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Sangre verdadera
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En Sangre verdadera, el príncipe híbrido Hikaru atrae la atención de deidades mientras Amane, una humana, descubre su esencia. Esta fantasy novel narra su romance frente a la amenaza de la muerte. Lee esta adventure story y otros relatos en nuestra plataforma de web novels free.
Capítulo 1 de Sangre verdadera

Soy mitad bestia y mitad demonio. Mi madre es descendiente de byakko, la deidad gobernante del oeste. Mi padre, es un duque, hijo del duque infernal, kotaro.

Al momento de mi nacimiento mi madre pudo darse cuenta de los colores que llevo en mis ojos. Uno es negro, y el otro es azul.

Las sacerdotisas del castillo suelen decirme que soy un híbrido.

Están en lo correcto, lo soy.

Las mujeres y hombres del castillo dicen que soy una belleza, ya que mis rasgos faciales, son muy delicados.

Mi cabello es de color negro, y mi piel es blanca como la nieve con finas facciones en mi rostro.

Desde una edad muy temprana mi maestro Ayato, es quien me ha enseñado el manejo de la espada. Mi padre insistía en enseñarme, pero me negué ante su petición.

Aunque mi padre, kenta, es un excelente guerrero, no puedo permitir hacerle daño, aunque sea solo en práctica.

Tomé mi espada guardandola en su funda.

—Su alteza, ¿Qué hace aquí?

Al dirigir mi mirada hacia esa voz pude darme cuenta de quién se trataba.

—Saito, ¿Porqué me llamas su alteza?

Saito, es el hijo mayor de mi maestro Ayato y también hermano mayor de dai. Su cabello es de color café, mientras que sus ojos son azules, como su padre.

Actualmente es mi guarda espalda, y también es un general en el castillo.

Realmente no necesito a un guarda espalda, pero mis padres insisten en que debo tenerlo, por lo tanto decidieron que sería mi mejor amigo de la infancia, Saito.

—¿Acaso no es usted el príncipe heredero?

—lo soy.—dije mirándolo.

—Por lo tanto tengo que llamarlo su alteza.

—No es necesario.

—Incluso si usted insistes en que lo llame por su nombre, lo seguiré llamando su alteza.

—Como quieras Saito, algún día dejaras de llamarme así.

Continúe mi camino sin dirigir mi mirada hacia Saito, quien en silencio me siguió.

—Iremos al pueblo hoy.—dije deteniéndome.

—Tiene que consultarlo con los reyes.

—No tengo porque pedirle permiso a mis padres.

—Su madre se preocupa por usted.

—Demonios Saito, simplemente iré por unas cosas, no es como si fuera a comer a los del pueblo—.Exclamé con un tono de molestia.

—Esta bien, su alteza, iré con usted. Prepararé los caballos.

—Como siempre tan serio general Saito. Iré yo por ellos.— dije alejándome de el.

—Su alteza, yo podri—

Continúe mi camino ignorando sus palabras.

Tomé los caballos de color negro, quitando de ellos los símbolos del castillo de las deidades.

—¿Qué está haciendo su alteza?

—Como puedes ver, estoy quitando los accesorios que tengan la marca del castillo.

—Se lo que está haciendo.

—Entonces ¿Porqué me preguntas?

—Es mi deber preguntarle cada cosa.

—Ya deberías de dejar de actuar así.

—No puedo hacerlo, su alteza.

—¿Y porque no?

—Hay una mujer muy hermosa que nos está viendo su alteza.

Miré a todas las direcciones, hasta ver a una mujer de cabello oscuro, con ojos grises, vistiendo un kimono de color rojo viendo hacia nuestra dirección, sin expresión alguna.

—Oh ya veo, por eso actúas de esa manera conmigo.—Dije señalandolo

—Es realmente hermosa, quiero dar una buena impresión.—Dijo Saito

—¿Porqué no deja de mirarnos?—.Suspiré.

—No lo sé, ¿Quizás la haya mandado su majestad el rey?

—No, lo dudo.—Dije encogiéndome de hombros.—Nunca la he visto en este castillo.

—Yo tampoco la he visto aquí, Hikaru.

—Que mujer tan extraña, no deja de mirarnos. Iré hacia ella.

—Espera Hikaru, mira de nuevo.

Al mirar a su dirección abrí la boca con sorpresa.

Aquella mujer hacia una reverencia a mi madre, la cual era acompañada por un hombre.

