Capítulo 2

Llegamos a su auto, un humvee color crema. Los autos así son mi locura.

—Tienes un auto alucinante, sé que te lo digo cada vez que te veo, pero me encanta.

—Gracias, corazón. Lo mío es tuyo, solo debes decirme que sí. 

—Mira, de verdad que agradezco todas tus atenciones, pero detente. Mis emociones están fuera de control porque mi corazón se está involucrando. Nos conocemos hace un año, es difícil no sentir cosas y si te vas, si decides que no valgo la pena, me vas a destrozar.

—Tu madre ha sido una experta en hacerte sentir menos.

—Lo sé, pero eso no es de lo que te hablo.

—Es lo mismo. Me gustas, más que eso. Te amo, llevo un año sintiéndome cada vez más unido a ti, así que deja de sentirte menos, o de sentir que no vales la pena.

—Dame tiempo.

—Sabes que tengo un amante.

—Al inicio pensé que eras homosexual.

—Soy bisexual. Y mi compañero sabe sobre mis sentimientos, queremos compartirte.

—Me dices demasiado. No sé qué decirte.

—Tómalo con calma, iremos día a día.

El resto del viaje fue silencioso y por primera vez en lo que tenía de conocerlo, me percaté de la fuerte carga sexual que había entre ambos. Bajó conmigo, escaneó la zona buscando a los miles de asesinos que me esperan fuera de casa y me quitó la llave. Abrió mi puerta, digitó mi código—¿A qué hora se lo di? — y después de asegurarse que todo estaba en orden me besó, y vaya beso.

—Hadita, te deseo. Vamos a empezar a salir, tú y yo.

—¿Y tu compañero?

—Puedes conocerlo, pero al inicio si te hace sentir bien, sal solo conmigo.

—De acuerdo.

—Mañana te quiero en el club conmigo. Buenas noches Hadita.

El día de los enamorados empieza a pasar rápido, veo en la oficina que todas reciben arreglos y sonrío, festejo con ellas y me duele. Doy gracias al cielo de que el día está por acabar y que, tras horas de ver amor por todas partes, se han ido a casa y solo quedamos dos. La secretaria del jefe y yo.

Y ella, la dulce Janice, me mira con picardía. La miro, viene jadeante y no entiendo. 

—Te lo tenías bien guardado.

—Yo... espera… ¿qué?

—Vengo de recepción, cariño y hay un muñeco que pregunta por ti.

—Janice, ya te he dicho que no bebas en el trabajo.

—Déjate de pendejadas, ya le han dado el visto bueno y viene subiendo, ha de pensar que estoy mal porque pasé corriendo a su lado por las escaleras, en estos putos tacones de 15 centímetros. Pero tenía que ver tu cara al verlo.

Janice acababa de decir eso cuando lo vi. Wolf.

Vestido con vaqueros, zapatillas y una camisa deportiva de algún equipo de soccer. Me mira con intensidad. Trae un ramo de flores, chocolates y se acerca a toda velocidad.

Mira a Janice con una risa plasmada en su rostro.

—¡Vaya forma de correr!

—Valía la pena, tenía que ser testigo de esto. Nuestra niña tiene un pretendiente de nombre…

—Wolf, Demian Wolf.

La mirada de Janice se llena de asombro y emoción.

—No serás el mismo Demian Wolf dueño del club Cuervos Negros.

—El mismo.

—Tu club es famoso, entrar es difícil.

—¿Has tratado de afiliarte?

—Pensé que era solo por invitación.

—La asistencia a eventos lo es, para nuevos ingresos solo debes presentarte, te daré mi tarjeta, sabrán que me conoces y te facilitarán las cosas.

—Demonios… Gracias de verdad. Y, por cierto, a esta hora estamos solo nosotras, Jeff, nuestro jefe—añade mirando a Wolf—no se encuentra. De casualidad desviaré las llamadas a mi celular y me iré a casa.

Wolf le sonríe con aire lobuno, y nos aísla, cerrando las puertas. Me arrincona contra la pared y me besa, lo dejo, gimo porque me gusta y sus manos esas van a mi entrepierna.

