Logo
El amor de mis sueños
El amor de mis sueños

El amor de mis sueños

77 Capítulos
Completadas
En El amor de mis sueños, Abigail se obsesiona con Adriano, el hombre ideal que solo aparece al dormir. Esta novela de fantasy y romance explora su encuentro con seres de alas negras mientras busca la verdad. Descubre este mystery story y lee una de las mejores fiction fantasy novels.
Capítulo 1 de El amor de mis sueños

No sé exactamente cómo llegué allí. Mis ojos tardaron un momento en acostumbrarse a la oscuridad del lugar. Cuando comencé a reconocer algunos elementos, me di cuenta de que estaba a la intemperie. La luna llena brillaba sobre mí y el cielo estaba cubierto de estrellas. Oí el murmullo de una discusión acalorada y comencé a acercarme para ver de qué se trataba. Los seres alados estaban en un claro de ese hermoso bosque, y hablaban de algo que yo no llegaba a comprender. Eran unos jóvenes demasiado bellos, y sus alas, completamente negras, eran imponentes e inmensas. Tres de ellos eran varones, y las otras tres mujeres. Tenían rasgos similares, por lo que asumí que estaban emparentados.

La discusión se volvió aún más acalorada y algunos de ellos comenzaron a desenfundar las espadas de sus cinturones y se desató la lucha. Me escondí detrás de un árbol, para no ser vista, pero fue en vano. La lucha me encontró, pues ellos se movían hacia mí.

Corrí por el bosque, intentando huir, pero mis piernas se sentían demasiado pesadas. Me dije a mí misma que no debía detenerme, que debía seguir intentando escapar de aquella pelea. Aquellos seres alados parecían realmente enfadados y letales. Corrí y corrí, pero los sentía pisándome los talones. De pronto, sentí a uno de ellos muy cerca, y su tacto en mi hombro me dejó estupefacta. El escalofrío recorrió mi espina dorsal.

Desperté entre jadeos para darme cuenta de que estaba cubierta de sudor. La alarma del despertador todavía no había sonado, así que me levanté y la desactivé. Me di una ducha y pronto olvidé lo que había soñado.

Bebí un café fuerte mientras miraba las noticias en mi móvil y luego tomé mis cosas para salir a trabajar. Como todos los días, tomé el metro y caminé algunas calles para llegar a mi trabajo.

Saludé con la mano a Eva y Amelia y me encerré en mi oficina a crear contenido para el periódico, antes de que alguna de las dos pudiera decir palabra. Hacía tiempo que venían con el mismo discurso: “¿Cuándo vamos a salir todas juntas como antes? Necesitas más tiempo fuera de este lugar”.

Lo cierto es que “este lugar” es mi zona de confort. Es mi hábitat natural. Es donde mejor me encuentro. Déjenme frente a mi ordenador todo el día o toda la noche, allí estaré bien. No necesito salir, no necesito música fuerte, no necesito conocer muchachos pedantes o con poca materia gris.

En mi monólogo interno, no me había dado cuenta de que Eva se acercaba a mi oficina con dos tazas de café.

—¡Buen día, hermosa! ¿Cómo te encuentras hoy? —me dijo, mientras entraba—. Tienes ojeras —observó—. ¿Has dormido algo, o te has quedado trabajando hasta tarde?

—Ajá…

—Te traje café. Aquí tienes —dijo, posando la taza frente a mí, y sentándose en la silla vacía.

—Gracias.

—Estamos organizando para este viernes, ¿sabes? —comenzó—. Deberías venir esta vez, será divertido. Vendrá Olivia.

Olivia había sido compañera nuestra en el periódico. Se había enamorado, había formado una hermosa familia, y finalmente, había renunciado a su trabajo para dedicarse a la maternidad. No era lo que yo pretendía hacer con mi profesión. Me había roto el alma para llegar a donde estaba.

—Lo pensaré, Eva.

—¿Si? —dijo, y bebió un sorbo de su café—. Sé que quieres ser siempre perfecta, pero ya lo eres Abi, salirte un poco de tu papel no te hará mal. Relájate, por un día al menos. Será bueno pasar un momento con tus amigas y distenderte, salir de la rutina.

Miré a Eva y suspiré. Sabía presionarme y si no le decía que sí iba a continuar con eso toda la mañana, y yo de verdad quería trabajar.

