Capítulo 1

Tras morir, desperté dentro de un juego de conquista amorosa. El sistema me asignó tres objetivos de conquista.

Si seguía las instrucciones del sistema y lograba conquistar a cualquiera de ellos, podría volver a mi mundo original y revivir.

A partir de mi experiencia, preparé para cada uno una ruta de conquista impecable. Sin embargo, creí que no había logrado conquistar a ninguno.

Porque, a mis ojos, todos habían terminado atraídos por la protagonista de ese mundo, la protegida de todos.

Los vi decirme cosas cada vez más crueles, como si quisieran verme muerta cuanto antes.

Y tal como ellos querían, cuando fallé la misión, el sistema me eliminó.

Pero cuando me vieron morir, todos se arrepintieron.

Y rogaron al cielo que me devolviera a su lado.

[Usuaria, según la evaluación del sistema, su misión ha fracasado. Al no haber logrado conquistar a ninguno de los objetivos, el sistema procederá a eliminarla de inmediato.]

Las palabras del sistema me devolvieron a la realidad mientras, oculta entre las sombras, observaba la boda.

Dentro del salón, Víctor Sánchez y Gemma Rodríguez se miraban con una sonrisa. Entre los vítores y las bromas de los invitados, se besaron.

Víctor era la última tabla de salvación que el sistema me había asignado.

Ahora, al parecer, también había fracasado.

Cuando llegué a este mundo, entré en el cuerpo de una niña de tres años y firmé un acuerdo con el sistema: si en veinte años lograba conquistar a cualquiera de los tres protagonistas masculinos, podría regresar a mi mundo original.

Pero los veinte años ya se habían cumplido, y no había conseguido conquistar a ninguno.

Tal vez este era el mejor final posible.

Me fui de ahí y caminé hasta un puente peatonal sobre una avenida llena de tráfico.

El sistema dijo que, como la misión había fracasado, primero debía reportar la situación a sus superiores antes de eliminarme.

Miré los autos que iban y venían bajo el puente. En mi mente solo aparecían las miradas de odio que tantas veces había recibido durante esos años.

Todos me habían tratado con crueldad por la misma persona: Gemma.

Gemma era la protagonista adorada por todos en este mundo.

El sistema solía consolarme diciendo que, como ella era la protagonista, tenía el aura de protagonista, y los hombres terminarían sintiéndose atraídos por ella sin poder evitarlo.

Levanté la cabeza y miré el cielo gris. ¿Sería que, por ser una intrusa en este mundo, por ser la villana destinada a hacer lucir mejor a la protagonista, estaba condenada a terminar así?

Ya no importaba. Llegados a este punto, no tenía sentido seguir pensándolo. De todos modos, iba a morir.

Aturdida, caminé hacia la avenida llena de autos. Si tenía que desaparecer, prefería no ser eliminada en silencio por el sistema. Al menos así ellos verían mi cadáver destrozado y, aunque les diera asco, tendrían que enterrarme como era debido.

Pero al segundo siguiente, sonó un frenazo agudo.

Luego escuché una voz familiar, cargada de rabia.

—Frida, si quieres morirte, hazlo donde nadie se entere. No vengas a hacer el ridículo en plena calle.

Alcé la vista y descubrí que era mi hermanastro en este mundo. Era el único familiar que me quedaba aquí.

En este mundo, yo no tenía a nadie. Fue él quien, poco a poco, me dio cariño y atención. Fue él quien hizo que confiara por completo en él y creyera que era el único familiar que sería bueno conmigo.

Pero después, no sé en qué momento, Gemma terminó fascinándolo por completo. Él se enamoró de ella.

Solo porque Gemma dijo una vez que yo había encabezado un caso de acoso escolar contra ella, Samuel Venegas le creyó sin investigar nada. Desde entonces, empezó a odiarme.

Samuel me metió a la fuerza en el auto. Condujo hasta un tramo apartado junto al río, detuvo el vehículo donde casi no había gente, abrió la puerta y me arrastró hacia afuera.

Después, sin dudarlo, me dio una bofetada.

—Si quieres morirte, muérete donde no haya nadie. Así, cuando te mueras, no obligarás a nadie a recoger tu desastre. Mira, ya te escogí un buen lugar. Si tanto quieres morirte, hazlo de una vez. No me hagas perder el tiempo.

La bofetada me dejó los oídos zumbando. Apenas pude sostenerme en pie.

No era la primera vez que amagaba con hacerme daño frente a él. Seguramente ya estaba acostumbrado.

