Capítulo 3

Mi vida continuó con su acostumbrada decadencia. Una serie de acontecimientos desafortunados que siempre me llevaron a situaciones bastante bochornosas para mí. Parecía que estaba destinado a hacer el ridículo cada vez que podía. Comencé a trabajar en una fábrica de cajas. Por un momento de verdad creí que mi título universitario me ayudaría a salir de esa pobreza tan profunda en la que me encontré. Un buen empleo era todo lo que necesitaba, quizás me daría el puesto de gerente general, o quizás encargado de la fábrica. Pero una vez mas estaba equivocado. Al llegar a ese lugar, me sorprendió el mal estado en el que laboraba esa pobre gente. A mi me dieron el puesto de jardinero, encargado de cortar todo tipo de maleza que pudiera crecer en cualquier parte de la empresa. Pare ser sincero con ustedes, era bastante degradante para alguien con un titulo universitario tener que hacer estas tareas que no tienen absolutamente nada que ver con jardineria. Incluso tuve que lavar algunos baños. Yo sé que muchos estaban pensando que al menos la paga hacía que valiera la pena, pero no era así. Apenas ganaba sueldo mínimo, y eso era realmente muy poco.

Mientras todo esto pasaba en mi vida. Del otro lado del planeta, en un país del primer mundo. Mi mejor amiga de la infancia, Karol Thorme. Terminaba todos sus estudios graduándose con los mejores honores que podía ofrecer la mejor universidad que existía en esa nación. Disfrutando de los beneficios de ser hija de un hombre millonario, y haber salido de un país que se hunde en la crisis. Su padre era un poderoso empresario dueño de una importante empresa de seguros. Su nombre era Roberto Thorme, quién además de Karol, tenía otra hija de nombre Kenia. Ambas eran el tesoro más grande y apreciado de su millonaria vida, pero solamente una de ellas podía dirigirse a su basto imperio. Roberto, también era un hombre de principios quién pensaba que la familia era lo más importante. Así que entré de manera muy sabia, colocar una condicion especial para que alguna de sus hijas pudiera ocupar su puesto al frente de Thorme Seguros CA La cual era la segunda empresa de seguros mas importantes de ese pais. La condición era sencilla pero algo anticuada. Consistía en la primera de las hermanas que lograra casarse, y darle un nieto. Entonces ella sería la merecedora del cargo. En ese momento no lo sabía, pero esa condición terminaría convirtiéndose en mi cruz y mi maldición.

Decidí renunciar al trabajo como jardinero debido a los múltiples abusos, y explotación laboral en mi contra. No sin antes dañarles algunas máquinas cuando nadie me observaba. Una vez más de vuelta al desempleo, una vez más a ser una carga para mis padres quiénes apenas podrán mantenerme con el dinero de sus pensiones. Me sentí fatal, era realmente frustrante para mí, mirar como a su edad, aún debería preocuparme por darme de comer. Fue entonces cuando comencé mi travesía por una serie de posibles empleos, o cualquier cosa que pudiera dejarme algo de dinero para ayudar en el hogar. En ninguna empresa querrían darle trabajo debido a mi inexperiencia, pero, ¿cómo podría tener experiencia si no me dieron la oportunidad de obtenerla?, comencé a bajar un poco mis expectativas. En ese punto estaba dispuesto a aceptar cualquier empleo. Inclusivo, solicité en un centro comercial en dónde debía pasar primero un control antidroga que ellos mismos hacían. Era obligatorio una muestra de orina fresca. El problema era que la encargada estaba a tu lado en el baño de caballeros, observándote fijamente para que no hicieras trampa en el examen de orina. Allí me encontré, apuntando al urinario completamente sonrojado por la vergüenza sin poder hacer que saliera el pis.

— ¿Tardarás mucho tiempo? — me preguntó la encargada mientras me vigilaba atentamente. Ella era una señora un poco pasada de peso, voz ronca, piel blanca, y con una actitud tan intimidante como el grueso bigote en su labio superior. En su gafete podía leerse el nombre Clara — ¡hay mucho más buenos para nada como tú esperando afuera.

— No puedo hacer si me observa, señorita Clara — dije sumisamente con una sonrisa temerosa al mejor estilo de un nerd.

— Si quieres te puedo vender la mía — susurró acercándose a mí y colocando su mano a un lado de su boca para más discreción mientras miraba a todos los lados para asegurarse de que no la estuvieran escuchando — ¡diez dólares!

