Capítulo 2
Yo lo escuchaba como si se tratara de la historia de otra persona. No me provocó la más mínima reacción.
Con los cinco millones de dólares que me dio la madre de Iker, recomencé mi vida en el extranjero.
Elegí una de las mejores escuelas de diseño.
El idioma, la cultura y la carga académica eran desafíos completamente nuevos, pero ya no estaba Iker, a quien debía complacer, ni aquella familia asfixiante de la que había huido.
Solo tenía mis lápices, mis bocetos y una ilusión inmensa por el futuro.
Los años pasaron en un suspiro.
Mis diseños de joyería comenzaron a destacar en importantes semanas de la moda y me valieron varios premios internacionales de prestigio.
Además, como nueva directora creativa de Lumina, fui enviada de regreso para liderar la expansión de la marca en el mercado local.
El primer día después de volver, bajé a almorzar al restaurante de la planta baja del edificio donde estaba la filial.
Entonces, una voz vacilante sonó detrás de mí.
—¿Rebeca? ¿Eres tú?
Me giré y vi a una chica que me resultaba vagamente familiar.
Parecía ser Lorena Prieto, una compañera del colegio.
Ella abrió los ojos de par en par y me recorrió de arriba abajo sin disimular la sorpresa.
—¡Dios mío! ¡De verdad eres tú! ¡Has cambiado muchísimo!
Ya no quedaba nada de la timidez de mis años escolares ni de aquella docilidad obligada de quien vivía tratando de agradar a los demás.
—¡Cuánto tiempo! ¡Qué coincidencia encontrarte aquí! —Lorena parecía entusiasmada—. Justo esta noche tenemos una reunión de excompañeros en el salón privado del piso de arriba de este restaurante. Va a ir muchísima gente. ¡Iker también estará! Tienes que venir. Seguro que más de uno ni siquiera te va a reconocer.
El nombre de Iker me sonó remoto, casi ajeno. Hacía años que ni siquiera cruzaba por mi mente.
Al principio pensé en rechazar la invitación, pero luego decidí que tampoco tenía sentido esquivar ciertas cosas a propósito.
—Está bien.
Pasé todo el día resolviendo asuntos de la filial, sin parar ni un momento.
Cuando recordé la reunión, ya casi era la hora.
No tuve ganas de volver al hotel a cambiarme, así que subí directamente al salón privado del piso superior con la ropa informal que llevaba puesta.
Al abrir la puerta, el bullicio me golpeó de frente.
El salón privado era amplio, y una mesa larga ocupaba el centro, rodeada de excompañeros.
Mi mirada recorrió el lugar por instinto y, casi al instante, se detuvo en el hombre sentado en la cabecera, rodeado de todos como si fuera el centro de la escena.
Había madurado desde aquellos años de colegio. Sus facciones se veían más marcadas, vestía un conjunto casual que se notaba costoso y mantenía esa postura relajada y despreocupada de quien está acostumbrado a ser el foco de atención.
A su lado, pegada a él, había una chica joven y hermosa, de maquillaje impecable y ropa llamativa. No era Alicia.
Al parecer, ya había cambiado de novia otra vez.
Tras un breve silencio, un hombre que ya había bebido demasiado fue el primero en reconocerme.
—¡Iker, mira quién vino! ¡La que se arrastraba por ti!
Ese grito hizo que todo el salón estallara en murmullos y risas.
Todas las miradas se clavaron en mí al mismo tiempo, cargadas de sorpresa, burla y ganas de disfrutar el espectáculo.
Iker levantó la cabeza de golpe. Al verme de pie en la entrada, la expresión relajada y segura que llevaba en el rostro se congeló en un instante, reemplazada por una sorpresa evidente y una emoción mucho más difícil de descifrar.
La chica a su lado notó enseguida su reacción. Se aferró un poco más a su brazo y me miró con una hostilidad apenas disimulada.
Ignoré los murmullos y las miradas.
Caminé directamente hasta el asiento vacío junto a Lorena, me senté con total calma y me serví un vaso de agua.
—Rebeca, cuánto tiempo sin verte.
La primera en hablar fue una excompañera vestida de forma llamativa: Paloma Delgadillo.
—Escuché que al final no fuiste a la universidad. Aunque, bueno, con tu familia, ¿cómo iban a pagar una carrera? ¿A qué te has dedicado todos estos años? No me digas que es verdad eso que cuentan, que terminaste casándote con un viejo. La verdad, viendo lo sencilla que vienes vestida hoy, hasta suena creíble.
Remarcó a propósito lo de casarme con un viejo, haciendo que varias chicas soltaran risitas por lo bajo.
—Pasé varios años en el extranjero. Acabo de volver.
Respondí con indiferencia, sin intención de explicar más.
—Ah, ¿en el extranjero?
Otro chico, Rubén Alcázar, tomó la palabra con una compasión exagerada en la voz.
