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MORFEO
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En MORFEO, la escritora Kathy Monroe enfrenta un dilema entre realidad y fantasía cuando su nuevo jefe millonario resulta ser el hombre de sus sueños eróticos. Descubre esta historia en nuestra webnovel, una de las mejores romance stories y billionaire romance novels del momento.

Resumen de MORFEO

Kathy Monroe es una novelista de Nueva York que escribe tórridos romances mientras lidia con el insomnio y una vida personal monótona. Todo cambia cuando empieza a ser visitada en sueños por un hombre de belleza divina. La sorpresa es total al conocer a su nuevo jefe, un misterioso millonario que es idéntico al amante de sus fantasías nocturnas. Entre el cortejo real y encuentros oníricos cada vez más vívidos, Kathy perderá la noción de la realidad.
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Capítulo 1 de MORFEO

"Un sueño lúcido es un sueño que se caracteriza porque el soñante es consciente de estar soñando. Se puede dar espontáneamente o ser inducido conscientemente."

Morfeo estaba relajado con Artemisa. Acababan de tener un encuentro íntimo, en su propia habitación.

La diosa griega, había entrado hasta allí a través de un pasadizo secreto.

Para los papeles, Artemisa, la gran cazadora y protectora de las vírgenes era ella misma una virgen inmaculada.

Pero la realidad era muy muy diferente.

Aunque su gemelo Apolo y su padre Zeus hicieran la vista gorda cualquiera que morara en el Olimpo sabía este secreto a voces: Artemisa era la zorra más zorra de todas, pero mierda que era increíblemente buena en la cama y a Morfeo le gustaba compartir su lecho con ella aunque el gran amor de Artemisa era un Dios Atlante... lo cuál hacia todo mucho más sencillo. Pues lo único que compartían era un buen momento, y ambos eran plenamente conscientes de ello.

Él se había alejado completamente del amor en cualquier expresión, excepto en la que acababa de compartir con Artemisa (si es que se le podía llamar amor a eso), desde que el gran amor de su vida Amontsesere había desaparecido de su vida para siempre.

— Mmmm eres increíble en la cama — murmuró la pelirroja aferrada a su pecho.

Artemisa, claro, no era la única mujer que compartía su lecho. También algunas parientes lejanas, Oniris de tercera generación siempre bien dispuestas, solían hacerlo.

Los Oniris originales fueron sus hermanos menores, aunque solo él Morfeo, Fobetor, Fantaso eran los trillizos que ostentaban el título de príncipes.

Ellos, sus hermanos y padres, vivían en un enorme palacio a todo lujo en las afueras del Olimpo. El Palacio del Olimpo solo estaba reservado para los doce olímpicos principales: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, Hermes, Hefesto, Afrodita, Atenea, Apolo y Artemisa, Hestia, Deméter, Dioniso, Hades, Perséfone, Hebe, Asclepio, Eros, Pan y Heracles (después de ser divinizado), eran los dioses que componían la docena.

Artemisa solía huir por un túnel secreto para escabullirse e ir tanto a las mansiones y palacios por fuera del Palacio del Olimpo como hacia otros panteones ( cosa que en teoría le estaba prohibido) y por supuesto ir al mundo de los mortales. Pero esto último estaba completamente permitido y la gran mayoría de dioses, mayores, menores, medios, hijos, primos, nietos y sobrinos lo hacían.

Muchos mortales no lo sabían, pero tenían algún porcentaje de sangre azul olímpica corriendo por sus venas.

La realidad era que una eternidad en el Olimpo comiendo los manjares más deliciosos, bebiendo los mejores vinos y en las fiestas más orgiasticas junto a Dionisio y Eros, podrían parecer en principio la panacea pero a largo plazo se tornaba algo repetitivo y aburrido.

En cambio los humanos, con sus amores y tragedias. Sus odios y pasiones, a veces, podían ser mucho más divertidos.

Sobre todo en la intimidad, por alguna razón los olímpicos sentían mucho placer cuando se iban a la cama con algún mortal.

Morfeo, quién fiscalizaba el trabajo de los Oniris y por ende de alguna manera velaba por el sueño de toda la humanidad, por decirlo de alguna manera tenía una teoría.

Él creía que los dioses sentían un inmenso placer por saber que estaban con seres inferiores a ellos y que estos no lo sabían. Algo así como una relación Dominante/Sumiso no consentida. Esto muchas veces generaba daños increíbles en los mortales, que también por alguna razón disfrutaban enormemente con los dioses, pero sufrían muchísimo cuando estos desaparecían sin explicación alguna de sus vidas. Sus hermanos Fan y Fob aprovechaban esas ocasiones para hacer de las suyas. Pero él, que ocasionalmente podia ver en la Gran Sala donde había miles y miles de pantallas dónde podía revisar la actividad nocturna de los soñantes como los pobres mortales sufrían extrañando a sus amantes inmortales en sueños, sentía un poco de pena aunque claro no podía intervenir.

