Capítulo 2
—¿Soy... maga? —me miré las manos, incrédula— ¿Qué está ocurriendo?
Todo sucedía a velocidad de vértigo y no me daba tiempo a procesarlo, pero si hay una cosa clara es que tenía que salir de este bucle ahora mismo.
Ya reflexionarás más adelante sobre todo lo que acababa de ocurrir, Sarah: ahora lo importante es escapar de aquí a toda velocidad. Lamentablemente, nada más comenzar mi intento de huida me di cuenta de que desde mi posición era imposible escapar sin que el desgraciado acosador me echara el ojo encima: Logan, por tercera vez, me increpó. Tío, puta vida... en serio.
—¡Hey, Sarah! ¿Cómo tú por a...?
—Hola, Logan —no le dejé acabar la frase. Estaba muy quemada. Y muy cabreada. Mis ojos brillaban de puro odio, y tenía que hacer algo ya—. ¿Qué haces esta noche, guapo?
—¡Guau! ¡no me puedo creer que me esté hablando Sarah, la tía buenorra de fotografía que siempre va a su bola! ¿Te apetece un baile, guapetona?
—Yo había pensado en algo más... íntimo. ¿No sabrás de algún sitio donde tú y yo pudiéramos... ya sabes, hablar más tranquilos?
—¡Me encanta tu estilo, Sarah! Justo detrás de esa puerta hay una habitación donde podemos estar tú y yo muy pero que muy a gusto... ya lo verás.
—Llévame ahí, hombretón... —le guiñé el ojo. Seguramente el malnacido pensaría que el fuego de mi mirada destilaba pasión. Me sorprendí a mí misma haciendo ese papel de chica ligerita con tanta soltura, pero dudo mucho que eso sea el acontecimiento más sorprendente del día de hoy. Después de lo que acabo de pasar, podrían salir dos lunas en el cielo, que a mí me daría igual.
Cogidos de la mano, Logan me llevó hacía la habitación que acababa de señalar. ¿Cuál es el plan ahora, Sarah? Piensa: no tienes fuerza física como para reducir a Logan. Traza un plan ya para librarte de él o estarás condenada a repetir el mismo bucle infinito durante toda la eternidad. Por suerte, cuando cruzamos el umbral de la puerta, la bombilla se me iluminó. ¡Creo que lo tengo! Sólo espero que mi recién adquirido poder para rebobinar el tiempo siga intacto... o estaría bien jodida.
La habitación parecía una especie de despacho, con su típica moqueta, sofá, escritorio y vitrina. Nunca había estado aquí dentro, pero la impresión que me dio es que destilaba el mismo estilo adinerado y pijo que el resto de la fiesta.
—Bueno, pues ya estamos aquí, tú y yo solitos... ¿Quieres que apague la luz, o...?
—No hace falta —respondí—. Quiero que veas bien todo lo que va a suceder en esta habitación.
Logan puso una cara de bobo que me daban ganas de reventársela a patadas.
—Eres increíble, Sarah. Ven aquí, que te tengo ganas desde que empezó el curso...
Sin dejarme reaccionar, el abusón de pacotilla se me abalanzó, dándome un morreo mientras sobaba descaradamente mis tetas con sendas manos. Aguanta solo un poco más, Sarah. La función acaba de empezar.
Apenas pasó un minuto cuando el capullo me levantó la camiseta y torpemente me desabrochó el sujetador, dejándome desnuda de cintura para arriba, para continuar con su manoseo. Más te vale disfrutarlo, cabrón, porque será lo último que hagas.
—Cómo me pones, Sarah...
