Capítulo 2
Me rio.
Tiene razón, la maternidad se ha vuelto para mi un extraño juego en el que crio a dos personas que no sepan lo horrible y desastroso que es el mundo, me esfuerzo a diario por ellos y espero que ellos se esfuercen a diario por lo que quieren. A lo largo de mi vida he aprendido que si finges que las cosas van bien, siempre terminan bien.
Termino de preparar la comida y me siento a comer solo con Asher. Ederne se ha quedado dormida, debió estar cansada por estar todo el día jugando con las muñecas. No llevo mucho tiempo en Massachusetts, todavía no me adapto a las costumbres de las personas de aquí, en los seis meses que he pasado no he conocido a mi jefe, cuando entre estaba de vacaciones en Londres, me dijeron que regresaría hoy y que quería a todos los nuevos empleados en fila. Me asusta pensar que voy a conocer al hombre del que todo Massachusetts habla.
—Cuando Ederne se despierte le dices que baje a comer, no te quiero volver a ver fumando dentro de la casa ni trayendo a chicas a escondidas porque si me entero voy a molestarme y no tendrás más permisos.
—Muy bien.
—Hablo enserio, Asher.
El asiente y ruedo los ojos.
Puede que no me haga caso, conociéndolo hará lo que digo por un par de días y luego va a desaparecerse, me gustaría pensar que Asher tendrá un buen futuro o que sus días están asegurados, pero a veces me preocupan los comportamientos que tiene. Ser madre soltera de dos hijos no me resulta para nada sencillo.
Subo las escaleras de la casa y me encierro en la habitación, le paso el pestillo a la puerta, pongo música a todo volumen con la corneta que está allí y enciendo el televisor.
Es mi momento de un poco de paz y relajación.
Introduzco un dedo dentro de mí y empiezo a acelerar un poco la penetración, me remuevo y abro más las piernas, la sensación hace que el estrés que tenía hace un rato disminuya. No he tenido sexo en días y eso me ha afectado. Cuando termino me quedo dormida con la música sonando y en ropa interior.
La mañana siguiente continuo con mi rutina habitual, le hago el desayuno a los chicos y le pido a Asher que lleve a Ederne a la escuela antes de irse. Leon viene a buscarme y hace que el camino al trabajo no sea tan tedioso.
—Buenos días, preciosa.
—No son tan buenos.
—¿Ha empezado mal?
—No, pero siento curiosidad de saber cómo luce el jefe.
—Vas a sorprenderte —se ríe y frunzo el ceño.
—¿Por qué?
—Es joven, guapo y millonario.
—Suena como un buen partido.
—Y va a postularse para alcalde.
Alzo las cejas sorprendida. Vaya no esperaba que nuestro jefe fuera el sueño húmedo de toda mujer con las cosas claras, me sorprende que existan hombres así aquí. Siempre he pensado las cosas más veces de lo que me gustaría, todo lo sobre pienso, debo tener un plan antes de llevar a cabo una acción porque si no lo hago me sentiré culpable o insegura.
—Es el hombre que necesito en mi vida.
—¿Quieres a un hombre millonario para sentirte realizada?
—Quiero a un hombre millonario para sentir que he hecho algo bueno con mi vida, es así y no hay más.
—Las mujeres a veces son tan superficiales.
—¿Tu no lo eres, Leon?
Lo observo esperando su respuesta, se que no es coincidencia que se haya interesado por mí. Soy una mujer joven, rubia, de ojos azules y sonrisa brillante. Basándome en el estereotipo americano soy la chica perfecta de muchos. Ser bonita me ha servido mucho en la vida, he conseguido varias cosas gracias a eso, desde pequeña he aprendido que los hombres mueren por una mujer joven y con curvas.
—Lo hago, pero no es eso lo único que importa o resalta en una persona.
—Me siento intrigada por saber qué crees que deben hacer las mujeres para ser personas decentes y dignas de un hombre como nuestro jefe.
—Si lo dices por ti, pienso que eres genial.
—No has respondido mi pregunta —contesto incomoda apartando mi mirada.
—No se que decirte, una mujer puede conseguir lo que quiere incluso con una buena personalidad no es solo ser bonita.
—¿Te fijaste en mi porque tengo una personalidad atractiva? —pregunto irónicamente.
—Me fije en ti porque no he conocido a ninguna mujer que tenga tan en claro sus metas y lo que quiere, por eso me fije en ti, porque se que cualquier cosa que te propongas puedes tenerlo y eso es genial Ginny.
—Joder, por poco te lo creo.
Va a rechistar pero alzo la mano para que se quede callado, no necesito que me mienta o que me ponga excusas de algo que en lo que no estoy interesada. Llegamos a la oficina y me bajo del auto, el viento choca contra mi rostro y suspiro.
