Capítulo 2
El avión aterrizó en el aeropuerto de Malé, y Catalina, con su maleta llena de colores vibrantes, corrió hacia la salida, ansiosa por comenzar su aventura. Defne, con su maleta negra y sobria, la siguió con paso firme, sin dejar de observar el entorno con una mirada atenta.
"¡Defne, espera! ¡Vamos a tomar un taxi juntas!" Catalina la llamó, con su entusiasmo característico.
Defne se detuvo, sin dejar de mirar a su alrededor. "No necesito compañía", respondió con un tono seco.
Catalina la miró con un gesto de confusión. "Pero... ¿por qué no? ¡Sería divertido! ¡Podemos compartir historias de viaje!"
Defne suspiró, sintiendo un nudo en el estómago. No era de las que disfrutaban de la compañía. Su vida era solitaria, llena de secretos, de misiones que la obligaban a mantener la distancia. Sin embargo, algo en la mirada de Catalina la hizo cambiar de opinión.
"Está bien", respondió Defne, con un tono neutral.
Catalina sonrió, con su alegría característica. "¡Genial! ¡Vamos a compartir un taxi!"
En el camino hacia el resort, Catalina no paró de hablar. Le contaba a Defne sobre sus sueños, sobre sus planes para el viaje, sobre su familia. Defne, con su carácter reservado, se limitaba a escuchar, con un dejo de curiosidad en la mirada.
Capítulo 3
El resort era un paraíso terrenal. Un jardín tropical, con palmeras que se elevaban hacia el cielo y aguas cristalinas que se extendían hasta el horizonte, daba la bienvenida a los huéspedes. Catalina, con su espíritu libre, se maravilló con cada detalle. Defne, en cambio, se sintió incómoda con la exuberancia del lugar.
"¡Defne, mira qué increíble es! ¡Es como estar en un sueño!" exclamó Catalina, con los ojos brillantes.
Defne se limitó a asentir, sin dejar de observar el entorno con una mirada atenta. Su misión era proteger a Catalina, y para eso debía conocer cada rincón del resort, cada detalle que pudiera representar un peligro.
"¿Te gusta?" preguntó Catalina, con un tono dulce.
Defne la miró con una expresión gélida. "Es... un lugar", respondió con un tono impersonal.
Catalina frunció el ceño, un poco decepcionada. "¡Defne, no seas tan seria! ¡Estamos en las Maldivas! ¡Tenemos que disfrutar!"
Defne suspiró, sintiendo un nudo en el estómago. No era de las que disfrutaban de las cosas simples. Su vida era llena de riesgos, de peligros que la obligaban a estar alerta. Sin embargo, algo en la mirada de Catalina la hizo cambiar de opinión.
"Está bien", respondió Defne, con un tono neutral.
Catalina sonrió, con su alegría característica. "¡Genial! ¡Vamos a disfrutar de este paraíso juntas!"