Para mi sorpresa, entre sobeteo y sobeteo, se me escapó un gemido. ¿Qué coño te pasa, Sarah? ¿No estarás disfrutando del lascivo manoseo de este personaje? Reconozco que a pesar de su torpeza, en cierto modo no era desagradable: Logan tiene unos fornidos brazos de jugador de fútbol americano y unas manos grandes y masculinas. Tras un rato, pasó de usar sus manos a usar su boca, y sentí como su lengua recorría de arriba a abajo mis pechos, todo ello mientras sus manos ahora empezaban a juguetear por la zona de mi entrepierna. El cabrón casi logra que me distraiga del plan. Mis pezones se endurecieron y, aunque me avergüence reconocerlo, no podía decir que estuviera del todo seca por ahí abajo. ¿Me habría metido demasiado en el papel de zorra facilona? Durante unos escasos instantes me dejé llevar, pero por suerte, cuando noté que estaba empezando a gemir y a contornearme más de la cuenta, recobré la cordura y recordé el motivo por el que estaba allí. Le planté mi mano sobre su pecho en señal de que parase.
—Quiero que te tumbes ahora en ese sofá.
—A sus órdenes, señorita...
Espabila, Sarah. Tienes dieciocho años, todavía no has tenido relaciones sexuales más allá de los jugueteos, y está más que claro que esta es la situación más turbia imaginable para empezar a tener. No sé siquiera por qué coño se me ha pasado por la cabeza, pero ese hijo de mala madre ha conseguido nublarme momentáneamente la mente. Más me vale centrarme: incluso aunque sea capaz de rebobinar mis acciones, dudo mucho que pueda hacerlo con mis recuerdos.
Con su ya habitual torpeza provocada por a saber qué sustancia, Logan se quitó los pantalones sin preguntarme si me gustaría verle en ropa interior y se tumbó en el sofá.
—¿A qué esperas, nena? Vamos, enséñame ese chochito... Seguro que tú lo utilizas mejor que tu amiga...
Saltaron todas las alarmas de mi cuerpo.
—¿Qué amiga? ¿No te estarás refiriendo a Sofia?
—Sí, esa. Con lo rancia que parece y lo que le va la marcha en cuanto se le ayuda con una pequeña dosis...
—¿¡Te has tirado a Sofia!? ¿Dónde está ella ahora? —creo que me iba a romper los dientes como los apretará más.
—Y no he sido el único... No veas cómo le gustan las pollas a esa zorrita.
Apreté mi puño tembloroso hasta hacerme daño con mis propias uñas.
—Dime ahora mismo dónde está.
—Yo qué sé. La última vez que la vi estaba con Nathan. Bueno, ¿vamos a follar o qué?
Darius Marson. Tenía que ser justo el desequilibrado niño de papá que se cree dueño de la academia. El que orquesta toda esta mierda de las fiestas del Club Olimpo, y el que por desgracia, es también mi compañero de clase. El testimonio de Logan ha sido totalmente demoledor, pero después de saber que puede que Sofia esté con ese psicópata, no auguro nada bueno. He de acabar con esto cuanto antes.
—Claro que te voy a follar, nene. Tan solo espera que saque un preservativo del bolso...
Se acabaron los preliminares: ahora viene el plato fuerte. Furiosa, avergonzada y nerviosa a partes iguales, en tetas y con la luz encendida mostrándole al capullo salido una imagen de mi cuerpo que muy pocas personas han visto, hurgué dentro mi bolso. No llevo ningún condón, y lo sabía perfectamente: no era eso lo que estaba buscando. A la velocidad de la luz y rezando para que aquello funcionase, puse en marcha el plan que discurrí en apenas lo que duró el camino desde la zona VIP hasta la habitación: agarré un frasco de perfume de cristal que guardaba en el bolso y lo arrojé con todas mis fuerzas contra la cara de Logan. ¡Acerté! Con un sonoro "crash" que lo anunciaba, el frasco se reventó en su rostro haciéndose pedazos.
—¿¡Qué me has hecho, maldita zorra!? —dijo Logan entre gritos desgarrados. Restos de cristal se clavaron en sus mejillas y su frente provocándole varios cortes con su correspondiente hemorragia, y el perfume que contenía empapó toda su cabeza, irritándole los ojos. El muy desgraciado ahora se veía patético, retorciéndose en el sofá, chillando como un bebé, sangrando y con las manos cubriéndose la cara.
