Capítulo 2
Ignorar a mi abuelo era lo último que quería, pero esta novedad me supera.
Llego al estacionamiento de la empresa y me dirijo hacia mi preciado auto. Un Audi RS5 Coupé 2017, en rojo.
Entro, cierro la puerta y tras arrancar el motor, salgo derrapando como si huyera de la policía. En realidad, estoy huyendo de mi propia ira.
Giro el volante y me incorporo a la calle que da a la entrada de la empresa. Me detengo frente al semáforo y hago sonar la emisora de la radio. La canción de Daddy Yankee; "Que tire pa' lante", resuena en los altavoces. Y mi ira va disminuyendo. Coloco mis gafas de sol y abro mi ventanilla.
Canturreando la canción, el semáforo cambia de color y sigo a los autos delanteros... Piso el freno a fondo, cuando veo a alguien cruzar frente a un auto que circula delante...
Suena la bocina...
— ¡Gilipollas! ¡¿Soy invisible o qué?!
Reconozco esa voz de inmediato, y no puedo evitar sonreír ante el insulto que había gritado. No me sorprende que esa joven tenga que llamar la atención en plena avenida. Sacudo la cabeza. ¡Está bien loca!
Bajo el volumen de la radio, el auto pasa de largo. Agita su mano al verme y me detengo a su lado. Ante su insistencia, bajo la ventanilla del copiloto.
—Jairo... —Jadea mirándome por la ventana. —. Qué bueno que te veo... ¿me podrías llevar a un sitio urgente?
Bajo mis gafas a la punta de la nariz, alzo las cejas y la miro por encima de las lentes oscuras.
—Es que no encuentro un taxi.
—Y me viste cara de taxista ¿no?
Dejo el énfasis en mi tono. Sonríe con nerviosismo y añade;
—¿Y si te lo pido por favor? -insiste ella -. Voy a llegar tardísimo.
¿Ahora no es tan arrogante como para decir por favor? Ja. Esto cambia el panorama. Mi humor vuelve en sí. Sonrío, divertido:
—Ese no es mi problema...
—Por lo visto no te ha sentado muy bien la asociación ¿verdad?
Los autos comienzan a tocar su bocina escandalosamente, lo que me impidió responder. Observo el caos por el espejo retrovisor. Se formó tráfico en la avenida, por culpa de Corina...
—Espero que se te pase el coraje, prontito ¿Sabes? Te recomiendo que escuches la música. Amansa a las fieras.
—Lo dices por experiencia ¿no?
Me fulmina y tras mandar a los demás conductores a la mierda, y de paso a mí, se aleja del auto. Camina por la acera con sus pasos rápidos y furiosos mientras intenta parar algún taxi o alguien que se preste a llevarla.
Los autos me adelantan, entre insultos. Avanzo, despacio acercándome a la acera. Me mantuve cerca, oyendo cómo peleaba en su llamada al móvil. Oigo un hombre joven, lanzar un piropo, desagradable. ¡Joder! Ahora me siento mal por ella.
—¡Anda sube al carro!
Ahogó un grito, sobresaltada.
Giró la vista hacia la ventana. Es evidente que no me esperaba tan cerca y mucho menos que estuviera como un acosador. Me vuelve a fulminar con la mirada:
—¡Ni hablar! Yo pido por favor una vez ¡Una sola vez!
Su acento me hace gracia. A decir verdad, las personas que pasaban por su lado la miraban recelosos como si estuvieran viendo una loca.
Sonrío;
—Anda, mujer. ¿No andabas apurada por ir algún sitio?
Se detiene en seco, como si hubiese recordado algo. Freno y me mantengo a su lado.
—Sube antes de que me arrepienta...
Duda un poco. Medita si debe dar su brazo a torcer o no.
—Contaré hasta tres... Si nos has subido me iré y te irás andando -le advierto pisando el acelerador, con chulería. —... Uno
Mira hacia un lado.
—... Dos.
Voltea a ver su reloj. Hace un gesto con la barbilla en alto, abre y toma asiento a mi lado cerrando la puerta.
—Quiero que sepas que acepto tu aventón solo porque llego tarde.
—¿Aventón?
Me incorporé al carril y veo de reojo colocarse el cinturón de seguridad.
