Capítulo 1
Mi esposo, Alejandro Montoya, el presidente del grupo, creyó que los tres meses de frialdad calculada que, por iniciativa propia, me impuso finalmente habían dado resultado, cuando se enteró de que yo había cedido voluntariamente un proyecto millonario a su asistente favorita.
Convencido de que ya me había “domado”, propuso llevarme a Nordella para nuestra luna de miel.
Pero cuando Sofía Vega, la asistente a la que más consentía, se enteró, los celos la desbordaron y armó un escándalo, amenazando con renunciar a la empresa.
Mi esposo, que siempre la había consentido, entró en pánico. Después de pasar tres días y tres noches atendiendo sus caprichos, usó un viaje de negocios como excusa para cancelar nuevamente nuestra luna de miel y entregarle el otro boleto a Sofía. Mas tarde, me explicó todo con total indiferencia.
—El amor y los sentimientos son cosas sin importancia, lo importante es el trabajo. Como jefe, debo poner a la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿no?
Miré el celular, en el último estado de Sofía, aparecía una foto de ambos, con las cabezas juntas y las manos formando un corazón, como una pareja enamorada. No dije nada, solo asentí.
Alejandro creyó que me había vuelto comprensiva y madura.
Quedó muy satisfecho e incluso prometió que, al regresar al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica.
Lo que no sabía era que yo ya había presentado mi renuncia. Y que él mismo había firmado, hacía tiempo, el acuerdo de divorcio.
Entre él y yo, ya no existía ningún futuro.
El segundo día de la luna de miel de Alejandro y su asistente favorita Sofía, yo terminé de hacer todas las entregas de trabajo y fui a Recursos Humanos para completar el proceso de renuncia.
No pasaron ni diez minutos cuando recibí la notificación en el sistema:
“Aprobación confirmada.”
—Parece que el presidente Montoya ya quería despedirla. Al menos ella tuvo la decencia de irse sola.
—Sí… quedarse aquí solo le habría causado problemas. Mejor irse a tiempo. Pero, ¿qué planea ahora?
—¿Y a nosotros qué nos importa? Con lo que ganamos, ni deberíamos preocuparnos por ella. Además, sigue siendo la esposa del presidente. Aunque renuncie y se quede en casa sin hacer nada, nunca le faltará dinero.
Mientras empacaba mis cosas, mis compañeros me miraban con sonrisas cargadas de envidia y burla. Yo ya estaba acostumbrada.
Todos sabían que Sofía y yo no nos llevábamos bien, y que Alejandro, siendo mi esposo, siempre la defendía a ella, dejándome en ridículo en público una y otra vez. Por eso, todos competían por atacarme, solo para quedar bien con Sofía. Al pensar en eso, solté una risa sarcástica.
—Disculpen, pero esta vez no me voy para quedarme en casa —dije—. Voy a cambiar de empresa. Hay una compañía que me ofreció el doble de salario, con beneficios mucho mejores que aquí.
Después de decir eso, ignoré sus rostros llenos de envidia, recogí mis cosas y salí de la empresa. Pero apenas crucé la puerta, sonó mi teléfono. Era Alejandro.
Estaba pensando cómo explicarle lo de mi renuncia, cuando al contestar, su voz sonó indiferente:
—Te envié un archivo. Quiero que lo termines y me lo mandes en una hora.
Así que… todavía no sabía que yo ya había renunciado. Me dio risa y abrí el archivo.
Me di cuenta que era el proyecto que hace poco le había cedido a Sofía; lo mismo de siempre. La fama y el mérito se los llevaba Sofía, pero el trabajo lo hacía yo. Y si surgía algún problema, la culpa también recaía sobre mí.
Al principio me había negado, y Alejandro hizo de todo para convencerme. Cuando vio que seguía firme y, no lograba convencerme empezó a castigarme con su silencio, dejándome de hablar durante días.
Antes de casarnos, mis padres solían decirme que en un matrimonio siempre debe haber alguien que ceda primero. Yo no quería que la relación se deteriorara, así que al final, cedí y me hice cargo del proyecto.
Pensé que algún día Alejandro entendería mis buenas intenciones.
Pero esta vez, para ayudar a Sofía a ascender, discutió conmigo como nunca y me castigó con su frialdad y silencio durante tres meses completos.