Estaba bastante acojonada contemplando mis sádicas acciones, pero ahora no es el momento de paralizarse de miedo, Sarah: es el momento de escapar. Mueve tus temblorosas piernas y huye de la fiesta.
Pero de repente cambié de opinión. No sé si fue la rabia por haber estado a punto de ser violada, o si me confié por el hecho haber sido capaz de librarme gracias a esa especie de "poder", pero... sentí la necesidad imperiosa de ir más allá. Tenía miedo de no ser capaz de rebobinar mágicamente como las dos ocasiones anteriores, pero era ahora o nunca.
Sin perder ni un segundo y sacando toda la fuerza que la adrenalina del momento me permitió, agarré el extintor de la sala que estaba colgado junto a la puerta, y empecé a golpear con él la cabeza de Logan hasta la saciedad, completamente fuera de mí mientras gritaba de pura rabia contenida y escuchaba el sonido del metal abollándose un poco más con cada golpe. Me veía como una maldita psicópata mientras lo hacía, y lo más preocupante es que una parte de mí disfrutó haciéndolo. El capullo semidesnudo no pudo defenderse en ningún momento ni tuvo margen de maniobra alguno. No conté el número de veces que le aticé, pero a los pocos golpes noté que se había dejado de mover. Estaba convencida de que le había matado. Entre jadeos, dejé caer el extintor con restos de sangre al suelo.
—Espero que te haya gustado mi forma de follarte, hijo de puta.
Bienvenida al lado oscuro, Sarah Mercer. Yo no quería llegar tan lejos, pero, qué puedo decir... hace tan sólo diez minutos me han intentado violar y he descubierto que puedo volver atrás en el tiempo. Dicho así, ser una asesina no parece para tanto. Asustada y como un flan, traté de asimilar la situación mientras me volvía a poner el sujetador y la camiseta, pero mi capacidad analítica no pasaba por su mejor momento. Después de contemplar el desfigurado rostro inerte de Logan y estar a punto de vomitar, imploré que mi recién adquirido poder siguiera intacto. Allá voy: con tan sólo desearlo, y ayudándome con un gesto extendiendo la palma de la mano hacia el frente, rebobiné. El rostro de Logan se fue recomponiendo, volvió a tener puesta su camisa y sus pantalones —gracias a Dios— y se fue caminando hacia atrás de vuelta al local, dejándome a mí sola en la habitación.
Me derrumbé sobre el sofá y resoplé aliviada. Menos mal... no sé qué hubiera hecho si no hubiera funcionado, pero está claro que no quería convertirme en una homicida en busca y captura por la justicia el resto de mi vida. Mi plan, hilado rápido y mal, sorprendentemente salió a la perfección: había tenido mi venganza interior, Logan jamás lo sabría, y además desde esta sala podría huir sin problemas sin que me abordase. Sería mi pequeño secreto.
Todo mi cuerpo se estremecía. Entonces se confirma que poseo un poder sobrenatural. Me venían tantas preguntas a la cabeza... ¿por qué yo, y por qué ahora? ¿No es demasiada carga para tan sólo una joven estudiante? Me miré la palma mi temblorosa mano, asustada pero a la vez eufórica pensando en la cantidad de posibilidades que se me habían abierto a partir de ahora.
Vamos, Sarah... sé positiva. Piénsalo: ahora eres la puta ama. Puedes controlar el tiempo, el mundo está a tus pies. Me moría de ganas de experimentar y descubrir hasta dónde era capaz de llegar con mi nuevo superpoder, pero aún me quedaba tarea pendiente. La noche es joven, al igual que yo, y tenía por delante una importante misión que cumplir: rescatar a mi amiga Sofia.
