Capítulo 2

Fue Luis quien abrió la puerta, como si fuera a salir.

Raegan juntó las manos y se volvió hacia él con un asentimiento. "¡Hola, señor Stevens!".

Sin esperar una respuesta a su saludo, pasó junto a él y entró a la oficina con el documento.

Mitchel estaba sentado tras un amplio y lujoso escritorio. Se veía bastante guapo con ese traje y corbata a juego.

Raegan notó que no era el mismo atuendo que llevaba cuando salió de casa anoche. ¿Cómo se había cambiado?

Con la mirada gacha, se tragó la pregunta y dijo: "Señor Dixon, esto es del Departamento de Marketing. Por favor, fírmelo".

Mitchel miró inexpresivo el documento mientras lo firmaba.

Raegan salió inmediatamente después. Luis aún seguía parado en el umbral.

No fue hasta que ella se perdió de vista que se volvió hacia Mitchel. "¡Mierda!", susurró. "¿Crees que nos escuchó?".

Los atractivos ojos de Mitchel no mostraron ninguna emoción. Era obvio que no estaba escuchando a su amigo.

En su opinión, Raegan siempre había sido dócil y nunca había tenido celos de nadie.

Su obediencia era todo lo que él le exigía a cambio de tratarla bien.

En el ascensor, Raegan aguantó la respiración para retener sus lágrimas.

Pero no le funcionó.

Había pensado que dos años serían suficientes para que Mitchel se diera cuenta de lo mucho que ella lo amaba y le correspondiera.

Ahora resultaba que no era más que una ilusión.

Siempre tendría un papel secundario frente a Lauren, su verdadero amor.

Reagan se secó las lágrimas una vez que el ascensor se detuvo. De no ser por su rostro pálido, se veía normal cuando se abrieron las puertas.

Luego, fue hacia la sala de descanso para prepararse una taza de té.

Varios empleados estaban charlando adentro.

"Chicos, ¿se han enterado? Lauren Murray ha regresado del extranjero".

"¿Y quién es ella?".

"¡Oh, Dios mío! ¿No la conoces? Es la heredera del Grupo Murray y una diseñadora bastante reconocida. Y sobre todo es la única novia que el señor Dixon ha mostrado públicamente. ¡Es su primer amor!".

"¿Por qué es tan importante que haya vuelto? ¿No se rumorea que el señor Dixon tiene algo con Raegan?".

"¿Raegan? Tal vez solo sea una de sus muchos juguetes sexuales. El señor Dixon nunca admitió estar saliendo con ella, pero no me sorprende. Solo mírala. Ni siquiera es tan hermosa. Sin embargo, se comporta como si ya fuera la señora Dixon. ¡Qué tonta!".

En la puerta, Raegan esbozó una sonrisa burlona mientras los escuchaba. Todos los demás veían la verdad excepto ella.

Su amor era unilateral.

"¡Ja, ja! ¿La señora Dixon se despertó de su sueño salvaje?".

De repente, escuchó una voz detrás de sí. Raegan se volvió para encontrarse con Tessa Lloyd, la prima de Mitchel, quien siempre la había despreciado.

Tessa también debía haber oído los chismes de los empleados.

Lo último que Raegan quería era discutir con ella en la empresa, así que se dio la vuelta para irse, pero la mujer le bloqueó el camino.

Con una taza de café en la mano, Tessa comentó sarcásticamente: "Lauren ha regresado. ¿Crees que Mitchel te seguirá dando atención?".

Raegan se quedó callada.

Tras unos segundos, Tessa continuó con sus burlas. "Me enteré de que eres bastante buena en la cama. ¿Qué te parece si te presento a unos hombres? Les vendría bien tus servicios".

Raegan apretó los puños. "Señorita Lloyd, estamos en la empresa, no en un burdel", espetó. "Si te interesan esos negocios, ya sabes adónde ir".

"Tú...".

Acababa de insinuar que Tessa era una proxeneta, por lo que su rostro se transformó.

Rápidamente levantó la mano y vació la taza de café caliente sobre Raegan.

Esta última no pensó ni por un segundo que Tessa haría una locura como esa, así que alzó los brazos para bloquear el líquido caliente de su cara. El café le quemó el brazo y su piel se puso roja.

"¡Ay!", gritó Raegan, frunciendo el ceño debido al dolor. "¿Por qué hiciste eso? ¿Estás loca?".

Como era la hora del almuerzo, muchos empleados pudieron ver el escándalo. Tessa se mostró aún más complaciente cuando vio que el número de espectadores aumentaba.

