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🖤 ADOLECER 🖤 PRÓLOGO: Recuerdo que a los seis años tuve una conversación con mi padre, bueno, una de las únicas charlas que tuve con él. La cuestión es que mi padre me preguntó ─ ¿Qué princesa quieres ser? ─Yo no sabía muy bien que responder, puesto que me chupaba un huevo la idea de intentar ser perfecta y ejemplar, pero a la vez, en ese entonces, quería lucir vestidos grandes, rosados y llenos de brillos, quería que todos me quisieran y desearan tenerme cerca. Sin embargo, le contesté ─ Quiero ser Bella. Porque tiene muchos libros─ Sí, fue una respuesta estúpida. Con los años, esos momentos se esfumaron por completo de mi cotidianidad, en su lugar comencé a llenarme de nubes negras y tormentas constantes, quedando sola conmigo misma, y yo soy insoportable. La idea de "ser una Princesa" siguió importándome una mierda, pero se intensificaron mis defectos hasta que nadie me soportó y me encerraron en un internado. Iba en picada hasta que... un molesto apareció en mi vida. Él se emperró en decir que yo era una "Princesa", su puta princesa y eso me cabreó un montón. ¿Quién era él para decir esas estupideces? No lo sabía hasta que no pude separarme de su insoportable existencia. Hasta que necesité sus abrazos con todo mi ser, hasta que quise mirar sus ojos azules todos los días, hasta que deseaba ser "Su Princesa", aunque suene como una imbécil, así fue. Y fue perfecto. ¡ATENCIÓN! Contiene lenguaje sexualizado y ofensivo, escenas de violencia explícita, escenas sexuales, consumo ilícito de sustancias, conductas depresivas, armas blancas, entre otras escenas que pueden dañar la sensibilidad de algunos lectores. Las instituciones que se mencionan en la historia son ficticias, así como su sistema de organización, y pueden no coincidir con la realidad.
Capítulo 1 de ADOLECER

Ada.

Golpeo, mis nudillos duelen, pero golpeo más fuerte. Aunque no creo que sea necesario que siga, de todos modos, lo hago.

Escucho muchos gritos, la verdad no sé qué dicen, tal vez me ovacionan o me abuchean. Supongo que debe ser un espectáculo digno de ver. Una niñata de uno sesenta, dándole una paliza a un tocador de culos con cara de malo. Si graban un vídeo, ¡quiero verlo!

Me toman por las axilas tirando hacia atrás. ¡Carajo! Dejen que se haga justicia.

─ Ada, no me gusta que vengas seguido a la enfermería. Mucho menos por pelear. ─Ya me lo repitió un par de veces este mes.

─ No te preocupes que trataré de hacerlo menos, pero ¿a poco no me quieres? –le digo.

Ella suspira como una madre preocupada, obvio le cansa mí estúpida actitud, pero me quiere más de lo que puede admitir. Teresa es la enfermera del instituto y me ha curado cientos de veces, tiene alrededor de cincuenta años, aunque nunca se lo he preguntado, solo es instinto. Su cabello es de un rubio grisáceo y le llega a media espalda, es delgada y me saca aproximadamente media cabeza. ¿Algo que la destaca? Su inmensa paciencia, desborda paciencia en especial conmigo, la jodo cada día de la semana.

Y bueno yo... no soy un gran modelo a seguir, es más, si tuvieran que ponerme como ejemplo de algo seguro sería la viva imagen de una criatura flaca y escurridiza que se enoja por todo, algo que hay que exterminar a toda costa del fas de la tierra.

─ Claro que te quiero mi niña. Solo no me gusta que vengas para que te vende los nudillos, o te cure el labio partido.

─ Sabes que no me puedo quedar quieta, él me tocó el culo. No solo me lo cacheteó, sino que lo apretó. Me apretó la nalga y yo le metí unas buenas piñas al tarado.

─ ¿Jimmy no era tú amigo?

─ Sí. Pero ya no. Se pasó de la raya.