Pase toda la noche investigando sobre él, quería tener hasta la más mínima cosa bajo mi poder, me convenia, sus gustos, saber lo que disfruta o lo que le disgusta me podría ayudar a caerle mejor. Cuando tienes una buena relación con tu jefe y eres cercana a el obtienes beneficios que los demás no. Es bueno tener ventajas sobre las demás personas, te ayuda a resaltar y vivir mejor.
Leon me sonríe e intenta agarrarme del brazo, pero me aparto.
—No aquí.
—Vas a meterte con él.
—No, pero quiero que sepa que estoy soltera y con ganas de tener a un hombre como el en mi cama asi que necesito que por hoy te mantengas un poco lejos.
—Ginny, estas actuando como una perra por un hombre que ni siquiera conoces y no has visto.
—Siendo como soy he llegado hasta aquí, apártate Leon.
—No vas a volver a buscarme si me ignoras en todo el día.
Frunzo el ceño.
—¿No vas a apoyarme en esto?
—¿Y si te arrepientes?
—No voy a arrepentirme.
—Prométeme que no lo harás.
—Lo prometo —miento, no estoy segura de que vaya a salir bien el hecho de acercarme a él, tengo en mente algunas de las cosas que podríamos hablar, pero no necesariamente va a funcionar. Hacer esto e intentar acercarme a él es jugar con parte de mi trabajo.
—Te llevare en la noche, si consigues algo con el me avisas para no esperarte o estar preocupado.
—Gracias —susurro.
León entra primero y me acomodo un poco la ropa, tengo la esperanza de encontrarme con el antes de entrar, pero eso no sucede. La oficina esta revuelta, todos los empleados caminan de un lado a otro acomodando y limpiando la estancia. Llega en una hora y las cosas nunca se habían visto tan limpias y ordenadas como hoy. Me pregunto cuanto tiempo les durara la esperanza de mantener todo ordenado.
Algunas de mis compañeras de trabajo lo conocen, son un pequeño grupo selecto de chicas que no han dejado de maquillarse y cuchichear entre ellas, por otro lado, yo me limito a sentarme en mi puesto de trabajo y a ir adelantando lo de hoy. Cuando llegue puede que sea a única que haya terminado sus labores.
Las horas avanzan y el jefe no llega, nos hemos quedado esperando a un hombre que no aparece, su nombre estuvo sonando todo el dia pero no apareció, fue invisible, no le tomo importancia a que todos estuvieron pendientes de el ni que cada uno se apresuro con sus labores solo porque el llegaría hoy y no querían disgustarlo. Ocasionalmente le lance algunas miradas a Leon para hacerle saber que la situación me causaba gracia.
Leon niega con la cabeza.
El horario laboral termina y todos recogemos nuestras cosas, es hora de irse a casa, el plan de hoy ha fallado por completo y ninguno de nosotros sabe si Aegan sea capaz de venir mañana.
—Voy al baño y después nos vamos, dame un momento.
—No te preocupes, ve.
—¿Me esperas afuera?
—Bien, quiero caminar un poco de todas maneras —respondo con sinceridad.
Alejarme de Leon me sirve un poco para pensar, ese hombre ha tenido los huevos para hacer que sus empleados se carcoman la cabeza un dia entero y no aparecer. Supongo que al menos podría haber avisado, no le costaba tanto. Camino por el estacionamiento y veo a un chico ebrio con una botella en la mano, un auto se esta acercando a el pero no se quita, mi cuerpo no reacciona, parpadeó con lentitud hasta que reacciono y salgo corriendo en su dirección.
No se si voy a llegar a tiempo, pero no quiero sentirme culpable por su muerte.
Capítulo 3
Aegan Lombardi.
Estoy vivo.
Me sorprende seguir con vida después de creer que un auto me arrollaría, mi cuerpo no reaccionaba, no me moví, no tuve la voluntad para hacer algo más que quedarme de pie y observar. No entiendo porque no pude hacerlo o si fue porque tenía mucho alcohol en mi sistema, quizás eso fue algo que influyo mucho en mi decisión. Quedarme quieto mientras el auto venia directamente hacia mí es lo peor que pude haber hecho pero sigo aquí, en el mundo de los vivos.
Miro a mi alrededor y una hermosa chica rubia me mira aterrorizada, tiene la respiración agitada y las pupilas dilatadas, estoy por decir una tontería, pero me contengo, no creo que sea momento de hacer chistes.
—¿Estas bien? —me pregunta ella, parece un ángel, un jodido ángel caído del cielo.
—¿Eres mi ángel de la guarda?
Ella frunce el ceño.
—Creo que puedo llegar a ser todo menos un ángel.
—Me gustan las personas con caras angelicales y personalidad de diablo.