En aquel entonces, él solo tenía ojos para Gemma. Yo únicamente quería demostrarme que todavía le importaba, que aún me consideraba parte de su familia y que seguía dispuesto a escuchar mi explicación.

En realidad, no quería morir.

Por eso ahora se atrevía a estar tan seguro de que, igual que antes, yo no tendría valor para hacerlo.

—¿Por qué apareciste aquí? ¿No estabas en la boda de Gemma? ¿Viniste porque estabas preocupado por mí?

Lo miré con los ojos llenos de expectativa, aunque la amargura se me escapaba de la voz.

Hacía un momento, lo había visto claramente en la boda. ¿Acaso me había seguido hasta aquí porque estaba preocupado por mí?

Aunque me había decepcionado una y otra vez, en el fondo todavía esperaba algo de él.

Capítulo 2

Pero las palabras que dijo después rompieron sin piedad la poca esperanza que me quedaba.

—No te hagas ilusiones. No vine por ti. Volvía a casa a buscar un juego de joyas para Gemma. ¿Quién iba a imaginar que te encontraría actuando como una loca? Te lo advierto, no vuelvas a usar estas cosas para llamar mi atención. No intentes darme lástima.

Al ver su expresión feroz, apenas logré esbozar una sonrisa. Y yo que había creído que de verdad se preocupaba por mí, que por eso me había seguido.

Otra vez había sido una falsa ilusión.

Sabía desde hacía mucho que Samuel amaba desesperadamente a Gemma. Durante años había vivido detrás de ella, aunque Gemma estuviera enamorada de Víctor.

Por eso Samuel era capaz de verla caminar, paso a paso, hacia los brazos de otro hombre. Y aun así se encargaba de todos los detalles de su boda, intentando que todo fuera perfecto.

La amaba con locura.

Ya no quería seguir así. Me di la vuelta y caminé poco a poco hacia la baranda.

Samuel seguía pensando que solo quería llamar la atención. Se apoyó contra el auto con los brazos cruzados y no dejó de burlarse.

—Si vas a morirte, hazlo rápido. Así llamo para que recojan tu cadáver y me voy. No me hagas perder el tiempo. Si llego tarde, Gemma se va a molestar.

Al escucharlo, aceleré el paso, trepé la baranda y me dejé caer al río.

Dejé que el agua helada me cubriera los ojos, la nariz y los oídos. Sentí cómo se me acababa el aire poco a poco y la asfixia empezaba a apoderarse de mí.

Si me iba así de este mundo, tal vez ellos sentirían un poco de arrepentimiento.

Pero al segundo siguiente, alguien me sacó del agua de un tirón.

¡Paf!

Sonó una bofetada clara y fuerte. Samuel volvió a golpearme.

—¡De verdad te atreviste a tirarte! Frida, sin mi permiso, no puedes morir.

Mientras hablaba, me arrastró hacia arriba.

—Te lo advierto. Tu mamá no pasó por tanto para traerte al mundo solo para que vengas a quitarte la vida aquí.

Mamá era la única persona de este mundo que me había querido sin condiciones.

Pero ya estaba muerta, y yo tampoco tenía nada que me atara aquí. También había llegado el momento de irme.

Como esta vez no había muerto y tampoco sabía cuándo volvería a aparecer el sistema, inventé una excusa cualquiera y le pedí a Samuel que me llevara a casa.

Durante todo el camino, él siguió sermoneándome sin parar.

—¿Solo porque Víctor se casó, vas a andar así, queriendo morirte? Si de verdad amaras a Víctor, deberías alegrarte por ellos de corazón, como hago yo. ¡Eso sí es amor de verdad!

Pero yo nunca había amado de verdad a ninguno de mis objetivos.

Desde el principio, siempre me acerqué a mis objetivos con un propósito.

Capítulo 3

Volví a casa y elegí un cuchillo afilado.

No quería quedarme esperando así. Si de todos modos iba a morir, era mejor hacerlo de una vez.

Después de todo, estaba sola en casa. No tenía que preocuparme por asustar a nadie.

Me acosté en la cama y miré el techo blanco.

Con el cuchillo en la mano, no pude evitar reírme de lo absurda que había sido mi vida.

Había pasado veinte años enteros en este mundo, y todo ese tiempo lo había dedicado a una misión de conquista impuesta por el sistema.

El tiempo había pasado volando. En esos años viví demasiadas cosas que jamás habría podido prever.