"¿Por qué eres tan engreída?", escupió. "¿De verdad crees que todos no saben que eres una bastarda sin padres? Y tienes el descaro de...".

De repente, se escuchó un estruendo.

Tessa había sido silenciada por una fuerte bofetada.

Ahora estaba boquiabierta. No había esperado que la callada y tímida Raegan la abofeteara.

Tessa se sostuvo la mejilla y se la quedó mirando un rato. "Tú...", tartamudeó. "¿Me pegaste? ¡¿Cómo te atreves?!".

"¡Sí, te pegué!", espetó Raegan. "Parece que necesitas aprender a tener cortesía".

Sí, había perdido a sus padres cuando era niña, pero no permitiría que alguien la pisoteara por eso.

Tessa crispó el rostro mientras fruncía el ceño rabiosamente. Como prima de Mitchel, estaba acostumbrada a que la elogiaran y respetaran. Esta era la primera vez que le daban ese trato.

"¡Perra!".

Tessa arremetió contra Raegan como un toro furioso y alzó la mano para devolverle la bofetada.

Pero Raegan estaba preparada para lo que se avecinaba, así que agarró la muñeca de Tessa con tanta fuerza que esta no pudo moverse.

Como era más baja, luchó como un pulpo cuyos tentáculos se habían atascado en una trampa, "¿Cómo te atreves a ponerme tus sucias manos encima?", maldijo. "¿Quién diablos te crees? Solo eres el juguete de Mitchel. ¡Eres peor que una prostituta que se folla a cientos de hombres!".

Sus duras palabras atrajeron a más personas a la sala de descanso.

"¡Suficiente!".

De la nada, se escuchó una fuerte voz desde atrás. Mitchel había salido de su oficina, solo para encontrarse con ese alboroto.

Toda la sala se sumió en un profundo silencio.

"¿Mitchell?". Tessa se quedó helada cuando vio a su primo, ya que siempre le había tenido miedo. Su madre también le advertía que no lo provocara.

No obstante, cuando recordó a Raegan abofeteándola, puso una expresión lastimera y comenzó a sollozar. "Mitchel, mira mi rostro. ¡Me abofeteó!".

La luz del sol caía sobre el hermoso rostro de Mitchel.

Raegan se sintió muy afligida y bajó la cabeza para mirar la parte posterior de su brazo, quemada por el café.

Las miradas de ambos se encontraron. Con el ceño fruncido, Mitchel dijo: "Raegan, ¿olvidaste las reglas de la empresa?".

Raegan contuvo la respiración ante su crueldad. No podía creer lo que estaba escuchando.

Nadie se atrevió a hacer ningún sonido.

Raegan se quedó parada con su esbelta figura.

Cuando la contrataron, Mitchel le advirtió que el Grupo Dixon no era un lugar para que perdiera el tiempo y que no toleraría ningún error suyo.

Raegan entendía por qué adoptaba esa postura.

No obstante, estaba desesperada por saber si había oído esas duras palabras de Tessa o si solo estaba fingiendo porque estaba de acuerdo.

¿En serio solo la veía como un juguete para su placer?

Aterrada de recibir la ira de Mitchel, la multitud no tardó en dispersarse. Algunos empleados se atrevieron a mirar desde la distancia, pues no quería perderse de un buen espectáculo.

Raegan se estremeció de pies a cabeza cuando vio los ojos fríos de Mitchel.

Mirando a Tessa, se pellizcó la palma de la mano para reprimir sus emociones.

"Lo siento, señorita Lloyd. Como empleada del Grupo Dixon, fue mi error golpearla".

Tessa alzó la barbilla con complacencia. "¡Ja! No crees que quedarás libre de culpa con una simple disculpa. No lo creo...".

"La bofetada no tiene nada que ver con la empresa, así que me niego a disculparme contigo. Ahora me retiro", agregó Raegan.

Luego, pasó junto a Mitchel sin mirarlo de nuevo.

"Tú... ¡Perra!".

Tessa estaba echando humo.

Jamás en toda su vida había sido tan humillada. Siempre era la acosadora, no la víctima.

La humillación era tanta que ni siquiera se tranquilizaría haciendo pedazos a Raegan.

"Mitchel, ¿escuchaste lo que acaba de decir esa mujer?", gritó señalándola. "A pesar de que me abofeteó, sigue siendo muy arrogante. Dile que regrese. ¡La abofetearé hasta que llore pidiendo piedad!".

Mitchel observó la delgada espalda de Raegan con una expresión ambigua.

