Capítulo 1

Yo era la compañera destinada del Alfa Liam.

Sin embargo, en su ceremonia de Alfa, él eligió públicamente a una Omega de bajo rango para que lo acompañara en sus pruebas.

Cuando pedí una explicación, me dijo, con la mirada helada:

—Chloe es una negociadora hábil, puede ayudarme a forjar alianzas con otras manadas. En cambio tú, aun siendo mi compañera destinada, no puedes compararte a ella.

Lo que él no sabía… era que yo también era una negociadora bien entrenada.

Y así, de un momento a otro, todos supieron que mi propio compañero destinado me había rechazado.

Cuatro años después, Liam regresó… con una Chloe embarazada a su lado.

Al verme en la mansión, su mirada se tensó y se volvió compleja.

—No puedo creer que me hayas esperado cuatro años… pero Chloe ya está esperando a mi cachorro. No obstante, para compensarte —añadió—, puedes quedarte a mi lado y cuidar de mi heredero.

Pero él no tenía ni la más mínima idea de que yo ya me había casado con su tío, el Rey Alfa, y me había convertido en la Reina Luna … la loba más venerada del mundo de los hombres lobo.

En la ceremonia de Alfa de mi compañero destinado, Liam, él eligió públicamente a otra loba, una Omega —de bajo rango— solo porque era buena negociando y yo habría sido una carga para él. Cuatro años después, regresó con esa misma Omega… ahora embarazada de su cachorro.

—Harper. Sigues aquí.

La voz de Liam me recorrió como un escalofrío. No lo había visto en los cuatro años desde que, en su ceremonia de Alfa, rechazó públicamente nuestro vínculo de compañeros.

Ahora mismo yo estaba de cuclillas en el suelo, guardando el camión-dinosaurio de juguete de mi cachorro dentro de su caja.

Me puse de pie y me giré.

Liam estaba más alto y más guapo que hace cuatro años, pero yo ya no era la chica que lo amaba con una desesperación ciega.

En ese momento, y por un instante fugaz, vi un destello de anhelo reprimido en sus ojos… pero enseguida lo reemplazó una frialdad contenida. Porque una figura menuda asomó detrás de él, enganchándose a su brazo con una intimidad descarada.

Era Chloe.

Llevaba un vestido veraniego blanco puro; su cabello largo le caía sobre los hombros, haciéndola ver frágil e inocente. Pero lo que más destacaba era su vientre suavemente redondeado.

—Harper, ¿estás trabajando aquí como niñera? —preguntó Chloe, fingiendo sorpresa—. No tenía idea de que siguieras tan enamorada de Liam después de tanto tiempo.

Bajó la cabeza con timidez.

—Pero… estoy embarazada de los cachorros de Liam. Gemelos. No puedo vivir sin él. Por favor… perdóname…

Mi expresión no cambió.

—Ah, ¿sí? Entonces felicidades.

Mi reacción claramente no era lo que esperaban.

Liam frunció el ceño.

—Harper, ¿sigues molesta por lo que pasó hace cuatro años? En ese momento, yo…

Lo interrumpí, ya sin paciencia.

—No lo estoy. No necesitas explicármelo otra vez.

—Sigues igual que siempre: terca y de carácter fuerte —dijo Liam, y su mirada se volvió aún más compleja—. Debió ser difícil… cuidar esta mansión vacía.

Él pensaba que yo estaba aquí esperándolo. Pensaba que yo estaba tan desesperada por esperarlo que me rebajaría a trabajar de niñera.

No dije nada, solo lo miré en silencio, como si fuera un desconocido montando una escena ridícula.

—Ya que no soportas vivir sin mí y que estás tan dispuesta a quedarte y esperar —se detuvo, como si me estuviera concediendo un honor inmenso—, después de que Chloe dé a luz a mi heredero, puedo dejar que cuides a mis cachorros. Al menos ya no tendrás que hacer este tipo de trabajo tan servil.

Chloe se tensó un instante, y luego una sonrisa victoriosa se le extendió por el rostro. La idea de que yo me quedara a ver su felicidad probablemente la deleitaba.

Me burlé con una risa corta.

—¿Y qué te hace pensar que no puedo vivir sin ti?

La expresión de Liam se ensombreció al instante.

Dio un paso al frente; su poderosa presencia de Alfa me golpeó de lleno.

