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Bajo el Mismo Veredicto
Bajo el Mismo Veredicto

Bajo el Mismo Veredicto

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En Bajo el Mismo Veredicto, Aurora West busca el éxito en el derecho, pero enfrentar al implacable Rafael Novoa cambiará su destino. Esta historia de romance y billionaire romance novels explora el desafío de romper barreras profesionales en una adictiva web novel de ambición y deseo.

Resumen de Bajo el Mismo Veredicto

Aurora West sueña con triunfar en la abogacía y su ingreso al bufete más prestigioso parece el inicio del éxito. Sin embargo, su jefe, el brillante y frío Rafael Novoa, se convierte en su mayor desafío. Pese a su rigor, Rafael oculta una atracción intensa por la pasante que pone en jaque sus principios. Entre tensiones legales y sentimientos prohibidos, Aurora intentará derribar su coraza. ¿Podrá él ceder al amor o dictará un veredicto final contra su corazón?
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Capítulo 1 de Bajo el Mismo Veredicto

Narrador omnisciente

Un nuevo día comenzaba en la hermosa ciudad de Boston, el clima era soleado y agradable, parecía solo ser uno más como cualquier otro, pero no lo era del todo para dos personas en especial... Este día significaba el inicio de una gran historia para dos personas que romperían todas las reglas de lo que socialmente estaba bien visto y crearían y escribirían su propia historia. Su propio "Felices para siempre"...

POV Aurora

No puede haber una cosa que odie más que el sonido del maldito despertador ¡Dios, que fastidio!

Aunque mi cuerpo me exigiera descansar al menos cinco minutos más, mi mente me pedía comenzar a prepararme para este día, así que con toda la pereza del mundo, me levanté a regañadientes a apagar la alarma que me indicaba que era hora de levantarme y empezar a arreglarme para mi primer día, honestamente me sentía emocionada, muy emocionada para ser sincera...

¿Cuál era el motivo de mi emoción? Se preguntarán... Bueno, aquí les cuento un poco de mí y de mi historia.

Mi nombre es Aurora West, tengo 23 años y me estoy preparando para convertirme en abogada, tal como siempre lo he soñado. A este punto, ya he terminado con la carga académica de mi carrera, solo me resta poder hacer mis prácticas profesionales para poder concluir, recibir mi título y finalmente ejercer dentro de este mundo laboral.

Justamente es por eso que hoy me siento tan emocionada, se me presentó la oportunidad de poder realizar mis prácticas dentro del mejor bufete de abogados de la ciudad de Boston, "The New Age Law Firm", ese bufete era el mejor de la ciudad y uno de los mejores de todo el país entero, definitivamente era una oportunidad única.

Sin perder demasiado el tiempo, comencé a prepararme para poder partir con tiempo de sobra hacia aquel lugar. Me di una ducha rápida, hice toda mi rutina y me vestí de la forma más profesional que pude, llevaba un pantalón de vestir negro un poco entallado de la parte superior, y una blusa sencilla blanca. Mi estilo en general era algo bastante sofisticado, clásico aunque con un toque sensual a la vez, no importaba la ocasión, amaba vestirme así.

Estando ya lista, salí de mi departamento y tomé un taxi que me llevaría hacia el edificio donde haría mis prácticas. Sabía que ese bufete tenía tal éxito gracias a un abogado en particular, desconocía el nombre de dicho abogado, solo sabía que era demasiado respetado por todo el mundo y no había un solo caso que él perdiera; ahora que lo pienso, creo que debí informarme un poco más acerca de él, aunque siendo honesta, no creo siquiera llegar a pisar su oficina así que, ¿Qué más da? Me imaginaba que no me darían un puesto tan importante, y lo entendía perfectamente.

Llegué al lugar con bastante tiempo de sobra, caminé con paso seguro y una emoción contenida hacia las puertas de ese edificio, que era bastante grande. Al estar en la entrada pude notar que había bastante personal de seguridad alrededor, y podía imaginarme el porqué. En esta profesión, puede llegar un punto en el que se torne algo "peligroso" para nosotros, ya que no todo el mundo estará conforme con los resultados que se puedan obtener.

-Buen día señorita, ¿Tiene cita?- Preguntó un hombre amablemente en la entrada antes de dejarme pasar.

-Buenos días, así es. Soy practicante, me dijeron que me dirigiera a la sala de juntas 136-B, mi nombre es Aurora West- Dije dando la información que me habían entregado, el guardia pareció revisar una lista y regresó su mirada a mí.

-Claro, adelante. Tome el ascensor y marque el piso 19, ahí se encuentra la sala de juntas que mencionó- Me explicó el joven amablemente, le agradecí con una sonrisa y caminé al interno del edificio.

Tuve que pasar por el detector de metales y una pequeña revisión, vaya que se toman enserio la seguridad en este lugar. Sin más distracciones, me dirigí al ascensor y marqué el piso 19, que era de hecho el penúltimo piso. Me sentía algo nerviosa pero muy emocionada, estaba lista para dar todo de mí y demostrar de qué estaba hecha. Al llegar al piso, salí del ascensor y comencé a caminar lentamente por el lugar, todas las oficinas en este piso eran oficinas cerradas dando completa privacidad al interno, caminaba viendo las letras inscritas en cada puerta hasta que llegué al final donde había una placa metálica más grande indicando que ahí era a donde me dirigía. Tomé un poco de aire y toqué la puerta dos veces.