Lo único que podía hacer y hacia era no mezclarse con los mortales. Claro que a veces bajaba a su mundo. Amaba sus playas y practicar surf, pero como realmente había humanas muy bellas y tentadoras, él prefería mantenerse en su propia isla con su mansión alejado de todo y todos. Y eso incluía cualquier placer de la carne. El prefería el Olimpo para elegir su compañía.

Aparte Morfeo era un hombre muy atractivo, con sus casi dos metros de estatura y sus 120 kilos de puro músculo, su piel apenas dorada por el sol, sus ojos celestes, su mandíbula cuadrada, su cabello dorado, su nariz cincelada, su pequeña y pulcra barba...un auténtico heredero de la belleza griega de sangre azul del Olimpo.

Aparte Artemisa, y las Oniris con quienes ocasionalmente compartía el lecho solían decirle que era un amante generoso y bien dotado.

En las pocas ocasiones en que por asuntos de negocios se había cruzado con hombres y mujeres mortales, había podido percibir en la mayoría de ellos miradas de deseo...al punto de que llegó a increpar a Eros una vez creyendo que le había dado su toque cuando una ejecutiva prácticamente lo violó cuando quedaron a solas en un elevador.

Recordaba haber tomado a Eros de las solapas de su túnica.

— ¿ Que me hiciste ? — le dijo sacudiendolo. Eros estaba relajado bebiendo y tomando algo en el palacio, cuando él había irrumpido en en Palacio olímpico para buscarlo hasta que lo divisó.

— No entiendo de que carajos me hablas Morfeo — le dijo serio.

— ¡ Acabo de venir del mundo de los mortales y una mujer prácticamente me violó !

Eros había comenzado a reír mientras Morfeo fruncía más y más el ceño, lo cual solo hizo que Eros riera hasta que le saltaron las lágrimas.

— ¿ Porqué te ríes ?

— ¿ Acaso te has visto en un espejo al menos, últimamente ?

Morfeo lo miró confundido mientras Eros hacia que lo suelte.

— Yo no debo tocarte...eres hijo de un Dios Griego, un trozo de carne irresistible para los pobres mortales...Hasta esos tiburones que frecuentas y envuelves en el sueño cuando surfeas, se despertarían si les tiras un trozo jugoso de carne fresca... — Morfeo lo miraba aún sin entender — Tú eres el trozo de carne jugoso, entre los tiburones...humanos claro en este caso... ¿ entiendes o quieres que te haga un dibujo instructivo ? — acotó Eros con un toque de cinismo.

Morfeo lo había soltado y había vuelto encrespado a su mansión. Caviló en ese suceso durante días. Aunque las mujeres compartían con él gustosas el lecho nunca había sido del todo consciente , hasta ese momento, de su gran atractivo.

Luego de eso cualquier trámite que debiera hacer con su abogado o su banquero procuraba hacerlo si podía virtualmente, y sino en algún lugar alejado del resto de la gente. El podía teletransportarse así que le resultaba sencillo solo que en medio de la gente debía conservar las apariencias. Por alguna razón el día del elevador se teletransportó a un cubículo de un baño en un restaurante anexo al edificio dónde debía ir, y una vez que estuvo en medio de un edificio concurrido recurrió al elevador y le pasó eso. Lo vió como algo inofensivo... después de eso fue mucho más cuidadoso, por supuesto.

Los abogados y banqueros que trabajaban con los dioses, habían estado junto a ellos durante siglos. Pasando la posta de padres a hijos. Cooperando de generación en generación así que con ellos no solían tener problemas.

Artemisa largó un suspiro que lo sacó de sus cavilaciones cuando alguien tocó insistentemente su puerta.

—— Morfeo, Morfeo ¿ estás ahí ? — era la voz inconfundible de Cletus, uno de sus hermanos mayores y quién estaba a cargo de los Oniris, sus otros hermanos. El grupo de 'soldados del sueño' como los llamaba de manera simpática su hermano. Este nunca lo molestaría si no fuera algo urgente.

— Artemisa...Artemisa...— la sacudió apenas.

— ¿ Queeee??? — ella estaba completamente desorientada

— Debo irme, vístete y haz lo mismo... — le dijo de manera imperativa. Ella era una diosa, pero él también. Y tenía más responsabilidades que ella

— Mmmmm — ella se acomodó sobre el lecho y siguió durmiendo...haciendo caso omiso por supuesto.

'Diosas' pensó en un gruñido interno Morfeo.