—Bien, Eva. Iré. Pero, ¿puedes dejar de molestarme ahora? ¿Por favor?

—¡Claro! Si prometes ir, ¡por supuesto! —dijo con una sonrisa que dejaba ver todos sus dientes.

—Y que no sea una cita a ciegas.

—Sólo nosotras, lo prometo.

Era súper alegre y sonriente todo el tiempo. Puse mis ojos en blanco y asentí. Eva bebió un poco más de su café, se levantó de su silla de un saltito y se encaminó a la puerta de mi oficina. Me miró, todavía sonriente.

—Es una cita, amiga. Agéndalo.

Se fue a trabajar y me dejó con mi trabajo. Una mañana de arduo trabajo. Al menos no tenía que levantarme de mi silla para prepararme café.

A media mañana volteé y mi mirada se encontró con la de Eva. Sonrió y me guiñó un ojo. Ese intento de emparejarme con alguien ya llevaba un tiempo. Yo no me preocupaba tanto por esas cosas. Ya llegaría mi momento de conocer a alguien, pero ahora era el momento de darle importancia a mi carrera profesional.

Pedí que me trajeran el almuerzo a las oficinas del periódico desde el restaurante que había abajo y almorcé frente a mi ordenador, como hacía casi todos los días. Bueno, esta vez dos intrusos invadieron mi oficina.

Eva y Amelia abrieron la puerta, acercaron las sillas, y se sentaron frente a mí.

—Pensamos que necesitabas compañía —dijo Eva.

—Hace tiempo que no vienes a la cocina a comer con nosotras —agregó Amelia.

—Es cierto —dije, llevándome un bocado de mi almuerzo a la boca.

—Deberías parar un poco —dijo seriamente Amelia—. Trabajas demasiado, amiga.

—Ya me lo ha dicho Eva, pero gracias por pensar en mí. Si no trabajo ahora, entonces ¿cuándo lo haré?

—Si no disfrutas de tu vida ahora, entonces ¿cuándo lo harás? —se burló Amelia.

Resoplé y miré mi comida. Jugué un poco con ella y luego volví a comer.

—No te preocupes, Amelia —intervino Eva—. Abigail vendrá con nosotras este viernes y le encontrará el sentido a la vida. Quién sabe, quizá hasta conozca algún chico guapo.

—Ya hablamos de ese tema, Eva. Nada de chicos. Si voy, es para estar con ustedes.

—“Si voy”, dice. Irás. Ya lo prometiste —dijo Eva.

—De acuerdo. Este viernes, cuando nos encontremos, es sólo para pasar tiempo con ustedes, mis amigas. No voy a conocer chicos.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo Amelia.

—Dime.

—¿Por qué te rehúsas tanto a estar con alguien?

—No tengo tiempo.

—Claro que tienes tiempo. Siempre puedes encontrar tiempo.

Suspiré. Me encerraba y no dejaba entrar a nadie en mi vida. Había tenido malas experiencias en el pasado y no quería volver a intentarlo. No era mi prioridad en ese momento. Fin.

—Chicas, no se ofendan, pero en realidad este tema me tiene cansada. Y todas tenemos trabajo que hacer.

—Abi, estamos almorzando.

—Me han quitado el apetito —expresé, sonriendo con sarcasmo.

—De acuerdo —dijo Amelia, levantándose—, no te librarás tan fácilmente de nosotras, y lo sabes. El viernes serás toda nuestra. Ya lo prometiste.

Ambas salieron, ofreciéndome una sonrisita burlona, y el resto de la tarde me enfrasqué en mi trabajo, incluso después de la hora de salida.

Volví a un apartamento vacío y continué trabajando desde mi laptop, mientras escuchaba las noticias de fondo y comía sushi.

Me fui a dormir temprano y soñé con un hombre, tanto que mencionaron estar en pareja y bla bla bla, terminé soñando con un hombre.

Nos encontrábamos en una habitación en la que no había estado nunca. No sabría definir con exactitud el lugar, pero asumí que eran esos típicos lugares productos de mi imaginación que aparecen en sueños. Yo estaba sentada en un cómodo sofá y él se acercaba a mí, tomaba mi barbilla y hacía que lo mirara. Su rostro era bellísimo, y me daban ganas de besarlo. Continuaba mirando hacia arriba, embelesada, pero ninguno de los dos daba el primer paso. Parecía estar esperando mi permiso. Entonces me levanté e intenté llegar a sus labios, pero era muy alto y tuvo que agacharse. Cuando sus labios tocaron los míos, sentí una descarga eléctrica entre ellos, pero a la vez pude sentir la suavidad de su piel, y la aspereza de su barba de unos días.

