Capítulo 2

Dominic se aflojó la corbata con la mandíbula tensa. Un dolor fuerte le desgarraba el pecho; era el vínculo de pareja, que se estaba deshaciendo.

Su lobo aullaba de agonía, pero él reprimió esa sensación, confundiendo el dolor con su propia ira hacia Marina.

—Denle dos días más —ordenó—. No se les ocurra dejarla salir hasta que la escuche llorar y rogarme por el enlace mental. Vamos a la oficina central.

Mi alma los siguió, flotando hacia la sede de la Manada Silver Moon.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, vi algo que me provocó una ira que me caló hasta los huesos.

Harper estaba sentada en mi silla. En mi oficina. Estaba hurgando en mis archivos como si fuera la dueña del lugar.

—Gracias por hacerte cargo de esto —dijo Dominic mientras se sentaba frente a ella. Hablaba con una voz tan dulce que me dieron ganas de gritar.

—Ay, no me des las gracias, Dom —Harper levantó la mirada y sus ojos brillaban con una preocupación falsa—. Es que... no puedo evitar preocuparme por Marina.

—¿Preocuparte por ella?

—¿No fue muy cruel? —Harper se mordió el labio, la imagen misma de la culpa fingida—. Son pareja destinada. Debe tener el corazón roto.

“¿Corazón roto? ¡Estoy muerta, maldita hipócrita traicionera!”

—Tal vez sea mi culpa —continuó Harper en un susurro—. Eres demasiado bueno conmigo y Marina me ve como una amenaza. Por eso reaccionó así.

La cara de Dominic se endureció.

—Harper, no lo veas así.

—Pero...

—Eres mi mejor amiga desde que éramos cachorros —la interrumpió con tono firme y tajante—. Eso nunca va a cambiar. Marina tiene que aceptarlo.

Su mejor amiga desde que eran cachorros.

¿Y yo?

Yo solo era una forastera. Una pareja a la que había que “disciplinar”.

—A lo mejor Marina solo te quiere demasiado. —La voz de Harper se volvió todavía más suave—. Las lobas nos ponemos celosas, sobre todo de una amiga de la infancia...

—¿Celos? —Dominic hizo un gesto de desprecio—. Eres muy ingenua. El problema de Marina no es el amor, es su afán de posesión.

Se puso de pie y caminó hacia la ventana, dándole la espalda.

—Hay que doblegarla.

Doblegarla.

Esa palabra fue como un golpe físico que me desgarró el alma. Si mi fantasma pudiera llorar, las lágrimas me estarían rodando por la cara.

—¿A qué te refieres con eso de doblegarla? —preguntó Harper, fingiendo que no entendía.

Dominic se dio la vuelta con una chispa de maldad en los ojos.

—Marina viene del mar. Odia el aire seco. No soporta el humo. —Una sonrisa burlona apareció en sus labios—. Así que voy a usar lo que más detesta para que aprenda. Si quiere ser mi Luna, tendrá que aprender a obedecer.

“¡No es que lo odie, idiota! ¡Es un veneno mortal!”

—Dom... —Harper dudó.

—¿Qué pasa?

—¿No crees que eso es... muy cruel? —preguntó ella, fingiendo estar preocupada. Pero alcancé a ver el brillo de emoción en sus ojos.

—¿Cruel? —Dominic rio—. Solo la encerré. Si con eso logro que obedezca y que se le quiten los celos, ¿qué importan unos días?

En ese momento, alguien tocó a la puerta de la oficina.

—Adelante.

Liam entró con la cara desencajada.

—Alfa, tenemos una emergencia.

—¿Qué sucede? —preguntó Dominic, molesto.

—El monitor de signos vitales de la sala de aislamiento... Alfa, se quedó en ceros. —La voz de Liam temblaba—. No detectamos latidos ni respiración de la Luna. Lleva así cuarenta minutos.

Vi que el cuerpo de Dominic se tensó un segundo.

Muy dentro de él, su lobo aullaba de dolor.

El vínculo de pareja estaba desapareciendo.