Finalmente se levantó, se puso una bata de seda negra y abrió la puerta procurando que no se pudiera ver lo que había dentro. Igual Cletus no era idiota, por supuesto. No en vano eran hermanos, y se conocían hace tanto. Aunque morfeo era un par de miles de años mayor que Cletus.

— ¿ Interrumpo ? — dijo alzando una ceja con sorna y sonriendo

Morfeo ignoró su gesto, no pensaba darle más cuerda para hablar del tema. A fin de cuentas era un adulto de más de 11.979 años, no tenía ya que rendirle cuentas a nadie. Ni siquiera ya lo hacía con sus padres.

Caminando junto a su hermano, que tenía un jean con roturas y una camiseta (no entendía el gusto de su hermano por ese tipo de vestimenta) , intrigado le preguntó, ya que en pocas ocasiones era molestado. Cletus era por lejos, uno de los Oniris más eficientes y eso incluía al propio Morfeo.

— ¿ Qué era tan grave para interrumpir mí descanso Cletus ? — su hermano era su mano derecha justamente, no lo necesitaba prácticamente.

— Debes ver esto por ti mismo — dijo Cletus un poco contrariado llevándolo hacia la Gran Sala.

Morfeo lo siguió con un poco de curiosidad.

Entró al enorme lugar blanco donde algunos Oniris, vestidos cada uno con su propio estilo diferente, estaban tomando notas en sus tabletas. Algunos de pie, otros simplemente observaban las pantallas del gran salón blanco. Otros estaban frente a teclados de computadora en escritorios unos pegados junto a otros. Si pasaba algo inusual, había un sistema de alertas. Así como la tecnología de los humanos había avanzado, también lo hizo la de los dioses por supuesto. Aún así estaban atentos por si debían intervenir en alguna situación. Ellos podían ir y venir en sueños, si era necesario. También Fob y Fan, otros hermanos por supuesto. Aunque sus hermanos trillizos cumplían otro tipo de funciones siempre también dentro del ámbito de lo onírico por supuesto.

Finalmente Cletus lo llevó por un largo camino lleno de miles de pantallas hasta una en especial. Había varios Oniris curiosos alrededor de ella observando lo que allí ocurría. Una sola vez había sido testigo ocasional de un accidente, y era algo parecido a eso.

— Bueno ya se acabó la diversión, vuelvan a sus puestos...— los dispersó Cletus.

Ellos bajaron las miradas como si fueran niños retados por sus padres...bueno de hecho su hermano mayor los había retado, y desde ya se inclinaron ante su hermano superior con cierta deferencia -Morfeo- y se retiraron. ¿ Qué carajos estaba sucediendo ?

Finalmente lo vió y entendió.

En una pantalla había una mujer teniendo sexo...sexo muy muy caliente...con él...

— Yo ...no entiendo...— dijo Morfeo confuso mirando la pantalla y luego a Cletus, que encogió sus hombros.

— Nadie entiende

— Ella, ¿ está soñando CONMIGO ? ¿ En qué fase del sueño está ? — preguntó con verdadera curiosidad.

Era imposible, los mortales casi no conocían su rostro y él no había visto a esa mujer en su vida. Estaba seguro porque era completamente irrelevante y completamente carente de atractivo, salvo por su protuberante delantera. Que tampoco hubiese olvidado en todo caso. No había forma alguna de que la conociera.

— Eso es lo más extraño de todo, y antes de que lo preguntes ya lo chequeamos con Fantaso y no tiene nada que ver con esto...y lo revisamos, no es la primera vez que pasa solo que hasta ahora nos damos cuenta... — se justificó e hizo una pausa — No está completamente dormida ... está en un sueño lúcido...no está en fase rem, solo está muy muy...

— ¿ CALIENTE ? — expresó Morfeo completamente azorado.

Cletus disimuló su sonrisa.

— No es lo que iba a decir, está en alguna especie de limbo de placer - por llamarlo de alguna manera - donde se encuentra semi inconciente pero es consciente y estemmm bueno...

— Y está dándose placer conmigo, como si yo fuera un maldito juguete — dijo Morfeo completamente ofendido.

Cletus se cruzó de brazos y se rascó la barbilla.

— De hecho creemos que en el mundo real (de la vigilia) está usando alguna clase de juguete, podríamos ir con Zeus para chequearlo en la Gran Pantalla si quie...

— NOOOOOOO

— No es tan grave Morfeo, algunos dioses se sentirían halagados de que una mujer tenga esta clase de sueños húmedos con ellos

— ¡ Pero yo ni siquiera la conozco ! ¿ Cómo puede ser posible esto ??? — Morfeo se sentía completamente indignado, casi casi ultrajado.

— Lo supuse...y honestamente, por eso te llamamos...no lo sabemos...

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