—Sí. Quiero decir que acepto que me lleves a donde tengo que ir... Te dejo la ubicación... Y acelera un poco más...
Frunzo el ceño, interrogante. Ella introduce la dirección en el GPS de mi auto, con toda confianza.
—Cómo mola. Tu coche es una pasada.
Sonrío. Ahora parece más humana que hace un rato cuando se presentó en la empresa. Se ve ansiosa y muy nerviosa...
—Ya está. Ahí tienes la ubicación.
Una voz robótica comienza a dar indicaciones sobre la ruta. Primero hacia la derecha, después todo recto.
—Por tu acento diría que eres ¿de España?
—Mi papá era alemán y mi mamá es española. Y aunque nací en Alemania me crié en España... Así que sí, me considero española.
La miro alucinado, porque me ha contado un poco sobre ella sin arrogancia. Su móvil suena y responde;
—¡Eres un idiota! ... ¡Cómo no me avisas antes! ... ¡Y si me hubiese tardado un siglo qué! ... ¡Claro, como debe ser! ... ¡Además te ofreciste a llevarlo y a recogerlo! ... ¡No! No. No. ¡Lo tuyo es tocar las narices y llevarme la contraria! ...
Cuando cuelga la llamada no puedo creer todo lo que ha soltado por la boca, en los insultos de despedida. Insultos que ni sabía que existían. La oigo suspirar.
— ¿Problemas? —quise saber.
—No.
Alzo las cejas. ¿Ha vuelto a cerrarse como una ostra?
—Por favor, Jairo. ¿Puedes ir más rápido?
—¿Quieres que me salte los semáforos?
No responde e intuyo que, la respuesta sea un "¡sí!" en su mente.
Mueve sus manos nerviosas, tal vez, angustiada. ¿Qué le ocurre?
—Oye, Corina... Si ocurre algo dímelo y si...
—Ahí... -me interrumpe —Es ahí. Aparca ahí...
Señala hacia una fachada de una guardería. Detengo el auto junto a la acera. Sin más preámbulo ella sale y corre hacia la entrada de la guardería. Detengo el motor y la sigo, curioso.
Una señora sale con un bebé sonriente en los brazos. Se lo entrega a Corina. Ésta lo estrecha en sus brazos llenando su mejilla de besos. Sus ojitos verdes manantial, me miran sobre el hombro de Corina.
—Siento llegar tarde, de verdad. Creí que venía Eric a recogerlo.
La mujer sonríe y le quita importancia.
—Para ser su primer día se ha portado muy bien. Su niño nos tiene embobadas.
Quedo boquiabierto. ¿Es su hijo? A leguas se ve que es una mujer hermosa, no me ha de extrañar que esté casada, pero sí es muy joven para tener una familia con hijo...
Lo admito, es decepción lo que estoy sintiendo en este momento.
—Sí, mi niño es un campeón ¿verdad mi amor?
Su tono es tierna y amorosa. No lo hubiera creído si no lo estuviera viendo con mis propios ojos. Y eso que entró esta mañana con esa actitud altanera. ¿Quién lo habría imaginado? Yo no.
La mujer le entrega un bolso y el cochecito... Antes de ofrecerle ayuda, Corina me entrega al bebé.
Como puedo lo sujeto con sumo cuidado en mis brazos junto a mi pecho. ¡Dios, yo no estoy acostumbrado a esto!
El pequeño, rodea mi cuello con sus bracitos y planta un sonoro beso en mi mejilla. Sonrío sin poderlo evitar, a diferencia de la mamá, él es cariñoso.
—Y parece que también extrañó a su papá...
—Paaa-paa...
El bebé repite la última palabra de la mujer. Corina nos ve y sonríe, pero no dice nada al respecto para aclarar el mal entendido.
—Gracias, hasta mañana señora.
Se despide y se acerca cargada con las cosas hacia el maletero del auto. La ayudo a guardar todo, como puedo, aún con el bebé en brazos.
—Así que... ¿Eres la mamá de este hermoso pequeño?
—¿Hermoso? No. Mi niño es lo más bonito, príncipe de mi casa—Canturrea ella. El pequeño movía sus manitas, dando palmadas de alegría. —... Olé, olé y olé...
Se ríe y carga a su pequeño. Acto seguido, entra en la parte trasera del auto. Yo me coloco en mi asiento.
