Capítulo 1
Regresé a ese momento de mi vida en que mi tío político —con quien no tengo lazos de sangre— había sido drogado con esa droga afrodisíaca.
Pero esta vez, no me convertí en su “antídoto”. En lugar de eso, marqué el número de la mujer que él realmente amaba.
En mi vida anterior, me enamoré perdidamente de él. Cuando supe que había sido drogado, ignoré su súplica de llamar a su gran amor… y fui yo quien calmó su deseo.
Un mes después, quedé accidentalmente embarazada. Por lo que él se vio obligado a casarse conmigo, pero el día de la ceremonia de nuestra boda, su amada —que había viajado al extranjero para olvidar su dolor— fue secuestrada y asesinada.
Antes de morir, le hizo ciento noventa y nueve llamadas pidiendo ayuda. Él, que estaba ocupado cumpliendo con la boda, no contestó ninguna.
Después… solo se quedó mirando aquellas llamadas perdidas, sin decir una palabra. Hasta que, el día que tenía que dar a luz, me encerró en el sótano.
Le rogué que me llevara al hospital. Pero él solo sonrió, con esa frialdad que jamás olvidaré, mientras me veía morir lentamente, sin poder traer al mundo a nuestro hijo.
Sus últimas palabras antes de que cerrara los ojos y muriera fueron:
—Si no hubieras quedado embarazada, nunca me habrían obligado a casarme contigo. Si no fuera por ti, habría contestado las llamadas de Luz y, ella no habría terminado así. Tú… mereces morir.
Y entonces, volví a abrir los ojos. Era ese mismo día, el día en que él había sido drogado con ese medicamento afrodisíaco.
—Selena, rápido, llama a Luz.
Escuchar esa voz me estremeció. Me di cuenta que había vuelto a vivir.
Sin dudarlo, saqué mi teléfono y marqué el número de Luz. Frente a mí estaba Hugo Quiroga, mi tío político, tenía el rostro enrojecido, la mirada nublada y ardiente.
En el pasado, fue justo esa mirada la que me hizo cometer el error más grande de mi vida. Esta vez, aparté la vista y salí de la habitación sin dudar.
—Aguante un poco más. Su amada llegará en diez minutos —dije, cerrando la puerta tras de mí.
Al hacerlo, escuché una voz ronca desde dentro, llamando por mi nombre. Pero fingí no oírlo, cerré con fuerza y me quedé esperando afuera.
Diez minutos después, Luz llegó apresurada. Me miró con una expresión tensa y, al notar que mi ropa estaba intacta, noté como respiró aliviada.
Antes de entrar, me lanzó una mirada fría.
—Ya puedes irte, no te necesitamos aquí.
Y sin responder, di la vuelta y subí a mi habitación. Esa noche no volví a dormir, y no fue hasta pasada la media noche que la habitación finalmente quedó en silencio.
En mi vida pasada, lo amé tanto que acepté ser su antídoto esa noche, llevar a su hijo dentro de mí y arruinarme por él. Él en cambio, presionado por la familia, terminó casándose conmigo.
Y cuando Luz murió, perdió el amor de su vida, desde ese día su amor se convirtió en odio. Reprimiendo todo hasta el día en que se acercaba mi parto.
Ese día me encerró en el sótano. El dolor en mi vientre era insoportable, llorando le supliqué que salvara al bebé, que tomara mi vida a cambio de la suya.
También era su hijo… pero aún así ignoró mis súplicas, me vio morir junto a su hijo… todo para vengar a la mujer que amaba y perdió.
Pero esta vez, todo sería distinto, tenía una nueva oportunidad así que hice lo que me pidió. Le había devuelto a su amada, y pronto me iría para siempre.
A la mañana siguiente, Luz apareció en la mesa del desayuno de los Quiroga como si nada hubiera pasado.
Hugo, tranquilo, tomó un bocado de la ensalada, luego tomó un sorbo de sopa de arroz, y dijo con naturalidad:
—A partir de hoy, Luz será mi novia. Y pienso casarme con ella. Quiero que todos la traten bien.