—Ahora que regresaste, tampoco debe de ser tan fácil salir adelante, ¿no? Allá tal vez te alcanzaba con trabajos… digamos, poco decentes, pero aquí no creo que te sirvan esas mañas. Después de todo, fuimos compañeros. ¿Ya encontraste empleo? ¿O quieres que te ayudemos a conseguir uno?
Capítulo 3
—La empresa de mi tío todavía necesita una asistente administrativa. No piden mucho, con que sepas usar una computadora basta. Aunque el sueldo no sea gran cosa, al menos sería un trabajo decente. Mejor que lo que hacías antes…
Alargó las últimas palabras a propósito, cargándolas de insinuación.
—Sí, sí —Paloma se apresuró a secundarlo con falsa preocupación—. A los hombres extranjeros quizá les atraigan mujeres como tú, pero casi siempre solo las buscan para pasar el rato. Fuimos compañeras durante tantos años. Si estás pasando por dificultades, puedes decirlo. Con tu situación… Ah, me refiero a que no fuiste a la universidad y tampoco parece que tengas mucha ropa presentable. Tal vez te costaría ir a una entrevista. ¿Qué tal si otro día te llevo a comprar un par de conjuntos decentes? Si no te alcanza, puedo prestarte algo. Después de todo, antes eras tan buena estudiante. Es una pena verte acabar así.
Iker seguía sin decir nada. Solo apretó un poco más los dedos alrededor de la copa, mientras sus ojos oscuros permanecían fijos en mí.
La nueva novia que tenía a su lado, Estrella Fregoso, finalmente no pudo contenerse.
Soltó una risa despectiva y se inclinó apenas hacia adelante, mirándome con una condescendencia altiva y un desprecio nada disimulado.
—He oído hablar de ti. Dicen que antes andabas detrás de Iker como una arrastrada. Le hacías las tareas, le pasabas tus apuntes y hasta le justificabas las faltas con los profesores. Debió ser muy agotador.
Hizo una pausa deliberada, disfrutando de las expresiones expectantes de los demás.
—Aunque, al menos tuviste algo de sentido común. Supiste que tú e Iker estaban en mundos completamente distintos, que entre ustedes no había futuro, y te fuiste por tu cuenta. Solo que parece que no te ha ido muy bien, ¿no? Ahora Iker es el heredero del Grupo Díaz. Y yo acabo de hacerme cargo de la marca de ropa de mi familia. Estoy ocupada negociando una colaboración con una firma internacional de diseño de primer nivel. Si estás pasando por apuros, podríamos ayudarte.
Tomé agua con calma.
—No hace falta, gracias.
Estrella me lanzó una mirada de desdén, y su voz rebosó ostentación.
—Tal vez no tienes idea del nivel de contactos que manejo. ¿Has oído hablar de Lumina? Es una nueva marca extranjera de joyería de lujo accesible. Su directora creativa ha ganado varios premios internacionales y se ha hecho un nombre en el extranjero. Es brillante, muy talentosa y además bastante misteriosa. Me costó muchísimo conseguir su contacto. Si acepta diseñar una línea de accesorios en colaboración con nuestra marca, será un bombazo en el mundo de la moda. Para entonces, con mover un dedo, podría conseguirte algo para que al menos tuvieras qué comer.
Los demás estallaron enseguida en exclamaciones y halagos.
—¡Conozco Lumina! ¡Sus diseños tienen muchísimo estilo!
—He oído que esa diseñadora es impresionante. Es dificilísima de impresionar; no cualquiera logra llamar su atención.
—¡Estrella, sí que tienes contactos! Tener acceso a una diseñadora de ese nivel es increíble. Solo alguien así merece estar al lado de Iker.
Estrella alzó la barbilla con satisfacción, disfrutando de toda aquella adulación.
Eso era exactamente lo que buscaba al hablar.
—¿Y cómo se llama esa diseñadora? —preguntó alguien con curiosidad—. Suena increíble.
—También se llama Rebeca.
Estrella siguió deshaciéndose en elogios hacia aquella diseñadora.
—Dicen que es muy joven, pero tiene un talento extraordinario y una posición muy alta en el círculo del diseño. Para una marca pequeña como la nuestra, lograr invitarla no ha sido nada fácil. Pero tengo confianza.
Mientras hablaba, se apoyó con familiaridad en el brazo de Iker.
—¿Verdad, Iker?
Iker respondió con un distraído:
—Ajá.
Su mirada seguía pegada a mi rostro. En sus ojos parecía haber resentimiento, pero no estaba dispuesto a bajar la cabeza ni a decir una palabra más.
Los demás, para seguir ensalzando a Estrella, redoblaron sus burlas contra mí.
Yo solo levanté el vaso y di un pequeño sorbo, sin que mi expresión cambiara en absoluto.
En ese momento, llamaron suavemente a la puerta del salón.
Una chica joven, vestida con traje de oficina y cargando una gruesa pila de documentos, asomó la cabeza con una expresión ansiosa y respetuosa.