Maldita sea. Ahora no sé cómo debo dirigirme a ella. Como toda madre, muestra devoción por su pequeño. Y el problema es que, me gusta.
—¿Dónde la llevo ahora, señora?
—Oh, por favor deja el formalismo que me hace sentir incómoda... Somos muy jóvenes para eso ¿O no?
Encuentro su mirada en el espejo.
—Es costumbre, Corina ¿A dónde os llevo?
—A mi casa, Jairo.
Alzo las cejas.
—¿No se molestará su marido si llega con otro hombre?
Suelta una risita y tras besar a su niño, responde:
—Jairo, soy una mamá soltera y sin compromiso.
Capítulo 3
Me detengo en el edificio donde vive Corina. Elegante fachada de cristal y donde se nombra con letras grandes: Zaina Sílex. Uno de los edificios más codiciados de Miami. El mismo donde había decidido alojarme independiente de mi familia. ¿Cómo es que no la vi antes?
— ¿Y cuándo dijiste que te mudaste a vivir acá? -pregunto perplejo.
—No te lo he dicho.
Sonríe y abre la puerta. Como un caballero que soy, me bajo y la ayudo a salir del auto.
—Lo digo porque mi apartamento está en el séptimo piso.
Abre la boca y muestra el gesto de guasa en su rostro.
—Oh, ¿en serio? ¿puerta D?
Asiento con el ceño fruncido sin entender cómo lo adivinó. De pronto, suelta una carcajada.
— ¡Uuuuhi! Vaya coincidencia ¡Eres el James Bond que hace gritar a sus... zorras despampanantes!
Sonrío divertido, ante el tono burlona en el que lo dice.
—No me digas que te excita oír los gemidos detrás de las paredes... — ¡No me sorprendería! Para nada. Añado a mis adentros...
Ella ni se inmuta con mi comentario. Me pasa a su bebé, éste de inmediato me abraza y, saca el cochecito del maletero.
— ¿Excitarme? No — dice mientras convierte el carro cerrado en un auténtico cochecito. Sacudo la cabeza, si me hubiera ofrecido, habría hecho el ridículo porque no tengo ni idea de cómo se hace —. Mis gustos son más...
— ¿Más qué?
Me quita al pequeño de los brazos, lo sienta en el coche, asegurándose de estar bien atado con los cinturones... Me mira, seria.
—Eso a ti no te importa... Además ¿qué hago yo dándote explicaciones a ti de mis intimidades?
No sé por qué, pero me divierte mucho la altanería, su guasa y la manera que tiene de enojarse en un parpadear de ojos.
—Sería lo justo ¿no? Ya sabes más cosas de mí que yo de ti.
Ella sonríe, cínica.
—Y así se va a quedar, machote.
Agarra el bolso del pequeño y se aleja con un simple gracias. Mientras que el niño desde su asiento sacude su manita y me lanza un beso al aire. Sonrío devolviendo el gesto cariñoso...
— ¡Al menos aprende de tu niño, él si sabe dar las gracias con un beso! —grité a su espalda con mofa.
Ella miró por encima de su hombro y me enseñó su dedo corazón, en gesto obsceno.
Muerdo mi labio, conteniendo la risa. ¿Quién carajo es esta mujer?
Sacudo la cabeza, vuelvo a mi auto y me pierdo entre las calles de Miami.
Restaurante bufet chino, allí están mis amigos Brenda, Eliana, Jonathan y Alex, me esperan junto a una mesa grande. Los cubiertos y los platos están vacíos, lo cual ya habían terminado de comer. Les saludo:
—Qué hay chicos...
—Eh, brohder. - saluda Alex. — ¿Dónde te metiste?
—Llevamos una hora esperando —añade Jonathan.
Mi amiga Ariadna venía del baño, saluda, ocupa la silla junto a Alex y Brenda. No me queda de otra que tomar asiento en el único sitio entre Jonathan y Eliana.
—... Y como no llegabas pues hemos comido sin ti —dice Eliana Green.
Eliana se acomoda su mechón corto y rubio, sonrojada, ante mi sonrisa ladeada... Ella es una de mis "zorras despampanantes" como me dijo esa españolita.
—Chicos, si me tardé fue porque ayudé a una mamá en apuros —respondo mirando a todos en general.
