Capítulo 1
En nuestro círculo social, Jasper, el niño mimado, era mi novio. Pero un día, durante la celebración de mi cumpleaños en su yate, me empujó al mar solo para impresionar a una universitaria, mientras se burlaba de mí llamándome «torpe».
El problema era que le tenía pánico al agua.
El incidente acabó conmigo en cuidados intensivos, mientras él se ganaba el corazón de aquella chica.
Cuando desperté, Jasper sostenía mi mano, disculpándose. Sin embargo, lo miré, extrañada, y le pregunté:
—Disculpe, señor, ¿quién es usted?
El neurólogo explicó que el golpe en mi cabeza había borrado todos mis recuerdos sobre Jasper, y él, desesperado, no dejaba de insistir en que era mi novio, pero yo lo contradije sin dudarlo:
—¡Mi novio es Mateo!
Y como todos sabían, Mateo era el archienemigo de Jasper.
Mi novio era Jasper Valderrama, el heredero de Veridia, quien siempre había sido un rebelde, derrochando dinero a manos llenas y siempre rodeado de mujeres.
Había permanecido a su lado durante tres años, durante los cuales se había portado bien e incluso me propuso matrimonio. Pero en el último tiempo había encontrado una nueva presa: una universitaria joven y hermosa, con un cuerpo exuberante y un aire de fría elegancia, y él no podía resistirse a ese tipo de chicas dulces e inocentes.
Por eso, para impresionarla, el día de mi cumpleaños, no dudó en empujarme al mar.
*
Ese día, el cielo estaba despejado, sin una sola nube, y la tranquila superficie del agua se agitó con fuerza cuando caí. Mientras me debatía en el agua, intentando salvarme, miraba desesperadamente a la gente en el yate.
La chica, de pie en la cubierta, llevaba un vestido blanco, y sus ojos brillaban con inocencia. Al ver mi lamentable estado en el agua, se cubrió la boca con la mano y soltó una risita suave.
Jasper también soltó una risa era despreocupada, y hasta las arrugas de su frente se suavizaron. Para cuando escuchó mis gritos de auxilio, yo ya me estaba hundiendo.
La sensación de que me ahogaría me dejó sin aliento. De niña, casi me había ahogado una vez y desde entonces le había tenido pánico al agua. En realidad, no quería celebrar mi cumpleaños en un yate, pero Jasper había insistido tanto que yo había terminado cediendo.
Al llegar al yate, me di cuenta de que, además de nuestros amigos habituales, había una chica desconocida, que era increíblemente hermosa.
Jasper la atendía con esmero: le sirvió la bebida primero, le cortó la fruta, le dio el primer trozo de pastel... Era extremadamente atento, algo que hacía mucho no era conmigo.
Inmediatamente, me di cuenta de que algo no andaba bien, pero nunca sospeché que llegaría tan lejos. Hasta que me empujó al mar, y confirmé que Jasper me había traicionado.
Mientras me veía hundirme lentamente, se subió las gafas de sol a la cabeza y, entrecerrando los ojos, se burló:
—¡Alana! ¿No me digas que no sabes nadar? Deja de fingir y sal ya. Lyra ya se está riendo, puedes dejar la actuación.
Sus burlas me herían profundamente.
—¡Jasper, parece que Alana de verdad no sabe nadar! —gritó alguien al darse cuenta de la gravedad de la situación.
Rápidamente, me lanzaron un salvavidas, pero mi cuerpo ya se estaba hundiendo.
—¡Que alguien la salve!
—¡Alana!
Todo se volvió un caos. Entre varias personas lograron sacarme del agua, pero a pesar de los muchos intentos de reanimación, yo no despertaba y mi cuerpo se enfriaba poco a poco.
Jasper, ahora sí alarmado, me llevó al hospital, en donde entré a urgencias y los médicos lucharon por más de dos horas para salvarme la vida.
Cuando el médico dijo que estaba fuera de peligro, Jasper respiró aliviado. Le gustaba divertirse, pero no quería convertirse en un asesino ni mucho menos ir a la cárcel.
