Capítulo 2
Vanessa
Aceleré el paso alejándome de ese hombre, con el corazón latiéndome con fuerza. El miedo me tenía atrapada y solo quería encontrar un driver que me llevara a casa cuanto antes. Sentía que él me seguía y, justo cuando iba a sacar el celular para pedir el servicio, una mano me detuvo por el brazo. Me giré bruscamente, con la intención de gritar, pero su mirada intensa me paralizó.
-¿Para qué gritar si nadie hará nada? -murmuró, frunciendo el ceño y clavando sus ojos oscuros en los míos.
Miré a mi alrededor. Gente pasaba, pero nadie se detenía. Era como si fuéramos invisibles.
-¿Qué quiere? -pregunté, nerviosa, intentando mantener la voz firme.
-Llevarte en mi moto.
Lo miré incrédula y molesta. Intenté soltarme, pero volvió a sujetarme, esta vez con más firmeza, y me guió hacia una imponente motocicleta negra, como sacada de una película de acción. Mi instinto me gritaba que saliera corriendo, pero algo en él, quizás su seguridad o el tono autoritario de su voz, me mantenía clavada en el lugar.
-Súbete. Voy a llevarte a tu casa. ¿De verdad crees que algún driver o taxi se va a detener por ti a esta hora? -dijo con tono desafiante.
-No me iré con usted, no lo conozco.
-Cállate y obedece. No me gusta que una mujer rechace lo que digo. Aunque... creo que eres la primera a la que le pido esto.
-¿A qué se refiere?
-A que me quedé esperándote dos horas - afirmo, cruzando los brazos con molestia-. Dos horas de mi valioso tiempo para llevarte sana y salva. ¿Y tú sigues dudando?
-No entiendo nada de lo que está hablando -respondí, dando un paso atrás, pero él volvió a acortar la distancia.
-No estoy aquí para hacerte daño. Solo quiero ayudarte. Sube de una vez, no me hagas perder más tiempo -gruñó. Su voz retumbó en mi pecho y por un segundo sentí miedo, pero también curiosidad. ¿Quién era este hombre?
Finalmente, resignada y temblando, asentí levemente. Él se subió primero y luego, con cierta dificultad, me subí detrás de él. Me ofreció un casco. Me lo puse obediente. Luego me sujeté de su cintura, aunque mis manos eran tan pequeñas que apenas podía rodearlo.
-Sujétate fuerte -gritó antes de arrancar la moto.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. El viento helado golpeaba mi rostro con fuerza mientras la moto avanzaba veloz por la carretera. Me acerqué más a él, apretando mis manos con fuerza contra su abdomen firme y musculoso. Rogué en silencio que me llevara sana a casa. No sabía quién era ni qué buscaba, pero por alguna razón, le creí, quizá solo de verdad trabaja de ayudarme. Pero se nota que es algún riquillo con aspecto de delincuente que frecuenta el casino.
-Estoy en la avenida quinta, cerca del parque... -le dije casi gritando por el ruido del viento.
-No te preocupes. Yo te llevo -respondió con seguridad.
El frío se volvió insoportable, calando en mis huesos. De pronto, detuvo la moto al borde de la carretera.
-¿Qué hace? ¿Por qué se detiene? -pregunté asustada.
-Cállate -vociferó, mirándome con molestia.
Se quitó el chaleco de cuero y, sin decir más, me lo colocó sobre los hombros.
-Ya no tendrás frío. Estás tiritando. Flaca como estás, no aguantas este clima. Ahora sí... vamos.
Volvió a arrancar y me sujeté con fuerza. Finalmente, al ver que tomaba la ruta correcta hacia mi casa, me sentí un poco más tranquila.
Entramos a mi calle.
-¿Dónde vives?
-Allí -señalé con un gesto, aún desconfiada.
-Gracias, desconocido -murmuré.
-Me llamo Dorian. Dorian Meissner -respondió, sonriendo de lado.
-Gracias, señor Dorian Meissner.
-Para ti, soy solo Dorian -corrigió.
-¿Qué le pasa a usted? -respondí molesta.
-Por lo menos di gracias por el aventón.
-No se lo pedí señor.
-Gracias por dejar que te llevara, Vanessa -dijo, burlón-. ¿Puedo pasar?