"¡Basta!", espetó alzando la mano.

Tessa no creía que su primo tuviera debilidad por Raegan. Supuso que ella no le importaba en absoluto.

"La próxima vez, conseguiré a alguien que le dé una lección a esa perra", siseó con los dientes apretados.

"¡Tessa!". Mitchel la reprendió con un tono helado mientras entrecerraba los ojos.

Tessa empezó a temblar.

"Solo te lo diré una vez", agregó él sombríamente. "Olvídate de lo que pasó hoy. Deja tranquila a Raegan".

Tessa sintió su boca secarse. Todas las malvadas ideas que tenía contra Raegan desaparecieron en un instante.

"Está bien...", tartamudeó. "Entiendo...".

Mitchel le lanzó una mirada fría y se volvió hacia Matteo. "A partir de hoy, las personas irrelevantes no tendrán permitida la entrada".

Tessa empezó a halagar su decisión. "¡Muy bien! Esta es una empresa muy importante. No todo el mundo puede entrar aquí".

Matteo dio un asentimiento a su jefe, se acercó a Tessa y le mostró la salida. "Señorita Lloyd, por aquí, por favor".

Solo entonces Tessa se dio cuenta de que ella era la persona irrelevante. Si bien intentó hablar con su primo, Matteo le bloqueó el paso y los guardias de seguridad la echaron.

No tuvieron ni un poco de piedad. Era inútil luchar.

Mientras tanto, Raegan se cambió de ropa cuando regresó a su oficina.

Tenía el corazón lleno de tristeza mientras recordaba la mirada de Mitchel hacía unos minutos.

Pronto llegó la hora de salida.

Raegan tomó su bolso y se dirigió hacia la puerta, pero Matteo la detuvo.

"El señor Dixon tiene que resolver algo urgente, así que me pidió que la llevara a casa".

Raegan lo rechazó sin pensarlo dos veces.

Antes estaba ciega, pero ahora veía toda la situación.

No era nadie a los ojos de Mitchel.

¿Cómo podía acompañarla a visitar a su abuela si ni siquiera se preocupaba por ella?

Al llegar al hospital, Raegan encontró a la enfermera a punto de darle la cena a su abuela. Raegan asumió su puesto e hizo el trabajo.

Su abuela siempre había vivido en el campo, disfrutando de una vida tranquila. Pero todo cambió el mes pasado, cuando su chequeo médico mostró que sus páncreas estaban mal. Raegan insistió en traerla a la ciudad para que recibiera un mejor tratamiento.

Su abuela no sabía sobre su matrimonio con Mitchel.

Raegan había planeado sorprenderla, pero ya no era necesario.

Una vez que su abuela se quedó dormida, salió del hospital y esperó un taxi.

A lo lejos, un lujoso auto negro se detuvo en la entrada.

Los ojos de Raegan se iluminaron. Era el vehículo de Mitchel.

¿Había venido para recogerla?

En ese momento, olvidó todo el dolor que había sufrido.

¿Lo había malinterpretado? ¿De verdad se preocupaba por ella, contrariamente a los rumores?

La puerta del conductor se abrió y Mitchel salió del auto.

Raegan caminó hacia él con el corazón rebosante de alegría.

Pero se detuvo en seco.

Mitchel acababa de caminar hacia el otro lado para sacar a una mujer del vehículo.

Su hermoso rostro era una máscara de angustia y compasión.

La sonrisa de Raegan desapareció y su corazón se hundió.

Capítulo 3

La figura alta de Mitchel se acercaba cada vez más a Raegan; sin pronunciar una palabra, pasó junto a ella.

Era difícil saber si realmente la vio o si decidió ignorarla a propósito.

Raegan, por su parte, notó que la mujer que lo iba tomando del brazo era la misma que ayer fue fotografiada con él; su nombre era Lauren.

Raegan sintió como si sus zapatos estuvieran hechos de plomo mientras se alejaba, perdiendo por completo la noción de las cosas que sucedían a su alrededor; distraída, paró un taxi y lo abordó.

De repente, el chófer dijo: "Señorita, ¿a dónde la llevo?".

Raegan quedó atónita por un momento.

No tenía ningún deseo de volver a su casa en Villas Serenity, después de todo, era solo cuestión de tiempo antes de que ese lugar dejara de ser su hogar.

Después de un rato, finalmente respondió: "Por favor, lléveme a Crystal Bay".

Ella compró un apartamento en dicha zona después de casarse con Mitchel.