La conexión se estaba rompiendo.

Pero su mente se negaba a aceptarlo.

—¿En ceros? —Rio con sarcasmo, pero el sonido se escuchaba forzado—. Está fingiendo.

—Alfa, los monitores no fallan...

—¡No caigas en sus trucos! —Dominic azotó una carpeta sobre el escritorio y los papeles salieron volando—. ¡No es una loba, pero tampoco es una humana delicada! ¡Ella puede curarse sola!

“¡¿Curarme sola?! Qué estúpida fui. Dominic, renuncié a todo mi poder divino por ti. Ahora soy más frágil que cualquier humana, ¡eres un completo idiota!”

—Además, solo lleva un rato encerrada. ¿Cómo la va a matar un poco de humo? —Su voz subió de tono, casi histérica—. ¡No se te ocurra abrir esa puerta!

Liam lo miró horrorizado.

—Alfa, si en serio pasó...

—¡No hay ningún “si”! —lo interrumpió Dominic con el pecho agitado—. ¡Esta es solo otra de sus tácticas desesperadas para acorralarme! ¡No voy a caer!

—Cálmate —dijo Harper mientras le sobaba la espalda con suavidad—. A lo mejor... ¿a lo mejor ya entendió la lección, pero le da mucha pena pedir disculpas?

—¿Entendió la lección? —Dominic suspiró—. Si ya entendió, ¿por qué no se ha disculpado por el enlace mental?

“¡Porque estoy muerta! ¡No soy más que el rastro de un alma que se desvanece!”

—Apaguen todas las alarmas —ordenó Dominic con una voz peligrosamente baja—. ¿Quiere jugar? Perfecto. Que juegue.

Capítulo 3

Cuando Liam se fue, Dominic se recargó en mi silla con una sonrisa de superioridad.

—Harper, ¿quieres saber por qué estoy tan seguro de que Marina está bien?

—¿Por qué? —preguntó Harper, fingiendo curiosidad.

Dominic se reclinó de nuevo con una mueca burlona.

—Porque Marina —dijo con una voz que mezclaba orgullo y desprecio— es un monstruo. ¿La presión aplastante del fondo del mar? Ella nació ahí. Es su lugar de juegos.

Monstruo.

Me dijo monstruo.

Los recuerdos regresaron, ese dolor que tanto me había esforzado por olvidar.

Hace diez años, en el templo de las profundidades marinas, le recé a la Diosa de la Luna para poder estar con él.

—¿Estás segura de que quieres hacer este trato? —La voz de la Diosa se suavizó con tristeza y resonó desde el altar.

Asentí sin dudarlo.

—Lo estoy. Quiero estar con él.

—El precio es muy alto. —La luz de la Diosa perdió brillo—. Debes desprenderte de tus escamas, entregar tu núcleo divino, que es tu esencia de vida, y renunciar a la protección del mar.

—Lo haré.

—Serás más frágil que cualquier humano. La presión alta, los gases tóxicos, las temperaturas extremas... cualquiera de esas cosas podría matarte.

—Mientras pueda sentir su calor, nada más importa.

Mis hermanas lloraban alrededor del altar con los ojos llenos de lágrimas.

—¡No lo hagas! —suplicó Coral, mi hermana mayor—. ¡No vale la pena renunciar a tu divinidad por alguien de la superficie!

—¡Ni siquiera sabe lo que has hecho por él! —dijo Pearl, mi segunda hermana, con enojo—. El vínculo de pareja entre un lobo y una sirena es inestable. ¡Lo estás apostando todo!

—No me importa. —Apreté los puños—. Mientras pueda ser suya, con tal de formar ese vínculo con él, renunciaré a lo que sea.

La Diosa de la Luna suspiró.

—Niña ingenua. El amor te cegó.

Una luz sagrada me envolvió. Un dolor quemante me desgarró cada nervio. Mis escamas plateadas se desprendieron, una por una, con una agonía terrible. Mi núcleo azul brillante fue arrancado de mi pecho.