-No. No se puede -respondí de inmediato. ¿Pero cómo sabe mi nombre?
-¿Por qué no puedo pasar? Y tú nombre, lo escuché en el casino.
-Eso suena rara y no puede entrar ya es muy tarde-contesté, cada vez más molesta.
Se bajó de la moto y guardó las llaves en su bolsillo.
-¿Qué le parece si al menos me regalas un vaso de agua? Después de todo, te traje con bien.
Bufé, rodando los ojos, pero asentí. Entré a casa y él vino detrás. Rápidamente agarré un cuchillo de la cocina y lo apunté.
-Aunque me apuntes con eso, no te haré daño -dijo con calma-. Si quisiera, ya lo habría hecho.
Se levantó la camiseta y me mostró lo que llevaba: una pistola y una navaja enfundada.
-¿Es usted mafioso? ¿Un ladrón?
-¿Tú crees que un ladrón se vestiría así? -respondió señalando su ropa elegante, los anillos de oro y un reloj que parecía costar más que mi casa entera.
Le serví el vaso de agua, aún desconfiando.
-Vives mal -comentó mirando alrededor-. Deberías desear una vida mejor.
-Prefiero vivir tranquila. Nunca tendré riqueza.
-¿Y quién dice que no se puede tener ambas? -preguntó, alzando una ceja.
-¿A qué se refiere?
-¿Con quién vives?
-Buenas noches -dijo de pronto la voz de mi padre, que salió con su bastón en mano.
-¿Padre, que haces despierto esta hora?
-¿Hija? ¿Quién trajiste? ¿Tu novio?
-No, papá -respondí, avergonzada-. Solo es un driver.
-¿Un driver tan elegante?
-Solo me pidió agua.
-Buenas noches, señor, debo irme - Mencionó entregandome el vaso.
-Gracias por traer a mi hija.
-No es nada, señor. Buenas noches... Rosabella.
Otra vez con ese nombre. Me incomodó. Me miró, guiñó un ojo y salió por la puerta.
-¿Quién era ese hombre? -insistió mi padre.
-Un conocido. No quiero hablar de eso ahora, por favor ya es tarde, deberías estar dormido.
Mi padre asintió y yo solo cerré con seguridad.
Subí a mi cuarto, cerré la puerta y me asomé por la ventana. Ahí estaba él. Aún me observaba. ¿Por qué? ¿Qué quería realmente? ¿Por qué me había estado esperando en el casino, que buscara en mi?
Demasiadas preguntas se agolpaban en mi mente. Y ninguna respuesta a la vista. Solo una extraña sensación... solo espero que ese desconocido no quiera seguir fastiandome.
Capítulo 3
Dorian
Cuando llego a casa, lo primero que me recibe no es el silencio, tampoco el frío ni la oscuridad. No. Es él.
-¿Quién más podría estar tan feliz de verme a las tres de la mañana como tú, eh, Nox? - vociferó con sarcasmo mientras me agacho a acariciarlo.
Mi perro, un doberman negro como la maldita noche, se abalanza sobre mí moviendo la cola. Le puse Nox por simple ironía, por cómo todos creen que soy el diablo de la noche encarnado. Qué dramáticos. Yo solo hago lo que muchos no se atreven: tomar lo que quiero y destruir lo que estorba. Nada más.
Entro a casa. Mi madre no está en la sala como de costumbre. Raro. Siempre espera despierta, a pesar de mis miles de veces diciéndole que deje de hacerlo. Ya no soy el niño que necesitaba su protección. Ese mocoso murió hace años, el día que aprendí que la compasión no sirve de escudo.
Soy un hombre. Un cabrón hecho y derecho. Capaz de todo. Cruel, calculador y sin miedo.
Bueno... sólo le temo a uno: el de allá arriba. Dios.
Sí, soy un mafioso, lleno de pecados y monstruosidades, pero la fe... esa no la pierdo. Porque cuando el infierno se desate, más me vale tener una carta bajo la manga.
Subo a mi habitación. Me quito la camisa, dejo los zapatos tirados y me meto a la ducha. El agua fría cae sobre mí, como si intentara apagar el fuego que esa mujer ha encendido en mi cabeza.
