Capítulo 2
Levantarme de la cama me costaba más que cualquier cosa. Estaba mirando el techo, con millones de prendas tiradas en el piso. Había hecho una búsqueda concienzuda de ropa que no usaría, la donaría a los más necesitados y me encargaría de ir al local. Trabajar no era de mi agrado, nunca lo había hecho, no había un reloj que me indicara que haría hoy, mañana o en su defecto, en unas horas.
Me levanté para recoger la ropa del piso y me acerqué al ordenador, algunos mensajes de Facebook entraron a mi bandeja. No los revisaría ahora, me daba pereza sentarme y contestar cada uno de ellos. Originalmente solía estar más en Instagram, me gustaba como se veía estéticamente, las cosas que podía hacer y subir vídeos míos haciendo cualquier tontería, incluso mis momentos de ceguera los subía allí. Opté por usar un pantalón negro alto, con una camisa del mismo color, el delantal que Thomas me daría se podía combinar fácilmente con este traje.
—Stella—sonrió María—He preparado huevos con frituras, más tarde vendré a preparar el almuerzo. Si necesitas algo me llamas.
—Gracias—asentí lavando mis manos—Espero no quemar la casa.
—Confió en qué no lo harás—río.
María era mi empleada, venía en la mañana a preparar mi desayuno y luego se iba para atender a su hijo, su edad estaba entre los treinta, no recordaba con exactitud cuando fue la primera vez que la vi, pero se que desde siempre tuvo buena mano para la cocina. En las tardes, cuando prepara el almuerzo, me deja lista la cena, de esa forma no tiene que venir. A veces sentía que dependía mucho de las personas, una gran mayoría de las acciones hogareñas no las realizaba yo, tenía empleados para limpiar, cocinar y fumigar.
Los vecinos decían que era la rica del vecindario, muchos suelen rumorear que estaré en la ruina después, no obstante, es poco probable, la cantidad de dinero que mis padres manejan es gigante y eso me permite vivir bien. Tomé mi cartera para salir al trabajo y me puse mis lentes de sol, siempre me ha gustado. Algunos anuncios se la pasan por las calles. Aquí en Milán, aman a Mr. Aron Blake, parece que incluso desean ser su ex esposa, no me quejó, ni tampoco las discrimino, el empresario es atractivo, tiene mucho dinero, parece gentil en las entrevistas y a veces habla de lo mucho que le costó adaptarse a la vida sin ella.
Todos conocen su historia, un joven sin dinero que perdió a su madre, conoció a una fotógrafa y se enamoraron ¿Qué sucedió después? Nadie lo sabe, algunos dicen que el sufría de ira, otros piensan que el la golpeaba y los más simples pensaban que Aron engañó a Eleanor. Fue una pena cuando se divorciaron, sin embargo, ya después de unos años, la chica se casó con un pintor, Aron siguió con su empresa y poco después se hizo novio de una modelo hermosa. Recuerdo una entrevista que dio dónde anuncio lo siguiente: “Amo a Elena, estuvo ahí en el momento correcto, sin embargo, Eleanor formará siempre parte de mi corazón”. Los fans se volvieron locos, fue tendencia en Twitter durante un tiempo, fue lindo, admirable y dio mucho de que hablar.
Llegué al local y abrí la puerta, algunas personas ya estaban sentadas en las mesas, sonaba música clásica y Alfred me sonrió cuando entré.
—El Sr. Maverick está en la cocina, el delantal negro está allí—señaló a un lado. Caminé por el lado interno del mostrador y agarré el delantal, era blanco, con un pequeño bolsillo negro—Ahora deberías irte adentro.
Asentí. La cocina no era mi lugar favorito, hubiera preferido quedarme en la caja y no aportar nada a la cocina, pero fue imposible, ese lindo lugar ya lo ocupaba Alfred, su cabello rizado tenía gelatina, llevaba siempre una ropa negra como la mía y le sonreía a cada cliente que llegaba.
