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En busca de mi nombre.
En busca de mi nombre.

En busca de mi nombre.

80 Capítulos
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En la romance novel En busca de mi nombre., Bianka regresa a Venezuela para enfrentar su pasado, pero el reencuentro con los gemelos Meyer tras cinco años cambia sus planes. Esta modern novel narra una historia de decisiones y reencuentros. Aprovecha para read novels online ahora.
Capítulo 1 de En busca de mi nombre.

—Te quedas aquí, Bianka.

Asiento tras la advertencia, ignorando la mala mirada que me dedica la rubia que tengo al lado. Se quita el cinturón de seguridad y baja del auto. Si pensaba hacerle caso tras la discusión que tuvimos para que me dejara venir con ella a buscar a su hermano el cual se podría decir, es mi novio, pero los minutos pasan y Anyela no vuelve empujándome a una mina de preguntas.

¿Y si les pasó algo? ¿Si An, en vez de resolver empeoró todo? ¿Si necesitan que yo haga algo?

La falta de información me juega en contra llevándome a salir del auto y hacer el mismo recorrido que hizo mi mejor amiga.

Entro por donde desapareció ella. Todo está en silencio y por instinto sigo por el primer pasillo que veo, divisando una luz al final de este.

Camino despacio hacia la luz, no sin antes pedirle a Dios, que estén bien y que esto no sea una casa embrujada. Llego al final del pasillo en donde hay una puerta. Suspiro antes de tomar la manilla y girarla, abro la puerta lentamente y lo primero que veo es una escalera.

—Nos vamos, alguien lo encontrará y ya, se pudo tratar de un asalto, una pelea o cualquier otra cosa.

Reconozco la voz de Anyela y antes de que el raciocinio llegue a mí, empiezo a bajar lento los escalones.

Me quedo inmóvil cuando llego al final y me encuentro con una escena que no esperaba.

— ¡Su madre! —se queja rubio— ¿Trajiste a Bianka aquí?

Le reclama Anyelo a la rubia dándole un empujón. Mi amiga voltea hacia mí comiéndome con la mirada y por más que intento intervenir no puedo ni si quiera balbucear una palabra.

—Me obligó— Suelta la rubia intentando defenderse, pero el que suba y baje los hombros me deja ver lo despreocupada que esta.

— ¿Sí? —Le pregunta él con sarcasmo— ¿Y dónde esta la pistola que te puso en el pecho? ¡Su madre An! —Anyelo golpea la mesa de metal que está a su lado poniéndome a espabilar. Camino a su lado.

—Bueno, era eso o que hablara con tus padres —sigue mi amiga justificándose—. ¿Qué hubieras hecho tú? —Le pregunta con cierto fastidio en su voz—. Además, yo le dije que se quedara en el auto.

Me recalca con voz amarga cuando llego a su altura. La ignoro tomando al rubio de la cara para que me mire. Este niega sin dejar de mirarla. Odio cuando Anyelo y Anyela compiten por ver quién es el más obstinado. Es en lo único que se parecen a pesar de ser gemelos, bueno físicamente también son idénticos.

— ¿Estás bien? —Le pregunto al rubio tratando de ocultar mi angustia. Logro que me mire cuando le toco la zona del pecho donde se acentúa mas el rojo carmesí.

—Estoy bien —me asegura en tono suave—. Ahora ve al auto y espera ahí ¿sí?

A pesar de la confusión que siento y de estar intrigada con lo que pasó en esa habitación, asiento. Anyelo está cubierto de sangre y al frente hay un tipo amarrado en una silla, totalmente golpeado y sangrando.

Seguramente algo malo debió hacer. Esa es la versión que decido creer, así que doy media vuelta y empiezo a caminar para salir de ahí.

—A-yu-da-me.

La voz del desconocido se riega por la habitación deteniéndome los pasos al pie de la escalera. A pesar de que es casi inaudible logro procesarla y reconocerla.

¿Simón?

El cuerpo se me entumece cuando todo engrana en mi mente. Me obligo a reaccionar, giro y me echo a correr al sitio dónde está el chico amarrado, levanto su cabeza con mis manos. Obviamente las maldiciones de los gemelos no tarden en aparecer metiéndolos en una discusión, en la cual no pienso intervenir.

— ¿Simón? —Pregunto en un hilo de voz, la tristeza que siento me llena los ojos de lágrimas y me pongo peor al recordar mis pensamientos. Estoy a nada de convertirme en lo mismo que ellos.

— ¡Ayúdame por favor!

La suplica el hombre me comprime el pecho . Él no merecía eso. Mi abuela siempre me decía: es de ignorantes asegurar que conoces a alguien, solo falta romperse para desconocerse hasta uno mismo. Nunca le di la razón hasta ahora.

Me volteo enardecida contra el causante de semejante barbaridad porque no es justo, él no puede andar por la vida haciendo este tipo de cosas. Lo empujo cuando llego a su altura ganándome la atención de ambos, Anyela como siempre solo bufa y voltea los ojos fastidiada.