Al día siguiente, desperté en la cama del hospital. Confundida, miré el techo, percibiendo el intenso olor a desinfectante, y al moverme, sentí un fuerte dolor de cabeza, que me hizo gemir, mientras me llevaba la mano a la frente.
Al verme despierta, Jasper, que acababa de regresar, se acercó rápidamente a mí, tomó mi mano, y, emocionado, dijo:
—Alana, por fin despertaste. Pasaste toda la noche inconsciente, temía que no volvieras en ti.
Frunciendo el ceño, retiré mi mano bruscamente y lo miré desconcertada.
—Disculpe, señor, ¿quién es usted?
Capítulo 2
—Alana, ¿estás bromeando? ¡Soy Jasper, tu novio! —respondió él, tomando mi mano nuevamente y esbozando una sonrisa forzada.
Pero, al ver mi mirada de terror, pensó que estaba fingiendo y su tono se volvió impaciente:
—Sé que estuvo mal empujarte al mar, pero no tienes que actuar así. ¿No ves que ya estás bien?
—¿Novio? ¡¿De qué hablas?! ¡Mi novio es Mateo! —exclamé, apartando su mano una vez más con brusquedad.
Acto seguido, me abracé a la almohada, como si fuera un escudo, mirándolo con ojos afilados y cautelosos. ¡No lo reconocía en absoluto!
—¡¿Qué?! ¡¿Quién dices que es tu novio?! —gritó Jasper, golpeando la mesita de noche con un puño, con los ojos inyectados de sangre.
Mateo Rivera era su archienemigo desde la infancia. Jasper siempre había perdido contra él y lo odiaba con toda su alma, por lo que ni siquiera podía soportar oír su nombre.
—¡No me toques! ¡No te conozco! —grité, asustada, al ver que Jasper se acercaba a mí, furioso.
Mi grito alertó al personal del hospital, y una enfermera, al ver mi rechazo hacia Jasper, lo sacó de la habitación, pidiéndole que esperara afuera.
El doctor me hizo una serie de exámenes y preguntas, antes de indicarme que descansara.
Jasper esperaba impaciente en el pasillo, por lo que, una vez todo se calmó, abordó al médico, sin rodeos:
—Doctor, ¿qué le pasa a mi novia? ¿Por qué no me reconoce? ¡Incluso dice que otro hombre es su novio!
—Probablemente, sufrió una conmoción cerebral que alteró sus recuerdos. La condición debería mejorar con el tiempo. Sin embargo, por el momento, evite alterarla —le aconsejó el médico.
Jasper no lo creyó. ¿Cómo era posible que solo me olvidara de él?
Apenas se fue el médico, irrumpió en mi habitación, me sujetó contra la cama y me increpó con ferocidad:
—¡Solo te empujé al mar! ¿Es necesario que finjas amnesia?
Las enfermeras, alertadas por el ruido, entraron corriendo y lo sacaron a rastras.
—¡¿Qué clase de novio eres?! ¡No la alteres más o nunca te recordará! —le advirtió una enfermera, mirándome acurrucada en la cama.
Jasper no le dio importancia. Quería ver cuánto tiempo podría yo mantener la farsa.
Poco después, llegaron mis padres. Jasper, temiendo que se descubriera que me había empujado al mar, ni siquiera les había avisado de mi hospitalización.
Aunque los Valderrama tenían una posición privilegiada en Veridia, mi familia también era influyente. Eso por no mencionar que el Grupo Valderrama necesitaba de la inversión de mi padre, y que yo era la arquitecta jefe del grupo.
Jasper necesitaba los recursos de mi familia y mis habilidades. Sin mí no podría lograr lo que se proponía.
—Señora, señor, miren a Alana. Actúa tan bien... Finge no conocerme e incluso me arañó el brazo —se quejó Jasper con mis padres, forzando una sonrisa.
Alarmados, mis padres se alarmaron corrieron hacia mi habitación y, señalándose, preguntaron:
—Alana, ¿nos reconoces?
Temían que también los hubiera olvidado.
—Papá, mamá, ¿qué están diciendo? ¿Cómo podría no reconocerlos? —respondí con una sonrisa, notando su preocupación.