─ Sé que te debe una disculpa, pero no es tan malo. ─ ¿Qué no es tan malo? Ella no lo vio hacer cosas que yo sí, es un hijo de puta con todas las letras─ Ya está mi reina. El director quiere hablar contigo.

─ Muchas gracias, mi hada madrina. ─ Le doy un gran abrazo─ Me voy a ver al señor mandamás.

Voy sin apuros. Aquí los pasillos de todos los edificios son una viva imitación del laberinto del fauno, poseen una capa de pintura color verde musgo, un aura de melancolía y un aroma a hierbas silvestres. También parece una cárcel sin salida, aunque los estudiantes de los últimos dos cursos tienen permitido salir a cada rato, es un asco asistir a un internado. Supongo que es una forma sutil de decir que no aguantas a tu hija, eso deja en claro que no soy la favorita, por algo estoy en esta escuela desde los catorce años. Bajo lentamente las escaleras, a la izquierda las puertas de vidrio me separan de los próximos retos que tendré. Golpeo la puerta una vez a la derecha, dos a la izquierda, algo así como una contraseña que acabo de inventar. "Pase" escucho y abro la puerta rogando que no me expulsen.

─ Señorita Cooper, tome asiento. ─No es un hombre malo.

─ Lamento mucho lo que pasó, señor.

─ Tranquila. Él aceptó la culpa. Dijo que te provocó. ─Gracias a Dios.

─ Sí, Jimmy me tocó el culo. ─ Aclara la garganta por lo que digo─ Perdón.

─ Ada, te lo pondré así. Eres muy inteligente para andar peleando por todo. ─Lo miro, ya sé eso─ Me habías pedido que te adelante un año, pero si sigues así con este comportamiento no voy a poder.

─ ¿Qué puedo hacer? Quiero adelantarme. Me aburro muchísimo en las clases, además sería mi último año y me graduaría ant…

─ Sí, pero no vas a clases tampoco. –me interrumpe.

─ ¿Usted iría a un lugar donde se aburre y no le respetan? Porque yo no.

─ Mira, si dejas de faltar a las clases y asistes a todas, no solo a algunas. Y dejas de pelear y meterte en líos. Tal vez te pueda adelantar de año, lo que significa que a fin de año te graduarías.

─ Sí señor lo haré y...

─ Pero. Si no haces lo que te digo te tendré que bajar de año, y hasta podría expulsarte. No lo hago ya que eres una niña muy inteligente, y creo que en el fondo puedes ser la chica que yo veo.

Me dirijo al comedor, cruzo el patio pasando por alto todo lo que me dicen y lo mucho que me miran, me puse feliz y a la mierda los demás. Empujo la puerta enorme que se mantiene cerrada para mantener el aire acondicionado durante el verano, sentada en una mesa solitaria logro ver a Sofía. Me siento frente a ella haciendo una broma sexualizada, lo que hace que se ría al instante, deja su celular para mirarme con sus redondos ojos azules.

─ Te estaba esperando para almorzar.

─ Genial ¿Qué hay hoy?

─ Hoy van a cocinar tacos ¿Lo olvidaste?

Me encojo de hombros, mientras nos dirigimos hacia una especie de mostrador en donde recogemos la comida. Tomamos una bandeja de plástico azul y la deslizamos por la mesada. Ponemos un par de tortillas para taco, a medida que vamos llenando las tortillas me va agarrando hambre, lo cual es extraño porque no como demasiado, pero la comida mexicana es algo a lo que no me puedo resistir. Sofía pone un gran poco de guacamole como si fuera la frutilla del postre ¡guak! No sé cómo puede comer tanto de eso, yo odio la palta.

