Capítulo 3

Olivia comenzó el día con ánimo, decidida a que todo saliera bien. La cafetería estuvo muy concurrida y algunos clientes le dejaron pequeñas propinas.

Al cierre, guardó las propinas aparte, dentro de su chaqueta, para ayudar a Violeta a ahorrar. El sueldo intacto lo metió en su bolsillo. Estaba contenta, era más del doble que el día anterior, y rogaba porque su tío estuviera satisfecho.

Su sorpresa fue espantosa. Al entregar el dinero a su tío Leonardo, él lo miró con desprecio y la abofeteó con tanta fuerza que la arrojó al suelo. El dolor se expandió por su cara y las lágrimas se acumularon en sus ojos.

—¡ESTO DEBE SER UN CHISTE, OLIVIA! —le gritó furioso—. ¡ME DIRÁS QUE ÉSTE ES TU SUELDO DE HOY!

—Sí lo es, tío, lo juro —se levantó lentamente—. Trabajé todo el día.

—¡ESTO NO ALCANZA PARA NADA! ¡NI SIQUIERA PARA MIS CHICLES! ¡NO CUBRIRÍA LO QUE COMES!

—Lo siento, tío —dijo nerviosa—. ¿Qué se supone que haga?

—¡BUSCA OTRO EMPLEO! —gritó.

—No es nada fácil, no tengo experiencia, no me contratan. Yo me esfuerzo mucho... nunca he trabajado.

—Eso es evidente, eres una inútil. Mañana buscarás otro trabajo, un lugar donde te paguen mejor.

—Sí, tío —dijo dócilmente, temblando, con la cara ardiendo.

—Ahora, vete de mi presencia —dobló los billetes y se los guardó—. Violeta dejó tu comida servida. Come algo. —La tía Leonor la miró con burla y luego desvió la mirada.

Olivia se fue a la cama, llorando amargamente por la vida que estaba llevando. Rogaba internamente por una escapatoria.

Los días siguientes no mejoraron. Violeta traía más dinero, pero Olivia no conseguía un nuevo empleo que pagara más que la cafetería. Había decidido dejar ese trabajo para buscar algo más lucrativo, pero solo había encontrado más rechazos. Su tío se enfurecía cada día más. Ella llegaba a casa con miedo, frustrada.

En cuanto abrió la puerta, la voz de su tío la detuvo.

—Olivia.

—Sí, tío —dijo caminando hasta él.

—Dame buenas noticias, hermosa. ¿Cuánto tienes para mí, hoy?

—Yo... Lo siento, tío. No pude encontrar nada. Nadie me da la oportunidad... —se detuvo cuando él se levantó rápidamente, la tomó del cabello con fuerza y la elevó unos centímetros.

—Por favor, por favor tío, me duele... —sollozó débilmente.

—Hoy no comerás nada —le dijo acercando su rostro.

—Pero tío, ayer... tampoco comí, tengo demasiada hambre —lloró, pensando en lo poco que había gastado en alimentarse mientras buscaba trabajo.

—Me importa muy poco cuánta hambre tengas. No trajiste dinero, no hay comida. Qué enorme estorbo resultaste ser, tan bonita y tan inútil. —La arrojó con fuerza contra la pared, dejándola sin aire.

Se alejó con dificultad. Contuvo las lágrimas; estaba realmente hambrienta.

Llegó a su habitación y se percató de que la puerta de Violeta estaba entreabierta. Fue hasta allí y llamó. Violeta le abrió, vestida y maquillada, retocándose.

—Hola, cariño. En la cocina he dejado tu cena.

—El tío dijo que hoy no podré comer —Violeta se giró hacia ella con el ceño fruncido—. No pude encontrar nada hoy.

—Te lo dije, cariño, no es fácil —suspiró.

—Además, el tío dice que si no encuentro algo... tendré que ir a dormir a la calle —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Tengo tanta hambre, Violeta.

—No llores —Violeta se acercó—. Te prometí que te protegería, te he fallado. No puedo protegerme ni a mí misma.

—No te preocupes, Violeta, tú eres buena.

—Podrías esperarme despierta, o yo te despertaré cuando llegue de trabajar. Te traeré comida, lo juro.

Olivia sintió el ardor en su estómago. Miró a su prima intensamente y dijo:

—Llévame, Violeta. Iré a trabajar contigo —acababa de tomar una decisión desesperada.

Violeta la miró en silencio por algunos minutos, se alejó un poco, su mirada se tornó sería y preocupada.

-No, No Olivia, yo no te quiero en este mundo, esto no es para ti.

-¿Entonces qué hago, me dejó morir de hambre, dejó que el tío me muela a golpes, me voy a dormir a la calle dónde puedes pasarme cosas peores?- dijo angustiada- ésta no es una decisión fácil, Violeta, pero es la más inteligente.

-No, Olivia. . .

-Me has dicho que son hombres. . . elegantes, exclusivos, así los llamaste, ayúdame Violeta.

-No puedo, no puedo porque conozco en carne propia todo el dolor que esta vida te deja, es muy difícil salir luego que entras.

-No tengo nada que perder, Violeta. No tengo padres que puedan avergonzarse, ni una hermana a la cual darle ejemplo, ni siquiera tendré mi sueño de estudiar y superarme por ellos, no tengo nada, más que el miedo a ser golpeada y el hambre que me atormenta.

-Olivia. . .

-Tu puedes ayudarme- le dijo convencida- así será más fácil para vas poder reunir el dinero que necesitamos para irnos de aquí, Violeta, tu y yo saldremos adelante, pero ayudemonos.