—Debería llevarte al hospital, no estas bien y casi te arrolla un auto. Espera aquí, un compañero de trabajo nos puede llevar en su coche.
¿Compañero de trabajo? ¿Coche?
Por poco olvido donde estoy, no puedo creer que la mujer que me ha salvado trabaje para mí, debo tener muy buena suerte o muy mala suerte en su defecto. Estoy tirado en el suelo viendo las estrellas y el rostro confundido de la rubia, me levanto rápido antes de que lleguen más personas de la compañía y se den cuenta de lo ocurrido.
Decir eso es como un balde de agua fría porque Leon, uno de mis empleados con más experiencia en la empresa aparece. Hago que la chica a mi lado me siga y nos escondemos detrás de un auto. Ella se suelta de mi agarre con rapidez y e intenta golpearme, pero sujeto su brazo.
—No te atrevas a golpearme —demando.
—¿Por qué te has escondido? Es un compañero de trabajo no dirá nada si escondes algo.
—No lo entiendes.
—Explícalo antes de que me vaya y te deje aquí solo sin remordimientos —espeta.
—¿Trabajas en esa compañía?
Asiente aún más confundida que antes.
—Soy el jefe, Aegan Lombardi.
Ya no parece confundida, sino más bien sorprendida. Su rostro se ha relajado y sus hombros tensos se han relajado también, se ha calmado por completo, pero me repasa con la mirada de arriba abajo.
—Ginny Becker, no esperaba conocerlo de esta manera Sr. Lombardi.
—No finjas ser cortes conmigo después de gritarme sin piedad.
—No estoy fingiendo le estoy mostrando algo de respeto ¿acaso no puede agradecer eso?
—Me duele la cabeza y quiero irme a mi jodida casa.
—Podríamos irnos, si saliéramos de aquí y habláramos con Leon.
—No vamos a hablar con él.
—¿Por qué? ¿No se llevan bien?
—Nos llevamos de maravilla, Ginny.
—¿Y cuál es el problema?
Joder quiero que se calle.
Hace demasiadas preguntas las cuales no quiero responder en este momento, me agobia, me obstina y me dan ganas de mandarla a la mierda, pero me ha salvado y gracias a eso estoy soportando sus preguntas.
—Nadie puede saber que estuve aquí, prefiero que se quede entre nosotros dos y mañana hacer mi entrada triunfal.
—Le escribiré para decirle que me he ido.
Asiento de acuerdo con ella, me sentiré mas tranquilo si Leon no la anda buscando por todas partes como un puto perro faldero. No me había fijado en lo estresante e intenso que puede llegar a ser con una chica que le interesa.
—¿A dónde vamos ahora? Necesitas ir al hospital.
—Le escribí a mi doctor para que me esperara en casa y he solicitado un taxi.
—¿Tienes como pagarlo?
—Esperaba que tu tuvieras como pagarlo —me sincero y ella niega con la cabeza mostrándome su billetera.
—Muy bien ¿Sabes manejar?
Tenemos dos opciones, nos vamos en el taxi y no le pagamos o le presto mi auto para que ella maneje. La segunda opción es la que menos me gusta, detesto que personas desconocidas toquen mi carro, pero no tengo otra opción y quiero llegar a casa.
—Puedo intentarlo.
—No es que lo intentes es que manejes bien.
—Puedo intentarlo, pero no te aseguro nada y posiblemente maneje lento para no chocar.
—Perfecto, esperemos a que tu amigo se vaya.
Ginny suspira, nos quedamos un rato detrás del auto y cierro los ojos para no verla, es una chica preciosa, sus ojos, su cuerpo, cualquier hombre con dos dedos de frente estaría con ella, no dudo de lo buena que debe ser cogiendo.
Esperamos unos diez minutos a que Leon se despida de algunos amigos y cuando se va nos levantamos y nos subimos al auto de inmediato. Es un alivio estar aquí, con el aire y sentado en un sitio donde se que no voy a morir. Aun tengo la imagen del auto viniendo en mi dirección plasmada en mi mente.
—Espero que no hagas que me muera, valgo mucho más que este auto.
—El auto vale más que tú.
—¿Estas segura de eso?
—Por completo —dice y se pone en marcha, encuentro una botella en la guantera del auto y comienzo a beber nuevamente, debería dejar de hacerlo pero me ayuda a olvidarme de mis problemas. Después de todo, mañana seguiré siendo el mismo dueño y futuro alcalde que todos quieren ver.
—No quiero espantarte, pero no puedes dormirte, necesito que me des la dirección de tu casa y deberías dejar de beber.
—Las mujeres que van a mi casa siempre cogen conmigo, eres la primera que va y no tendrá ese tipo de interacción conmigo.
—Eres un verdadero imbécil.
—Me lo dicen a menudo.
—¿Por qué no llegaste temprano hoy?