Me apreté contra su cuerpo, deseando más, y acarició con ternura mi espalda. La excitación crecía dentro de mí. Alcé mi vista y pude ver que detrás de él había una cama que antes no había notado que estaba allí, pero cuando quería llevarlo hasta ella me desperté, maldiciendo entre dientes porque el sueño no continuaba.

A lo largo del día fui olvidando los detalles de su rostro, a medida que pilas y pilas de trabajo se iban acumulando en mi escritorio y la rutina me agobiaba, aunque esa sensación de placer y excitación me acompañó hasta la noche.

Deseé soñarlo de nuevo, pero fue una noche sin sueños, o al menos no lo recordaba, pues dicen que siempre soñamos, sólo que no lo recordamos. Ese día pasó como un borrón y trabajé en automático.

Volví a casa para cenar frente a la televisión, con una copa de vino en la mano. Ni bien terminé la cena, abrí un libro e intenté concentrarme en él, para sacudirme un poco la rutina de encima.

Los libros eran mis mejores compañeros, mis mejores amigos, mis mejores amantes y mis mejores escapes cuando todo lo demás se derrumbaba a mi alrededor. Siempre había un libro para cada ocasión.

Cuando al final mis párpados comenzaron a pesarme, me fui a la cama y me acurruqué entre las mantas. El sueño llegó diligente y me envolvió una bruma que me condujo a una habitación algo oscura. Una figura me esperaba allí. Una alta figura, de hombros anchos. Sólo podía ver su espalda.

Caminé hacia él, pero no lograba alcanzarlo. No parecía estar tan lejos de mí, aun así, la espesa bruma a mi alrededor no me dejaba avanzar.

Agotada, estiré mis brazos hacia él, y llamé: “¿Hola? ¿Quién eres?”. Pero no volteó. No parecía oír. Seguí intentando llegar a él, pero parecía inalcanzable. De pronto, mis pies comenzaron a avanzar con un poco más de velocidad, y noté que él se quitaba su camisa, la arrojaba al suelo, luego se quitaba también sus pantalones y también los arrojaba al suelo. Noté que a su lado había una cama, que antes no me había percatado que estaba allí.

Recorrí su figura de arriba abajo: era perfecto. Parecía medir alrededor de un metro ochenta y era ridículamente bello, su musculatura era bien definida, aunque no exagerada, y sus brazos se veían bien fuertes. Su piel estaba algo bronceada y usaba la barba de unos días, que hacía juego con su corte de cabello algo desprolijo, aunque sólo era parte del look, porque de desprolijo no tenía nada.

Se recostó en la cama, tomó las mantas y se cubrió hasta la cabeza. Hasta ese momento no me había dado cuenta que seguía corriendo en su dirección, hasta que me topé con un muro invisible y las palmas de mis manos comenzaron a palpar ese muro en busca de una abertura para poder atravesarlo. Las luces de su habitación comenzaron a apagarse y me di cuenta de que yo estaba en mi propia habitación. Me recosté en mi cama y me escondí debajo de las mantas. Cerré los ojos y me quedé dormida.

No recordé otro sueño cuando desperté en la mañana, pero ese se quedó conmigo.

Se acercaba el viernes, y mis amigas se estaban poniendo cada vez más impacientes con esto de que yo había accedido a ir con ellas. Querían ir de compras luego del trabajo, pues por lo visto mi guardarropas era demasiado aburrido, y no iba a objetar nada porque todas se veían demasiado entusiasmadas.

—No puedo creer esto, Abi —decía Eva, tan efusiva como siempre.

—¿Qué cosa no puedes creer? —le dije, fingiendo sorpresa—. ¿Que pagarás todo lo que elijas para mí?

—Ja-ja.

—¿Vamos? —dijo Amelia, saliendo de las oficinas.