Recordé cuando mamá se volvió a casar y me llevó a vivir a una casa desconocida. Samuel fue quien se acercó primero a mí, quien hizo que confiara en él por completo.

Pensé que por fin tenía a alguien en quien apoyarme en este mundo. Con él, podía ser libre, caprichosa y hacer lo que quisiera, porque siempre estaba ahí para protegerme.

Así que, para corresponder a ese cariño, me esforcé con todas mis fuerzas por tratarlo bien.

Desde primaria, ahorraba todo lo que podía para comprarle figuras de colección de edición limitada. Más adelante, cuando él se metía en problemas por hacerles bromas pesadas a otros, yo lo cubría; cuando le dolía el estómago a las tres de la madrugada, salía a comprarle medicamentos soportando mis propios cólicos y lo cuidaba sin quejarme hasta el amanecer; y cuando quiso un reloj nuevo de edición limitada, usé todo el dinero que gané trabajando durante unas vacaciones de verano para comprárselo, sin gastar ni un centavo en mí.

Al vernos tan unidos, creí que ese era un lazo familiar que la protagonista adorada por todos no podría arrebatarme.

Qué pena. El aura de protagonista era realmente poderosa. Incluso Samuel, un personaje secundario casi insignificante, terminó atraído por Gemma.

En cuanto Gemma apareció, me arrebató con facilidad el único cariño familiar que tenía en este mundo.

Pero ya daba igual. Yo era una persona destinada a morir. Al final, todos mueren. La única diferencia es morir antes o morir después.

Sin dudarlo, me hice un corte en la muñeca y vi cómo la sangre empezaba a salir.

Sentí cómo la sangre abandonaba mi cuerpo poco a poco. Me mareé, la vista se me nubló, y solo quería morir así, en silencio.

Como no quería causarle problemas a nadie, dejé una carta de despedida para dejar claro que había sido una decisión mía y que no involucraran a nadie más.

Me voy por voluntad propia. No hace falta que nadie se ponga triste por mí.

Aunque, probablemente, nadie se pondría triste por mí. Después de todo, era una persona muy desagradable.

Mi conciencia empezó a volverse borrosa, y recordé mi desastrosa vida.

No importaba cuánto me esforzara por completar la misión de conquista. Mientras Gemma apareciera, todos se sentirían atraídos por ella y terminarían odiándome.

Justo cuando creí que por fin podría abandonar este mundo horrible, escuché que alguien golpeaba la puerta con fuerza.

Luego sentí que alguien me vendaba la muñeca con cuidado.

Hice un esfuerzo por abrir los ojos.

—Frida, ¿perdiste la cabeza?

El hombre frente a mí era Martín Bermúdez, mi antiguo profesor particular. Me llevaba siete años.

Era uno de los objetivos de conquista que el sistema me había asignado.

Recuerdo que, cuando estaba en el colegio, mis notas eran malas, y mi padrastro contrató a un estudiante de una universidad prestigiosa para que me diera clases particulares.

En ese momento, yo solo quería estudiar, pero el sistema me avisó que él podía ser conquistado.

Así que usé las clases como excusa para acercarme a él.

Sabía que él daba prioridad a sus estudios, así que escribí una ruta de conquista para él. Me fabriqué una imagen de chica dulce, bonita y dependiente de él, y me pasaba el día pegada a él.

Incluso llegó a llevarme a conocer a sus padres.

Dijo que yo era la primera chica que les presentaba.

El nivel de afecto de Martín hacia mí aumentó tal como había previsto, y subió muy rápido.

Justo cuando pensé que por fin podría sobrevivir, Gemma volvió a aparecer frente a mí.

Ella compartía exactamente los mismos gustos e intereses que Martín. En cuanto me vio, se asustó tanto que empezó a temblar y se refugió en los brazos de Martín, llorando.

—Martín, no sé qué hice para molestar a Frida. En el colegio, ella fue quien empezó a acosarme. Ahora tengo que tomar pastillas todas las noches para poder dormir, y hasta terminé con depresión.

Entonces Martín abrazó a Gemma frente a mí con fuerza, como si fueran dos amantes separados durante mucho tiempo.

—No tengas miedo. Yo voy a protegerte.

Ese mismo día, Martín me dio una bofetada y me dijo que me largara de ahí, que a partir de ese momento fingiría que no me conocía. También me advirtió que no volviera a molestar a Gemma.

Así, mi misión volvió a fracasar.

Fallé la Misión y Ellos Lloraron

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