Ella.
Esos ojos... ese cabello oscuro que me recuerda al lado más adictivo de la noche.
Maldita sea. No puedo sacarla de mi cabeza.
Y no, no me importa que me haya rechazado.
¿Desde cuándo el "no" de una mujer me ha detenido?
Cuando quiero algo, lo consigo. A como dé lugar.
Escuché que tiene novio. Daniel Carballo.
Un imbécil de cuarta que se cree hombre por manejar un club barato y jugar a ser importante. Pero eso, ella no lo sabe del todo, el idiota también trabaja en mi club y maneja el suyo a clandestina.
Si cree que puede cuidarla...
Bueno, que se prepare para perderla. Porque cuando Dorian Meissner pone los ojos en algo, lo arranca de raíz. Con o sin espinas.
Salgo de la ducha, me envuelvo con una toalla y camino a mi pequeña sala personal. Sirvo un coñac, agarro un caramelo de goma y lo mastico como si fuera la calma que precede a la tormenta. Me dejo caer en mi silla giratoria y miro el techo.
-Vanessa Karisa Logan -susurro con media sonrisa. Qué nombre tan delicioso. Tan único como ella.
Esa mujer entró por mis ojos y ahora no puedo, ni quiero, sacarla.
Mañana por la noche haré mi jugada. Y la voy a conquistar. A mi manera.
Si tengo que jugar sucio, lo haré.
Porque cuando quiero una rosa, no me importan las espinas. Las arranco, una por una.
Me lanzo a la cama con esa imagen en la mente. Es tiempo de descansar. Se vienen días interesantes.
🌹🌹🌹
Ya estoy en una de mis tantas empresas. Esta, en particular, es donde manejo las carreras clandestinas de motocicletas.
Los que corren bien, se llevan mucho dinero. Los que no... bueno, que se preparen para besar el pavimento.
También tengo empresas de autos, bares, clubes nocturnos y casinos.
Ah, los casinos...
Aún nadie sabe que soy el verdadero dueño de los más importantes del país.
Y así quiero que siga.
Prefiero trabajar en las sombras, dejar que los idiotas crean que mandan. Así descubro a los traidores.
Y los traidores, no tienen segundas oportunidades.
La traición, para mí, se paga con sangre.
Mis hombres están tomando fotos de las motos, las piezas nuevas, todo lo que se necesita para la próxima carrera ilegal. Los demás del grupo Los centellas harán su entrada este fin de semana y mi cuadrilla los Shadow Races seremos los ganadores y ganaremos muchos dolares.
Un poco de dinero a los oficiales de la zona, y asunto resuelto.
Aquí no hay obstáculos. Solo billetes malgastados y adrenalina.
Termino de firmar unos papeles, autorizo la salida de motos a algunos corredores, y bajo al vestíbulo.
Salgo al estacionamiento privado, donde mi más reciente adquisición me espera:
un Lamborghini Revuelto 2025 pintura negra mate, vidrios polarizados, motor rugiente como un león enjaulado.
Hermoso. Letal. Como yo.
Subo, prendo el motor, y antes de avanzar, mi teléfono suena.
El dective más rápido me esta llamando.
-Dígame.
-Señor Meissner, ya tengo la información de la muchacha.
-Habla.
-Trabaja en un cafetín en Las Brisas. Su nombre completo es Vanessa Karisa Logan. Su madre falleció hace dos años, su padre está enfermo, y efectivamente, Daniel Carballo es su pareja. Él le consiguió trabajo en el casino Meissner.
-¿Edad?
-Aproximadamente veinte años.
-Interesante... ¿Y del otro asunto que te pedí?
-Ningún rastro del hombre. Seguimos buscando.
-Perfecto. Manda la dirección del cafetín a mi WhatsApp.
-Ya mismo, señor Meissner.
-Muy bien.
Cuelgo la llamada.
Y sonrío.
-Mi Rosabella... -susurro con voz grave-. Voy a hacerte una pequeña visita.
Acelero el Lamborghini, dejando atrás mi empresa mientras el rugido del motor avisa que el cazador ha salido.
Mi objetivo ahora tiene nombre y apellido.
Vanessa Logan.
Y cuando yo decido que algo es mío...
No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda detenerme.