Después, señalándome con los cubiertos me dijo:
—Especialmente tú. Compórtate bien con tu futura tía, no quiero problemas.
Asentí con frialdad e incómoda. Y Luz sonrió satisfecha, mirándome con aires de triunfo. Por lo que fingí no verla y me levanté para regresar a mi habitación sin haber terminado mi desayuno, pero su voz llorosa me detuvo.
—Hugo, ¿ves? Creo que Selena no me quiere aquí… Sé lo importante que es para ti, y si ella no me acepta, prefiero irme.
Lágrimas rodaron por sus mejillas, tan oportunas como falsas. El frunció el ceño, molesto y me ordenó:
—¡Selena Robles, siéntate y termina tu desayuno!
—Ya comí —respondí sin mirarlo.
Su voz se volvió más áspera.
—¡Te dije que te sientes! ¿No entiendes lo que te digo? O,¿se te han olvidado tus modales? ¿Dónde quedó la educación que te enseñé desde niña?
No quería discutir, a diferencia del pasado esta vez no tenía intención de involucrarme con ellos, solo mantenerme lejos de ellos. Pero insisten en no dejarme en paz.
Me giré hacia ellos y le dije con cortesía.
—Tío, tía… de verdad ya terminé. Disfruten de su desayuno, yo me retiro antes.
Media hora después, tocaron mi puerta. Cuando abrí, Hugo estaba allí. Sus ojos, oscuros y fríos, me miraban fijamente.
Capítulo 2
Por instinto, quise cerrar la puerta. No quería discutir, ni mucho menos volver a enredarme con él.
Pero Hugo la detuvo con una mano antes de que pudiera cerrarla. Frunció el ceño y me miró con esa expresión que conocía tan bien.
—¿Estás evitándome? ¿Por qué? —preguntó con voz baja.
Se acercó un poco más, observándome con atención.
—¿Estás molesta? ¿Por Luz?
Negué rápidamente con la cabeza, intentando sonar tranquila.
—No, no estoy molesta tío. Me alegra por ti, tío… Al final, los que se aman terminan encontrándose, ¿no?
Él entrecerró los ojos, claramente insatisfecho con mi respuesta.
—¿De verdad lo dices en serio? ¿No es sarcasmo?
De pronto soltó una risa corta, cargada de cinismo.
—Selena, ¿no me digas que todavía no me has olvidado? En tu fiesta de mayoría de edad, cuando tenías dieciocho, te emborrachaste y me robaste un beso. ¿Pensaste que no me di cuenta?
Me quedé helada. Pero continuó hablando.
—Todas esas cartas de amor que me escribiste en secreto… las leí una por una. Pensabas que lo ocultabas muy bien, pero el amor en tu mirada era tan evidente… ¿quién en esta casa no se dio cuenta que estabas enamorada de mí?
No atreverte a confesarlo fue la mejor decisión de tu vida —añadió con una sonrisa sarcástica y llena de desprecio—, porque te juro que me habría burlado de ti. Sí… me habría reído de lo ridícula que eras.
Después de decir eso, continuó riéndose con sarcasmo, como si todo aquello le resultara divertido. Luego pasó junto a mí y fue directo al escritorio. Tiró con fuerza del último cajón y lo abrió de golpe.
Agarró un enorme montón de cartas de amor, las levantó y las dejó caer al suelo. Después, las aplastó con el pie.
—Selena, te crié desde que tenías siete años. Te vi crecer. Y tú, siendo apenas una niña, escondías esos sentimientos enfermos por tu propio tío político. Sabías perfectamente que en mi corazón solo hay lugar para Luz, y aún así me escribías estas tonterías. ¿Sabes lo que siento? Asco.
Sus palabras me golpearon como cuchillos. Y, aún así, no se detuvo. Se inclinó hacia mí, acercándose tanto que podía sentir su respiración junto a mi oído. Y con una voz baja, casi como un susurro, cargado de desprecio dijo:
—Solo vine para decirte algo. Ayer, cuando me drogaron con ese estimulante, vi cómo me mirabas. Vi el deseo en tus ojos, no lo niegues. Querías ofrecerte como mi antídoto, para “ayudarme”. Menos mal que no lo hiciste, porque si hubieras sido tú… me habrías repugnado de por vida. Tú no estás a la altura de satisfacerme, Selena.
