Capítulo 2

—Dame algo, no tengo ni para comer.

—Entonces te llenaré la heladera, pero no te daré dinero, y no se te ocurra vender los alimentos que te mande a tu departamento, el cual es mío —comentó.

—Entonces tengo que agradecerte que me hayas dado el departamento en el que estabas. Claro, total, tú te fuiste a una mansión —comentó enojado.

—¿De verdad me vas a estar haciendo esas tonterías? Por favor, vete —comentó con desgano, y él puso los ojos en blanco.

—Eres un idiota —comentó su hermano, desapareciendo de la oficina.

Suspiro se cansaba muchas veces de tener que soportar a su hermano, pero era la única familia que tenía. Él lo había criado desde que era un pequeño niño, ya que sus padres habían muerto en un accidente automovilístico. Se llevaban 10 años exactamente; él tenía 30 y su hermano 20, pero el mismo no había querido estudiar ni trabajar, solo estar en adicciones. Suspiro suspiró y nunca, después de aquel accidente, había tenido una mujer, y en parte había sido culpa de su hermano. Pero nunca lo culpó. Acarició con el dorso de su mano aquella línea gruesa y grotesca, se mordió los labios, molesto con el triste destino que le había tocado. Tenía partes quemadas en el cuerpo y aquella línea gigante en la cara. Algunos niños se asustaban y le decían que parecía un monstruo. Cómo nadie

Nadie apreciaba lo que él podía ser, solo lo veían como un monstruo que los aterraba y los hacía correr a sus casas. Se había acostumbrado a la soledad y al encierro, y en parte por eso visitaba siempre a su tío Leonardo. Por otro lado, Esteban miraba con una sonrisa a su esposa Briana, coqueta, elegante y con un traje minúsculo que apenas le cubría el cuerpo. Se puso de pie.

—Entonces, ¿te dio algo de dinero? —preguntó Brianna.

—No, cariño, cómo espero. Ya verás cómo lo conseguiremos. Lo dejaremos sin nada .

—¿Y eso cómo sería? —preguntó sin verlo mientras se pintaba las uñas.

—Con tu ayuda, cariño.

—¿Tienes un plan? —preguntó Briana levantando una ceja.

—Claro que sí, con tu ayuda recuperaré todo lo que es mío .

—¿Tu hermano no sabe que estás casado, verdad? —preguntó .

—Claro que no, eso es mi secreto, y ahora tú serás parte del plan —murmuró con una sonrisa—¿Por qué? ¿Porque yo haría algo así? —preguntó .

—Porque eres mi esposo, y si quieres que sigamos teniendo dinero, vas a tener que hacer algo.

—Está bien, ¿cuál es tu plan? —preguntó.

—En primer lugar, hay un puesto libre de secretaria. Al parecer, la que tiene bienvenido está por dar a luz.

—No sé qué estás pensando, pero estaré dentro —comentó Briana con una sonrisa.

******

—No puedo creer que te estés por marchar, María. Ha pasado tanto tiempo desde que eres mi secretaria.

—Lo sé, pero me tengo que tomar esta licencia por el bebé —comentó.

—Bueno, cualquier cosa que necesites, sabes que cuentas conmigo —comentó bienvenido.

—Usted es un señor increíble. Deje de preocuparse por las apariencias —comentó María.

—Lo sé, y sé que tengo que ver a mis nuevos empleados.

—Tranquilo, conseguí una secretaria que al parecer es muy buena en su trabajo. Ha sido recomendada incluso de varios lugares. Dentro de media hora va a aparecer. Espero que se lleven bien.

— Gracias, puedes retirarte.

María se fue y en parte se preocupaba por Bienvenido, a pesar del corto tiempo en el que habían estado trabajando. El estaba nervioso. Hacía mucho tiempo que no entraba en contacto con ninguna persona, hasta que la puerta fue golpeada y él dejó de temblar.

—¡Pase! —medio gritó.

—Hola, soy Briana —comentó con una sonrisa coqueta.

Tenía puesto un diminuto traje que le marcaba muy bien su cintura. Sus piernas eran largas y musculosas, sus brazos delgados y el valle de sus senos se notaba.

Capítulo 3

—¿De verdad vienes vestida así? —preguntó, con la silla girada.

—¿ Disculpe? —preguntó.

—Parece que vas a bailar. Tienes que venir un poco más recatada —comentó Bienvenido.

