Capítulo 2

Soy Samantha, en realidad ese solo es un nombre que adquirí después que me usasen como pieza de mercado para un hombre estúpido e idiota.

Estuve conciente todo el maldito tiempo, no lo sé, no me estaba muriendo de miedo, pero me sentía endiablada hasta los cojones.

Ahora me dedico a extorcionar a hombres, después de lo que hicieron conmigo, todos ellos deben pagar lo que pasó cinco años atrás.

Después de que ese Gánster de la zona donde me movía en aquel entonces me atrapara para venderme por mil dólares, era tan repudiable su vida, ya lo mandé al bote.

Él cambió mi mente, no pensaba llegar a ser lo que hoy soy, una mujer de calle a mis 22 años.

En la suite de un hotel...

—Sam querída, eres la mejor mamadora que conozco, mira como me dejas, me vacías con esa boquita preciosa, eres un demonio en forma de mujer.—Si, lo que digas. Pienso.

Mientras le estoy haciendo un oral a Fernandino, un comerciante burdo, hago en un debate mental acerca de la carne ahumada que pedí para comer si me lo tendrían listo y la cual disfrutaré después de este mal polvo, si creo que estará más excitante que esta polla blanda.

—Preciosa, recuerda, recuerda.... uhh, auch, Sam mi niña, solo tú me pones así de caliente y excitado. —Vuelve a repetir la mierda.

—¿Seria que no puede mantener la boca cerrada? Estoy cansada de los hombres así, hablan hasta por los codos, no se preocupan si yo estoy disfrutando de la faena que le llevo. Total, así lo veo, un trabajo que debo hacer nada más, no por placer personal, solo conveniencia.

Cuando termino de darle una mamada, me levanto para ir al baño, quiero lavarme muy bien la boca, es porque saliendo de aquí iré a comer carne, pura carne, suavecita, de ternera.

Me deja trescientos dólares en la mesita de noche, don Fernandino, un comerciante tacaño, bueno debe ser tacaño, pero enviciado al coño de jovencitas como yo, cuyas suertes se pintaron de gris igual que el mío.

Salgo de esa habitación y cruzo la calle, solo quiero llenar mi estómago para luego irme a dormir, ya se habrán dado cuenta, soy la gemela Marianela, la pobre chiquilla con más mala suerte que la mujer de Lot convertida en sal. Bueno, no tanto como ella, por que aún sigo aquí viva y saludable.

Para ofenderme y hacer que me duela mas, unos días antes que huyera de aquel Orfanato del infierno, ellos me gritaron en mi cara que yo tenía una hermana gemela, gemela que tuvo mejor suerte que yo. Por que a diferencia de mí ella si fue adoptada por una pareja de matrimonio serio, fue llevada y criada a cómo debía ser.

Ha de ser una mujer triunfal, próspera y muy feliz. Aunque soy una mancha en su vida, una burda vida inútil, quisiera verle aunque sea de lejos. Eso es mi mayor deseo.

Aunque por allí se dice que cuando hueles algo bueno, ya no te conformas con olerlo nada más, si no que tus instintos desean más que ver o sentir su olor, ahora querrás tomarlo y digerirlo y hacerlo parte de ti.

En la vida, a mí me tocó pagar los platos rotos que alguien rompió, pago los pecados de mis ancestros quizás, sin embargo, estará bien. Así es mi detestable vida. Andando por el camino empinado aparte espinado, hacen que sangran mis pies, pero muy aparte de todo ello, veo algo limpio y hermoso que quisiera ver y conocer. A mí hermana.

Esa con la que compartimos más que el mismo destino sádico en común, el desprecio de mis propios padres, el rechazo de quienes debieron alzarnos en brazos y apapacharnos.

Ahora que me ven en el camino en la cual estoy, son muchos los que alzan la mano y me señalan con el dedo, solo para murmurar lo dicho entre dientes; "¡Ay va la descarada!" Alguna vez soñé con que me brindaban amor, apoyo, sonrisas sinceras, legitimidad, no la obtuve de nadie ni vino de ningún lado.

Suena mi móvil, la saco perezósamente del bolsillo de mi enorme chaqueta, veo su pantalla y sale escrita, "cliente No. 971 si, así es, ese es el número 971 de cliente con quien iré a follarnos, ya el sexo en mi vocabulario es solo transacción.

Hace unos dos años de los cinco que llevo ejerciendo la prostitución que no debería ya hacerlo por la necesidad del dinero. Si ustedes leyeran la mente ridícula de la mayoría de los hombres, se escandalizarían lo que ellos harían por obtener sexo de alguien, hasta de una escoba con faldas.