Mi corazón se contrajo de golpe, un dolor profundo me atravesó el pecho. Aunque en esta vida ya no lo amo, escuchar esas palabras tan crueles todavía me dolió.
Después de eso, Hugo me lanzó una última advertencia, me dijo que me mantuviera lejos, que no volviera a aparecer frente a él, para no provocar malos entendidos con Luz. Luego dio un portazo y se marchó.
No quería seguir siendo una molestia en su vida, ni seguir respirando el mismo aire que ellos. Justo tenía que salir a preparar mis papeles para irme del país, así que recogí mis cosas y salí de la casa.
Esa noche, esperé a propósito hasta casi las diez para regresar a mi habitación. Al entrar, noté que algo no estaba bien, alguien había movido mi cama.
Entonces vi que Luz había subido una nueva foto en su red social, una selfie acostada en la cama, y decía:
—No hay nada como un colchón de nivel millonario, es realmente cómodo. Sólo le mencioné a mi Hugo que no podía dormir bien, y enseguida me consiguió uno nuevo. Que importante es tener a un hombre que te ame.
El colchón… lo había cambiado, era el que me había comprado mi tío Hugo a principios de año, cuando se me agravó la lesión de espalda, y había costado más de un millón,
Él solía tratarme bien, sabía lo que significaba para mí, una chica a la que había criado, ser tratada así, y aún así me permitió enamorarme de él.
Y sin embargo, se colocaba en un pedestal moral, diciéndome que no podía amar a mi propio tío.
Y ahora, con solo unas palabras de Luz, él ni siquiera me avisó antes de que cambiaría el colchón.
Escuché pasos acercándose, de repente Hugo apareció en la puerta de mi habitación, y dijo ligeramente:
—Como el sueño de Luz es tan ligero, le di tu colchón. Total, tu espalda ya está bien; da igual en qué colchón duermas.
Respondí sin mirarlo, le dije un simple “mm, ajá” para dar por terminada la conversación.
Frunció el ceño y se quedó mirándome con atención.
—Selena, últimamente estás demasiado tranquila, no te reconozco. ¿Qué te pasa? Antes te enfurecías cada vez que me veías ser amable con otra persona, ¿y ahora? ¿Porqué no haces tus típicas rabietas? ¿No estarás tramando algo, verdad? —dijo con tono de advertencia—. Te lo advierto, si te atreves a meterte con Luz, no te lo voy a dejar pasar.
Entonces levanté la vista, lo miré con calma y le contesté:
—No tengo intención de molestar a nadie. Al contrario, lo que más deseo es que nadie vuelva a meterse conmigo. Además, tío, ¿no eras tú quien siempre decía que tenía que comportarme y madurar? Pues ahora lo estoy haciendo. Deberías alegrarte, ¿no crees?
Él apretó los labios, molesto y con el orgullo herido, y repitió tres veces con sarcasmo.
—Muy bien… muy bien… muy bien, Selena.
Dio un portazo y bajó las escaleras. Siempre que lo hacía, significaba que estaba furioso, era su forma de mostrar enojo.
Pero ya no me importaba, ya no tenía ganas de consolarlo . Porque por primera vez su enojo no significaba nada para mí. Muy pronto…me iré de aquí para siempre.
Capítulo 3
Los días siguientes fueron tranquilos. Luz se dedicaba a presumir su relación, mientras Hugo seguía molesto conmigo. Esta vez, yo había decidido no ceder, no mimarlo ni un segundo.
Un mes después, Luz anunció que estaba embarazada. Mi tío Hugo estaba muy emocionado y eufórico, deseando gritarle al mundo la noticia. Su boda con ella se volvió una prioridad, y toda la familia Quiroga se volcó en los preparativos.
Esta vez, la mujer embarazada no era yo, sino su amada. Y yo decidí dejar que fueran felices.
Después de completar todos los trámites para salir del país, compré un boleto a Madrid, programado para el mismo día de su boda.