-Adelante- Dijo una suave voz varonil, suspiré y abrí la puerta sintiéndome confiada y segura. Al entrar pude ver una gran mesa redonda donde solo estaba ocupando lugar un hombre de algunos 30 años, tal vez un poco más, era bastante apuesto honestamente. Se puso de pie al verme y estiró su mano hacia mí.

-Tú debes ser Aurora, ¿Cierto?- Preguntó el hombre con una sonrisa, se le veía bastante amable y cálido.

-Buenos días- Fue lo primero que dije al tomar su mano –Sí soy yo, un gusto, ¿Usted es...?-

-El gusto es mío, Sebastian Stan, soy abogado penalista y sub-director del bufete- Se presentó con amabilidad.

Así que era la mano derecha del jefe... Notaba que era algo joven, ya que me imaginaba que el jefe sería seguramente un viejillo cascarrabias, ellos no suelen contratar a personas tan jóvenes para rangos tan importantes.

-Adelante, toma asiento- Me invitó a sentarme a su lado para conversar –Bien, entonces, Aurora- Repitió mi nombre viendo unos documentos rápidamente y cerrando la carpeta para volver a concentrar su mirada en mí –Tengo entendido que vienes de Portland, de la Universidad de Concordia, ¿Es así?- Preguntó queriendo corroborar mi información.

-Sí, es correcto- Respondí con una pequeña sonrisa.

-Excelente escuela, si me lo preguntas. El profesor Cumberbatch me pidió el favor de poder integrarte como practicante en el bufete, habló maravillas de ti y dio excelentes recomendaciones tuyas- Continuaba la conversación, él parecía ser muy agradable.

El profesor Cumberbatch, mi profesor favorito, gracias a él fue como pude conseguir esta oportunidad en el bufete, él mandó mis papeles y pidió el favor de que me pudiesen aceptar, le debía una.

-Sí, estoy muy agradecida tanto con él como con ustedes por esta oportunidad, le aseguró que daré lo mejor de mí para poder ser de ayuda en este lugar- Aseguré mirándolo con confianza.

-Estoy seguro de que sí, sé que Benedict no mete las manos al fuego por cualquiera, me gusta tu actitud. Pero hablemos un poco de ti, estarás trabajando con nosotros al menos 6 meses en lo que terminan tus prácticas profesionales, así que me gustaría conocerte un poco mejor para poder sobrellevar el tiempo de una forma más amena y cordial-

-Claro... Bueno, como mencioné, mi nombre es Aurora, nací en la ciudad de Portland, he vivido ahí desde que tengo uso de razón, hasta que fue momento de hacer mis prácticas y me mudé para acá. Me encanta leer, y solo disfrutar tiempo conmigo misma, creo que me considero bastante relajada y tranquila...- Explicaba bajo la atenta mirada de Sebastian.

Estuvimos conversando bastante como si fuésemos amigos de toda la vida durante más de una hora, sentía ya a este momento la confianza de poder pedir su apoyo para poder aprender mucho mejor en este lugar.

-Bueno, se te va a otorgar un gafete de entrada para que puedas pasar por la puerta del personal y no tengas que estar pasando por seguridad todo el tiempo, te asignaré una oficina en la planta de abajo, ahí alguien se encargará de decirte que hacer y en que ayudar cada día, te estaré llamando en algunas ocasiones para que puedas aprender de diferentes casos y puedas aportar tu conocimiento en ellos, yo estoy en la planta de arriba, el último piso. Cualquier duda o inquietud que tengas, puedes tener la confianza de dirigirte conmigo- Terminó por decir con una pequeña sonrisa la cual devolví.

-Se lo agradezco mucho señor Stan-

-Puedes pasar a mi oficina en tu hora de salida, te entregaré tu gafete, por ahora puedes ir a instalarte en tu oficina abajo, ahí alguien te asesorará. Bienvenida al equipo Aurora- Añadió levantándose de su asiento, yo imité su acción.

-Muchas gracias, señor Stan, más tarde pasaré con usted. Con permiso...- Respondí despidiéndome y saliendo de la sala de juntas para bajar al piso 18 donde me indicó Sebastian.

Hice justamente lo que Stan me indicó, bajé al piso que mencionó y ahí una señorita me ayudó y dio indicaciones de qué tenía que hacer, este piso era algo similar al de arriba, tenía muchas oficinas cerradas que conectaban por pasillos; pasé todo ese día recibiendo instrucciones de lo que debía hacer en ese lugar, todos estaban siendo muy amables conmigo y compartían consejos de como poder hacer un mejor trabajo.

El día pasó rápido y finalmente se dio mi hora de salida, me despedí de mis compañeros y me dirigí al ascensor, al estar ahí recordé que Sebastian mencionó que pasara a su oficina por mi gafete, por lo que marqué el último piso y esperé unos segundos hasta que las puertas de la caja metálica abrieron.