Ha habido amantes que me han dado exsorbitantes regalos, como uno que me regaló una joya valorada en trescientos mil dólares, otro, me regaló un edificio de apartamentos amueblados listo para ser alquilada y sacar ingreso libre y sin demora, otro me pidió matrimonio y muchas promesas de darme una familia feliz y completa, pero que también venía acompañado de muchos regalos caros y lujosos, así sigue la fila de hombres estúpidos que piensan con su segunda cabeza y no con el de arriba.

O ¿sería que se enamoraron de mi?—Por qué será que no creo en esa lógica.

Cliente No. 971

—Hola Sr. Fiersen—¿Cómo ha sido tu día hoy? —Hago el saludo iniciando mi encuentro con él.

Me sonríe con una sonrisa algo simple e inocente.

—¿Te gustan los autos de lujo? De las que no todos lo pueden adquirir? —Me dice con los ojos vidriosos de alegría y brillo, como si fuera él quien recibiría un auto así.

—"Mira por la ventana, cariño querido" —Lo vuelvo a ver a él, si algo he aprendido bien en esta vida es que nadie es amable por nada. Y sus ganas de tenerme como exclusiva para él sigue dando sin límites.

—No quiero mirar afuera, Sr. Fiersen, tampoco me gusta ningún auto de edición limitada. —Vomito mis palabras sobre su tímpano.

Pone cara de cachorrito regañado, sé lo que viene después de un regalo caro, cree que te tienen a su disposición, eso no lo deseo con nadie ni ahora ni nunca.

No estoy segura que qué es lo que hay afuera, pero si sé una cosa, no quiero estar con él ya, aún cuando mostrara una aparente cortesía y amabilidad para conmigo.

—Vamos para lo que venimos Sr. Fiersen—Empiezo a levantar la pierna y mostrar que no traigo nada abajo.

A él se le desorbitan las chibolas de los ojos, se llenan de inmediato de lujuria, es un hombre bastante joven, como alrededor de treinta y tantos, pero descuidado de su físico, me temo que el señor Fiersen tiene más vicios que el mismo sexo a paga.

"Queridísimos lectores, empecé este proyecto por qué prácticamente lo he traído en mi cabeza desde meses atrás, será actualizado lo más que se pueda, pero sin exigencias, ya que tengo otros libros prioritarios que acabar."

Otro dato a resaltar, es un libro que será muy subido de tono, no es para cualquiera. Si decide leerlo, no quiero críticas al contenido.

Gracias!!!

Capítulo 3

A lo largo de un año, ya llevo estudiando finanzas y economía. Es una buena carrera para impulsar mi propio negocio cuando me decida, siempre me he movido entre tantos y tantos hombres dedicados a los negocios. De ellos me he contagiado a gustar de estás carreras que solo huelen dinero.

Estoy estudiando Finanzas en línea, pero los sábados acudo a estudiar en agrupaciones, este día hay un alumno nuevo, muy bien parecido para que, está muy sonriente, guapo, sus ojos son tono dorados miel, me excita mirarlo, es bastante raro, pues aunque todo este tiempo he trabajado con la profesión más Antigua de la tierra, no lograba un orgasmo certero casi la mayoría de veces, o como no me unía los sentimientos, yo dejaba que esto fuera lo más mecánico posible, sin empañar algún placer en el proceso.

A la hora de un receso, veo que él viene hacia mi, avanza, pero lo retiene otra chica coqueta, le está hablando y todo, pero él siempre me mira a mi, lo que hace que la otra chica me vuelva a ver.

Entonces él la deja y viene hacia mi, me dice entre susurros, sígueme el juego jovencita.

—¿Qué?—Hago el gesto con confusión.

—¡Les dije que éramos novios para que no siguieran intentando ligar conmigo! —Dice entre risas y me da un beso en la boca. —Eso sinceramente me prendió, porque me hizo sentir electricidad burbujeante hasta topar a mi corazón.

Había química, si había química, me sentí excitada y mojada, si lo sentí, y todo por un desconocido, y no era que yo no lo hiciera con hombres desconocidos, lo hacía, pero sin poner los sentimientos o lo que fuera decirse que se ponga el corazón.

Entonces necesitas mi ayuda, —pregunta con voz ronca.

—Si, mucha ayuda. —sus gestos son coquetos sensuales.

Me pongo de pies le tomó sus manos y salimos caminando ante la mirada de aquellas chicas mirándonos, esas chicas hijas de familias, doble moral es que son

Porque le quedan mirando Incluso el trasero al hombre guapo al hombre bonito.

¿Qué es esa locura creer que solo los hombres miran el c*** a una mujer?—las mujeres también lo hacemos y lo hacemos tanto como los hombres.