— Necesito el empleo, pagaré con tal de entrar — casualmente esos eran los últimos diez dólares que me acompañaban, literalmente, lo único que había en mi bolsillo.

Justo en ese momento me percaté que había tocado fondo. Pagar diez dólares por un poco de orina para pasar un examen antidroga, y lograr quedarme con aquel trabajo, fue un golpe de realidad muy fuerte. Sin embargo ya estaba en ese lugar. Debía seguir con eso hasta el final. Luego de un par de esperando a las afueras del centro comercial, finalmente llegaron los tan esperados resultados. Por un segundo pude sonreír aliviado al saber que tienen los mismos resultados de alguien que había pasado ese control. Un sujeto calvo y obeso salía de la tienda sosteniendo unas hojas blancas en sus manos. Tenía cara de pocos amigos, y una pésima actitud con la que era capaz de intimidar a cualquiera. Luego de gritar varios nombres que no pasaron la prueba, y por ende no eran elegibles para el empleo. Al fin pronunció mi nombre.

— ¡André Blanco! — gritó con voz grave y áspera.

— ¡Soy yo, aquí, soy yo! — grité abriéndome paso entre todos esos desempleados para tomar la delantera. La mujer que me vendió su muestra de orina, nos vio desde el interior de la tienda a través del cristal mientras yo moría de las ganas por gritarle "gracias".

— ¡Felicitaciones, está usted embarazado! — Actualizó ese hombre con indiferencia, y continuó entregando resultados.

Rápidamente volteé a ver a la mujer dentro de la tienda, y fue allí cuando noté su vientre levemente abultado. Ella solamente sonrió antes de correr para ocultarse. Mis mas bajos instintos de supervivencia se pusieron al máximo, puesto que eran los últimos diez dólares que seguramente tendrán en mucho tiempo así que deberían recuperarlos.

— ¡Oye tú! — grité duro entrando en la tienda mientras la veía correr — estafadora, quiero un reembolso.

Ella intentó escapar de mí, pero obviamente fuí mucho más rápido así que pude alcanzarla fácilmente. Comencé a mover sus hombros agitándola ante todas las personas presentes que vieron con horror como zarandeaba sin razón a una indefensa mujer embarazada. Esa misma tarde estaba en prisión sentado en medio de delincuentes que parecían ser muy peligrosos. Fue todo un alivio para mí ver a mi padre entrar hasta la celda acompañada de uno de esos guardias para informarme que la fianza había sido pagada, y que ya podía irme. Pero mi alivio terminó en vergüenza cuando entendí que mi viejo usó el poco dinero que tenía para sacarme de allí. Mi única respuesta fue bajar mi rostro en señal de arrepentimiento.

Mientras mi vida era un completo desastre en los suburbios más pobres del país. Mi buena amiga Karol también debe lidiar con uno que otro problema en su vida de niña rica. Incluso estando en el primer mundo, con todo el dinero que pudiera desear, y con su futuro resuelto. Ella tenia dilemas que enfrentar. Su hermana estaba empecinada en tenderle una contienda por ser quién se quedará con el liderazgo de todas las compañías, y negocios familiares. El único inconveniente que ambas no sabían descifrar, era esa minúscula condición que puso su padre. Era indispensable conseguir una pareja, casarse y tener un hijo. Lo que para ellas nunca fue tarea sencilla. Las hermanas Thorme eran muy buenas en cualquier tipo de matemática, pero en materia del amor, ambas estaban realmente reprobadas. Esa mañana Karol se encontraba buscando posibles pretendientes de manera discreta en una red social para citas amorosas. Sentada en una silla frente a una mesa. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Desplazaba cada foto usando su dedo para manipular la pantalla de su teléfono celular. A sus espaldas una impresionante piscina cristalina deslumbraba la vista de cualquiera al igual que la espectacular mansión dónde vivían. Miles de lujos en cuanto las decoraciones, cada detalle a su alrededor eran simplemente perfectos. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo. Karol halló algún defecto mínimo en todos los hombres que aparecieron como propuesta para convencerse a sí mismo de decir que no. Arrepentidamente fue sorprendida por su arpía hermana Kenia haciendo que casi tirara su móvil al suelo.

