Capítulo 3
A pesar de estar un poco en shock por lo que había oído, por lo que había dicho y por lo que veía, no pude negarme a aceptar.
Todo a mi alrededor parecía no existir por la fija mirada que me dedicaba mi prometido impostado.
Aquello era un sin sentido al que había que darle sentido, valga la redundancia pero; lo haríamos en otro momento porque en ese momento yo necesitaba espacio.
Retiré mi mano de entre la suya, un poco brusca debo decir, y salí de allí dando un portazo.
Sentí que me seguía alguien, no quería ni saber quién.
No tiré la puerta al salir, que era mi intención pero no miré atrás tampoco, simplemente me fuí de allí y no me detuve hasta mi bungalow. Atravesé los jardines casi corriendo y sintiendo como mis pies se esforzaban en aguantar mi ritmo hasta que llegué a mi casa.
Pero justo cuando estaba entrando, ya tenía la mano en el picaporte, sentí que tiraron de mi brazo y me detuvieron en la entrada.
— ¿Te has vuelto loca? — mi primo Coleen era quién me había seguido y estaba más que molesto. Se le veía desde lejos. Y más, teniéndolo tan cerca. Sus ojos inyectados en sangre, casi asustaban y le podía ver resoplando molesto.
Me solté de su agarre y me giré para abrir la puerta, me detuve del otro lado, dándole acceso a mi bungalow.
— Entra y siéntate — le dije y entró.
Cerré la puerta y le hice una seña para que se callara, pues él iba a empezar a hablar ya y yo necesitaba un trago. Me obedeció y nos fuimos directo a mi bar.
Me preparaba un martini mientras él exigía un ron cola.
Estaba sentado en el otro lado de la barra, esperando su bebida que yo preparaba con destreza.
Le ofrecí el trago. Me bebí el primer sorbo del mío y dando la vuelta, metiéndome entre sus piernas, que colgaban abiertas sobre la banqueta, dejé mi trago en la barra que diseñaba mi bar y le dije con gesto inquisitivo...
— ¿Que se supone que puedo hacer? — puse mis manos en sus muslos, él levantó las cejas y se apoyó con sus manos en mi cintura y nos retamos con la mirada — no me mires así, sabes que nunca dejaría de obedecer un orden del abuelo y por raro que parezca, ese hombre no va a adueñarse de la fortuna de toda mi familia y la tuya, si en mis manos está el evitarlo.
Le había dicho aquello, tratando de que entendiera mi punto y a su vez, tratando de entenderlo yo misma. Es que era muy surrealista todo.
— Lo sé Sammy, ¿Pero sabes lo que significa un matrimonio, casarte, por cuánto tiempo, bajo que reglas, con qué finalidad? Es que puedo seguir mencionando interrogantes con pocas respuestas cariño, esto no lo veo y a ese tío, terminaré matándolo si te lastima. No sabes ni quién es, cómo es, que demonios puede arrastrar por su vida y en menos de veinticuatro horas, serás su mujer cariño... Es una locura y lo sabes.
Si es verdad que lo sabía. Todas esas preguntas me las había estado haciendo en mi camino hacia acá; pero había pocas respuestas.
Apoyé mi frente en su pecho. Tenía tanta razón que asustaba. Me besó la coronilla y una voz, rompió el momento íntimo que compartíamos.
— Si no te importa, quiero hablar con mi mujer.
Los dos enderezamos nuestras posturas y observamos al intruso.
Aquel hombre, con las manos en los bolsillos y con porte elegante, pero amenazante, nos miraba como enojado.
— No es tu mujer y te aseguro que si de mí depende, nunca lo será — mi primo se levantó y lo encaró.
Tuve que ponerme en medio de aquellos dos hombres que parecían querer comerse con las miradas.
— Ni depende de tí — dijo mi futuro esposo — ni tu opinión cuenta. Ella es mí mujer, mañana firmará un papel que lo confirme, pero desde ya — la arrogancia de aquel hombre me estaba sacando de quicio — es mía y de nadie más. Completamente mía y si no sabes gestionar eso, deberías ir ensayando porque así será de ahora en mucho más.
Casi tuve que correr por delante de mi primo para que no se enfrentaran a los golpes, los dos.
Se había parado de la banqueta dejándome a un lado y ya iba directo hacia el rubio. Lo tomé del brazo y me puse con apuro delante de su cuerpo, que me obligó a presionar con violencia su pecho y empujarlo un poco hacia atrás. Derrapé un poco en el suelo de mármol negro de mi casa.
La fuerza que hacía, para detener a Coleen, era muy grande. Y el otro troglodita, hacía gestos de superioridad, que me estaban pidiendo a gritos, que le diera un patada en el culo y lo sacara de allí. Pero el maldito destino de mi familia y mi abuelo con su locura, me lo impedían.
— Tranquilo nene, todo va a estar bien, hablaré con él y nos vemos en un rato, vamos a la playa ¿Vale? — sabía que decirle nene, sería un calmante. Le sostuve el rostro y conseguí que me mirara a mí.
Desde siempre tuvimos un cariño especial juntos y él adoraba que lo llamara nene. Yo me rehusaba y él peleaba conmigo, por eso sabía que esa palabra ahora mismo, lo calmaría.
— No voy a dejarte sola con él Sammy — mi primo tomó mi rostro entre sus manos y besó mi nariz.
Le hice un ademán de asentimiento queriendo decirle que todo estaría bien, que sabría manejarlo y que no quedaba más remedio que hacerlo. Sin embargo nuevamente el intruso se involucró en mis planes.
— Estará sola conmigo y en mi cama durante muchas horas en las que te aseguro que tú no estarás.
Aquel hombre no me lo ponía fácil y ya me estaba mosqueando.
— ¿Quieres callarte de una vez? — le exigí, luchando con Coleen, poniendo gesto molesto y empujano a mi primo hacia la puerta, sacándolo de mi casa, bajo la mirada molesta de mi prometido.
Maldito destino.
— No quiero pero puedo hacerlo, aquí te espero — contestó sentándose en mi sofá, dejando caer su cuerpo con confianza y colocando las manos extendidas atrevidamente sobre el respaldo del mismo. Cruzó los pies a la altura de sus tobillos y se sonrió sardónico.
Cuando por fin logré sacar a mi primo, Bianca vino en mi ayuda.
Ella nos había visto desde la callesita que comunicaba las casas. Evidentemente iba a la suya y se nos acercó.
— Samantha, es una mala idea. No quiero que estés sola con él. No me fío — dijo repetitivamente mi primo.
Bia que ya estaba a su lado, empezó a tirar de su brazo pero Coolen no cedía. Su pelo castaño estaba húmedo de sudor y sus ojos grises se veían furiosos.
— No tengo más opción Coleen, piensa que es desición del abuelo. El no me pondría en peligro. Tengo que saber qué lo motivó a hacer algo así y hasta dónde, estaré empeñando mi vida. No tengo opción. Estaré con este hombre más de una vez a solas y eso, no puedo evitarlo. Confía en mí. Hablamos luego.
Le hice una seña a Bia y ella se llevó a nuestro primo, dejando ver por detrás de ambos, como una gran parte de la familia, se sentaba en el jardín del bungalow del abuelo, supongo que a analizar la novedosa situación.
Desde mi casa se veían todos muy calmados y conciliadores. Claro, era muy cómodo para ellos. La situación compleja la tenía yo y eso, que todavía no sabía bien de que iría todo aquello.
Respiré hondo, me calmé un poco y alisando la falda de mi vestido, entré a mi casa, siendo recibida por la arrogancia hecha hombre.