—Y aquí vamos —dice con fastidio, me causa rabia, pero la ignoro.

— ¿Qué fue lo que hiciste? —Le pregunto al rubio reteniendo las lágrimas, muy en el fondo quiero que se excuse, que me explique, que me dé algo de dónde agarrarme para justificarlo. Las heridas del chico son graves. Sin embargo en vez de justificarse, solo se queda callado mirándome con esa arrogancia que se gasta.

Lo hizo porque sí. La rabia me explota con la conclusión, así que me le voy encima golpeándolo.

—Eres un bruto, un animal, un salvaje, un abusador, eso es lo que eres —Le grito sin dejar de golpearle el pecho y me sacudo estérica cuando me toman por detrás y de un jalón me quitan de encima.

— ¡Cállate! —Me grita Anyela y con otro jalón me da la vuelta dejándome frente a ella, intento soltarme pero las sacudidas que me da me dejan quieta.

—Escúchame bien —Intenta enfocarme, pero me niego. Anyelo se mueve y...

—Tú, te quedas ahí. —Le ordena dejándolo quieto—. Alguien debe pensar con cabeza fría y como siempre esa soy yo —vuelve a poner su atención en mí.

—Tienes dos opciones Bianka, una, nos apoyas, dos, nos juzgas, pero ya de nada sirve darse golpes de pecho.

— ¿Qué? —Pregunto desorientada sin poder creer lo que dice.

—Es fácil lo dejamos aquí llamamos a la policía para que lo encuentren y ya, nadie sale perjudicado.

La empujo y busco donde sentarme porque presiento que de un momento a otro me voy a desmayar, vuelve a tomarme de los brazos, pero la empujo nuevamente. No quiero me toque.

— ¿Estás loca? Se puede morir —intento que razone.

—Mejor, así no corremos riesgos que nos delate.

Me llevo las manos a la cara frotándomela. ¿A caso no asimila lo mal que suena eso? Camino y me siento al pie de la escalera, estoy algo mareada.

—Es inhumano An —Susurro—. ¿Acaso son unos asesinos? —Ambos niegan, Anyela se jala los cabellos hacia atrás soltando el aire retenido en sus pulmones.

—Ok. Entonces esta te parecerá mejor, toma —me ofrece su teléfono—. Llamarás a la policía y les dirás que tu novio golpeo a tu pretendiente, que vengan y se lo lleven a la cárcel por intento u homicidio.

La punzada que me cruza la cabeza me hace llevar las manos a ella. Eso está peor.

—Está fácil ¿no? —Se me burla— vamos, es hora de decidir de qué lado estas. —Vuelve a ofrecerme el teléfono, miro al hermano en busca de ayuda pero este, no dice nada.

—Es simple —vuelve a hablar An— es él —señala al hermano— o él —esta vez señala a Simón metiéndome en un bendito dilema.

—Debe haber otra solución —pienso en voz alta.

—No, no la hay —determina An.

Niego intentando pensar en otra solución. —Ya sé —me levanto— llevémoslo al hospital.

—No Bi, eso sería muy… delicado, si alguien nos reconoce no podremos zafarnos, quizás a ti no te salpique, pero a nosotros nos embarra, hay que dejarlo aquí.

Me levanto y camino en busca de que Anyelo, necesito que reaccione. Es imposible dejarlo aquí.

—An, tiene razón —concluye el rubio deteniendo mis pasos. —Si nos ven, nos jodemos Bianka.

—Óyeme —le tomo el rostro. No puedo darme por vencida— Anyelo, tú prometiste hacer las cosas bien.

— ¡Ay por favor! no seas manipuladora —se queja An.

— ¿Manipuladora? Me habla la reina del chantaje y la manipulación ¿O cómo se llama lo que estás haciendo conmigo?

Anyela suspira pesado —eso lo podemos hablar luego. Si no vas a llamar a la policía, entonces quítate y vete al auto que yo me encargo del resto.

Sacudo la cabeza. An es caso perdido.

—Llevémoslo a un hospital —vuelvo a intentarlo con el rubio— lo dejamos ahí y ya, nos vamos. ¡por favor! —suplico y An, sacude la cabeza. ¿Cómo puede ser tan insensible?

Me le acerco mas a Anyelo y lo miro a los ojos suplicándole porque haga las cosas bien. Hace muecas con el rostro sin dejar de mirarme fijamente.

—¡Su madre Heulsuse! —susurra, llenándome de alivio.

— ¿Qué? —se queja Anyela y ni yo me la creo.

— ¿Eres estúpido? —Se va contra el— sí, sí que lo eres, bueno, te volvieron. —Concluye mirándome mal, hace su berrinche, pero no intenta darle reversa. Bueno, es que cuando el rubio toma una decisión ya no hay nada que hacer.

— ¿Estás seguro? —Le pregunta parándose en frente.

—Si. Yo le prometí a Bianka que cambiaría y así lo hare. Vamos las dejo en casa y lo llevo al hospital.

— ¿Verdad? —Se le burla mi amiga— ¿Y qué dijiste? Le vi la cara de pendeja, pues no Rey, si algo sale mal yo estaré ahí.

Se devuelve al puesto de Simón y empieza a untarse con sangre. —Si nos descubren la paliza fue cortesía de ambos —concluye terminando de embarrarse.

—No será necesario todo estará bien —intento ser positiva.

—Es eso o le quiebro el cuello —amenaza. Me es difícil de creer lo que dice, pero la cara de Anyelo claramente dice, que no está bromeando.

—Así como yo sé que tú no cambiarás de opinión, tú sabes que yo tampoco lo hare, así que camina —le ordena.

Después de suspirar, ambos desatan a Simón y lo arrastran hasta el auto. Se ve realmente mal.

—Y yo que pensé que quien te dañaría era él, hasta le advertí que no pusiera sus ojos en ti. —Me confiesa Anyela tan pronto se sube al auto. —Serás su desgracia, pero es necesario tengas claro que yo seré la tuya —me amenaza.

—Bueno ya basta. —Me defiende el rubio mirándome por el retrovisor guiñándome el ojo. Como si lo que hizo no fuera la gran cosa. Empezamos el recorrido y nadie dice nada, cada uno está sumido en quien sabe que pensamientos.

—Cambiaremos de auto.

La voz de An me hace levantar la vista dando con par de autos parados al frente, los cuales tienen los vidrios completamente polarizados. Anyelo la mira confundido, pero ella como siempre solo sube y baja los hombros restándole importancia.

—No tenemos todo el día —nos apura antes se bajarse y caminar hacia donde están estacionados los dos autos.

Después de mirarnos bajamos rápidamente, al mismo tiempo que cuatro hombres bajan del primer auto que nos señalo An, nosotros caminamos hacia ellos y ellos hacia nosotros. La rubia se detiene al frente de la ventanilla del segundo vehiculó conversando con no se quien. Los hombres bajan a Simón y lo suben al auto donde nos encontramos nosotros.

Luego de unos minutos An abre la puerta del auto, me inclino para ver quien baja, pero Simón me distrae tomándome de la mano, cuando vuelvo a mirar solo alcanzo a ver un reflejo montándose al auto de donde bajamos nosotros. Cuando Anyela sube el rubio arranca como alma que lleva el diablo.

— ¿Lo llamaste? —pregunta Anyelo en un tono bastante serio, el que apriete el manubrio y la mandíbula se le tense me preocupa, pero Anyela solo medio voltea a verlo antes de frotarse la nariz y suspirar largo. clara señal de estrés.

—Siempre me tiras la culpa, sin embargo deberías pensar un poquito mas. Tu nunca me dejas opción. Y relájate que la llamada no fue tan lejos.

Ambos se miran por el retrovisor y ya, se acabo la conversación. Y como siempre yo quede en la nada.

Varios minutos después nos detenemos en la entrada de emergencia del hospital. En el camino se cambiaron la ropa, el que los ayudo debe ser alguien de confianza porque dejo de todo en el auto.

—Yo lo bajo —indica Anyela guiñándole el ojo al hermano, le sonríe, pero no sé porqué no logró conectar su sonrisa con su mirada.

—Oído, en la siguiente entrada hay un auto negro, dejan este y suben a ese, con disimulo ¡por favor! Yo dejo el paquete en emergencia y los alcanzo en 10 minutos. Vamos nene.

Se ajusta la gorra y la capucha antes de bajar, Simón se apoya en ella, baja y empiezan a caminar. Tan pronto se alejan mi compañero arranca.

— ¡Detente! —Grito y Anyelo pisa el freno, no le doy tiempo de preguntar nada ya que me bajo del auto corriendo hacia la entrada, en donde está mi papá parado con las manos en la cabeza. El nombre de mi abuela es lo único que me pasa por la mente. Le paso por un lado a An, quien al mirarme se voltea.

— ¡Vete! —Grita desesperada, pero yo continuó.

Varias camionetas negras se toman el lugar cuando llego a la altura de mi papá, quien levanta la cabeza mirándome de arriba abajo con el ceño fruncido. No puedo ignorar el que tenga los ojos llorosos.

— ¿Qué pasó?

Me toman del brazo intentando que me devuelva y me sacudo, es Anyelo. Anyela suelta a Simón en una silla de ruedas que le ofrecen, tampoco puedo ignorar la mala cara que me pone, pero no me importa. Repito lo único que pasa por mi cabeza es el nombre de mi abuela.

— ¿Qué pasó? —Repito la pregunta con las lágrimas amontonadas. El corazón se me aprieta cuando la mirada de mi papá se empaña.

—Es tu abuelita… —Suelta la noticia desestabilizándome el suelo.

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