Grité y me sacudí por el sufrimiento, pero antes de perder el conocimiento, vi a Dominic estirando la mano hacia mí bajo la luz de la luna.

Por él, todo valía la pena.

Cuando desperté, era una mortal frágil.

Pero por fin podía sentir el calor real de sus abrazos. Podía usar mi canto encantador, aunque debilitado, para abrirle paso en el campo de batalla.

Pensé que me había convertido en su Luna perfecta. Que mi sacrificio había servido de algo.

Ahora, él estaba distorsionando ese sacrificio para usarlo como prueba de que yo era indestructible. Me llamó monstruo. Me volví débil por él y él decía que solo me estaba haciendo la víctima.

Una furia infinita empezó a surgir desde lo más profundo de mi alma destrozada.

“¡Me voy a vengar! ¡Voy a hacer que paguen!”

Esa furia inmensa estalló dentro de mí.

El florero que estaba en el escritorio de la oficina empezó a temblar.

“¡Voy a destruir este lugar! ¡Voy a destruirlo todo! ¡Haré que los dos paguen!”

Junté lo poco que me quedaba de esencia y la lancé contra el florero.

Hubo un ligero movimiento. Un susurro de aire.

El florero sobre el escritorio se tambaleó un segundo y luego se quedó quieto.

Me desplomé en el aire, dándome cuenta con desesperación de que mi alma era demasiado débil incluso para tirar un florero.

—Qué raro —murmuró Harper, mirando a su alrededor—. ¿Eso fue una corriente de aire? Pensé que las ventanas estaban cerradas.

Dominic jadeó y se llevó la mano al pecho. Su cara se deformó por el dolor.

El vínculo de pareja.

Se estaba rompiendo.

Su lobo interno estaba aullando, sintiendo la agonía de perder a su compañera.

Pero su mente seguía negándose a aceptar la realidad.

—Te ves muy pálido. —Harper se levantó, preocupada—. ¿Deberíamos ir a casa a ver cómo está Marina?

—¿Ir a verla? —Dominic se burló mientras se ponía de pie, aunque noté que le temblaban las piernas—. Está bien. Vamos a ver cuánto tiempo más puede mantener este teatrito.

¡Iba a ir a casa!

¡Esta era mi última oportunidad!

Que viera mi cuerpo con sus propios ojos. ¡Que sepa lo que hizo!

Gastando hasta el último gramo de la energía de mi alma, me lancé contra el sistema de alarma de la casa.

El chillido agudo de una alarma rasgó el aire.

El celular de Dominic vibró con fuerza, mostrando una alerta roja brillante:

“Gas tóxico detectado en la villa. Evacuar.”

Vi cómo le cambió la cara; el pecho le subía y bajaba con rapidez.

Pero se recuperó pronto.

—¿Ves? —Dominic se rio con burla, aunque su cara estaba pálida—. Hasta está hackeando el sistema de seguridad. Su actuación es cada vez más exagerada.

“¡No! ¡No es una actuación, idiota! ¡Es el olor de mi cuerpo pudriéndose!”

—El sistema no se activaría por nada —dijo Harper, fingiendo preocupación—. ¿Tal vez sí deberíamos regresar y echar un ojo?

—Claro que vamos a regresar —dijo Dominic mientras recogía sus papeles, con una mirada que daba miedo—. Harper, tú vienes conmigo.

—¿En serio? —Harper no pudo ocultar su emoción—. Pero... ¿crees que sea buena idea?

—Es una idea excelente. —Dominic suspiró—. Quiero que veas su teatrito en persona. Quiero que veas lo manipuladora que puede ser una forastera.

Iban a regresar juntos.

Iban a ver mi cuerpo.

Le grité al oído, con un rugido desesperado y silencioso: “Anden. Vayan a ver lo que hicieron”.

Estás a punto de verla, Dominic.

A la chica que dejaste sangrando por los ojos y la nariz, con la piel llena de llagas por tu purificación.

Estás a punto de encontrarte con el cadáver que tú mismo creaste.

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El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa

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