Capítulo 3
Antes de salir de la sala en la cual me convertí en una asesina en un plano temporal paralelo, me tomé unos minutos para coger aire y relajarme. También aproveché para sacar de mi bolso mi cámara instantánea y quitarme mi mono de selfies. Conlleve algo bueno o malo, debes recordar este día, Sarah. Puede que tu vida cambie para siempre a partir de hoy.
Cuando me vi preparada, me levanté y me dispuse a abandonar la sala para dar comienzo a mi misión: tengo que averiguar dónde está Darius, el cabecilla del Club Olimpo, como sea. No tengo un plan concreto, pero estoy segura de que con mi nueva y flamante capacidad de manipular el tiempo algo podré hacer. Improvisaré.
Abrí la puerta muy despacio y volvió a retumbar en mis tímpanos aquella música a un insufrible volumen. Eché un vistazo alrededor y el panorama no era demasiado halagüeño: ninguna de las personas que se encontraban en ese momento en la sala VIP son amiguitos del alma precisamente. La niña adinerada de Victoria, que esa noche llevaba puesto lo que parecía ser el último grito en París, es poco menos que mi archienemiga. Por ahí andaban también los minions de Victoria: Taylor y Courtney, con las que no me llevo mucho mejor. El resto eran los miembros restantes de la plantilla de los Bigfoots o bien completos desconocidos. Logan por suerte ya se encontraba a una distancia generosa de mí, ignorando completamente mi presencia.
Apenas deambulé por la sala VIP unos segundos con sensación de ser un pulpo en un garaje, cuando noté una mano sobre mi hombro. Me giré.
—Perdona, ¿me puedes decir...? ¿¡Sarah!?
—¿¡Hanna!?
De todas las personas que remotamente pudiera imaginar encontrarme en una fiesta del Club Olimpo, ella era, de lejos, la que menos me esperaba.
Qué puedo decir sobre Hanna Miller... lo fue todo para mí durante mi infancia. Bueno, para empezar, debo confesar que aquello de que yo era una recién llegada a Portland es en parte mentira. Yo nací y crecí aquí, pero a los trece años mi familia y yo nos mudamos a Seattle y estuve viviendo allí hasta hace escasas semanas que regresé. Durante mi infancia aquí en Portland, Hanna fue mi mejor amiga. De hecho, éramos inseparables. Sería muy bonito decir que el motivo por el cual he vuelto es Hanna, pero mentiría: el motivo real de mi regreso es que la academia Molthon tiene un reconocido prestigio en los estudios artísticos, especialmente en fotografía; las clases nos las imparte mi admirado Mark Jefferson, famoso fotógrafo a nivel nacional con una trayectoria impecable, quien tiene un trato exquisito con los alumnos y además, está muy bueno. Tuve la potra de que aceptaron mi solicitud de acceso, así que aquí estoy de vuelta a mis orígenes... con una beca, convirtiéndome en una artista profesional y viviendo en una residencia de estudiantes. Sé que debí haberme puesto en contacto con Hanna antes. Me siento mal conmigo misma por no hacerlo, y ni siquiera puedo poner una excusa convincente. Supongo que me daban miedo sus posibles reproches por haberla "abandonado". O quizás temía el que hubieran cambiado demasiado las cosas en tantos años y nada volviera a ser lo mismo. Viendo las pintas que me traía, puede que no anduviera demasiado desencaminada.
Creo que reconocí a mi amiga de la infancia porque la pude mirar directamente a la cara, pero seguramente si la hubiera visto de lejos pensaría que es una punk del pueblo con la que yo no tengo nada que ver. Tenía el pelo completamente teñido de azul, llevaba gorro y chaqueta color negro, vaqueros rotos, colgantes, pulseras... Menudas pintas, colega. ¿Cuándo empezó a cambiar tanto? Aunque bueno, tampoco es que pueda decir que yo soy la misma que cuando tenía trece años...
—¡La hostia! Pero, ¿qué demonios estás haciendo aquí, Sarah? —su expresión no era precisamente de alegría. Puso una cara mezcla de sorpresa e incredulidad mientras sacudía los brazos. Me sentí pequeña. De las dos, ella siempre había sido la más alta, pero había pegado un buen estirón.