«Yo debía estar ahí». Caminé para entrar a la cocina y tropecé con una pequeña roca que sostenía la puerta, mis rodillas cayeron contra el piso, mis manos se rasparon y mi pequeño delantal tuvo un agujero. Odiaba cuando sucedía esto, todos estaban viéndome, tenía vergüenza de mi misma. Algún día mi torpeza podría llevarme a la ruina.
—Estoy bien—Le dije a Alfred cuando se acercó para ayudarme. Pasé mis manos por mis piernas y acomodé mi cabello.
—Lamento el escándalo—mencioné entrando a la cocina.
—No te preocupes, espero que no vuelva a suceder.
—No puedo prometer eso, la mayor parte del día me la paso en el suelo. Recuerdo que una vez estaba en una piscina y me resbalé, todo el helado que tenía quedó en mi cabeza—señalé con una sonrisa.
Thomas sonrió de lado y alzó su rostro—Eres muy torpe Sra. Stone.
—Más de lo que deseo. ¿Qué debo hacer?
—Agarra la harina, aceite, mantequilla derretida y los demás ingredientes para hacer donas. Las porciones de hoy se están acabando.
—No sé cuáles son los demás ingredientes—forcé una sonrisa sincera.
—Levadura, leche, azúcar y por último agarra el huevo que está en las estanterías.
—Listo, puedo ir lavando los trastes. Así limpiamos el área.
—Vale.
Pasar toda la mañana en la cocina me gustó más de lo que creí, hicimos donas, pasteles y algunos dulces que encontramos en Internet. Ver cómo Thomas se desenvolvía en la cocina me enseñó dos cosas importantes, la primera es que con pasión todo sale bien, la segunda es que todo se estudia, desde hacer cursos cocina, hasta aprenderse cada receta de memoria. Durante el tiempo que estuvimos preparando donas, me contó un poco de lo que ha hecho en su vida.
Thomas Maverick, ha hecho más de veinte cursos de cocina, se ha leído libros para saber manejar cada instrumento con mayor destreza, me impresiona lo mucho que ha trabajado por lo que tiene, nunca ha dejado de estudiar, suele practicar a diario y se centra en postres que le parezcan lindos y estéticos. Cuando finalizó la jornada, lo ayudé a limpiar, sentí que el tenía todo un futuro por delante, en cambio, yo solo era la chica que había vivido de sus padres, que estudió, nunca trabajo y puede pagarse todo sin mover un dedo.
Mis expresiones faciales son mi peor enemigo, siempre me delatan cuando algo me ha hecho sentir mal, cuando me estoy comiendo la cabeza y necesito expulsarlo.
—¿Sucede algo?
—Solo me siento un poco mal—respondí sincera.
—Lamento si dije algo que te incómodo—Thomas se sentó en el mesón de la cocina, tomó mis manos y las puso en su corazón—Esta latiendo, significa que sigo vivo.
—Yo también sigo viva—reí nerviosa—Todos seguimos vivos aquí Thomas ¿No vez? Estoy soltando babosadas.
—Lo haces—soltó una carcajada—Me refiero Stella, a qué parece que vives con una tormenta en la cabeza. Sigues viva—soltó mis manos—Disfrútalo.
—¿Dónde está mi italiano favorito?
—Aquí estoy—contestó—¿Ya cerraste?
Asintió—Me sorprende la cantidad de gente que vino hoy, algunos dijeron que la chica nueva era linda.
Ambos me miraron.
—¿Yo?—solté una risita—Nada que ver.
—Eres atractiva Stel, podríamos ponerte de mesera, yo sigo en la cocina y así quizás venga más gente.
—Una estrategia de marketing—apuntó Alfred.
—¿Tendría que usar algún traje?
—Solo un vestido de mesera—Dijo Thomas
—Como si fuera un café temático.
—Claro—susurré—Yo mandaré a hacer el vestido, buscaré un diseñador que me guste y me encargaré de la decoración.
—¿Estás segura? Podemos darte dinero de la tienda. Luego lo recuperamos.
Negué—Yo puedo resolverlo, tengo ahorros.
—Es caro Stel—comentó Thomas—No quiero que gastes todo tu dinero.
—Puedo hacerlo—aseguré—Haré que todo salga bien.