—¡No olvides lo que somos el uno para el otro! La Diosa de la Luna nos unió. ¡Es un vínculo del que jamás podrás escapar!

Él creía que todavía podía controlarme con el peso de ese título: compañera destinada.

—¡Ningún otro Alfa va a querer a una compañera rechazada! —su voz rebosaba una certeza cruel—. ¡Tu único futuro está aquí! ¡Aquí es donde perteneces!

—¡Liam!

De repente, una voz aguda y autoritaria lo cortó en seco.

La madre de Liam bajó a toda prisa por la escalera de caracol, con el rostro severo. Le lanzó a Chloe una mirada helada, sin molestarse en ocultar su repulsión, lo que provocó que Chloe se encogiera instintivamente. Luego, sus ojos se posaron en mí y esa frialdad se derritió, siendo reemplazada por una cautela inquietante… incluso con un atisbo de reverencia.

—Harper, ¿estás… estás bien? —preguntó, con tensión—. No te faltó al respeto, ¿verdad?

Liam se quedó congelado. No podía comprender la repentina actitud de su madre. Para él, yo no era más que una compañera rechazada, sin poder y sin respaldo.

—Madre —empezó Liam, frunciendo el ceño con fastidio—, no tienes que preocuparte. Ella…

—¡Cállate!

La madre de Liam nunca le había hablado así a su orgullo, a su cachorro dorado. Su voz tembló levemente, no de ira, sino de miedo; sus ojos estaban abiertos, llenos de pánico.

—¡No tienes idea de quién es ella ahora!

Capítulo 2

—¡Mami!

La voz clara de un cachorro destrozó el silencio tenso que se había instalado en la sala.

Noah, de tres años, entró tambaleándose desde el jardín, aferrando su pelotita de goma. Tenía la cara enrojecida y respiraba con dificultad; detrás de él venía una criada, igual de agitada.

—Mami… no me siento bien…

La criada se apresuró a balbucear una explicación:

—Fue de repente. Creo que le está dando una reacción alérgica a algo.

Al oír «mami», el rostro de Liam se ensombreció. Se quedó mirando fijamente a Noah, con los ojos llenos de impresión e incredulidad.

Me arrodillé de inmediato a su altura, lo abracé con fuerza y lo tranquilicé:

—Está bien, mi cachorro… está bien. Mami te va a llevar con el sanador ahora mismo…

—Ay, pobrecito… debes estar asustado —arrulló Chloe de pronto.

Su cara era una máscara de preocupación empalagosa, pero en sus ojos brillaba la malicia.

—Déjame ayudarte. Soy muy buena para calmar cachorros.

Antes de que pudiera negarme, sacó de su bolso un pequeño frasco atomizador plateado y lo apuntó hacia Noah.

—¡No!

Grité, pero ya era demasiado tarde.

«Psss…»

Un olor químico y punzante impregnó el aire. Era un aerosol inhibidor, usado para reprimir a la fuerza los instintos salvajes de los hombres lobo de bajo rango. Para un cachorro Alfa de sangre pura… era veneno.

Al instante, el cuerpo de Noah se puso rígido y luego empezó a convulsionar con violencia. Su carita se puso roja como un tomate mientras luchaba por respirar; sus ojos oscuros estaban abiertos de par en par, llenos de dolor y terror.

—¡Noah!

El corazón se me hizo pedazos. Lo apreté más contra mí, intentando usar mi propia energía para contrarrestar los efectos del aerosol.

—¡¿Qué hiciste?! —levanté la mirada, con los ojos inyectados de furia y fulminé a Chloe.

Ella se escondió de inmediato detrás de Liam, forzando unas lágrimas mientras se hacía la víctima.

—Yo… yo solo estaba tratando de ayudarlo a calmarse. ¡Es que el cachorro tiene… tiene un aura inquietante! —se tapó la nariz, como si no pudiera respirar—. Liam, ¿no lo hueles? ¡Es horrible! Harper, el padre de este cachorro… no será un renegado, ¿verdad?

La verdad era que Noah había nacido con el espíritu de lobo más puro y dones excepcionales. Solo alguien con maldad en el corazón podría sentirse repelido por él.

—¿Un renegado? —la mirada de Liam se volvió fría como el hielo.