“Por primera vez vi el rostro de mi jefe y me quedé paralizada. Me dio bastante impresión ver aquella línea cruzando sus ojos, aunque pude percatarme de los bonitos ojos que llevaba, de la mandíbula cuadrada, de los labios entreabiertos. Y por primera vez en toda mi vida, me sentí extraña. Contrólate, Briana”, pensó.

—Soy Briana, un placer venir y verlo a usted.

—Es la primera vez que me dicen algo así. Siéntes.

—¿De verdad le molesta cómo me visto? Si quieres, me puedo quitar esto.

—¿Acaso estás proponiendo quedarte desnuda?

—No, solo cambiar de ropa —murmuró y se rió falsamente.

—Dígame, ¿cuál es su experiencia como secretaria? —preguntó Bienvenido.

Briana, después de narrarle su experiencia y mentirle en bastantes cosas, finalmente convenció a Bienvenido.

—Entonces, bienvenida a trabajar conmigo —comentó Bienvenido.

—Gracias, usted es muy amable —respondió Briana mientras se ponía de pie.

—¿Necesita algo más? —preguntó Bienvenido.

—No, es solo que no sé dónde voy a trabajar —dijo Briana.

—Tiene el escritorio en la parte de afuera —respondió Bienvenido.

Briana frunció las cejas.

—¿Un escritorio afuera? ¿Acaso no voy a tener una oficina privada? —preguntó Briana.

—Porque usted solo contesta las llamadas y organiza mis papeles —murmuró Bienvenido.

Pero luego reflexionó, no podía mostrarse prepotente ante ella.

—Gracias por su buena predisposición —comentó Briana, contorneando las caderas y saliendo por la puerta.

Bienvenido suspiró. No había sido tan malo el primer encuentro con una mujer. Incluso era bonita y al parecer había estado coqueteando con él. Sin embargo, apartó esos pensamientos. No podría estar con nadie, puesto que ninguna mujer lo había considerado atractivo.

Adriana estaba analizando a su jefe, viendo sus debilidades y la manera de poder conquistarlo. Era una experta en eso. Había estado con muchos millonarios y les había robado el corazón a cada uno de ellos. ¿Cuál sería la diferencia con este?

—Te enamoraré, cariño —comentó con una sonrisa coqueta.

—¿Necesita algo más, señor? —preguntó Briana cansada. Eran las 9 de la noche y lo único que quedaban eran los dos.

—No, puedes retirarte —respondió Bienvenido.

Briana se puso de pie y se acercó a él, rodeando el escritorio.

— Puedo ayudarlo a relajarse, lo veo tenso —comentó Briana de manera coqueta.

—Estoy bien —respondió Bienvenido sin mirarla.

—¿De verdad? —preguntó Briana inocentemente mientras se acercaba a él. Depositó sus pequeñas manos en los hombros gruesos de Bienvenido, quien abrió los ojos con sorpresa.

—Te dije que estaba bien —comentó Bienvenido, intentando quitar sus manos, pero se detuvo al sentir las caricias que Briana le proporcionaba, lo cual lo relajó al instante.

Briana, sintió los músculos debajo de sus pequeños dedos; con cuidado, masajeó el área de la espalda, y los dos se quedaron en silencio. Bienvenido sintiendo las caricias de Su secretaria, cerrando los ojos y disfrutando.

—Le gusta así —murmuró cerca de su oído, rozando sus labios con el óvulo

—Me encanta —ronroneo Bienvenido.

—Me alegra, Yo solo quiero ser muy eficiente en mi trabajo —comentó dando un doble sentido.

Bienvenido, comprendió las intenciones de Briana.

—¿Y cuáles serían sus intenciones para que yo este conforme? —preguntó curioso.

—Lo que usted me pida —dijo, en un susurro, el cual fue llevado su oído.

—Si quieres puedo mostrarme —comentó, se había comenzado a excitar, era una mujer guapa. Su voz muy sensual le había erizado la piel.

Briana sin dudarlo un segundo, se puso delante de él, abrió las piernas, y sonrío

—Tóqueme —pidió, y él la miró con atención.

—Entonces… usted va directo al grano —comentó.

—Lo sé, entonces ¿quiere o no? —preguntó divertida.

—Quiero, pero no debo —comentó y después añadió: — Usted es una mujer muy hermosa, tiene que hacerse respetar un poco más.

Briana, quedó con el rostro desencajado, nunca ningún hombre le había dicho algo así

—¿Disculpe? —preguntó molesta.

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Esposa del feo millonario

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