—Tuve algunos problemas y preferí hundirme en el alcohol, a veces hago eso.
—Todos estaban esperando por ti.
—La mayoría me conoce, deben pensar que estaba en una junta de trabajo así que no creo que se hayan molestado.
—Yo sé la verdad.
—Y ahora compartimos secreto —contesto y le sonrío, ella hace lo mismo.
Al llegar a mi casa siento que todo el peso cae sobre mis hombros, estoy cansado, muerto de hambre y con ganas de coger. Mi doctor no ha llegado, solo me mando algunos mensajes diciendo que vendría mañana a primera hora pero prefiero que no lo haga, estoy bien solo ha sido un pequeño susto.
Hice que Ginny viniera a casa porque averiguar que tanta oportunidad tengo de coger con ella esta noche, es atractiva y considero que pasar la noche juntos nos ayudaría a bajarle al estrés. Le ofrezco una taza de café, agua e incluso jugo pero se niega.
—Debo irme, me están esperando en casa.
—¿Eres casada?
Ella se ríe y niega con la cabeza.
—Para nada, pero debo regresar.
—Puedes quedarte, mañana te llevare a primera hora para que atiendas los asuntos que tienes.
—No me malentiendas Aegan pero no te conozco y lo menos que quiero es quedarme en la casa de un jodido extraño.
—Soy tu jefe, no un extraño.
—¿Te conozco desde hace cuánto?
—Desde hoy y desde hoy vas a verme todos los días.
—No suena como una idea que me llame la atención.
—¿No te he caído bien?
—Me agradas —afirma.
—Pero sigues comportándote como una perra conmigo así que no creo que te agrede lo suficiente.
—Soy una perra con todos no esperes un trato diferente.
—Eso puede cambiar.
—Me sorprende lo egocéntrico que puedes llegar a ser.
Me rio.
—Es normal en mí, mi madre a veces se queja de ello o de lo terco que soy en cuestión a ciertos temas. Espero no tener que viajar tanto para pasar mas tiempo fastidiando tu miserable vida.
—Espero que te surjan viajes inesperados con frecuencia —suelta de mala gana y me acerco a ella, estamos cerca, nuestra respiración agitada y la forma en la que mira mis labios me da entender que puedo besarla y es justo lo que hago.
Nunca he tenido sexo en mi cocina, pero si mi primera vez será con una mujer rubia de curvas prominentes entonces no me quejo.
—Debemos parar —dice entre jadeos.
—Está bien —susurro—. Mañana podemos fingir que esto nunca sucedió.
Ninguno de los dos responde y continuamos besándonos, a este punto creo que no vamos a parar. Mis instintos siempre son salvajes, muchas veces creo que estoy haciendo lo correcto, pero cuando me detengo a pensarlo bien me doy cuenta de que he arruinado la situación por completo.
No esperaba que las cosas se dieran de esta manera, en realidad no esperaba que se dieran de ninguna forma. Ella apareció de la nada en mi vida, no estaba buscando nada, solo estaba ebrio en una mala situación y ella estuvo ahí para ayudarme.
—¿Estas segura?
Le pregunto más por educación que por saber su respuesta, quiera o no estoy interesado en estar con ella. No espero a que responda.
Después de follar hasta amanecer nos quedamos dormidos en mi habitación, la ebriedad se me bajo a la segunda ronda. Tenía años que no dormía junto a alguien, se siente bien, pacifico.
La mañana siguiente cuando nos despertamos, nuestros ojos se encuentra y un suspiro sale de sus labios, esta despeinada y tiene los ojos hinchados. No se parece mucho a la mujer atractiva y empoderada con la que cogí ayer, pero sin duda es la misma persona. Las mujeres cambian mucho recién despiertas, pero aun así hay algo en ella que me sigue pareciendo atractivo.
—Buenos días, bella durmiente.
—Buenos días, monstruo sexy.
—¿Ahora soy un monstruo?
—No, solo me apetecía bromear contigo.
—Estaba por preguntarte si era un monstruo porque follaba tan duro como en tus mejores pesadillas.
—Tener sexo no está en mis pesadillas.
—¿Mejores sueños?
—Quizás.
Me rio.
Cojo el teléfono para ver la hora y me sobresalto, es tarde. Hoy no debería faltar a la empresa y tampoco debería estar hablando con una de mis nuevas empleadas. Le había prometido a mi familia que este año no iba a involucrarme con nadie de mi personal, pero ya lo he hecho y no sé cómo solucionarlo porque si tengo la oportunidad de volver a tener sexo con Ginny no la voy a desaprovechar.
Ambos arreglamos todo para irnos y la dejo en su casa, cuando llega la hora de despedirnos no se como actuar o que decirle, puede que parezca un cabron si actúo de manera odiosa e indiferente, no quiero hacerla sentir mal.