Me miró a mí… y luego a Noah, quien todavía se debatía en mis brazos; en sus ojos se arremolinó una mezcla tóxica de celos, rabia y traición.

—Harper, dímelo —perdió toda razón, cegado por los celos—. ¿Quién es el padre de este… mestizo?

Esa palabra me golpeó como un puñetazo.

A mi cachorro no lo insulta nadie.

Me incorporé lentamente, protegiendo a Noah —tembloroso— detrás de mí. Alcé la mano derecha y, despacio, con intención, me subí la manga.

Un sigilo dorado, complejo, brilló justo debajo de mi piel. Parecía vivo, latiendo con una luz tenue, etérea.

Era el símbolo de la máxima autoridad en todo el mundo de los hombres lobo. Una marca que solo la compañera destinada del Rey Alfa era digna de portar.

El arrebato de Liam se cortó de golpe. Se quedó mirando el sigilo como si hubiera visto un fantasma.

Me toqué la marca en la muñeca, y cada palabra que pronuncié lo golpeó como un fragmento de hielo.

—Mira bien, Liam. Esta es la marca de la Reina Luna—mi voz no tenía ni una pizca de calidez.

—Mi compañero se llama Ethan.

Capítulo 3

—¿Ethan?

Liam se quedó mirándome en blanco un segundo y luego soltó un resoplido burlón, como si acabara de escuchar el chiste más gracioso del mundo.

—¿Mi tío? ¿El asceta que en toda su vida jamás ha mostrado interés por una mujer? ¿El Rey Alfa? —negó con la cabeza; en sus ojos había lástima—. Harper, no tienes que hacerte la fuerte conmigo. Una marca falsificada no te convierte en su Luna.

Todos los lobos sabían que Ethan era una montaña de hielo imposible de mover. Controlaba la economía mundial de los hombres lobo y era la ley absoluta de su mundo. Se decía que detestaba la presencia de cualquier hembra: era despiadado e insensible como una máquina.

¿Vincularme a mí con él? Para Liam, era una fantasía ridícula.

Por su parte, Chloe avivó el fuego de inmediato. Su tono era dulce, empalagoso, pero sus palabras iban cargadas de veneno.

—Liam, no te enojes con Harper. Estoy segura de que tenía sus razones.

Luego se giró hacia mí, con una expresión «compasiva».

—Harper, todavía recuerdo cuando te metiste tú sola en el peligroso Bosque de Niebla Negra para conseguirle a Liam su regalo en su cumpleaños número dieciocho. Todo solo para arrancar un Pétalo Lunar que solo florece durante una hora en luna llena. Lo amabas tanto… ¿cómo podrías casarte con alguien más? Y menos aún con el Rey Alfa, de corazón frío.

Sus palabras dieron justo en el blanco, golpeando la inseguridad más profunda de Liam.

Su expresión se torció; en sus ojos, la ira se mezcló con una lástima retorcida y unos celos todavía más oscuros.

—Harper, lo sé… te obligaron, ¿verdad? ¿Fue un arreglo de tu padre? —dio un paso al frente, intentando tomarme la mano—. Dime, ¿qué bastardo te hizo esto? Lo mataré por ti. Voy a borrar la marca asquerosa que te dejó.

Se detuvo; su mirada cayó sobre Noah, quien seguía sollozando detrás de mí, y añadió con asco:

—Y sobre este… mestizo, si estás dispuesta, podemos mandarlo a un orfanato.

Era tan absurdo, él creía que me estaba ofreciendo salvación. Creía que me estaba rescatando.

Su condescendencia, su posesividad casual… me revolvieron el estómago.

Di un paso atrás, llevándome a Noah conmigo y esquivando su contacto.

—¿Con qué derecho, Liam? —mi voz fue de hielo.

—¿Con qué derecho? —repitió, mi pregunta pareció tocarle un nervio y reavivar la furia que había estado conteniendo.

De un segundo a otro, se abalanzó y me acorraló entre su cuerpo y la pared. Su poderosa aura de Alfa me presionó como si se tratara de una red asfixiante.

Su mirada era posesiva, imperativa.

—¡No voy a permitir el olor de otro macho en mi territorio! —rugió, con su aliento caliente rozándome la cara—. Llévate al cachorro. Yo te ayudaré a sobrescribir esa marca y fingiremos que… nada de esto pasó.

Perdón, Alfa: ahora soy tu tía

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