Ambas asentimos y nos pusimos en marcha. Amelia y Eva me llevaron a tres tiendas diferentes de ropa y me hicieron probar de todo: ropa casual, de fiesta, tacones… Me estaban volviendo loca. Decían que me vestía demasiado sobria y que mañana era un día de celebración. ¿Celebración de qué?

—Estoy cansada, por favor, basta —les dije.

—Esto será lo último que te pruebes —dijo Amelia sosteniendo una falda entre sus manos—, y nos iremos a tomar algo, lo prometo.

Amelia colocó la falda encima suyo para ver como lucía en ella.

—Amiga, ¡lucirás hermosa! —dijo, y me la alcanzó para que volviera al probador.

Suspiré y volví al probador.

—¿Cómo te queda? Déjame ver cómo te queda.

Abrí la puerta y Eva y Amelia inspeccionaron el vestuario.

—Definitivamente irás así mañana —decretó Eva.

Puse los ojos en blanco, pero acaté la orden.

Después de mi desfile por las tiendas de ropa, nos sentamos en un café a beber unos capuchinos y a comer una exquisita pastelería estilo francés: macarons, éclairs, paris-brests para compartir y una crème brûlée para cada una. Bueno, esas eran las salidas con amigas que más disfrutaba. ¿No podíamos hacer esto en vez de salir de noche a lugares ruidosos donde la gente se amontona y recibes propuestas de gente que no conoces?

Conversamos un buen rato sobre películas, libros, nos pusimos al día sobre millones de cosas (como si no nos viéramos todos los días en el trabajo), y al caer la noche, decidimos que era mejor regresar a casa para descansar. Mañana teníamos que volver a la oficina.

—Bueno, te veremos mañana en el trabajo, Abi, y en la noche también —dijo Eva, entusiasmada.

—¿No era esta la salida? —dije, fingiendo confusión.

—No te librarás tan fácil de nosotras, ya lo sabes.

—Esto no ha sido nada fácil, me han torturado durante toda la tarde.

Nos despedimos y al llegar a casa arrojé las compras al suelo y fui directo a la cama. Estaba demasiado cansada y no tenía hambre. Nos habíamos llenado la barriga con esas delicias francesas y no tenía lugar para otra cosa.

Dormí profunda y plácidamente durante toda la noche y al despertar no podía recordar lo que había soñado. Lo que no estaba segura si era bueno o malo. Por un lado, extrañaba a ese rubio alto al que no conocía y por otro, la sensación de vacío en el pecho que me dejaba al no poder tenerlo en mis brazos no estaba, ya que no lo había soñado.

Continuar leyendo
Seleccionar capítulo
CH. 1CH. 2CH. 3
CH. 4
CH. 5
CH. 6
CH. 7
Todo
Lee la novela completa en
moboreader
Ya disponible para lectura gratuita

Te puede gustar

Amor Atraviesa del Tiempo
Amor Atraviesa del Tiempo
Tras morir traicionada por Ricardo, una mujer regresa al pasado en Amor Atraviesa del Tiempo. En esta novela de romance y mystery, deberá usar su fortuna para cambiar su destino y proteger a su hija. Descubre esta historia en nuestra web novel y lee los mejores fiction fantasy novels.
Bajo dos lunas
Bajo dos lunas
Bajo dos lunas narra el viaje de la princesa Selene en Artheon. Para traer la paz en esta fantasy novel, debe casarse con su mayor enemigo. Entre misiones de supervivencia y lealtad, esta adventure story explora si cumplirá su venganza o salvará su imperio. ¡Lee esta web novel ahora!
El Alfa y su pareja rechazada
El Alfa y su pareja rechazada
En El Alfa y su pareja rechazada, Debra sobrevive al exilio para cumplir una misión en Roz. En este fantasy novel, debe trabajar con Caleb, quien la rechazó años atrás. Esta historia de werewolf romance novels sigue su lucha por proteger a su hija y el destino de su manada.
El Precio de Hacer Trampas
El Precio de Hacer Trampas
Lina Salazar busca venganza en El Precio de Hacer Trampas tras ser traicionada. En esta fantasy novel, ella usará sus recuerdos para cambiar su destino y destruir a sus rivales. Una web novel y romance novel llena de misterio sobre el costo de la ambición y la justicia.
La Compañera Alfa Del Paria: Amor Y Redención
La Compañera Alfa Del Paria: Amor Y Redención
Tras ser rechazada, Marian busca venganza en La Compañera Alfa Del Paria: Amor Y Redención. En esta novela de fantasía y romance, debe decidir entre matar al usurpador o unirse a Reyland. Lee este werewolf romance novel y descubre una emocionante adventure story de traición y poder.
La monja y el inquisidor
La monja y el inquisidor
En la adventure story La monja y el inquisidor, Eira custodia un secreto de sangre que Étienne debe destruir. Entre conspiraciones y profecías, esta romance novel de género fantasy narra una lucha por el poder y la fe, ideal para quienes buscan fiction fantasy novels de calidad.