— ¿Qué haces, hermanita? — Kenia siempre tuvo a Karol con su actitud pasiva agresiva que la hacía lucir como una completa demente — ¿buscando citas por internet? ... ¡Pero que bajo ha caído!

— ¡No es lo que parece, no sé como diablos llegué a ese lugar! — Karol manipuló torpemente su teléfono para salir rápidamente de ese sitio web, y disimular que no hacía nada apoyando su cara en su palma, ya la vez su codo sobre la mesa.

— No tiene sentido que lo intentes, ya te he ganado. Ayer conocí a un chico que obviamente está locamente enamorado de mí — Kenia se regocijaba en su aparente triunfo adoptando una actitud de diva mirando sus uñas postizas — se llama Draco, por cierto.

— ¿¡Te refieres a Draco Velariza!? — preguntó Karol espontáneamente estando muy sorprendida — ¿El mismo Draco Velariza que ambos conocemos?

— ¡El mismo que viste y calza! — respondió Kenia — ¿por qué lo preguntas de esa manera?

— Bueno ya sabes lo que dicen de él... Que es... Ya sabes... ¿Afeminado? — expresó Karol tímidamente para no pronunciar la palabra correcta.

— Son solo rumores, y chismes de personas malintencionadas. Personas envidiosas como tú, que no pueden aceptar la felicidad de los demás — Kenia viró su rostro con desprecio y agitando levemente su cuerpo.

— Kenia... Y, ¿de dónde sacaste la idea de que Draco está realmente interesado en tí? — Karol seguía escéptica acerca del tema.

— ¿Qué no es obvio por como me mira? — seguro.

— Y yo pensando que la desesperada por hallar pareja era yo — Karol moría de risa frente a su hermana sin ningún tipo de vergüenza.

— Ríe ahora, pero cuando me case con Draco, y herede todas las empresas de papá, veremos quién ríe al último — Kenia se marchó disgustada mientras su hermana reía a carcajadas sin ningún tipo de control sentada en la silla, y golpeando la mesa con su puño en forma de mazo.

Llegar a mi casa fue una especie de tortura para mi. Ver la mala situación en la que estaban mis padres me hacían odiarme como no tienen una idea. Era realmente frustrante no poder hacer nada para ayudar, por el contrario, únicamente parecía que solo traía problemas y más problemas. Así que decidí irme de la casa durante la noche, cuando mis padres no lo esperaran. Eso sería lo mejor que podría hacer por ellos. Tomé el primer morral que encontré, lo llené con algo de ropa y cosas personales. Solamente llevaría lo que creía más importante en aquel momento. Caminé sigilosamente por toda la sala, mi padre se encontró reunidos en la cocina hablando de forma desprevenida sin sospechar siquiera que estaba a punto de salir de sus vidas para siempre. Pero no pude evitar escuchar la conversación tan interesante que estaban teniendo en voz alta.

— ¿A qué te refiere Karol? — preguntaba mi padre sin poder ubicarla.

— La hija menor del señor Thorme. La pequeña niña que amaneció varios años con nuestro pequeño Ander — explicó mi madre.

— ¿¡El mismo Thorme que ahora es súper millonario en aquel país primer mundista!? — expresó mi padre muy impresionado.

— Si, recuerdas que su hija creció en este pueblo con su madre hasta que ella lamentablemente enloqueció. Ella muchas veces vino a esta casa a realizar tareas con Ander — recordaba mamá.

— Si mi cielo, acabo de recordar a la pequeña Karol. ¿Qué sucedió con ella? — preguntó.

— Todos comentan en el pueblo que está muy cerca de ser la gran heredera de su padre. Ser una de las mujeres más poderosas de ese país, pero tiene una condición que debe cumplir antes — explicaba mi dulce madre mientras yo escuchaba muy atento.

— ¿¡Condición!?— gracias papá, yo también me hacía la misma pregunta — ¿Qué condición puede colocar un padre a su hija para heredar su fortuna?

— No es solamente para ella, también se le ha impuesto a su hermana Kenia. La primera que contraíga nupcias, y darle un nieto, será quién pueda ser la feliz heredera — en aquel momento mamá ni siquiera lo imaginó, pero sin saber me había indicado la gran solución a todos mis problemas. Solamente debería comunicarme con mi vieja amiga Karol Thorme para hablar de "negocios", y de una propuesta indecente que ella no podría rechazar.

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Y Yo Los Declaro, Matrimonio Arreglado

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