En su momento, tenía esperanzas de traer a su abuela a la ciudad, por lo que compró ese apartamento con ayuda de una hipoteca; no era tan grande, pero tenía espacio más que suficiente para dos personas.

Su esposo nunca entendió por qué quería comprar un apartamento; incluso se ofreció a regalarle uno más grande, pero ella se negó.

Al recapitular todo lo que hizo en el pasado, se dio cuenta de que comprar ese apartamento fue la única decisión acertada que tomó a lo largo de los últimos dos años.

Cuando llegó al complejo de apartamentos, Raegan se sentó sola en el patio, esto en un intento por despejar su mente.

Los recuerdos de los últimos dos años eran agridulces; el tiempo pareció transcurrir en un abrir y cerrar de ojos a pesar de que fueron más de setecientos días y noches.

Bien decían que el amor podía mover montañas, pero en el caso de Raegan, su amor no fue capaz de mover en lo más mínimo aquella piedra llamada Mitchel. Finalmente se dio cuenta de lo tonta que fue, convirtiéndose en el hazmerreír de todos.

Ya era tarde en la noche cuando la chica finalmente decidió entrar a su apartamento.

En cuanto salió del ascensor, vio a su esposo parado frente a la puerta.

Sus mangas estaban arremangadas casualmente y los botones superiores de su camisa desabrochados, lo que dejaba al descubierto su largo cuello y parte de su clavícula; apoyado en la pared junto a la puerta, su hermoso rostro lucía serio.

Raegan se quedó paralizado por un momento.

¿Por qué él estaba ahí? ¿No se suponía que estaba en el hospital con Lauren? ¿Qué lo trajo aquí?

Sus ojos se encontraron casi de inmediato. Con el abrigo doblado sobre su brazo y una de las manos en el bolsillo, el hombre entrecerró los ojos en cuanto se percató de su presencia.

"¿Por qué no contestaste el teléfono?", preguntó él con un poco de molestia en su tono, como alguien que no había dormido en mucho tiempo.

Raegan sacó su celular y vio que accidentalmente lo había puesto en modo silencioso; descubrió que tenía cinco llamadas perdidas de su esposo.

Después de dos años de matrimonio, era la primera vez que sucedía esto.

¿Mitchel le hizo tantas llamadas porque no pudo encontrarla? ¡Era un suceso sorprendente!

Antes de hoy, esto la habría hecho sentir fascinada.

Pero ahora, la chica simplemente puso de vuelta su celular en su bolso, se cruzó de brazos y dijo con voz ronca: "No lo escuché sonar".

Mitchel levantó la mano para revisar la hora en su reloj antes de pronunciar con impaciencia: "Te estuve buscando durante dos horas seguidas".

Después de arreglar todo para Lauren, regresó a casa solo para encontrarla vacía. Buscó a su esposa por todas partes, pero al no hallarla por ningún lado, le pidió a Matteo que revisara las imágenes de las cámaras de vigilancia de todos los caminos que salían de la empresa.

Más tarde descubrió que la chica había ido a Crystal Bay sin notificarle con antelación.

"La próxima vez avísame cuando tengas planeado venir aquí, ¿de acuerdo? Anda, volvamos a casa", dicho esto, el hombre caminó hacia el ascensor sin dedicarle otra mirada, mostrando abiertamente su intención de volver a las Villas Serenity.

Pese a sus palabras, Raegan no se movió ni un centímetro; ella se limitó a mirar su ancha espalda mientras reflexionaba con cierto disgusto.

Quería que le avisara cuando tuviera planeado volver aquí... Pero, ¿acaso habría un futuro para ambos?

Mitchell se dio vuelta solo para ver que su esposa no había avanzado ni un solo paso. Frunciendo el ceño, él le preguntó: "¿No puedes caminar? ¿Quieres que te cargue?".

La luz del pasillo iluminaba su rostro, haciendo que su perfil lateral luciera casi perfecto.

La chica respiró hondo antes de declarar: "Hay que divorciarnos".

"¿De qué hablas?", la voz de Mitchel sonó fría y su hermoso rostro cambió de inmediato.

"Quiero vivir en mi propia casa, después de todo, pronto nos convertiremos en completos extraños".

La chica forzó una sonrisa, pero su corazón se estrujó dolorosamente, como si alguien lo estuviera destrozando poco a poco.

"¿Seremos completos extraños?", Mitchel sonrió con frialdad antes de lanzar una pregunta directa: "¿Qué clase de relación crees que sostenemos actualmente?".

Su interrogatorio dejó a Raegan atónita por un momento.