—¿Quién es ese hombre?.—Preguntó Saito

—Estan hablando de algo, Saito, trata de escuchar.

—¿Porqué yo? No puedo escuchar lo que habla la reina. Hazlo tú.

—O-oye, tu tienes sangre de byakko.

—Tu también la tienes.

—Oh si es cierto.— dije tocando mi cabeza.

—Que despistado eres Hikaru.—Dijo cerrando sus ojos.

—Entonces escucharé yo.—Dije.—El capitán Ayato me ha enseñado muy bien como usar mis habilidades.

—Tienes razón mi padre es muy bueno.

—Tal parece que aún no has entrenado bien como sentir las presencias, príncipe Hikaru.—dijo una voz detrás de nosotros.

Me quedé de pie al escuchar esa voz proveniente de nuestras espaldas.

—Padre, ¿Qué hace aquí?

Giré en dirección hacia la voz haciendo una reverencia.

—Capitán ayato.—dije .

—Si tu madre se enterase que estás escuchando su conversación se molestaría—.Dijo ayato señalandome—. Y tú Saito, ¿porque no detuviste a Hikaru?

—Lo siento padre.

—Muy bien, ya que están aquí, escucharé por ustedes.—Dijo ayato acercándose a nosotros.

Miré a Saito eseptico ante la acción de Ayato, lo cual solo me miró y se encogió de hombros.

—Oh, es una princesa, viene del castillo de Seiryuu.

—¡¿Seiryuu?!.—Dijimos Saito y yo al mismo tiempo.

—Vaya ayato, estás enseñando mal a nuestros hijos.

—Padre.

—Su majestad.—Dijo Saito haciendo una reverencia.

—Oh hola kenta, queríamos saber de quién se trataba.

—Puedo darles detalles de eso.

—Muy bien, puedes hablar.— Dijo el maestro ayato.

—Pensandolo bien, no puedo hacerlo ahora, es mejor que Saori se los diga, si no, se enojara conmigo.

Dejé escapar una risa por las palabras de mi padre.

—¿De qué te ríes Hikaru? Sabes que tu madre cuando se enoja da miedo.

—Asi es da miedo.—Respondí asintiendo con mi cabeza.

—Pues, tienen razón, Saori da mucho miedo cuando se enoja.

—Ehmm padre, han terminado de hablar.—Dijo saito.

—Oh, deberíamos ir con la reina.

Caminamos en dirección hacia mi madre por los pasillo del castillo.

La mujer y aquel hombre ya no se encontraban.

—Madre, ¿Quien era esa mujer?—.Pregunté

—Oh, Hikaru ¿cómo la has visto?—.Respondió mi madre con sorpresa.

—Tengo buena vista.

—Es cierto, lo olvidaba.—Dijo riendo

—¿Y bien madre?

—Su nombre es, Manami, es hija de el rey Nam.

—¿Rey nam? ¿Ese no es el descendiente de seiryuu?.—Preguntó mi padre.

—Asi es, lo es—.Afirmó mi madre.

—Y ¿Qué hacen ellos aquí, Saori?.—Dijo Ayato.

—Pues… Su padre vino a este castillo porque escuchó de dos grandes guerreros con buena sangre…

—¿Qué quiere decir con eso su majestad?.—Dijo Saito.

—Pues, su padre está buscando un esposo para su hija…

—Oh, que barbaridad, ¿No debería el dejar que ella sea la que elija?.—Dije cerrando mis ojos.

—De hecho, ella está de acuerdo con su padre, dice que quiere casarse.

Miré sorprendido a mi madre.

—Esta completamente loca. Y bien, ¿de quienes se tratan esos dos guerreros?—Preguntó Ayato

—Son… nuestros hijos…

—¡¿Qué?!.— Dijimos Saito y yo al mismo tiempo.

Mi madre se encogió de hombros mientras que nuestros padres reían.

—Aún no está en mis planes el matrimonio.

—Algun día tendrás que casarte, Hikaru.

—Lo sé padre, pero, conseguiré a alguien que me atraiga.

—La princesa Manami vendrá en unos días ha conocerlos a los dos, dijo que verá cual de los dos tomara como su esposo.

—¿Tomarnos? ¿No se supone que tendríamos que ser nosotros quienes eligieramos?.—Dije haciendo un chasquido con mi lengua.

—Por supuesto, eso lo decidirán ustedes también.

