Capítulo 3

Me detengo en el edificio donde vive Corina. Elegante fachada de cristal y donde se nombra con letras grandes: Zaina Sílex. Uno de los edificios más codiciados de Miami. El mismo donde había decidido alojarme independiente de mi familia. ¿Cómo es que no la vi antes?

— ¿Y cuándo dijiste que te mudaste a vivir acá? -pregunto perplejo.

—No te lo he dicho.

Sonríe y abre la puerta. Como un caballero que soy, me bajo y la ayudo a salir del auto.

—Lo digo porque mi apartamento está en el séptimo piso. 

Abre la boca y muestra el gesto de guasa en su rostro. 

—Oh, ¿en serio? ¿puerta D?

Asiento con el ceño fruncido sin entender cómo lo adivinó. De pronto, suelta una carcajada. 

— ¡Uuuuhi! Vaya coincidencia ¡Eres el James Bond que hace gritar a sus... zorras despampanantes! 

Sonrío divertido, ante el tono burlona en el que lo dice.

—No me digas que te excita oír los gemidos detrás de las paredes... — ¡No me sorprendería! Para nada. Añado a mis adentros...

Ella ni se inmuta con mi comentario. Me pasa a su bebé, éste de inmediato me abraza y, saca el cochecito del maletero. 

— ¿Excitarme? No — dice mientras convierte el carro cerrado en un auténtico cochecito. Sacudo la cabeza, si me hubiera ofrecido, habría hecho el ridículo porque no tengo ni idea de cómo se hace —. Mis gustos son más...

— ¿Más qué?

Me quita al pequeño de los brazos, lo sienta en el coche, asegurándose de estar bien atado con los cinturones... Me mira, seria.

—Eso a ti no te importa... Además ¿qué hago yo dándote explicaciones a ti de mis intimidades?

No sé por qué, pero me divierte mucho la altanería, su guasa y la manera que tiene de enojarse en un parpadear de ojos. 

—Sería lo justo ¿no? Ya sabes más cosas de mí que yo de ti.

Ella sonríe, cínica. 

—Y así se va a quedar, machote.

Agarra el bolso del pequeño y se aleja con un simple gracias. Mientras que el niño desde su asiento sacude su manita y me lanza un beso al aire. Sonrío devolviendo el gesto cariñoso...

— ¡Al menos aprende de tu niño, él si sabe dar las gracias con un beso! —grité a su espalda con mofa.

Ella miró por encima de su hombro y me enseñó su dedo corazón, en gesto obsceno. 

Muerdo mi labio, conteniendo la risa. ¿Quién carajo es esta mujer?

Sacudo la cabeza, vuelvo a mi auto y me pierdo entre las calles de Miami. 

Restaurante bufet chino, allí están mis amigos Brenda, Eliana, Jonathan y Alex, me esperan junto a una mesa grande. Los cubiertos y los platos están vacíos, lo cual ya habían terminado de comer. Les saludo:

—Qué hay chicos...

—Eh, brohder. - saluda Alex. — ¿Dónde te metiste?

—Llevamos una hora esperando —añade Jonathan. 

Mi amiga Ariadna venía del baño, saluda, ocupa la silla junto a Alex y Brenda. No me queda de otra que tomar asiento en el único sitio entre Jonathan y Eliana. 

—... Y como no llegabas pues hemos comido sin ti —dice Eliana Green. 

Eliana se acomoda su mechón corto y rubio, sonrojada, ante mi sonrisa ladeada... Ella es una de mis "zorras despampanantes" como me dijo esa españolita.

—Chicos, si me tardé fue porque ayudé a una mamá en apuros —respondo mirando a todos en general. 

—Hombre, Jairo... No te conocía esos gustos por las maduritas. —fanfarronea Jonathan.

Suelto una carcajada. Si Jon hubiera visto a Corina de seguro diría que le gusta las mujeres maduras. Definitivamente, mi humor va mejorando. 