Volvemos a la mesa solitaria. Hacemos todo tipo de bromas pesadas mientras devoramos cada trozo de estos manjares mexicanos. Hace tiempo atrás, Sofía no se hubiera partido de la risa frente a tantas tonterías blasfemas, pero eso cambió el día en que me conoció. Luego de un año en esta prisión, ya había tenido siete compañeras de cuarto y todas terminaban demandándome con el director, decían que yo era molesta y desagradable, además que vivía borracha, pero después de dos semanas en el cuarto sola llegó Sofía, una niña un año mayor que yo, toda tierna en un vestido color rosa crema, su cabello rubio ondulado y sin maquillaje. Por entonces, creía que sería una pesada, resultó que estaba equivocada, ella me comprendía, sabe lo que es estar jodida, destrozada y débil. Sofía se convirtió en mi mejor amiga, me enseñó mucho, aunque no logró curarme de mi desdicha pudo enseñarme muchas cosas, me mostró que no todo está perdido y que las cosas pueden mejorar.

─ ¿Qué opinas?

─ ¿Ah? Perdón, no te escuche.

─ ¿Vendrás conmigo a la fiesta de mañana?

─ Ni en pedo. ─ al oír mis palabras Sofía tuerce el gesto enojada ─No me mires así. Esos pendejos son muy agrandados, piensan que porque tienen plata pueden hacer lo que quieran.

─ Vamos, no seas mala amiga. Nos vamos a divertir, además quiero presentarte a Willy.

─ ¿Quién?

─ Willy, el chico que conocí el verano pasado, está en primer año de medicina y…

─ Bueno. Voy, pero solo por el alcohol gratis.

─ ¡Perfecto! Ya tengo tu vestido. ─Aplaude con emoción─ Es un color precioso y tengo zapatos a juego. Pero yo no me decido. Me vas a ayudar.

Subimos abrazadas las escaleras que conectan con los cuartos. Siempre nos miran cuando vamos juntas y juro que los comprendo, debe ser muy extraño ver a dos chicas opuestas físicamente, una rubia grandota curvilínea llena de colores fresas y pasteles junto a una flacucha pálida y bajita escondida en su pelo anochecido y su ropa oscura. Nos tumbamos en las camas para dormir un poco antes de ir a la clase de deportes. Me fastidia ir a correr bajo el ardiente sol, pero le prometí al tarado de director que me portaría bien. Sofía me sacude como loca para levantarme, abro lentamente los ojos para luego darme la vuelta y taparme la cabeza con la sábana, pero la hija de puta vuelve a insistir. Me pongo un pantalón holgado muy cómodo, una camiseta cualquiera, la primera que saque del cajón, recojo mi cabello en un lazo y me coloco un par de tenis sucios. Bajamos rumbo a la cancha, la verdad no tengo ganas, nunca tengo ganas.

─ Bueno, niñas formen una fila. ─ El entusiasmo de la entrenadora es envidiable al igual que su gran trasero─ Voy a tomar asistencia.

Va nombrando con rapidez los nombres de todas las chicas de la clase. Y llega a mi nombre...

─ Señorita Cooper, me alegra verla─ sarcástica la vieja.

Luego de la clase de Educación Física apesto a un perro muerto. Tengo sudor hasta en las nalgas. Me gusta el ejercicio, solo que en esta escuela es un asco. ¡Quiero un baño, urgente! Estoy cansada para correr y Sofía me gana el baño de la habitación.

Tengo que hacer tiempo, se me ocurrió algo. Saco algo de dinero que de manera mensual me da mi padre para libros que ya leí y él no sabe, y me dirijo a la "guarida del lobo", es una habitación de un chico llamado Charles quien vende prácticamente de todo. Su dispensario va desde comida chatarra, hasta bebidas alcohólicas y condones saborisados. De vez en cuando lo descubren y tratan de suspenderlo, pero su madrina es la supervisora por lo que se hace la ciega, ciertos beneficios de tener influencias. Lo feo es que tengo que caminar dos pisos hasta su dormitorio. Golpeo dos veces y luego de unos segundos dos veces más, la puerta se abre dejando escapar un olor a marihuana y alcohol. No demoré demasiado en ese lugar, solo quería un six pack de cervezas y unas papas fritas. Pago y me voy corriendo, si me pillan con cerveza por el pasillo me expulsan.