—Yo me iré a casa, debo atender a mi hermano menor. Nos vemos—besó mi mejilla, abrazo a mi jefe y salió del local con una sonrisa.
Alfred era lindo, su cabello rizado, sus brazos fornidos y esa cara angelical que tenía podía conquistar a cualquier persona. Tomé mi bolso y agarré las llaves de casa, mi jefe no dijo nada, solo me miró y salí por la puerta.
El primer día de trabajo fue bueno, la pasé bien con Thomas, disfruté estar en el local y me divertía con los chistes sin sentido de ellos. En la tarde cuando me tocó reunirme con mis amigos, me llevé todo lo que necesitaría, mis medidas, los contactos anotados en un papel y una larga lista de pendientes. Walter ha estado flechado por mi desde hace un tiempo, lo sé por la forma en la que me mira, en ocasiones lo he agarrado observando mis ojos, las facciones de mi cara y esos pequeños detalles que nunca me han interesado.
Abrí la puerta de la casa de Alexander y todos estaban sentados en el suelo, los Doritos que habían ya se estaban extinguidos.
—¡Stella llegaste!—sonrió Clara—¿Cómo te fue en tu primer día?
—Fue perfecto, aunque me siento cansada
—Eres como Sakura no haces nada y aún así te cansas.
—¿Qué? —puse una mueca
—Nada Stel, que eres idiota.
—Alexander creo que el idiota es otro —sonrió Walter fumando.
—Fue suficiente—masculló Clara —Stel, debes contarme todo lo que sucedió.
—No fue nada—reí—Solo lo ayudé a cocinar.
—Mañana podemos ir a una piscina —comentó Walter
—Debo trabajar
—¿Le tienes miedo a tu jefe? —su rostro estaba tan cerca de mí que sentí un escalofrío. Sabía cómo era él, siempre había sido considerado el Bad boy del grupo, las chicas morían por Walter y el moría por mi.
—Deberías dejar de molestar a Stella, algún día va a golpear tu lindo rostro.
—Me halaga que pienses que mi rostro es lindo—respondió con una sonrisa burlona, se alejó de mí y tiró el cigarro.
—Puedes venir después del trabajo, eso va a servir—anunció Clara.
Asentí aún nerviosa. Mi mente no asimilaba a Walter, me parecía un chico atractivo, sus tatuajes llamaban mi atención, quería ser alguien para él, pero mi interés romántico se iba a otro lado. Thomas era el estereotipo de chico que me atraía, divertido, lindo, amable y cariñoso.
Me tiré en el mueble de la sala y observé el techo ¿Por qué estaba pensando en mi Jefe como algo más? No deseaba eso, no ahora que estaba bien conmigo misma. Hace un tiempo pasé por una etapa en la que no quería saber nada de mí, de mi mente, de mis problemas y menos de la relación tóxica que sufrí. Planifique en mi mente lo que haría mañana, ir a trabajar, ponerme el vestido, salir con los chicos y ayudar a Thomas con lo necesario.
Quería que el local surgiera, pensé que quizás un evento ayudaría. Podríamos organizar una fiesta, dar algunos pasteles gratis, poner música a todo volumen y ofrecerles la mejor atención a los clientes. Ser un chef reconocido es lo que Thomas quiere, si le ayudo se que podría conseguirlo, estaba lista para encargarme de esta aventura. Quizás, todo salga como lo planeó. Es increíble ¿No? Como un día no sabes que hacer con todo el dinero y al siguiente solo deseas que alguien más cumpla sus sueños, no por interés romántico, sino porque sabes cuánto se a esforzado y lo mucho que se lo merece. Incluso más que yo, incluso más que esas personas que ganan fama a través de malas acciones.
Hoy estaba dispuesta a donar parte de mi.
Capítulo 3
Había servido más de veinte platos está mañana, a las personas les pareció curioso mi traje. Entonces, por consecuencia el local empezó a llenarse de gente, hombres venían con sus esposas, hijos y amigos. Algunos chicos de mi edad se me quedaban viendo y golpeaban el hombro de sus amigos, me sentía avergonzada, no quería pensar que por usar esto iban a sexualizarme.