—Hombre, Jairo... No te conocía esos gustos por las maduritas. —fanfarronea Jonathan.
Suelto una carcajada. Si Jon hubiera visto a Corina de seguro diría que le gusta las mujeres maduras. Definitivamente, mi humor va mejorando.
Ariadna me observa, intuía que no me iba a callar e interviene:
—Esperad. Esperad, que empieza la cuenta regresiva — murmuró ella —. Al menos espera a que hagamos la digestión.
Nos conocemos, desde hace años y para Ariadna la cuenta regresiva implica los temas sexuales en la mesa.
Sonrío pícaro y miro a Jon.
— ¿No te dijeron que la fruta madura es la que sabe mejor?
—Oh, venga ya Jairo. —dice Alex — ¿En serio?
—En serio, dice... Si no lo probaste ¡te lo recomiendo!
Creo que todos somos conscientes del gesto de Alex, debió de imaginar la escena, y hace muecas, asqueado.
No puedo contener la carcajada, que contagia a los demás, menos Alex y Eliana que nos ven como el que no entiende el chiste.
—De verdad, cariño que lo tuyo es para meterte un coscorrón so' tonto ¿no ves que te está tomando el pelo? —mi amiga Ariadna, me conoce bien, la muy canija.
—Jairo parece hablar en serio, te entiendo Alex.
Alzo las cejas ante la vocecita de pito de Eliana. Por supuesto no voy a hablar de mis gustos con ella...
Ari soltó una carcajada indignada, mirándome fijamente.
— ¡Ay, ya! A ver cuenta, no me digas que ¿te tocó ver un parto en vivo y directo?
Hago un breve resumen de la novedad en la empresa, somos amigos y compañeros de trabajo, desde que tomé las riendas de la empresa: quieran o no, tienen nueva jefa y no estoy solo para tomar las decisiones...
—Por cierto, Brenda ya te vale... La dejaste entrar...
—No Jairo. No la dejé. Uff qué podía hacer, tiene un carácter...
—¿Carácter cómo? —quiso saber Ari — ¡De mírame, pero no me toques!
Mi dedo en alto, le da la razón:
—No la puedes describir mejor, Ari.
Me sonríe maliciosa.
—Es de las mías, entonces.
Resoplo y pongo los ojos en blanco.
Se podría decir que sí. Se parecen en carácter. Y cuando mi amiga se pone en plan borde, no hay ser humano que la aguante. No entiendo cómo Alexander y ella llevan más de tres años juntos, sin que al pobre le den ganas de salir corriendo.
—Tampoco creo que sea para tanto ¿no? —Eliana distrae mi pensamiento...
Ariadna cruza una mirada conmigo. Interrogante. Pareciera que estaba escuchando su voz en mi mente: ¿Qué hace ella aquí? ¡Si sabes que no la soporto!
Levanto un hombro, en respuesta.
Pagamos la cuenta y al salir a la calle, Ariadna me recriminó a solas.
—Escucha, cuando me llamaste anoche para quedar ella estaba conmigo y se apuntó sola. ¿Qué querías que hiciera?
Sonrío ante su gesto mal humorada.
—Decir la verdad, Jairo. Reunión de amigos ¡Amigos!
—Oye, no entiendo por qué te ensañas con ella "es muy maja la chavala" como tú dices.
—¿Maja? Pero, ¿tú no ves que es una sosa, egoísta, entrometida?
—Te aseguro que cuando está conmigo es de todo menos eso —Recuerdo lo que dijo Corina sin conocerla y no puedo contener la risa —. Tu nueva jefa la llamó 'zorra despampanante'.
Sonríe maliciosa.
—¿Sabes? Ya tengo curiosidad porque me cae la mar de bien.
—Pues a mi no. Es arrogante y, creída. Encima la tengo de vecina ¿lo puedes creer?
Me da unos golpecitos al hombro.
—¿Sabes lo que creo? Creo que te encontraste a la horma de tu zapato y.… quién quita que esa chica arrogante y creída no sea tu media naranja ¿Eh?
—Bobadas, Ari... ¿Y viniendo de ti? No me hagas reír, mujer.
Suelto una risita y sigo a mis amigos. Con tal de que Ari no me convenza de lo contrario. Porque a este paso, me lo voy a creer.