Se dejó ver la última planta, era impresionante, todo en este lugar gritaba lujo, era diferente a los otros pisos en los que estuve, aquí el espacio era mucho más abierto, había solo un par de cubículos de lado izquierdo, un par de pasillos y al fondo se podía ver una gran puerta color caoba, no alcanzaba a distinguir lo que tenía inscrita la placa metálica pero por supuesto que intuía que era la oficina del jefe, esta se encontraba entre abierta pero no alcanzaba a percibir nada al interno.

Caminé con lentitud apreciando los detalles de este lugar, era asombroso, comenzaba a dirigirme hacia una de las personas que estaban en los cubículos para preguntar por el señor Stan cuando escucho que mencionan mi nombre haciéndome voltear de inmediato.

-¿Aurora?- Volteo y me doy cuenta que se trata justamente de Sebastian quien me miraba con una sonrisa.

-Señor Stan, hola de nuevo, acabo de terminar mi turno y recordé que tenía que venir por mi gafete...- Expliqué.

-Oh, cierto. Ven conmigo- Pidió amablemente caminando en dirección a un pequeño pasillo, pasamos de largo la oficina de la puerta caoba y entramos a una oficina con el nombre de Sebastian inscrito en la puerta.

Me entregó el gafete con mi nombre, me dio un par de indicaciones para no tener problema al momento de entrar y me acompañó hacia la salida.

-¿Y qué tal tu primer día?- Preguntó con una sonrisa.

-Fue excelente, todos han sido muy amables, no puedo esperar para continuar aprendiendo de todos ustedes- Admití dejando ver un poco mi emoción.

-Me alegra que te sientas cómoda, ya sabes, cualquier cosa puedes venir conmigo- Terminó de decir cuando llamé al ascensor.

-Gracias de nuevo señor Stan, tenga un lindo día. Hasta mañana- Me despedí y comencé a caminar con dirección a la salida para poder irme a mi departamento finalmente.

Debía admitir que el día de hoy había sido muy bueno, la emoción de comenzar en este lugar aún invadía mi cuerpo; algo que me mantenía con bastante intriga era conocer el rostro del jefe, mis compañeros mencionaron su nombre en alguna ocasión cuando me hablaban un poco de la empresa, sabía que se llamaba Rafael Novoa, y lo único que dijeron de él es lo que ya conocía, que era el mejor en lo que hacía, nunca perdía un solo caso, era respetado pero también muy temido por las personas que se enfrentaban a él.

También me dijeron que era la persona más cascarrabias y malhumorada del mundo, el exigía nada más que la perfección y jamás salía de su oficina, únicamente para irse del lugar, era como un lobo en una cueva, me daba miedo toparme en algún momento con él, aun creo que es un anciano cascarrabias, que probablemente no esté muy de acuerdo en que alguien como yo esté en su empresa como practicante, pero no me dejaría intimidar, siempre me he caracterizado por ser una mujer muy segura y confiada de mí misma, así que no dejaría que el miedo a él me invadiera.

Decidí caminar hacia mi departamento, ya que no se encontraba muy lejos del edificio y disfrutaba de una buena caminata para poder relajarme y despejar un poco mi mente. Lo único que me daba algo de pesar era llegar a mi departamento y encontrar un lugar vacío, como se lo mencioné a Sebastian, he vivido en Portland toda mi vida hasta ahora, provengo de una familia bastante privilegiada donde la unión entre nosotros era algo muy importante, y el pasar de vivir con mis padres y estar en un lugar donde siempre estaba acompañada y cobijada a pasar a vivir completamente sola fue un poco duro para mí.

Muchas personas en Portland me tenían calificada como una niña consentida, pero yo considero que más bien contaba con el apoyo de mis padres en general, nunca pedí más de lo debido aunque ellos me lo ofrecieran, siempre luché por ganarme las cosas, trabajaba para poder pagar mis cuentas y no pedir más de lo necesario a ellos, aunque de nuevo, insistían en dármelo. Siempre fui fiel creyente en querer ganarme las cosas y no solo estirar mis manos.

Algo a anotar, es que en las prácticas profesionales nunca se paga realmente como si laboraras en el lugar, no hay un sueldo como tal, muchas de las veces no ofrecen ni un solo centavo, y otras veces solo dan una pequeña compensación; por lo mismo, sabiendo que lo que se me pagaría no sería suficiente, mis padres se ofrecieron a pagar el alquiler de mi departamento, lo cual agradecía infinitamente. Pensé en declinar la oferta y conseguir un empleo aparte de las prácticas, pero no podía dejar que mi orgullo hablara por él mismo, realmente quería tener toda mi atención en el bufete, así que acepté que pagaran solo eso y con lo que me dieran en el bufete creo que sería suficiente para mi estancia en el lugar.

Llegué a mi departamento después de 40 minutos, entré y me recosté en el sofá viendo hacia el techo y pensando en todo lo que estaba por venir... Tenía una buena corazonada con esto, sabía que algo bueno tenía el destino para mí y estaba lista para ello...

¡Qué día!

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