Capítulo 2

Shirley miró a Isaac al otro lado de la pista de baile y no quiso pestañear ni una sola vez porque tenía miedo de que desapareciera. De hecho desde esa distancia parecía bastante borracho y que necesitaba que alguien lo ayudara a caminar. '¿Estará bien?'. Entonces se levantó y trató de apresurarse tras él, aunque iba tropezando en el camino. Al ir a toda prisa entre la multitud, accidentalmente se topó con alguien que reaccionó rápido y la empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo.

"¿Qué sucede contigo? ¿Acaso estás ciega?", espetó la mujer con ropa bastante reveladora.

Shirley luchó por ponerse de pie pese a que se sentía cada vez más mareada, y habiéndose dado cuenta de su error, se disculpó enseguida: "Lo siento mucho. No fue mi intención. ¿Está usted bien?".

"¿Shirley? ¿Qué haces aquí?".

Sorprendida de escucharla pronunciar su nombre, ella la miró bien, y se dio cuenta de que era su compañera de clase, Mia Lan.

Con una expresión de altivo desdén, esta alzó una ceja para decir: "No pensé que la santurrona del salón vendría a un lugar como este. Eres muy buena fingiendo ser otra persona en la escuela. No es de extrañar que hayas conseguido engañar a tipos como Jeremy". Ella estaba enojada por el hecho de que ese chico la prefiriera por sobre ella.

"Por favor, déjame pasar", dijo, dejando claro que no quería hablarle. A esta le encantaba criticarla, pero ella no estaba de humor para lidiar con eso en ese preciso instante. Su prioridad era encontrar a Isaac, porque estaba decidida a declarársele esa misma noche. Lo cierto era que no quería perder esa oportunidad de decirle cuánto lo amaba, pues a fin de cuentas él se casaría con su hermana al día siguiente. Si él la amaba también o no, le importaba muy poco.

Tambaleándose, Mia se puso de pie y se paró frente a ella desafiante, pero Shirley estaba tan ansiosa que le dio un firme empujón y corrió en la dirección en la que había visto a su amado por última vez, dejando así a la exasperada compañera dando un pisotón iracunda.

Sin embargo, sintió algo en la planta de su pie al hacerlo, por lo que bajó la mirada al suelo con curiosidad. '¿Un celular?'.

Zachary había llevado a Isaac hasta el cubículo de invitados en el tercer piso de la discoteca, lo dejó en la cama y estaba a punto de irse cuando Wilson y Charles lo detuvieron.

"¿Qué crees que estás haciendo?".

"Zac, te estás volviendo peor cada día. ¿Le estás intentando jugar una mala pasada a Isaac? ¿Acaso quieres morir o algo así?", cuestionó el primero, quien nunca se atrevería a hacer una broma como esa, y mucho menos a Isaac.

"¿Qué hice mal?", replicó el chico encogiéndose de hombros para fingir inocencia.

Charles sacudió la cabeza con desdén. "No creas que no sabemos lo que le pusiste a su bebida. Él estaba tan emocionado esta noche que no pudo notar tu sucio truco. ¿Estás orgulloso de lo que hiciste?".

"Creo que están malentendiendo todo. ¿No ven que le estoy haciendo un favor?".

"¿De verdad? Lo que parece es que solo quieres avergonzarlo. ¿Estás tratando de tenderle una trampa con una puta?", preguntó Charles.

Wilson sacudió la cabeza con decepción antes de comentar: "No creo que sea una buena idea. ¿Qué le vas a decir a Madelyn cuando se entere?".

"No se preocupen. Ya le informé que Isaac está borracho, y me dijo que llegará pronto".

Zachary no se atrevería a gastarle una mala pasada a su amigo, sin mencionar que él sabía cuánto amaba este a Madelyn Jiang.

Wilson le dijo entre risas: "Tú ni siquiera te has casado todavía. ¿No te da miedo lo que Isaac te haría a cambio en ese entonces?".

La mente del otro se quedó en blanco y cayó en un pensativo silencio, ya que nunca se le ocurrió que el inconsciente podía convertir su vida en un infierno.

"Bueno, no me caso y ya". 'Si no tengo intenciones de desposar a alguien, no tendré motivos para temerle a Isaac', pensó. Dado que él no tenía problemas para conseguir salir con chicas, no consideraba gran cosa el no tener esposa nunca.

'¡Este tipo es un cobarde!'. Los otros dos lo miraron con desdén.

Apoyando sus manos sobre los hombros de estos, él sonrió con malicia. "Chicos, deberíamos irnos porque si todavía estamos aquí cuando llegue Madelyn, estará cohibida por nuestra culpa".