—Hola, Hanna. Yo... es una larga historia. Lo cierto es que me pillas en un momento un poco extraño ahora mismo... y debo encontrar a alguien urgentemente.
—Veo que sigues huyendo de mí... igual que los últimos cinco años. Ni una llamada, ni un jodido mensaje de texto. Genial, Sarah.
No sabía qué decir. Es lo que tiene cuando realmente no tienes ninguna excusa. Y este no era el mejor momento para inventarme una.
—No me pongas esa cara de cordero degollado, anda —Hanna continuó sin darme tiempo a hablar—. Al menos finge que te alegras de verme.
—De verdad me alegro de verte, Hanna. Y mis padres no decidieron mudarse a Seattle por joderte a ti. Yo... pensaba decirte algo en cuanto me asentara un poco. Acabo de llegar a Portland, como quien dice. Y hoy es posiblemente el día más extraño de mi vida. Supongo que el reencontrarnos ya es la guinda del pastel.
—Al menos no eres la única que está teniendo un día peculiar —Hanna desvió la mirada con media sonrisa—. Y bien, ¿qué estás haciendo en esta fiesta de niños de papá?
—Estoy buscando a una amiga. Y creo que puede estar en problemas. Debo encontrarla pronto.
—No me extrañaría. La gente que dirige este cotarro no es trigo limpio, Sarah. Deberías alejarte de ellos. En realidad, yo también estoy buscando a alguien. Si no fuera por eso, no pisaría esta mierda de club ni fumada.
—Y... ¿a quién estás buscando tú?
—A DariusMarson —levanté las cejas al escuchar a Hanna—. Tengo, llamémoslo así, unos asuntos pendientes con él.
¿Hanna también busca a Darius? ¿En qué clase de líos se estará metiendo? Es por todos conocido que si tienes "asuntos pendientes" con Darius, significa drogas, armas o dinero de por medio. Me preocupé.
—Le conozco, por desgracia. Va a mi clase. Y yo también le busco, creo que es él quien está con mi amiga... y sí: efectivamente, Darius es la perfecta definición de persona a quien evitar.
Hanna puso cara de preocupación. Probablemente pensó de mí lo mismo que pensé yo de ella cuando mencionó a Darius. Era bueno saber que a pesar del paso de los años, seguía pudiendo leer los gestos de mi amiga.
—Has cambiado mucho, Sarah. Espero que no te estés metiendo en problemas...
—Quién fue a hablar. Si tú pareces salida del camerino de un concierto de los Sex Pistols.
Nos reímos. Afortunadamente, superado el tenso momento inicial, mi reencuentro con Hanna parece que ha acabado siendo algo positivo. Ya es casualidad habernos topado en un lugar así, y encima ambas estamos buscando a la misma persona...
—Bienvenida a casa, Sarah—dijo Hanna cuando paró de reír—. Salgamos afuera. Tienes mucho que contarme.
—Sí que tengo, sí...
No lo sabes tú bien, Hanna.
Caminamos juntas hacia la salida que daba al patio de la academia. Nos recibió la noche ya bastante cerrada con una luna creciente en el cielo. Hanna, iluminada por una farola que se encontraba a unos tres metros a su derecha, se apoyó contra el muro y se encendió un cigarrillo.
—Tía, al menos pásate al cigarrillo electrónico —puse cara de asco.
—Espero que no me sueltes el sermón por cada cosa de mí que veas, Sarah. Sí, he cambiado. La gente cambia. Y no me siento orgullosa de todo lo que he hecho últimamente.
Lo cierto es que le pegaba a Hanna el haberse vuelto una rebelde. Poco antes de mi mudanza a Seattle, su padre murió. Supongo que no es fácil de encajar que dos pilares de tu vida como son la figura paterna y la mejor amiga desaparezcan de tu vida de repente y casi a la vez. No la culpo. Y me sentí bastante mal por ello.