Últimos lanzamientos de novelas web

Popular en MiniShort

Hola, mi despiadado exesposo
Hola, mi despiadado exesposo
Hace tres años, mientras estudiaban aviación en la universidad, Cathryn y Jared se enamoraron. Contra todo pronóstico, se casaron e imaginaron toda una vida volando juntos. Al malinterpretar un abrazo entre Cathryn y su padre, Jared creyó erróneamente que ella estaba liada con un hombre mayor por motivos económicos, lo que provocó su separación. Tres años después, cuando se reencontraron, Jared ya estaba liado con otra mujer...
Amor bajo ataque
Amor bajo ataque
La protagonista, Jess Gonzales, debe elegir 4 hombres de 25 para salir activamente con ellos. Después de que ella tome su decisión, los solteros restantes que ella rechazó, tienen la oportunidad de sabotear sus citas a cambio de un premio en efectivo.
La Pesadilla de una Madre
La Pesadilla de una Madre
La pequeña Kacie muere por una fuga de gas debido a la negligencia de su abuela. Su padre, Devin, ignoró las llamadas de auxilio de su esposa por estar con su ex, descubriendo la terrible verdad solo cuando ya era demasiado tarde.
Rompiendo con las mentiras: El viaje de vuelta de Tess.
Rompiendo con las mentiras: El viaje de vuelta de Tess.
Para casarse con Raúl, Linda, su exnovia, le hizo una trampa. Pero, Raúl se escapó y tuvo relaciones con Carla. Temiendo que se enterara de eso, dio dinero a Luis para que asumiera la consecuencia. Carla dio a luz a cuatro hijos. Linda tiró a tres, y la hija la dejó a Luis. Durante 7 años, Luis maltrató a Linda e incluso la abandonó al ser nombrado como subdirector. Para ayudar al abuelo de Raúl, Carla se casó con Raúl y se conocieron de nuevo.
Domando al Jefe de la Mafia, ¡Ahora es Mío!
Domando al Jefe de la Mafia, ¡Ahora es Mío!
Leah, la hija de la familia Cruz, parece ser una "delicada y feroz" que derrocha dinero en clubes nocturnos y actúa de manera cínica. En realidad, es una heredera arruinada cuyo poder fue arrebatado por su padrastro. Durante un malentendido, Leah, impulsada por el alcohol, gastó una gran cantidad de dinero y "se quedó" con Allen, el "noble joven en bancarrota", sin saber que ese hombre al que empujó contra la pared y cuya camisa le había rasgado, es en realidad la persona al mando de la familia Smith, una familia mafiosa. Comienza un malentendido sobre "quedarse con alguien". Él puede ponerse un delantal y preparar la cena, y cuando ella es incriminada por su hermanastra Lisa, él le apunta con una pistola en la frente. Ella pensaba que él era una persona quien necesitaba ayuda y protección, pero cuando ella se ve en problemas, descubre que él ejercía con naturalidad toda la abrumadora fuerza de los Smith. Ella creía que era la cazadora, pero no sabía que, desde el momento en que lo empujó contra el locker, él estaba dispuesto a dejar todas sus máscaras por ella. Veamos cómo Leah pasa de ser la "sugar mommy" a la esposa del jefe de la mafia. Protagoniza una historia de amor entre dos personas poderosas en la que "tú ocultas tu poder para proteger mi parte vulnerable y yo me despojo de mis heridas para darte mi corazón".
El largo juego de la seducción
El largo juego de la seducción
Abandonada en su noche de bodas, Quinley termina por accidente con Enzo, el heredero de la capital. Valiéndose de unos videos, él la arrastra a su mundo y le pregunta a diario: Entonces, ¿cuándo dejarás a tu marido?