—No estoy interesado en eso madre.—Dirigí mi mirada hacia Saito quien permanecía en silencio.—¿Qué piensas de eso Saito?.

—Y-yo estoy interesado.

—Oh vaya, mi amigo está interesado en ella.

—¡Si mi hijo quiere conocerla, pues así lo hará!—Exclamó Ayato alegremente.

—Creo que tú también deberías conocerla Hikaru, aunque no estés interesado…—Dijo mi padre colocando su mano en mi hombro.

—Esta bien, lo haré.—Suspiré—Bien, Saito y yo iremos al pueblo.

Nuestros padres nos miraron sorprendidos.

—No has consultado con nosotros Hikaru.

—No tengo porque hacerlo, ya estoy lo suficientemente grande. No requiero sus permisos.

—Lo requieres, es peligroso el pueblo, podrían darse cuenta que vienes de aquí.

—Por lo tanto no llevaremos el símbolo del castillo en ninguna parte de nuestro cuerpo.

Mi padre me miró fijamente mientras sus ojos cambiaban de color.

—¿Me estas amenazando padre?

—Asi es, no irán.

—Oh por favor, ya les dije que no requiero sus permisos, además soy muy bueno con la espada, también irá conmigo el general Saito.

Mi madre me miró fijamente mientras mordía su labio inferior.

—Está bien, supongo que tienes razón.

—Cuidare de el su majestad.—Dijo Saito.

—Bien, si Irán enviaré a alguien que los vigilé de lejos.—Dijo Ayato.

—En unos días la espada de tu madre te será otorgada, más vale que te encuentres con bien Hikaru.

—Lo estaré.

—Estoy agradecido que el general vaya contigo, eres muy despistado.—Dijo mi padre

Mi maestro Ayato dejó escapar una pequeña risa.

—Aprovechare para comprar un regalo para la princesa manami.—Dijo Saito

—Bien, nos iremos.

Mi madre se acercó a mi padre y a mí maestro susurrando algo.

Continúe caminando en busca de los caballos para ir hacia el pueblo, el lugar el cual mis padres dicen que es peligroso.

—Espera, iré a buscar algo que he olvidado..

—Te esperaré aquí Hikaru.

—No, ven conmigo.

Caminamos en silencio por los pasillos del castillo hasta llegar a mi habitación.

Entré en ella, tomando el anillo del castillo de las deidades.

—¿Lo llevarás en tu dedo?

—No, lo llevaré en mi traje.

—Creo que deberíamos cambiar nuestros atuendos.

—No creo que haya necesidad, iremos con nuestra ropa.

—Llamaremos la atención.

—Da igual, de todas formas llamaremos la atención.- dije dejando escapar un suspiro.

Tomé la daga de gaki, mi madre me la entregó cuando tenía 7 años, dice que usa el poder de un oni, no creo que sea cierto, ya que nunca lo he visto.

Sé que mis padres son fuertes guerreros al igual que mi maestro Ayato, aunque no hablen de su pasado ni me han dicho cómo llegó aquí el hijo de un duque infernal, mi padre.

Siempre me he lo preguntado, pero no me atrevo a preguntarle a mis padres.

—¿Estamos listos?

—Estoy listo desde hace rato, solo espero por ti.-dijo Saito.

—Bien, vámonos.

Continúe caminando por los largos pasillos del castillo de las deidades hasta chocarme contra algo pequeño, lo cual rápidamente comenzó a abrazarme.

—Oh, hola dai.—Dije sonriendo.

—Oye, ¿Que crees que haces? Estás abrazando al príncipe heredero.

—Lo sé hermano, pero el príncipe me gusta mucho.

Dejé escapar una risa.

—Al príncipe no le gusta que ninguna mujer lo toque sin su permiso, dai.

—Dejala Saito, tu hermana es muy tierna.

—Hermano soy afortunada de poder abrazar al príncipe.—dijo mirándome.

—Algun día me casaré con usted, su majestad.

—Oh, aún eres una niña, dai.

—Solo soy doce años menor que usted, así que esperaré para casarme con usted.

—En ese momento seré mucho más mayor que tú.

—No importa, espere por mi su majestad.

Saito tomó a dai del brazo, haciendo que me soltará.

—Lamento lo que dice mi hermana su majestad.

—Tranquilo, ya te dije es muy tierna.—Dije sonriendo.

—Ahora ve con mi madre, no tienes porque abrazar a su majestad sin permiso dai.