—Bueno, no es que yo pueda decir mucho de los demás. Esta misma noche he descubierto... que no soy precisamente una santa.
—¿Tú...? Mira que me cuesta imaginarte haciendo cualquier cosa malvada. La imagen que me queda de ti es de nosotras jugando inocentemente a que el sofá de casa es un barco pirata. Pero como decía, la gente cambia. Te escucho, Sarah.
Dudé por un momento si debía contarle mi historia a Hanna o no. Al fin y al cabo me acababa de encontrar con ella después de cinco años y en parte sentía que hablaba con una extraña. Pero finalmente, decidí abrirme. No sé qué habrá pasado con Hanna, pero sé que su interior es el de mi mejor amiga de toda la vida, y eso no cambiará nunca. Además, creo que en mi delicada situación actual me conviene tener una aliada cerca.
—Pues verás... vas a pensar que estoy loca, pero... hace apenas una hora allí dentro en la fiesta el Club Olimpo... me di cuenta de que puedo volver atrás en el tiempo.
Hanna levanto una ceja.
—Vale. Entonces en realidad estás buscando a Darius para que te rule alguna mierda. A ver, ¿qué te metes, Sarah? ¿Meta, éxtasis, farla...?
—Para el carro, Hanna. Sé que suena muy raro, pero es cierto. Supongo que la única forma de hacer que me creas es demostrándotelo.
—Ya —la cara de incredulidad de Hanna era épica—. ¿Y cómo vas a demostrarme que puedes volver atrás en el tiempo, Super Sarah?
—Pues veamos... —me quedé pensativa por un rato— Puedo decirte algo que sólo sepas tú y nadie más.
—Lo dudo. A ver, dime lo que estaba haciendo el veinticinco de septiembre por la mañana —Hanna seguía pegando caladas al pitillo con toda la tranquilidad del mundo.
—Pues... estabas haciendo pellas y quedaste con tus amigos para tomar unas birras —dije lo primero que se me pasó por la cabeza. No importaba lo que dijera yo, si no lo que me respondiera ella.
—Fatal, Sarah. Ni siquiera voy a clase: me expulsaron de Milthon. Para tu información, y considérate privilegiada por contártelo, el veinticinco de septiembre por la mañana estaba tirándome a Justin en la cama de sus padres. Menuda decepción, Sarah. Darius te pasa cosas raras y tienes delirios de drogata. No me esperaba esto de ti.
—¿Justin? ¿Justin, el fumeta de Milthon? —puse cara de verdulera cotilla. No me importó la lógica reacción negativa de Hanna. Ahora mismo la demostraré que llevo razón.
—Sí, ese. Sé que no es algo de lo que sentirse demasiado orgullosa, pero tú lo llevas bastante peor con lo tuyo, ¿eh, maja?
Vale. Suficiente información. Recemos para que el rebobinado me siguiera funcionando. Con mi gesto echando la mano derecha hacia adelante, me dispuse a ello. Era gracioso ver como Hanna fumaba marcha atrás a toda leche y su cigarrillo se regeneraba en vez de consumirse. Reanudé el tiempo en el momento que Hanna me retó:
—Lo dudo. A ver, dime lo que estaba haciendo el veinticinco de septiembre por la mañana.
—Te tiraste a Justin, el segundo fumeta de Milthon, en la cama de sus padres. Él debía de estar haciendo pellas ese día. Tú no porque estás expulsada de la academia.
Hanna dejó caer el cigarrillo al suelo y se quedó ojiplática.
—Es... imposible que tú puedas saber eso. La hostia... Pero no, no puede ser. Será que el mamón de Justin se ha ido de la lengua y te lo habrá contado —Hanna se llevó la mano a la barbilla y se quedó con cara de rayada—. A ver, necesito algo más convincente. Algo que sea completamente imposible que tú puedas adivinar... Ya sé. Dime la ropa interior que llevo puesta ahora mismo.