Cuándo nos alejamos lo suficiente de la vista de aquellas mujeres, trato de soltarme las manos de los suyos, Pero él lo evita, me dice :

—¿Tienes novio?—con sinceridad No tengo un novio Así que no no tengo pero si me acuesto con todos los hombres que me pagan, Cómo decirle que soy prostituta?

Es un perfecto desconocido, ¿porque darle razón de mi vida? Así que omito responderle con la verdad o bueno decirle que no tengo es una verdad.

—No no tengo novio, es un atraso para mis prioridades—respondo con entereza. En cambio el frunce el ceño en señal de sorpresa.

—¿Porque la sorpresa en tu rostro? ¿Acaso no es así?—cuestionó un poco enojada.

—tampoco es para que te enojes, solo que he conocido chicas que todo lo que quiere es tener un novio o un hombre a su lado. —Volteo mis ojos en blanco ese señal de desapruebo.

Se ríe de mí y es cuando más me enfado Y por locuras de él siendo un gran atrevido me besa, por supuesto eso me enoja, pero me gusta.

_¿Eres oriunda de aquí? —pregunta cómo que sí lo de hace un momento no fuera nada, me besa y actúa como que nada.

—¿Besas a todas las mujeres que conoces en el primer día?—le bateo con otra pregunta.

—¡Jaja, No!, es que tus labios son tan irresistibles, no pude contenerme.—lo abofeteo, para que aprenda a respetar.

Aún cuando fuera yo una mujer que se vende por dinero, elijo el cliente. No que un baboso me venga a besar y hacerme sentir que soy barata, facilona, perra o todo los sinónimos que quieran alegrarle a la lista.

Salgo corriendo de ahí y me voy lejos, pero un auto de esos lujosos me alcanza se detiene un poquito adelante de mí abre la puerta y es el mismo Chico joven, guapo, irresistible que se baja y se arrodilla ante mi pidiéndome perdón.

Yo aún no sé porque estoy tan encañonada a ofenderme, Usualmente no soy tan sensitiva.

—Para que aceptes mi disculpa, te llevaré a un restaurante fino, pedirás lo que desearas. —Me dice todo sonrojado y nervioso.

Y es que lo que no sabe este desconocido es que yo conozco todos esos restaurantes finísimos, es donde me llevan esos hombres amantes que lo que les sobra es dinero y mucho.

Tanto así que no quisiera realmente pisar un lugar tan elegante y ostentoso, solo quisiera una buena compañía que no me viese como carne para devorar luego.

—No es necesario que me lleves a un restaurante de esos, estaria más que contenta de comer en una de estas plazas de comida casera—Señalo.

—Está bien, —Observando mi cara con detenimiento, —me dice de nuevo.

—Nunca lo creí cuando te vi, nadie se imaginaria que la gran mujer que todos quisieran conocer y tener toda la atención, está conmigo comiendo un solomillo, carne suave aquí junto a mi. —Sonrie y no veo que esté bromeando.

Él está confundiéndome con alguien más, y ciertamente solo una persona me viene en la mente, que me está confundiendo, mi hermana gemela.

—Aha....—Digo tratando de no mostrar mi nerviosismo.

—Me gusta tu nuevo corte de cabello—Me dice entre risas nerviosas.

—Ah ¿si, y la otra no tanto?—Indago para ver si me dice algo que pueda saber de él.

—Ya, ya compré tu última colección de libros—Me dice entusiasmado, pero yo frunzo el ceño.

—No miento—Me asegura y va corriendo al auto a sacar una colección de libros, en las cuales miro mi cara plasmada. Y ese nombre que jamás olvidaría de ahora en adelante.

"Lía Michel"

Soy suspiros tras suspiros, pregunto entonces.

—¿Donde compraste los libros de la última colección? —El me mira algo confundido y me dice.

—Tu misma me lo diste?

—Olvidaste? Aún no salen a la venta.

—Ahh, sí, es que ando algo estresada, pero bueno entiendo, ¿Podrías prestarmelo de vuelta? Quiero revisar unos por menores, el editor me dijo que debía corregir algo y no he podido revisar—Miento con descaro.

—Ah, por cierto, lo de mi cabello, es peluca para pasar desapercibido. No lo menciones. —Apunto con un gesto juguetón.

Me levanta el dedo pulgar mostrando que está bien, me alejo y tomó un taxi, mientras pienso que el mundo va quedando en un pañuelo en la mano.

Una vez alejada de aquel chico, hombre guapo y joven, además se ve que es un hombre rico, suspiro mientras veo la foto de Lía Michel, mi hermana gemela.

Finalmente te he encontrado, hermana. Dije entre susurros.

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En otra piel

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