—Lo siento mucho hermano.—dijo mientras corría lejos de nosotros.

—No tienes porque hablarle así, es tu hermana, además es una niña.

—Por eso, tengo que corregirla, tan solo tiene 6 años.-dijo llevando su mano a su entrecejo.

—Es una niña Saito.

—Has dicho que no te gusta que te toquen sin tu permiso.

—Es así.-Dije.— Bien, vámonos.

Saito me siguió hasta los caballos montandolos en dirección al pueblo.

Al llegar al lugar, había mucha gente y comerciantes por doquiera.

—Dijiste que comprarías un regalo para la princesa Manami.

—Asi es, ¿Que debería comprale?

—Uhmm no sé qué tipo de cosas le gustan a las mujeres.

—Ven, veamos las horquillas.—dijo Saito.

Nos acercamos a un comerciante que vendía diferentes tipos de horquilla.

—Realmente no sé cuál debería comprar.

—Solo compra la más cara saito.—dije mientras me cruzaba de brazos.

—Estoy eligiendo la más cara, pero no sé por cual decidirme.—Dijo mientras veía dos horquillas.

—Estaba vestida de rojo ¿recuerdas? Solo comprale la horquilla de flores rojas.

—Quisiera ver cómo le quedaría. Déjame probarla en tí.

—¿Estás loco? No dejaré que me pongas esa cosa en mi cabello.

—Por favor Hikaru, solo quiero ver, tu rostro es muy angelical.—Dijo suplicando.

—Esta bien, hazlo rápido.— Dije dejando escapar un suspiro.

Saito tomó la horquilla llevándola a mi cabello colocándola en él.

—¿Está buscando una horquilla para la dama?.—Dijo el comerciante a Saito señalandome.

—Oye, vuelve a llamarme dama y cortaré tu lengua.- dije mirándolo fulminantemente.

Saito comenzó a reír.

—L-lo siento mucho señor, pero su rostro es muy hermoso, esper… sus ojos tie—

—Silencio, no quiero escucharlo. Apresúrate en comprar Saito.

—Me llevaré el que tienes en tu cabello.-Dijo sonriendo.

Me llevé las mano a mi cabello quitando la horquilla de el.

—Como sea, apresúrate.

—Quiero que la coloque en un estuche que sea hermoso, si es posible, el más costoso.—dijo Saito.

—Ustedes son realmente hermosos, ¿acaso son de la nobleza? Su vestimenta también parece ser muy cara.—dijo el comerciante.

—No es de su incumbencia, señor.—dije.

Saito sonrió en dirección del comerciante.

—Su amigo parece mal humorado.

—Si, es un poco mal humorado.

—Bien hoy fue la mejor venta que he tenido.

Saito terminó su compra mientras yo esperaba con mis ojos cerrados.

Una mujer se acercó a mi.

—D-disculpe

Abrí mis ojos mirándola fijamente.

—Lo siento yo, solo quería saber que usa usted para que su piel sea tan blan—

No deje que terminara de hablar y me di la vuelta alejándome de ella.

¿Qué demonios les pasa? Que molestas personas.

Saito se apresuró hacia mi guardando la horquilla en su traje.

—Bien terminé.

—Perfecto, vayamos a beber algo.

Entramos a una cabaña la cual fuimos recibido por unas mujeres.

—Es extraño tener a alguien como ustedes aquí.

—A que te refieres?.—dijo saito

—Son guapos, sus ropas parecen ser caras.

—Bien, solo quiero tomar un poco de licor.

Caminé ignorando a aquella mujer hasta acercarme a una mesa, sentandome, seguido de Saito.

Comencé a tomar licor sin apartar mi vista de la mesa.

Sentía una fuerte mirada clavada en mi.

Dirigí mi mirada y pude ver a una mujer, de piel blanca con cabello negro y ojos negros, la cual tomaba licor como si se tratara de una simple agua.

La miré fijamente mientras ella también lo hacía.

—¿Es una mujer?

—Lo es.

—Oh por dios, parece un hombre tomando en esa cantidad.

Asentí con mi cabeza.

—No permitas que dai tome licor de esa manera.—dije

—Es mi hermana, no puedo permitir eso.

—¿Eso que está en su mesa es una espada?.—dije

—Eso parece.—dijo Saito

Me está incómodando su mirada, no deja de verme, sus ojos son realmente intensos.

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