Incluso cuando tuve fiebre de cuarenta grados y terminé hospitalizada, ni siquiera fue a verme. Todo para obligarme a cederle a Sofía el proyecto millonario que me había costado un mes entero de desvelo.
Fue entonces cuando, por fin, me rendí del todo.
Capítulo 2
—No estoy en la empresa —le respondí tranquilamente.
—¿No estás en la empresa?
Alejandro bajó la voz de pronto, seca y severa.
—Recuerdo que ahora mismo es horario laboral, ¿no? Irene, ausentarte del puesto sin autorización durante el horario de trabajo implica, según las normas de la empresa, el descuento de un día de salario.
—Lo sé, pero ya he…
Estaba a punto de confesar que había renunciado cuando, del otro lado de la línea, se escuchó la voz suave y delicada de Sofía.
—Alejandro, si Irene no quiere, no la obligues, mejor lo hago yo.
—No —respondió él de inmediato—. Ayer te quedaste despierta hasta muy tarde, hoy debes descansar.
Su tono al hablar con ella era cálido, completamente distinto al que había usado conmigo. Sofía seguía insistiendo que no estaba cansada, pero Alejandro se mostró firme:
—Soy el jefe. Que descanses es una orden. ¿Te atreves a desobedecerme?
Sofía le sacó la lengua con gesto coqueto y, dijo:
—Solo siento que es muy duro y cansado para Irene.
—¿Por muy duro que sea, puede compararse contigo? —se burló—. Tú estabas de viaje de trabajo y aun así organizaste contratos. En cambio, ella en la empresa no hace nada todos los días. Además, ella es mi esposa. La empresa también es en parte suya. ¿Que se esfuerce un poco no es lo mínimo que debería hacer?
Dijo y soltó una risa burlona.
Con solo unas palabras, anuló todo lo que había logrado.
Ya no sentía ira, ni celos, ni el colapso de antes. En cambio, me sentía vacía, por él ya no sentía nada, como si mis sentimientos hubieran muerto. Después de todo, esto ya había ocurrido en demasiadas ocasiones.
Al verme en silencio, sin decir nada, Alejandro creyó que había aceptado y suavizó un poco el tono con el que me estaba hablando.
—Irene, ¿de verdad crees que lo que te doy es solo trabajo? Lo hago para entrenarte. Eres mi esposa, deberías tener más sentido de responsabilidad y empuje por la empresa. Deberías aprender un poco más de Sofía. Ayer trabajó hasta las cuatro de la madrugada. Nunca he visto a una chica tan excelente… y tan esforzada.
Sofía sonrió a un costado.
—Yo creo que Irene también es muy buena y talentosa.
Aunque eso es lo que dijo, su tono dejaba entrever cierto desprecio. Alejandro no lo notó y soltó un pequeño suspiro burlón.
—Si ella tuviera aunque sea la mitad de tu talento, hasta soñando me despertaría riendo. No olvides que todos los proyectos de este año los completaste tú.
Los dos se complementaban perfectamente en sus palabras. Yo no dije nada, tampoco tenía ganas de discutir.
Todos los proyectos de este año Sofía me los arrebató de las manos. Y Alejandro lo sabía perfectamente, pero fingía ignorarlo. Solo piensa que, después de cinco años de matrimonio, no me divorciaré por un asunto tan pequeño.
—Bueno. más tarde Sofía y yo tenemos otro compromiso. Hazlo lo antes posible y envíamelo.
Y después de decir eso sin esperar mi respuesta, colgó.
Pero no pasaron ni dos minutos cuando el teléfono vibró, lo miré y vi que Sofía acababa de publicar un nuevo estado.
Ambos estaban sentados a la mesa, frente a una abundante y romántica cena a la luz de las velas. Ella, juguetona, apoyaba la cabeza en el hombro de Alejandro. Delante de ella había una delicada caja de regalo, lo suficientemente pequeña como para contener solo un anillo.
Seguí deslizando la pantalla y vi la publicación de Sofía de la noche anterior, a las cuatro de la madrugada, ella y Alejandro estaban bebiendo a gusto en un bar.
Así que el “esfuerzo” del que hablaba Alejandro… era beber. Y el supuesto compromiso de más tarde, en realidad, era una cita.
Solté una risita burlona, pero no me molesté en confrontarlo. Preguntar no servía de nada, él siempre tenía mil excusas preparadas. Incluso si lograba dejarlo sin palabras, lo que me esperaba no era una disculpa ni arrepentimiento, sino un silencio frío e interminable.