—¿Húmeda?

—¿Wolf?

—Llevo un puto año detrás de ti, te lo dije anoche y por lo visto, esta es la única forma que se me ocurrió, para que me escuches.

—Te deseo…

—No aún, hoy será nuestra noche pequeña hadita. Por ahora me complace saber que me deseas.

—No me dejes así.

—No señorita, sobre la mesa, piernas abiertas.

Aquello era de locos, ¿no estaría soñando?

Me quito los pantalones luchando con el temblor en mis manos, le sigue la ropa interior, lo miro, sabe que estoy mojada y lame sus labios. Parece un hombre lobo el condenado. Se coloca frente a mis piernas y chupa con ganas, mi cabeza se va hacia atrás y gimo, como animal herido.

No es muy elegante, pero la necesidad por tener a ese hombre era mucha. Sujeto su cabeza, necesito decirle que no se mueva, presionarlo contra mi piel con fuerza.

Y entonces exploto, mis jugos salen a toda velocidad y lo llenan.

—Eres mía, hadita.

—Yo… sabes… 

—Deseas a Nicholas y si quiere unirse a nosotros, bienvenido sea, pero eres mía. Hoy en la noche vas al club como mi invitada, te organizaré un encuentro con él, Ryder está al tanto. Te dejo tu traje de hoy y la invitación.

Miro el traje y pongo los ojos en blanco.

—Caperucita… ¿de verdad?

—Soy el lobo feroz, cariño. No faltes porque soy capaz de ir a buscarte.

—No lo haré. ¿De verdad seguiremos juntos?

Mi voz suena insegura, es que cómo no estarlo cuando semejante hombre me dice esas cosas.

—Sí, acabarás hasta con un anillo en ese dedo, te quiero para siempre, he esperado un año y no más.

—Te quiero.

—Te quiero, hermosa hadita. Nos vemos.

Capítulo 3

Horas después…

Me encuentro a las puertas de tener el mejor sexo de toda mi vida y tiemblo como una hoja en medio huracán. Me asusta el sexo, —siendo brutalmente honesta, me aterra—y aun así lo anhelo. Pero no es que vaya a tenerlo con cualquier hombre, no.

Wolf es mi otra mitad, me siento completa cuando lo veo. Y lo de hace unas horas… Wow, somos realmente compatibles.

Nick por otro lado, calienta mis noches y mantiene a rayas mis pesadillas—sin saberlo, sin saber siquiera que existo, ya lo saben—en teoría, espero que pueda darme una noche increíble. Sé que les dije que llevaba poco tiempo trabajando, también les dije que he ido con Ry como observadora, pero hay algo más profundo. Los recuerdos de lo que viví en ese club hace poco más de seis años, esos me ponen la piel de gallina.  

Aprendí a anhelar, me hice adicta a las relaciones carnales, algo más fuertes que las comunes y corrientes, para luego ser brutalizada por quien—en teoría—sería la persona que me cuidaría. El monstruo de mis pesadillas tiene nombre, me costó no solo mi seguridad, sino la confianza. No salgo del todo con hombres, no dejo que me toquen o que siquiera me miren la espalda. Solo Ryder pues como sabe de mis heridas y las ha visto, eso me ha permitido tener la confianza que se necesita en la intimidad.

Y eso me preocupa, pues Wolf dejó en claro sus intenciones y aunque sabe de lo sucedido no ha visto mi espalda y el sexo involucra piel con piel. Lo curioso de las agresiones, es que los responsables nos dejan sintiendo pena, vergüenza e inseguridad. No me culpo o no del todo, por lo sucedido. Apenas tenía diecinueve años y mi ingenuidad me hizo confiar en quien no debía.

Y regresar al club fue la cosa más difícil que he hecho.

Mi teléfono suena sobresaltándome y no necesito ver quien me llama, lo sé porque a aparte de mi jefe Jeff, o de Wolf —y su tono de llamada es distinto—, nadie me llama—vaya ausencia de vida social—

—Amor.