Caminé con lentitud hasta la cocina y cerré la puerta apoyando mis brazos de ella.
—Estoy cansada
—No más que yo —sonrió Thomas poniendo su mano izquierda en la mesa.
—¿Es la primera vez que viene tanta gente?
Asintió—. Creo que los hombres piensan que tú traje es sexy.
—Los hombros son unos tontos —mascullé—. ¡Un chico ha intentado tocarme el culo!
—¿Cuál?
—Uno de cabello —me corté cuando soltó una carcajada y entendí. El se refería a que no tenía nada de trasero, mis mejillas se sonrojaron, tape mi cara y corrí para darle un pequeño empujón en el brazo—. Los jefes no deberían bromear.
—Tienes mi edad, eres divertida y Alfred piensa que eres linda. Eso hace que sea menos incómodo. Nunca quise tratar a mis empleados como si fuera superior a ellos.
—¿Por qué?
—No me hubiera gustado que a mí tratan así —acoto—. Es mejor como estamos ¿No crees? O prefieres que te grité y te eche cuando cometas tu primer error.
—Para nada —agrande los ojos—. Así estamos perfecto.
—Lo sé
Se giró para seguir atendiendo la cocina y le eché un vistazo al local. Alfred hablaba con una chica, tenía el cabello largo, pecas y cejas delgadas. Era atractiva, me preguntó si será algún familiar de él.
En mis pensamientos me parecía a la cenicienta, con todo los platos que lavar, arreglar y cuidar, no quería ni imaginar lo que María sufría conmigo cada vez que le dejaba todo el trabajo a ella. Mis padres decían que era una exagerada, nunca había hecho nada por mi vida, sin embargo, siempre sentía que era algún tipo de empleada con todo el trabajo por hacer. Me gustaría cambiar ese lado de mi, dejar de ser tan dependiente y empezar a organizar mi vida. No quería seguir viviendo de mis empleados, tampoco quería que Thomas pensara que solo era una niña mimada y por eso no podía seguirles el ritmo.
Seguía parada en medio de la cocina con la mente en otro lugar, entendía que ya no podía seguir viviendo cómoda. Esta era mi nueva vida, trabajar, salir, y encargarme de no parecer que olvidé a todos «Los trabajos me hacen creer que debí nacer en otro mundo»
—Thomas ¿Debería salir?
—Es obvio Stel, necesito que lleves estos pedidos, luego regresas lavas los trastes y le dices a Alfred que cierre el local.
—Esta hablando con una chica—anuncié
Se asomó por la puerta y negó
—Es su novia. Quizás sea importante, espera a que se alejen.
—Entendido, iré a hacer lo que me pediste.
Asintió. Sus órdenes nunca habían sido complejas. En realidad, la mayor parte del tiempo terminamos temprano, cerramos y cada quien va a su casa. Las cosas funcionaban así con Thomas. Había accedido a trabajar por lo atractivo que me pareció en primera instancia, ahora solo puedo verlo como mi jefe, un chico joven que sueña con tener éxito y convertirse en alguien importante. Al terminar todas mis tareas, decirle a Alfred que cerrará y limpiar todo. Me senté en una de las mesas, tenía varias llamadas perdidas de Walter, cuyo mensaje final fue «Vete a la mierda».
Se había hecho demasiado tarde para ir a la piscina. Todos debían estar enfadados conmigo. Tenían razón, trabajar iba a separarme de ellos. Negué con la cabeza y despejé esos pensamientos ¿Cómo podía decir eso? Parecía que dependía de ellos, el hecho de que trabajará no significaba nada, con organización podía estar en ambas partes, les mandé un mensaje de disculpa y me acerqué a Alfred con una enorme sonrisa.
—Mañana deberás atender a un chico que hará remodelaciones.
—¿A qué te refieres?
—Haremos el local más grande, ya le he enviado un mensaje y el modelo.
—Thomas no ha dicho nada—comentó dejando su delantal—No haré nada que el no me diga.
—Es una sorpresa—susurré—No se lo digas Alfred.
—Va a enfadarse.
—Quiero hacer esto por el, haremos un nuevo evento.
—No lo hagas Stella. Thomas ha trabajo duro por lo que tiene, no arruines esto. Es tu jefe, si necesitas el dinero solo cállate y presta atención.
—Genial —rodé los ojos—. Gracias por tu ayuda.
Su respuesta me dejó un mal sabor en la boca. No había dicho nada malo, quería ayudar y el solo me hacía sentir mal. Agarré uno de los vasos de vidrio y caminé hasta la cocina, una especie de roca estaba en el suelo y tropecé. El vaso salió volando, callo justo al lado de la basura y los vidrios rodaron por la estancia.
Mi torpeza no tenía límites.
—¿Estás bien?—preguntó Alfred preocupado. Me levanté sin decir nada y le pasé por un lado.
Salir del local fue la solución a mi mala actitud. ¿Estaba bien ser así de caprichosa? Lo dudaba, pero nunca cambiaría lo que soy por agradarle a alguien más. Ciertas mujeres cambian lo que son por estar con un hombre, ciertos hombres esconden lo que son por estar con alguien de alto estatus. En conclusión, ser tu mismo nunca parece una opción en la sociedad actual.
Mi fecha de cumpleaños se aproximaba, mi tía me organizaría una fiesta y se encargaría de traer al mejor diseñador de modas. Ella ha optado por Aron Blake, el millonario que le he mencionado con anterioridad. No he hablado de ello con Clara. Estoy segura que va a emocionarse, incluso yo lo estaba, conocer a alguien así, siempre era impactante. Me sentía patética por haber salido del trabajo y no avisarle a Thomas, mis mensajes no le llegaban y la culpa empezaba a recorrerme.
A las cuatro de la tarde estaba sentada en casa, con una taza de helado. Mi jefe marco a mi número y me indicó que estaba mal salir así del trabajo, que debía avisar, que todo eso había sidó una tontería y que caerse era normal. Un rubor se extendió por mis mejillas y le asegure que no sucedería de nuevo, que no pensé bien las cosas y había sidó un comportamiento infantil de mi parte.
—Hola—dijo Walter cuando abrí la puerta. Estaba en pijamas y el chico frente a mí me veía con una sonrisa.
—¿Qué haces aquí? Estoy ocupada.
—¿Comiendo helados?
—Es mejor pasatiempo del que crees—me encogí de hombros.
—Vine para decirte que dejes el trabajo. Es irónico Stel, vives bien. No necesitas esa basura.
—Estoy bien con mi trabajo—aseguré—A pesar de vivir bien, quiero ganar mi propio dinero.
—No harás nada con él—rodó los ojos. Agarró una manzana y se sentó en el mueble de cuero que tanto amaba—Te conozco.
—Esto es una tontería.
—¿Qué importa un repostero? Deberías salir con nosotros, hoy me hiciste falta. El solo es alguien de bajo nivel, no está a tu alcance.
—¿Y tu sí? Solo vives follando con cualquiera Walter, si vas a venir a denigrar mi trabajo, puedes irte—Le abrí la puerta y su mirada se endureció. Le había molestado lo que dije.
La respuesta que me dio me hizo enfadar. No podía creer que juzgará a alguien por cuánto dinero tenía. Thomas Maverick era guapo, podría estar con él fácilmente, incluso me atrevía a decir que enamorarlo no estaría mal. Su personalidad me atraía y si hacía cosas que le gustaran, quizás algo podría surgir entre nosotros dos.
De jefe a empleada ¿Eh?. Si Eleanor logro casarse con un millonario arrogante, yo podría conquistar al buenorro de la cafetería. Me comí mi helado y le envié un mensaje a Thomas para salir está misma tarde. Su respuesta llegó rápido y aunque me negó la salida, me propuse insistirle un poco.
—No puedo creer que estemos aquí—comentó viendo lo que tenía delante de él.
Después de media hora rogándole, accedió a salir conmigo. Estábamos en un pequeño picnic organizado por mí y le prepare tres dulces que le gustaban. No sabía cómo habían quedado, pero esperaba no haber arruinado las recetas.
