empezó a sonar con insistencia. Dejó la caja y fue a abrir. Afuera estaba Rue, con una sonrisa radiante iluminándole la cara.

Traición Predestinada

Capítulo 1
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