—Señorita Fregoso, disculpe. Le traje los documentos urgentes que pidió sobre el proyecto de Lumina. Y respecto a la diseñadora…
Estrella la interrumpió de inmediato.
—¿Qué pasó con ella? ¿Ya respondió? ¿Aceptó reunirse con nosotros para hablar en detalle?
Capítulo 4
Su voz estaba llena de expectativa.
La asistente apretó los documentos contra el pecho y asintió.
—Hoy logré verla en persona. Pero esta noche ya tenía un compromiso, así que aceptó reunirse con usted mañana para hablar de la colaboración.
Al escuchar de boca de su asistente que había conocido personalmente a aquella misteriosa diseñadora y que además ya tenían una cita para el día siguiente, el rostro de Estrella se iluminó al instante con una sonrisa de triunfo.
—¡Perfecto!
Se volvió hacia Iker, con los ojos llenos de orgullo.
—¿Ves? Te dije que lo conseguiría. Mañana voy a cerrar ese trato cueste lo que cueste.
Los compañeros reaccionaron de inmediato con una nueva ola de halagos.
—¡Cuando Estrella se mueve, nada queda fuera de su alcance!
—¡Impresionante! En el futuro tendremos que depender de Estrella para que nos dé una mano.
—¡Iker sí que tiene suerte de haber encontrado a una mujer tan capaz como Estrella!
Entre tanta adulación, la vanidad de Estrella quedó más que satisfecha.
Su mirada se deslizó con ligereza hacia mí, que seguía sentada en silencio en un rincón, y le dijo a su asistente:
—Por cierto, ¿últimamente hay algún puesto básico en la empresa? Algo de limpieza, por ejemplo.
Hizo una pausa y me lanzó una mirada cargada de intención.
—Después de todo, Rebeca ayudó mucho a Iker en el pasado. Escuché que ahora ni siquiera tiene un trabajo decente. Como fuimos compañeras, pensé que podría ayudarla a conseguir algo estable. Sería una forma de echarle una mano.
El salón quedó en silencio por un instante. Después estallaron risas todavía más fuertes y voces de aprobación.
—Ay, Estrella, ¡ni se te ocurra! Ser amable está bien, pero hay gente con la que más vale no meterse. Ni con ella ni con esa familia suya.
—¡Exacto! Ustedes no saben lo que pasó. Cuando desapareció sin decir nada, sus padres fueron al colegio a armar un escándalo. Se tiraron al suelo, lloraron frente a la oficina del director y acusaron al colegio de haber secuestrado a su hija. ¡Hasta llegaron periodistas locales! Aquello fue… uf, una vergüenza total.
—¡Así es! Toda su familia es igual de problemática. Estrella, tu empresa apenas está empezando y está en una etapa clave. ¿Qué harías si los padres de Rebeca se presentaran en tu oficina a armar un escándalo y le exigieran dinero a Rebeca delante de todos?
Al escuchar eso, Estrella puso una expresión de falso espanto.
—¿De verdad? Entonces lo siento mucho, Rebeca. Ya ves, no es que no quiera ayudarte, pero mi empresa apenas está despegando y todavía no tiene una base sólida. No puede permitirse problemas como los tuyos y los de tu familia.
Después de decirlo, se acercó todavía más a Iker, como si estar cerca de mí pudiera contagiarle mala suerte.
Iker solo me miraba. Esta vez, sus labios se movieron ligeramente, como si quisiera decirme algo, pero al final se contuvo con el rostro sombrío.
Todos me observaban con una mezcla de superioridad, desprecio y ganas de presenciar un espectáculo.
No entendía qué necesidad tenía Estrella de seguir humillándome con aquel falso gesto de caridad. Aun así, mantuve la calma y repetí lo que ya había dicho antes.
—Tengo trabajo, gracias.
Estrella suspiró con fingida preocupación.
—Ese trabajito tuyo… si es de esos que imagino, mejor déjalo. Ser joven y bonita puede abrirte ciertas puertas, pero vivir de eso termina pasándote factura.
Todos soltaron carcajadas burlonas.
La asistente, que hasta entonces había permanecido pendiente de Estrella y de los documentos, dirigió por fin la mirada hacia mi rincón. La expresión profesional de su rostro se congeló de golpe.
La gruesa pila de documentos urgentes del proyecto de Lumina que llevaba contra el pecho se le resbaló de las manos.
Cayeron al suelo con estrépito, y las hojas blancas quedaron esparcidas por todas partes.
El salón se sumió de inmediato en un silencio absoluto.
Estrella frunció el ceño, molesta.
—¿Qué haces? ¿Ni siquiera puedes sostener unos papeles?
Pero la asistente ya no escuchaba sus reproches.
Me señaló con el rostro lleno de pánico y soltó, temblando:
—¡Señorita Torres! ¿No dijo que esta noche tenía un compromiso?