Cuando introdujo el primer bocado a su boca, puse una mueca, no de desagrado. Pero si una que demostraba mi miedo.
—Ha quedado genial—halago con una sonrisa—Siento que es poco profesional estar aquí contigo—comentó
—¿Te parece inadecuado?
—Eres mi empleada—murmuró viendo el suelo—No pienso que sea profesional de mi parte, se siente como una cita. Y ni siquiera te conozco bien—rió con sarcasmo.
—Esta bien Thomas. Es una salida de amigos, aparte yo fui quien te pidió empleo.
—Tienes razón, pero seguimos estando en la misma situación.
—Podemos irnos—respondí con desgano. No quería que todo acabará aquí, no habíamos pasado ni una hora juntos, nunca podía encontrar a alguien que realmente quisiera pasar tiempo conmigo.
Mis parejas anteriores encontraban millones de excusas para huir de mí. Mi suerte en el amor era nula, no existía. Sin embargo, el agarró mi brazo y sonrió.
—Seamos amigo Stel.
—¿Lo dices enserio?
—Totalmente—aseguró comiendo helado—Da igual que seas mi empleada.
—Grandioso, pensé que tendría que huir. Quizás podrían llevarme algunos marcianos, así evitaba la pena que pasaría al decirte que esto lo preparé antes de enviarte un mensaje—Tape mi boca al darme cuenta de lo que había soltado, mis mejillas se encendieron y Thomas soltó una risita.
—Eres torpe
—Sin duda, debería callarme.
—Deberías seguir hablando, no me incómoda.
—A mi sí
—Bueno ¿Qué haces en tus ratos libres?
—Me quedó en la piscina, o sino observó a las personas pasar por mi casa.
—La segunda opción suena interesante—respondió irónico—Yo prefiero pasar mi día en la cocina.
—Había olvidado decirte algo, me tomé la molestia de auto contratarme como tú manager—confesé—Te he inscrito en un concurso.
—¿Qué?—espetó—Soy muy joven Stella, nadie va a aceptarlo.
—Eres mayor de edad—rodé los ojos—No importa que seas joven, estás preparado y puedes hacerlo. Deberías tener más confianza en ti mismo.
—La tengo—asintió—¿Qué concurso es?
—No recuerdo el nombre—susurré—Pero te enviaré el correo donde te aceptaron, deberás llevar a una asistente de cocina. Podría ser Alfred.
—El no sabe nada de esto, no podría llevarlo a él.
—¿Puedo ir yo? Ambos aprenderemos.
—Debo pensarlo—anunció.
¿Qué estaba haciendo? ¿Alguien me lo explica? Siento que estaba dando mi disposición para cosas que no debería, empezaba a pensar en cada una de las tonterías que había dicho el día de hoy. Mi mente iba a estallar, no estaba dispuesta a seguir por este camino, ir a un concurso, viajar con el, quedarme con el unos días. Todo parecía muy absurdo.
—Creo que tienes razón—Hable de repente—Tal vez sea muy pronto para hacer esto.
—Lo sé—susurró viendo el suelo—Deberíamos dejarlo para otra ocasión.
—Yo…Debemos hacerlo por esta vez, luego nos encargamos de lo demás.
—¿Segura?
Asentí sonriendo.
«Eso Stel, finge que sabes cocinar, finge que puedes ser asistente de un repostero»
—Perfecto, gracias por esto. No me arrepiento de que llegarás a mi.
—Ese día me sentí una acosadora.
Rió—También pensé lo mismo Stella Stone.
—Fue una locura de mi parte, lamento mi demencia.
—Ni que lo digas
La tarde transcurrió tranquila, nos contamos chistes, pasamos unas hojas de ensayo sobre cómo diríamos nuestra presentación y relatamos varias historias de nuestra vida.
El día de hoy fue un desastre, tuve tantos pensamientos contradictorios que aún no se con cual quedarme. «Ayudar a Thomas o no hacerlo» «Intentar ligar a Thomas o no hacerlo»
Debía organizar mi vida ¿No lo creen?