Ambos suspiraron aliviados, y. al ver mi rostro pálido y demacrado, sus ojos se llenaron de compasión.
— Alana, el médico nos dijo que casi te ahogas y que les costó reanimarte. ¿Acaso no le temes al agua? ¿Por qué fuiste al mar? —me preguntó mi madre, acariciándome la mejilla.
Sin embargo, antes de poder responderle, no pude evitar gritar y esconderme detrás de ellos, al ver a Jasper.
—¡Papá, mamá, este hombre está loco! ¡No dejen que me toque!
Capítulo 3
—Él dice que es mi novio, pero mi novio es Mateo —dije con firmeza, aferrada a la mano de mi madre.
Mis padres se quedaron helados al oírme, y, acto seguido, comenzaron a enseñarme fotografías en sus teléfonos, preguntándome si recordaba a las personas que aparecían en ellas, comprobando así que yo solo había olvidado a Jasper y que estaba convencida de que Mateo era mi novio.
Sin embargo, Jasper no pareció preocuparse. El día que me dieron de alta, incluso decidió salir a cenar con Lyra. Después de invitarla varias veces, ella finalmente había terminado aceptado. Sin dudarlo, Jasper la recogió en su costoso auto deportivo, causando un gran revuelo en la escuela de la muchacha.
Ya en el auto, Lyra miró a Jasper con indiferencia y preguntó con su habitual aire inocente:
—¿Tu novia está bien?
—Claro, ¿cómo no lo va a estar? Tiene siete vidas —respondió Jasper, con una media sonrisa.
Pasaron la tarde recorriendo tiendas de lujo, gastando millones, ante de finalizar el día con una cena romántica en el restaurante más caro de la ciudad. Sin embargo, al dejarla en la puerta de la escuela, Lyra rechazó los regalos lujosos.
Jasper, obsesionado con chicas así, no podía contener su emoción, por lo que, sintiendo que la pasión renacía en él, esa misma noche se encaminó a un bar para celebrar con sus amigos.
Algunos lo felicitaron, deseándole suerte con Lyra. Sin embargo, su buen amigo William frunció el ceño y preguntó:
—Jasper, ¿no ibas a casarte con Alana? ¿No crees que le estás fallando? Además, acaba de salir del hospital. ¿No deberías estar con ella?
Jasper arqueó una ceja y se rio con desdén.
—Si un hombre no se divierte antes de casarse, ¿cuándo lo hará? Además, me contuve por tres años. Es raro encontrar alguien que me guste tanto. No arruines esto —dijo con un tono despreocupado, y los demás rieron, apoyándolo.
—¿No temes que Alana realmente te haya olvidado? —insistió William, preocupado.
Jasper, que estaba a punto de beber, se detuvo por un momento, antes de sonreír con frialdad.
—¿Olvidarme? ¿No viste cómo me adulaba? No se atrevería. Y, si me olvida, ¿qué más da? Ya estaba harto de su actitud sumisa.
Alarmado, William intentó callarlo, pero Jasper lo ignoró y continuó desahogándose:
—Alana y su falsa modestia no se comparan con Lyra.
— Alana... —susurró William, señalando detrás de Jasper.
Jasper se congeló y volteó bruscamente, para verme de pie detrás de él.
—A-alana —tartamudeó, temeroso—, ¿no saliste hoy del hospital? ¿Qué... qué haces en un bar?
Se levantó y se acercó a mí, forzando una sonrisa, pero yo lo miré con indiferencia, sin reaccionar a sus palabras.
Jasper quedó desconcertada ante mi mirada fría y tranquila. Si hubiera escuchado sus palabras, tiempo atrás, habríamos mantenido una gran pelea y yo habría acabado yéndome a casa. Pero esta vez, no lloré ni me enojé, sino que me limité a mirarlo como a un extraño.
—¿Alana? —volvió a llamarme.
Mis labios se curvaron en una sonrisa y mis ojos color café se iluminaron, tras lo cual Jasper, pensando que no estaba molesta, se acercó más.
Pero yo lo ignoré por completo y corrí hacia un hombre de traje negro. Lo abracé con fuerza y, alegremente, exclamé:
—¡Mateo, te extrañé tanto!