Ahora además de sudada, tengo una capa de olor a chivo fumado. No golpeo ni nada, abro la puerta y al cerrarla me apoyo contra ella. Me saco la camiseta quedando en corpiño y pantalón, abro una lata. Sofía pega un grito leve al verme así tirada en la cama con un par de cervezas. Le invito una, pero niega.

─ Cuando salga de la ducha tendrás que tomarte una o no te hablaré ni iré a la fiestita.

Se limita a sonreír mientras seca su cabello dorado con la toalla. Me meto a la ducha aun bebiendo lo poco que queda de mi lata. La lluvia proveniente de la ducha relaja mi cuerpo, un vapor tibio inunda el pequeño baño.

─ ¡¿Te falta mucho Reina del Drama?! ─Sofía me despertó de mi ensueño.

─ ¡No me digas así!

Tomamos las cervezas, bueno a decir verdad Sofía tomó solo una y yo las restantes. Tomo mi vieja edición del Principito, al leerlo me siento a salvo, este es el libro que mamá me leía de pequeña cuando aún yo no sabía leer, antes de poder ver caer mierda del cielo y arruinase mi pequeño planeta. Me quedo dormida luego de dos capítulos.

[...]

Me levanto con la poca energía que suelo manipular, mi compañera al igual que todas las mañanas se levanta sonriendo y con entusiasmo, no sé de qué, pero bueno. Abre las cortinas de par en par dejando el sol desnudo ante mis ojos, luego de abrir la ventana. Le tiro el almohadón más grande que encuentro. Miro el reloj, son apenas las siete y es sábado.

─ ¡Qué ganas de joder, Sofía! ─protesto, aún tirada en la cama.

─ El que madruga Dios lo ayuda.

─ ¡Ándate a la mierda, esto no es madrugar!

─ Me voy a desayunar ¿Vienes? ─pregunta deslizando su blusa color melocotón.

─ No... Tengo sueño.

Me vuelvo a dormir. Coman aca.

Tengo pegados los ojos. Las doce en el reloj. Seguro Sofía está comiendo en el comedor, come demasiado para mi gusto. Me pongo una remera por encima de la básica que ya poseo para luego dirigirme al grasiento comedor escolar.

El bullicio inunda mis oídos, el sonido de los alumnos hablando entre ellos, el ruido de los cubiertos chocando contra la comida y los dientes de las personas, la cantidad misma de personas que hay en la cafetería hacen que me entren ganas de correr y encerrarme en mi cuarto a tomar cerveza y leer todo el día. Justo cuando estaba por dar media vuelta de regreso a la habitación, logro divisar a mi amiga. Aún no tiene el almuerzo en su mesa así que cuando me dirijo a la mesada tomo dos hamburguesas envueltas en aluminio, obvio que justifico que llevo para dos personas el almuerzo. Me acerco a mi chica fresa sacándola de su ensueño, le paso una ración de comida.

─ ¿Qué haces? ─pregunto mordiendo exageradamente mi hamburguesa.

─ Tomo notas para el parcial del lunes.

─ Eres la persona más inteligente que conozco. Después de mí, claro. ─ Los trozos de comida salen disparados de mi boca.

─Tú también deberías estudiar. Me enteré que tu curso también tiene examen.

─ No, gracias. No voy a presentarme, me aburren las clases del lunes.

─ ¿No faltas mucho a clases? Tus inasistencias sumado a las peleas en las que participas─ ella niega con la cabeza─ Ada, vas a hacer que te expulsen.

─ No me van a expulsar. Dentro de unos meses voy a realizar el examen especial y nos graduamos juntas. Todo irá bien.

─ Ada, debes dejar las estupideces de lado.

─ Si me vas a regañar me voy a dormir─ hago ademán de levantarme.

─ Bueno─ dice sobrándome─ Mejor hablemos de tu vestido.

Así me explica con detalles como es el vestido con el qué irá a la fiesta, pero no le entiendo mucho, comprendo poco y nada sobre telas finas y apliques. No abro la boca, pues ya sabía que sería doloroso. No es que piense que es horrible usar prendas fuera de los tonos oscuros, en realidad me encanta ver como vais vestidas todas coloridas con combinaciones espectaculares. Lo que pasa es que me siento la otra yo, la que esperaba mucho de gente, la que era destruida de a poco sin saberlo, la que murió hace años. Ya no soy esa y no quiero que regrese.