Y cada vez que eso ocurría, era yo quien terminaba buscando la manera de reconciliarme.
Capítulo 3
Ahora que lo pienso, en lugar de perder el tiempo, mejor debería esforzarme un poco y pensar en cómo usarlo para ganar dinero. Después de todo, los sentimientos cambian fácilmente, pero el dinero nunca te traiciona.
Pensando en eso, me fui directamente de la empresa, dando vueltas en mi mente sobre la idea de irme.
Pero justo cuando el auto salió del estacionamiento, sonaron dos notificaciones en mi teléfono. Al abrirlo, apareció un mensaje de pago. Alejandro había vuelto a usar mi tarjeta para gastar otra gran suma de dinero.
Todos piensan que estoy con Alejandro por dinero. Pero la verdad es que mi tarjeta siempre ha estado en sus manos; él decía que su dinero debía invertirse en la empresa, así que todos estos años, nuestros gastos y consumos los cubría mi sueldo y mis ingresos extra.
Yo siempre he pensado que una familia se construye entre dos, y que no tiene sentido contar quién da más o menos, por eso nunca lo he confrontado por el dinero.
Hasta que hace poco descubrí que, aunque mis ingresos eran altos, nunca lograba ahorrar, y a veces ni siquiera alcanzaba a cubrir los gastos. Y sinceramente no pude evitar revisar los detalles de mi estado de cuenta.
Fue entonces que descubrí que Alejandro usaba mi tarjeta con frecuencia para comprarle regalos a Sofía.
Había comprado labiales de edición limitada por cientos de dólares, bolsos de marca por miles, e incluso reservó un hotel cinco estrellas para celebrar el cumpleaños de Sofía con un gasto de más de diez mil dólares.
Mientras tanto, yo llevaba ropa durante dos años sin que él me animara a comprarme algo nuevo; cualquier regalo de más de cien dólares le parecía caro. Con suerte me dejaba una tarjeta de felicitación escrita a mano, diciendo que era para ahorrar dinero pensando en nuestro futuro.
No pude evitar confrontarlo sobre esto. Él se puso serio y, me acusó de no confiar en él, dejó de hablarme y juró que no gastaría ni un centavo más de mi dinero.
Pensando en todo esto, igual lo llamé. Llamé decenas de veces, pero nadie contestó. Viendo esto, no dudé más, fui directo al banco y cancelé la tarjeta.
Y en menos de un minuto después, Alejandro llamó.
—Estaba ocupado, no vi tu llamada, ¿qué pasó? —dijo con aire inocente.
Mi tono era tranquilo.— Ya, no es nada.
—Esta bien. Por cierto, tu tarjeta tuvo un problema y fue bloqueada —dijo.
—Lo sé —respondí. No oculté nada y le confesé.— Fui yo quien la canceló.
—¿Cancelar la tarjeta sin motivo? ¿Qué te pasa? —me respondió.
—Digamos que sí, pero ¿no habías dicho antes que no volverías a usar mi tarjeta?
Alejandro se quedó sin palabras por un momento. Antes, nunca le reprochaba nada por dinero.
Cuando la empresa apenas comenzaba, tuve una enfermedad grave y necesitaba alrededor de unos mil quinientos dólares para la operación. Justo entonces, él, sin decirme, había invertido todo su dinero en un proyecto y lo perdió. Pensando que me enfadaría, se disculpó con los ojos enrojecidos. Pero yo solo lo consolé y le dije que el dinero no era lo importante, que podía usar el mío sin problema.
Pensé que si daba todo mi corazón y mi sinceridad, él también lo haría, y que eso fortalecería nuestra relación. Pero no imaginé que solo lo acostumbraría a actuar descaradamente y sin límites.
Sin embargo, Alejandro no parecía darle demasiadas vueltas. Tras unos segundos de silencio, suspiró. Y aunque no tenía la razón, se mostraba seguro y desafiante.
—Está bien, ya entendí. Aún sigues molesta y me culpas porque no fuimos juntos de luna de miel, ¿verdad? —dijo. Irene, pensé que habías madurado, pero veo que sigues siendo tan rencorosa —replicó él. Te prometo que después de esto dejaré todo el trabajo y me iré contigo de luna de miel, ¿está bien? Esta vez no traje mi tarjeta, ahora ve a desbloquearla, no seas testaruda. La cena de esta noche es muy importante.