Finalmente, Hugo no pudo resistirse y vino a buscarme. Aprovecho que Luz no estaba en casa, subió a mi habitación y empujó la puerta. Sacó su celular, abrió un correo y me lo mostró.
—¿Usaste el dinero que tus padres te dejaron? El abogado revisó y parece que lo estás usando como garantía para tu viaje. ¿Qué te pasa? ¿Que me vaya a casar te afecta tanto que necesitas despejarte viajando?
Mi corazón dio un vuelco. Pero la tensión disminuyó con sus palabras. Al ver que bajé la cabeza sin decir nada, su tono se volvió más frío.
—Selena, ¿ya terminaste tu espectáculo? Has estado de mal humor conmigo durante un mes entero. ¿Acaso planeabas ignorarme toda tu vida si yo no venía a buscarte? Desde que Luz llegó a la casa, me tratas con frialdad. Pero ella es la mujer que amo. Si tú me amaras, deberías aceptar la situación, no andar escondiéndote de nosotros.
Sacudí la cabeza, negando con firmeza.
—Tío Hugo, creo que me está malinterpretando. Solo lo veo como alguien que me crió, lo que siento por usted es gratitud, nada más.
Soltó una carcajada, como si hubiera escuchado el chiste más divertido del mundo.
—¿Gratitud? Todos saben que me amas hasta perder la cabeza. ¿Tú crees que alguien se lo creerá? Pregúntate a ti misma… ¿lo creerías tú?
Miró mi escritorio, sonriendo con ironía.
—Todos los regalos que te he dado… todavía los conservas. Y dices que no me amas.
Se dirigió hacia el escritorio, y comenzó a tomar y mirar cada objeto con cuidado. Luego me dijo con seriedad.
—Guarda todo esto. Me voy a casar con Luz y no quiero que tengas ilusiones equivocadas. Aunque no seamos familia de sangre, jamás te habría amado. Y ahora que está embarazada, no quiero que nada la altere, ni a mi querida esposa ni a mi querido bebé.
Asentí con un simple “hum” y comencé a guardar los objetos en una caja de trastos. De todos modos, planeaba deshacerme de ellos antes de irme del país, así que era perfecto, aproveché para dejar todo listo.
Pero al ver mi calma, él frunció el ceño y detuvo mi mano.
—Selena, ¿no puedes ser más cuidadosa? ¡Mira! Hasta el conejito de esta pinza para el cabello se te cayó.
Miré la pinza con el conejito en su mano. Era el primer regalo que me dio tras la muerte de mis padres, cuando me acogió como la hija de sus amigos más cercanos. Siempre lo había tratado como un tesoro, con mucho cuidado sin dejar a nadie tocarlo. Y ahora… lo tiraba en la caja sin cuidado, y él no lo soporto.
—Selena, ¿eres una actriz? ¡Siempre tan dramática! Claramente me amas hasta la locura, no soportas verme casar con otra mujer, y ahora finges frente a mí que ya no me quieres. ¿Quién te va a creer? Primero querías irte al extranjero para despejarte por mi boda… ¡y ahora frente a mí finges que ya no me quieres! Me quito el nombre si realmente me hubieras olvidado. Pero bueno, que te vayas a distraer también está bien. Luz está en un momento muy delicado del embarazo, así que mejor que no estorbes en casa.
Después, me transfirió diez mil dólares por teléfono.
—Toma este dinero y viaja por varios países. Disfruta un mes y regresa. Para entonces, Luz estará más estable con el embarazo.
Luego me lanzó una mirada que tenía mucho detrás, mientras me decía:
—Diviértete en el extranjero. No pienses demasiado en mí mientras estés fuera. Ahora ya soy un hombre casado, tendrás que acostumbrarte. Si no, vernos todos los días sería demasiado incómodo, ¿verdad?
Luego me dio algunas indicaciones sobre el viaje, sin saber que esta vez yo realmente no regresaría y me iría de su vida para siempre.
El día de la boda, todos en la familia Quiroga estaban ocupados desde temprano. Aprovechando el caos y, que todos estaban realmente muy ocupados, tomé mi maleta y salí por la puerta trasera.
Un taxi me llevó directamente al aeropuerto.