-Olivia. . . Olivia. . .

-Por favor, te lo ruego, no lo soporto más, al menos con el dinero él estará feliz, y podré guardar un poco, todo mejorará para ambas.

-¿Alguna vez has estado con un hombre?- le preguntó sin apartar la vista de ella.

-No- respondió sinceramente- pero solo necesito que me ayudes, explícame lo que debo hacer.

-¿Te das cuenta, Olivia? hasta eso perderás, la oportunidad de estar con alguien por amor- la miró preocupada.

-Una cosa, compensa otra, por ahora solo necesito alimentarme y sobrevivir, lo demás lo veré sobre la marcha- Violeta la observó por largo tiempo.

-Me mataría la culpa, Olivia.

-No, no será tan difícil, al menos eso creo.

-Te engañas a ti misma- otros largos minutos en silencio- Bien, Olivia, pero todo se hará como yo te diga, debes seguir mis instrucciones al pie de la letra.

-Se hará como tú digas- le aseguró Olivia.

-Ahora vé y toma una rápida ducha, debemos prepararte.

Media hora más tarde se observaba en el espejo, se buscaba en el reflejo y no se hallaba, aquella parecía una mujer más adulta, más madura, una mujer que no era ella. Aquel vestido rojo se pegaba a su esbelto cuerpo, realzaba sus pechos y estrechaba aún más su cintura, los zapatos de tacón alto la ayudaban a darle mas estatura. Violeta había tomado su cabello y lo había peinado todo hacia un lado, haciendo un moño que dejaba al descubierto su cuello, ella aseguraba que eso era lindo y resultaba llamativo. Su boca estaba pintada con labial rojo, sus ojos no llevaban sombra de color pero sus pestañas, ellas si tenían muchas capaz de pestañina, sus ojos dibujados con lápiz negro, su mirada resultaba felina y las notas verdes de sus ojos parecían brillar más que nunca.

-Estás preciosa- le dijo Violeta.

-Es impresionante, ni siquiera parezco yo- dijo asombrada.

-Eso es bueno. Olivia, pasaremos a un restaurante y comeremos algo primero, la mayoría de los clientes te piden que le acompañes a beber una copa y no es bueno hacerlo con el estómago vacío.

-Te agradezco mucho, tengo demasiada hambre.

-Lo segundo, es que no debes beber demasiado- le advirtió.

-Nunca lo he hecho- dijo preocupada.

-En ese caso, acepta la primera copa que te ofrezcan, e intenta no llegar a la segunda, bebe de a sorbos pequeños y delicados.

-Bien, puedo hacerlo.

-Por lo general a ellos les encanta presentar su oferta, que de seguro será bastante alta, al verte por primera vez en el lugar, explica de forma sutil que jamás has intímado con un hombre, y triplica su oferta.

-¿Triplicarla?- la miró con ojos enormes- pero si tú misma acabas de decir que ofrecen mucho dinero.

-Triplicarla- corroboró- no importa cuando ofrezcan, tu triplica el monto, esos hombres tienen muchísimo dinero, es mucho para nosotras, más de lo que podríamos ganar en mucho tiempo, pero para ellos es quitarle un pelo a un gato, así que, será tu primera vez, asegúrate de que paguen bien.

-De acuerdo- asintió.

-Olivia, suelen ser hombres respetables y de mucho honor, pero deja en claro que el dinero es en efectivo y por adelantado.

-Parece que estuviésemos hablando de que van a comprar papas- dijo nerviosa.

-Esto es un negocio, cariño, y no queremos que nos vean la cara, toma apuntes de todo lo que estoy diciendo, con suerte, ésta noche conseguiremos buenos calientes y volveremos con mucho dinero.

-Violeta. . . en cuánto a. . .ya sabes, ¿Qué debo hacer?- dijo angustiada y con la vergüenza brillando en su rostro.

-Aunque no me creas, será algo de instinto, solo imita lo que él haga, intenta relajarte, sé que es difícil, pero eso ayudará mucho. Mientras más relajada estés, mejor resultará todo- aconsejó.

-Bien, prometo que no olvidaré nada.

-Si recuerdas lo que he dicho y controlas tus nervios, todo estará bien- la miró con ternura.

-De acuerdo.

-Ahora vámonos, la noche está bastante avanzada ya- en cuanto llegaron a la sala, se encontraron con Leonardo y Leonor, frente al enorme televisor- ya nos vamos- dijo Violeta, reclamando la atención de ambos.

-¡Mira nada más que belleza!- Leonardo se puso en pie y fue hasta ellas- veo que al fin te has animado a trabajar de verdad- la tomó de ambas mejillas y besó su frente, Olivia quiso retirarse, pero se mantuvo.

-Olivia ha decidido ir a trabajar conmigo.

-Una decisión magnífica, seguro le irá muy bien, pero si mira nada más lo preciosa que está- sonrió ámpliamente y Olivia se sintió asqueada de llevar su misma sangre- ahora terminen de marcharse, que les vaya muy bien, traigan mucho dinero a casa, mis niñas.

Y así, sin escuchar nada más, salieron a la calle, en cuanto Violeta cerró la puerta tras ellas suspiró pesadamente.

-Es un cerdo- dijo de su propio padre.

-De los peores- aseguró Olivia- le tengo tanto miedo.

-No es para menos- volvió a suspirar- ahora, esperemos un taxi, vayamos a comer y luego al club, con suerte hoy tendremos clientes exclusivos.

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En el corazón de la Mafia.

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