Capítulo 3

Borracha, Shirley se fue tropezando a toda marcha hacia el ascensor en el que se habían llevado a Isaac, el cual por suerte logró distinguir que se había detenido en el tercer piso. "Aquí debe ser donde lo trajeron, ¿pero en qué cubículo estará?".

Uno por uno, ella giró los pomos de cada puerta que se encontraba, y tras algunos intentos fallidos, se detuvo para recuperar el aliento y apoyar la espalda contra una de ellas. Para su sorpresa esta se abrió y cerró tan rápido que no pudo ver el rostro de la persona que la jaló hacia adentro.

Lo siguiente sucedió en unos pocos segundos. Fue arrojada sobre un sofá y se le subieron encima, con lo que pudo sentir el calor de un aliento en sus labios y una respiración en su rostro.

No bien ella recuperó la compostura y al fin abrió los ojos, la conmoción y la incredulidad la dejaron paralizada. Tan solo una mirada al rostro atractivo y familiar del hombre hizo que su cerebro dudara. ¿Se trataba de Isaac? ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso estaba soñando?

'¡No! ¡No podemos hacer esto!'.

"Isaac...".

La conciencia de este comenzó a desdibujarse bajo la influencia de la poción en su bebida, de modo que una vez que la fragancia de la chica llegó a sus sentidos, quedó embriagado por completo y su temperatura se elevó tan pronto como sus manos comenzaron a explorar las curvas de ella.

Cuando este al fin se detuvo, Shirley se apartó, respiró hondo y trató de detenerlo empujando con ambas manos su firme pecho. El contacto con su cuerpo era demasiado real como para que aquello fuese un sueño, así que levantó la voz desesperada y lo sacudió. "¡Isaac, detente! ¡Soy yo, Shirley! Abre los ojos. No...".

Pese a su esfuerzos, no pudo apartar al hombre sobre ella por mucho que lo intentara, lo cual la llevó a la conclusión de que este no estaba en condiciones de entender razones.

Él le cubrió la boca con su mano, aunque no tan fuerte como para sofocarla, sí lo suficientemente firme como para hacerla entender que quería silencio.

Por su parte, la chica abrió los ojos de par en par y su cuerpo tembló de miedo mientras intentaba resistir sus movimientos y lo apartaba. Sin embargo, eso no hizo más que irritar a Isaac, quien ejerció más fuerza aun.

"Me lastimas". Shirley soltó un quejido ahogado cuando lo sintió dentro, y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde.

Él hizo una pausa al escucharla gemir de dolor, como si se hubiera dado cuenta de que esa era su primera vez. A pesar de que comenzó a recuperar algo de conciencia, su vista seguía desenfocada. Acto seguido la besó suavemente en la frente para consolarla.

"Madelyn, mi amor. Dejará de doler en un par de minutos, créeme", murmuró lujurioso. Poco sabía él que sus palabras eran como dardos venenosos que perforaron el corazón de la chica que tenía debajo. Pronto esta dejó de luchar y permitió que el dolor se extendiera por todo su cuerpo, pensando en que él le estaba quitando algo muy valioso, y sin embargo, ni siquiera sabía quién era ella. Incluso en ese estado, la única persona que ese hombre tenía presente era su hermana, Madelyn. Sin saber si era por la aflicción física o la de su corazón, las lágrimas de ella brotaron en contra de su voluntad.

Quizás eran los celos o su estado de ebriedad los que la hicieron entregarse a ese momento y olvidar el hecho de que él se convertiría en su cuñado. Ya no le importaba que no supiera quién era ella, y como el destino no iba a permitir su amor, quiso perderse en sus brazos esta noche, independientemente de que se sintiera mal al respecto. Una noche era todo lo que podría tener con el hombre de sus sueños, así que encontró la excusa perfecta para entregarse a sus fantasías. 'Dios, por favor, perdóname', oró. Entonces lo abrazó y comenzó a devolverle los besos.

Él no estaba en todos sus sentidos, pero sus labios presionaban con firmeza los de la chica a la que estaba haciendo suya. En ese punto sus cuerpos se acercaron aún más, si es que eso era posible, y el calor entre ellos se sentía casi como electricidad mientras fluía de cada centímetro de él dentro ella.

A partir de esa noche sus destinos se enredarían en una historia complicada.

Si bien Shirley experimentó un genuino y profundo remordimiento, ya no había nada que pudiera hacer.

Tal vez no debió haber ido allí en primer lugar.

¿Quién podría decirle qué hacer ahora?

La culpa se asentó en su corazón y solo en sus oraciones silenciosas pudo buscar el perdón a su pecado.

'Lo siento, Madelyn. ¡Lo siento mucho!'.

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El Amor En Primer Puesto

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