Ariadna me observa, intuía que no me iba a callar e interviene:

—Esperad. Esperad, que empieza la cuenta regresiva — murmuró ella —. Al menos espera a que hagamos la digestión. 

Nos conocemos, desde hace años y para Ariadna la cuenta regresiva implica los temas sexuales en la mesa.

Sonrío pícaro y miro a Jon.

— ¿No te dijeron que la fruta madura es la que sabe mejor?

—Oh, venga ya Jairo. —dice Alex — ¿En serio?

—En serio, dice... Si no lo probaste ¡te lo recomiendo! 

Creo que todos somos conscientes del gesto de Alex, debió de imaginar la escena, y hace muecas, asqueado. 

No puedo contener la carcajada, que contagia a los demás, menos Alex y Eliana que nos ven como el que no entiende el chiste.

—De verdad, cariño que lo tuyo es para meterte un coscorrón so' tonto ¿no ves que te está tomando el pelo? —mi amiga Ariadna, me conoce bien, la muy canija.

—Jairo parece hablar en serio, te entiendo Alex.

Alzo las cejas ante la vocecita de pito de Eliana. Por supuesto no voy a hablar de mis gustos con ella... 

Ari soltó una carcajada indignada, mirándome fijamente. 

— ¡Ay, ya! A ver cuenta, no me digas que ¿te tocó ver un parto en vivo y directo?

Hago un breve resumen de la novedad en la empresa, somos amigos y compañeros de trabajo, desde que tomé las riendas de la empresa: quieran o no, tienen nueva jefa y no estoy solo para tomar las decisiones...

—Por cierto, Brenda ya te vale... La dejaste entrar...

—No Jairo. No la dejé. Uff qué podía hacer, tiene un carácter...

—¿Carácter cómo? —quiso saber Ari — ¡De mírame, pero no me toques!

Mi dedo en alto, le da la razón:

—No la puedes describir mejor, Ari.

Me sonríe maliciosa. 

—Es de las mías, entonces. 

Resoplo y pongo los ojos en blanco. 

Se podría decir que sí. Se parecen en carácter. Y cuando mi amiga se pone en plan borde, no hay ser humano que la aguante. No entiendo cómo Alexander y ella llevan más de tres años juntos, sin que al pobre le den ganas de salir corriendo. 

—Tampoco creo que sea para tanto ¿no? —Eliana distrae mi pensamiento...

Ariadna cruza una mirada conmigo. Interrogante. Pareciera que estaba escuchando su voz en mi mente: ¿Qué hace ella aquí? ¡Si sabes que no la soporto! 

Levanto un hombro, en respuesta. 

Pagamos la cuenta y al salir a la calle, Ariadna me recriminó a solas.

—Escucha, cuando me llamaste anoche para quedar ella estaba conmigo y se apuntó sola. ¿Qué querías que hiciera?

Sonrío ante su gesto mal humorada. 

—Decir la verdad, Jairo. Reunión de amigos ¡Amigos!

—Oye, no entiendo por qué te ensañas con ella "es muy maja la chavala" como tú dices.

—¿Maja? Pero, ¿tú no ves que es una sosa, egoísta, entrometida?

—Te aseguro que cuando está conmigo es de todo menos eso —Recuerdo lo que dijo Corina sin conocerla y no puedo contener la risa —. Tu nueva jefa la llamó 'zorra despampanante'.

Sonríe maliciosa. 

—¿Sabes? Ya tengo curiosidad porque me cae la mar de bien.

—Pues a mi no. Es arrogante y, creída. Encima la tengo de vecina ¿lo puedes creer?

Me da unos golpecitos al hombro. 

—¿Sabes lo que creo? Creo que te encontraste a la horma de tu zapato y.… quién quita que esa chica arrogante y creída no sea tu media naranja ¿Eh?

—Bobadas, Ari... ¿Y viniendo de ti? No me hagas reír, mujer.

Suelto una risita y sigo a mis amigos. Con tal de que Ari no me convenza de lo contrario. Porque a este paso, me lo voy a creer.

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