Por la tarde, me reúno con Ahítan y conversamos un rato, me cuenta de una fiesta esta noche y le comento a donde voy a ir, como es de esperar se rio a carcajadas. Él es un chico alto que odia el sol, de ojos cafés y cabello castaño, es uno de mis amigos más antiguos, el tipo de chico que no te pregunta si estás bien, sino que te abraza. Muchos pensarían por su aspecto que es el típico chico malo, pero en realidad no mata ni a una mosca.

─ Teresa me contó que ayer fuiste a curarte la mano. ¿Con quién peleaste pulga?

Cuando no, Teresa yendo de chismosa.

─ No fue nada especial── digo quitándole importancia.

─ El vídeo que me pasaron dice lo contrario. Parece que le rompiste los huevos a Jimmy.

─ Él me tocó el culo, le pegué unas piñas y ya, fue todo─ respondo.

─ No puedo creer que él allá sido nuestro amigo. Es un idiota── dice Ahítan dando una calada al cigarrillo.

Dejo atrás a mi mejor amigo para dirigirme a mi cuarto.

Respiro hondo y entro a la habitación. Ahí está mi chica con un vestido rosa y uno amarillo, ruego a Dios que no sean para mí.

─ Ada ¿Cuál me queda mejor? ¿Este, o este?

─ El rosa sin dudas, realza tus curvas. Te hace sexy.

─ Basta-─ dice entre risas─ Me lo voy a poner. En la cama está el tuyo.

Por suerte es celeste pastel.

Veo sin empatía el rostro de Sofía irradiando emoción. Me obliga a sentarme en un taburete frente al espejo y me amarra el cabello en un lazo alto. Ni un solo cabello en mi rostro. Siento como si me hubiese realizado un estiramiento de piel. Me maquillo para impresionar, aplico una capa delgada de base líquida seguido de una línea de gato con delineador, me coloco mucha máscara de pestañas, por último, unos labios aterciopelados un poco oscuro, pero sin exagerar. Al mirar a Sofí me doy cuenta que se va quitando el delineado tres veces.

─ ¿Necesitas ayuda pastelito? ─le digo mientras me río.

─ ¡No te rías! Pero sí. Arréglame este desastre.

Luego de quitarle todo el maquillaje desastre que se había aplicado, empiezo con mi obra de arte a medida que ella me cuenta lo bonito que es Willy y su hermoso cabello rubio. Ella es muy bonita, no creo que necesite pintura en su rostro sin embargo ella está decidida a colocar color en su cara. No le pongo base, sería una lástima cubrir sus pecas, un poco de sombra clara, un finito delineado y brillo labial. ¡Fantástica!

Bajamos las escaleras para dirigirnos a la entrada del edificio. No hablamos en el camino, solo nos tomamos del brazo y aplicamos nuestra mejor sonrisa fresca, aunque falsa. Pasaron cinco minutos, la verdad no sé qué estamos esperando, así que le pregunto a Sofía, nerviosa me responde que nos van a venir a buscar, para mi sorpresa viene Willy, el chico que a ella le gusta. La sobro un par de veces, pero lo corto cuando veo un bello auto deportivo blanco aparcar frente a nosotras. Sofí me hace seña con la cabeza para que suba al vehículo. No puedo quitar mi asombro, sabía que eran nenes mimados de papis, pero no sabía que tuvieran tantos billetes guardados. Subo en el asiento trasero mientras que mi amiga va en el lado del copiloto. Me inclino un poco al notar que no es el chico que mi amiga me describió hace rato.

¿Quién carajo es este tipo? ¡Ni mamada voy! Decidido.

Sin embargo, como ya estamos dentro del auto, no me queda más remedio que decir, con el ceño fruncido y con cierto aire de asco.

─ Tú no eres Willy.

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