Este hombre se lo había dejado muy en claro desde el principio; su matrimonio era una mera fachada que se produjo de mutuo acuerdo y donde no existía el amor. En opinión de los demás, no eran más que jefe y subordinada.

Mitchel era uno de los hombres más atractivos y codiciados en Ardlens; muchas jóvenes ansiaban su amor e incluso estaban dispuestas a emprender toda clase de acciones con tal de obtener su atención.

La pregunta que le hizo momentos atrás le recordó a la chica todos estos hechos. ¿Acaso Mitchel tenía miedo de que ella no lo dejara ir tan fácilmente? Si ese fuera el caso, no podría estar más equivocado...

Después de morderse el labio inferior para ocultar su amargura, Raegan dijo: "Lo siento, señor Dixon. Creo que pensé demasiado las cosas, pero sí necesito que de ahora en adelante me dejes en paz. No tienes que volver a venir aquí".

Después de decir eso, ella no pudo evitar romper en llanto.

¿Cómo no iba a estar triste después de cortar todo vínculo con el hombre que había amado durante una década? Se trataba de un periodo bastante considerable, pero independientemente de lo difícil que fuera, sabía que era hora de superarlo; tenía que dejar de ser una tonta.

Curiosamente, en ese momento la luz del pasillo empezó a parpadear.

La mirada hostil que Mitchel le estaba dedicando a la chica hizo que la atmósfera luciera como los instantes previos al ataque del asesino en una película de terror.

Aunque él entendía que las mujeres a veces se comportaban como pequeños demonios, sentía que Raegan acababa de cruzar la línea.

Los ojos del hombre brillaban como antorchas ardientes en ese momento, pero cuando vio las lágrimas que derramaba su esposa, la rabia dentro de él se extinguió al instante. Entonces, dijo en voz baja: "Si esto es por lo que pasó entre Tessa y tú, yo...".

"No, no se trata de ella. Señor Dixon, por favor, vete lo antes posible".

En realidad habían sucedido muchas cosas entre ambos, y el incidente con Tessa era el más insignificante de todos.

Sintiéndose exhausta, Raegan pasó junto a su esposo y se preparó para abrir la puerta.

Mitchel no estaba nada satisfecho con esta exhibición de terquedad; tras desatarse la corbata con irritación, él dio un paso adelante y la agarró con fuerza por la muñeca.

"Detente, ¿quieres?".

Un segundo después, le pasó el brazo por el hombro y la abrazó; en ese instante se dio cuenta de que la chica estaba ardiendo, como si alguien acabara de prenderle fuego.

"¿Tienes fiebre?".

Raegan se sintió mareada, por lo que apoyó débilmente la cabeza sobre el pecho de su esposo.

Esto complicó aún más la situación; cuando Mitchel bajó la cabeza para mirarla, parecía que se inclinaría y la besaría en cualquier momento.

Reagan tardó en percatarse de lo que estaba sucediendo; cuando finalmente se dio cuenta de que su cuerpo estaba demasiado cerca del de él, puso sus manos contra su pecho y trató de alejarse.

Para su mala suerte, antes de que pudiera escapar, el hombre tiró de ella hacia atrás y la sujetó por la cintura. Con una expresión gélida, dijo en voz baja: "¿A dónde crees que vas?".

La luz volvió a parpadear. De la nada, Mitchel la levantó y luego se dirigió al ascensor.

Aturdida, Raegan preguntó suavemente: "¿Qué estás haciendo?".

"¿Qué te parece que estoy haciendo?", comentó él. "Obviamente te voy a llevar al hospital".

"¡Por supuesto que no!", la chica gritó a causa de la sorpresa y pareció recuperar más fuerzas.

Existía la posibilidad de que se complicara su embarazo en caso de recibir un tratamiento inadecuado; aunque el bebé no llegó en un momento adecuado, seguía siendo su pequeño y era su deber protegerlo.

Raegan siguió luchando por liberarse de los brazos que la mantenían cautiva. Sin embargo, su fuerte agarre hizo que sus esfuerzos fueran en vano.

"No seas tan terca. Estás enferma, así que debes ver al médico", le aclaró Mitchel con firmeza mientras caminaba hasta el ascensor con ella en brazos. En ese momento, el corazón de la chica latía tan fuerte que parecía que saldría disparado de su pecho en cualquier momento. De repente, ella le clavó las uñas en el brazo y le dio una patada en señal de protesta.

"¡Bájame! ¡No quiero ir al hospital!".

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Yo soy tuya y tú eres mío

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