—Ryder, corazón de mi corazón—le digo con sarcasmo—

Ryder Grant, el epítome de la belleza, siempre he pensado que es el hermano perdido de Jacob Elordi. Ry es considerado uno de los mejores partidos, hijo de Maximiliam Grant, uno de los fundadores del Club Náutico, y mi único amigo.  

Nuestra historia se remonta a mi adolescencia, mis padres, —así les llamo para no meterme en problemas, pero quizás más adelante les cuente quienes son en mi vida—miembros del club náutico de la ciudad, —y uno realmente snob— me hicieron comprometerme con Ryder. Ambos nos sentimos atraídos, pero supimos que aquello no iba a ir más allá que amistad y sexo ocasional. Mis padres no aprobaron que terminara con él, pero no les quedó más que aguantarse.

— Amor de mi corazón, paso a recogerte en media hora. ¿Estás segura?

—Tanto como puedo estarlo, Ry.

—Wolf estaba radiante, emocionado.

—Hemos decidido dar un paso adelante.

—Eso es asombroso, mereces ser feliz, Oli.

—Podrías decir que sí.

Cuando llega me mira y silba de forma apreciativa.

—Estás realmente caliente, y tu traje…

—Regalito de mi cita de esta noche.

Hablamos de tonterías, mi respiración estaba bastante agitada. Al llegar, noto que los autos abarrotan el lugar y la música se percibe desde afuera. El rostro de Ryder aparece en mi campo visual. Me mira con ternura y preocupación. Toca mi mejilla y me hace mantener contacto con sus ojos.

—Tranquila, estoy aquí ¿recuerdas?

—Hay tanto en juego esta noche, y no sé si puedo manejarlo.

—Wolf no fue por ti porque tenía que quedarse. Estaba casi gruñendo al ver que el tiempo no avanzaba lo suficientemente rápido. 

—Suena a que puede comerme.

—Ten por seguro que si—dijo una sexy voz detrás de nosotros y di un salto bastante impresionante—

—Lamento haberte asustado, pequeña cosita deliciosa.

En sus ojos había un brillo juguetón y supe que mentía.

—Descuide, señor. —le dije metiendo énfasis en la palabra, señor y me gané un beso intenso y posesivo—

—Curiosa criatura has traído, Ryder. O me habla con educación, tal cual lo hace una sumisa, o me insulta deliberadamente.

—La intención no era molestarlo, pero diría que no lo dije por ser obediente.

Wolf me miró con atención, muchísima curiosidad y algo que me pareció ternura, pero que ocultó de prisa.

—Olivia, antes de que entremos, necesito que hablemos, déjanos, Ryder.

Ahí fuera, en medio de la nada, me miró y me dijo algo que me heló la sangre y casi me hace caer de rodillas.

—Necesito disculparme, mi hadita.

—¿Puedo saber por qué?

—Porque fui el tercero de Timothy, cuando te sodomizó.

Mis rodillas fallaron, Wolf me sujetó entre sus brazos mientras el llanto y los temblores convulsivos sacudían mi cuerpo. Haberlo sufrido era una cosa difícil, pero que alguien más hubiera visto aquello, fue fuerte y peor que fuese él.

—Tranquila, mi amor.

—No supe que había alguien más. 

—Estuve ahí y no por invitación, él era famoso por su brutalidad y me resultó extraño ver a una cosita tan joven como tú. Después supe que ni siquiera llegabas a la mayoría de edad y le retiré su membrecía.

—No quiero…

—¿Hablar de ello? Descuida, pero soy tu carta más segura para evitar obtener algo que no quieres. Sé qué quieres a Nick y lo tendrás a él y a cuantos quieras.

—No te entiendo.

—Tú me has dicho que anhelas el sexo, Timothy te quitó algo valioso y daré todo por verte bien, satisfecha. No me importa si tienes Amos en el club, me interesa una relación estable, pero no quitaré ese lado tuyo.

—Gracias.

—Vamos a ir a ver una de las habitaciones y Ry irá por Nick. lo que suceda después, será tu decisión.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Club Cuervos negros

Capítulo 2
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo