Capítulo 2

Sus palabras me dejan demasiado sorprendida ¿acaso no era consciente de la distancia que había desde las empresas Lacrox, hasta las Trocell?

—Lo siento señor, es que yo no tengo vehículo, y para mi es bastante estresante tener que estar del timbo al tambo a pie, o en taxi, en esta ciudad, eso es una situación difícil, al menos para mí.

—  Teresa estoy jugando contigo, no tienes por qué responder así, si fueras mía, te ganarías una buena reprimenda.

—Yo…

Sus palabras me dejan descolocada, no sabía que responder a ese “si fueras mía” ¿a qué se refería con reprimenda? ¿Le gustaba golpear las mujeres?

—Estoy jugando, ven revisemos esos contratos, necesitamos dinero.

Camino directo a su oficina, y nos montamos en los contratos, estaba entretenida, leyendo algunas cláusulas, cuando volteo a mirar al jefe, él me está mirando con una gran sonrisa.

—Eres demasiado hermosa, no sé cómo no lo vi antes ¿eres pelirroja natural? Ya quiero que llegue la noche para poder salir contigo, te llevare al mejor restaurante de la ciudad.

—Soy pelirroja natural, mi madre también lo es, con respecto a lo de la cena, debo avisarle a mi familia primero, no me gusta llegar tarde a  mi casa, mis padres se enojaran.

—¿Tienes cinco años?

—No, pero le debo respeto a mis familiares, vivo con ellos y no puedo hacer y deshacer a mi gusto.

—Entiendo, me gusta que respetes a tu familia, pero la verdad que eres una mujer adulta así que no tienes porque andar a escondidas además, es solo una cena normal, quiero conocerte, me gustaría compartir con tu familia, me agradas desde siempre, pero no quería reconocerlo, sabes que las políticas de la empresa, no permiten relaciones entre los trabajadores, mi padre era muy estricto.

—Señor, no se lo tome a mal, pero que le acepte una cita, no quiere decir que tendré una relación con usted, a mí me gusta seguir las reglas, tendrías que enamorarme y ganarte mi corazón, cosa que lo veo difícil, no sé porque estás viendo esas cosas en mí, pero estas equivocado, su familia jamás me aceptaría, ni la mía a ti.

—Sé que soy un hombre mayor para ti, pero me agrada tu compañía, jamás me he casado, ni siquiera atengo hijos, es hora de ir formalizando mi situación, y que mejor candidata que tu, eres perfecta y la verdad me gustas, pero te conquistare, tanto así que nos casaremos en las vegas.

Escucharlo decir eso, me hace reír a carcajadas, jamás me espere que el jefe tuviera este lado, no podía negar que sus palabras me gustaban, era exactamente lo que quería escuchar, todas las mujeres queremos hombres que nos busquen, nos quieran, consienten, amen y valoren cada esfuerzo, yo quería en mi vida un príncipe azul, no cualquiera ocuparía el privilegio de ser mi esposo, no es que fuera la mejor mujer del mundo, pero si era una de esas que valían la pena.

Luego de esa charla con Patrick, me ocupo en muchas otras cosas, ni siquiera pude almorzar, y el tampoco, puesto que no salió de su oficina, o al menos yo no lo vi.

A las cinco de la tarde aún tenía que preparar varios informenes, por lo que le mando un mensaje a mi madre, quería inventarle una buena excusa, sino nunc me creería, y la verdad es que si quería salir con él, quiero probar algo distinto.

Saco mi teléfono y comienzo a escribir un texto para mama, no quería llamarla porque me descubriría, no soy buena mintiendo.

—Mama feliz tarde, ¿Qué estás haciendo? Quería avisarte que llegare más tarde de lo normal, tengo demasiado trabajo atrasado, hoy tuve que recorrer la ciudad buscando unos contratos, estoy exhausta.

Espero uso minutos, y su respuesta llega, mama era adicta a la tecnología, así que siempre tenía su teléfono en la mano o cerca.

—Hija, te hemos dicho miles de veces que renuncies a ese trabajo, los Lacrox son unos malditos explotadores, mientras te traigan a la casa, no hay ningún problema, espero puedan pagarte bien tus horas extras, de todos modos me estas escribiendo, estoy pendiente, te amo

—Está bien mama, también te amo.

Estaba terminando los contratos cuando el salió de su oficina, se veía cansado, sus hermosos ojos verdes, se veían cansados y apagados, era bastante alto y rubio por naturaleza, un tipo muy atractivo, cualquier mujer mataría por él, pero lo cierto era que no tenía suerte con las mujeres, nunca salía en revista con ninguna, tampoco se hablaba de su pasado, la prensa no hacia preguntas referente a su situación sentimental, ya lo conocían.

— ¿Estas lista?¿nos vamos?

—Sí señor, dame un segundo y apago el equipo, solo me falta archivar estos documentos.

—Ven entrégame los archivos te ayudo.

Me quedo impresionada por su generosidad, nunca se había ofrecido a ayudarme, y para ser sincera este lado suyo me gusta aún más, cuando terminamos, salimos juntos por el lobby, ya casi no quedaba personal de oficina, en cambio los obreros seguían rotando sus turnos, los cuales constaban en tres, los chicos que trabajaban en el lado nocturno, ganaban un cincuenta por ciento mas

Salimos a la calle, y el frio de la noche me hace estremecer, él lo nota y se quita su saco para colocarlo encima de mis hombros, enseguida comienzo a sentir calor, era bastante grueso, el me conduce hacia su auto un Hermoso Audi negro, mi favorito.

Luego de subir a su auto, emprendemos el viaje, ninguno de los dos décimos nada, pero este silencio nos gustaba, nos sentíamos bastante cómodos. El estaciona el auto en un hermoso restaurante lo conocía, su familia tenía acciones en este lugar, solo la gente de dinero podía hacer la solicitud de una mesa, y tardaban meses en asignarte la reservación.

Él me ayuda  abajar del auto y quedo realmente impresionada, jamás había venido a un lugar como este, tenía aspecto de un castillo, podía imaginarme el precio de cada platillo, pero así era este mundo y más si venias a uno de los mejores restaurante de toda la ciudad, The Grand Tier.

Capítulo 3

Entramos al restaurante llamando la atención de todos, no estaba acostumbrada a este tipo de cosas, por lo que mi cara perdió el color, mi jefe tomó mi mano y la apretó, dándome el valor que necesitaba, no era fácil, salir con uno de los hombres más ricos e importantes del mundo.

Enseguida en maitre nos indica nuestra mesa, en un palco privado, veríamos la opera y cenariamos allí, todo desprendía un aroma a caoba y lujo, los candelabros parecían de oro, incluyendo los cubiertos, estaba impresionada, muy impresionada.

Mi jefe abrió la silla, para que tomara asiento, le sonreí en señal de agradecimiento, el me devolvió la sonrisa. Cuando el maitre trajo el menú quise morir, no sabía que platos eran estos, ni siquiera pude reconocer los vinos, estaba totalmente mortifica da y creo que él lo noto.

—Pediré por ambos, espero no te moleste ¿tomas licores?

—Tranquilo no hay problema, si solo tomo vino.

—Perfecto, entonces te sorprenderme, veras que en este lugar tienen los mejores vinos del mundo, los más fino y por supuesto costosos, pero eso no es problema para mí.

—No es necesario que me traigas a estos lugares, con ir al cine me conformo, soy muy sencilla, si me invitas a comerme una hamburguesa encantada de la vida acepto.

—Jamás he ido al cine, ni siquiera me gustan las hamburguesas, no soy hombre de esas gafedades.

—No sabes lo que te pierdes, mezclarse con el mundo es la esencia de la vida.

—No. Tengo mis propias reglas no quiero estar con nadie, no me gusta mezclarme con cualquiera.

Me quedo mirándolo, algo debía estar mal en el, ¿quien en su sano juicio no le gustaba el cine? Salir de compras en plena temporada de rebajas, correr bajo la lluvia, definitivamente estaba perdiendo su vida detrás de ese escritorio.

Luego de esa conversación el no volvió hablar más, hasta que llegó la comida, estaba delicioso, ni siquiera sabía que plato era, pero la salsa sabía a cebolla, cubito y especies, una divinura.

Luego de cenar el me invito a ver la opera pero me llevé una gran sorpresa, justo al lado de nosotros estaba mi madre, pero no se encontraba sola, sino con un hombre, no lo conocía, pero se notaba que tenía dinero, iba de traje, con un rolex de oro, pocos de los que hay en este mundo.

—¿Que pasa? Te has puesto pálida ¿te sientes mal?

— Esa mujer de allí es mi madre—digo en un susurro, mientras mi corazón late desbocado.

—Ah esa es tu mama, y el es tu papá.

—No. No es mi padre, ni siquiera se quien es.

—Pero se ven muy cariñosos, así que tu madre es una infiel.

—Parece que si, vamonos, no quiero que me vea, le dije que saldría tarde del trabajo

—¿tienes que mentir para poder salir conmigo? ¿Que edad tienes? ¿Cinco años? — me dice con ironía.

—No, no tengo quince años, pero mi madre es conservardora—digo mintiendole—no quiere que salga con el hombre equivocado.

—No soy el equivocado, soy tu mejor opción.

Típico de el, siempre se creía la mejor cosa, aunque no podía negarlo, el era la mejor cosa de este mundo y yo estaba perdidamente enamorada de él, esto era un sueño hecho realidad.

Salimos del palco y el toma mi mano, pero por mala suerte del destino, mi madre también lo hace, acompañado de su pareja, incluso le da un beso, me quedo sorprendida, puedo sentir la mano de mi jefe apretar fuertemente la mía, como si estuviera a punto de explotar o tal vez que me estaba intentando consolar, esperaba fuera la segunda.

Intento huir, pero ella logra mirarme.

—¿Teresa eres tú? ¿Que estás haciendo aquí?

—¡Mama! Yo...

Intento explicarme, pero el se adelanta, haciendo me temblar al escuchar su explicación.

–Ella vino conmigo, estábamos cenando señora—dice patrick

—No te estoy preguntando a ti, se quien eres, vas arruinar el futuro de mi hija, no eres un buen ejemplo para mi hija, nos vamos Teresa.

—Ella no se va con usted, se va conmigo porque vinimos juntos, además disculpe por que se que es una mujer, pero el mal ejemplo lo está dando usted con semejante espectáculo, porque tengo entendido que este no es su esposo, y creo que sabe que esta lagartija es el marido de mi madre.

Me quedo de piedra al escuchar su confesión, mi madre lo mira con un desprecio increíble, su cara está roja y la mía también pero de vergüenza.

—Nos vamos—dice mi madre

—Le dije que no se va a ir con usted, y si me reta déjeme decirle que su querido esposo va a enterarse de la nueva infidelidad de su esposita.

—Eres tan desgraciado, como el perro de tu padre.

—Y usted es tan despreciable como él, por suerte debe estar revolcándose en el infierno.

—Patrick por favor, me iré con mi madre—Le suplico con la mirada, necesitas apasiguar la furia de mamá, sino pagaría las consecuencias y no quería dejar de trabajar, me sentía cómoda cerca de él.

El se acerca y toma mi cara en sus manos, acercándose, para estampar sus labios en los míos, al principio mis piernas flaquearon, pero luego le correspondía, el se separo y pego su frente a la mía.

—Si quieres vivir conmigo no tengo problema, solo tienes que pedírmelo, sabes que no te e

negaria nada

—Estoy segura.

No sabia porque me había besado ni mucho menos porque había dicho todo ese montón de cosas, solo estábamos cenando sin compromiso de nada, pero lo que más me tenía dudosa era ¿porque no lo había frenado? ¿Acaso quería vivir con él? ¿En serio quería vivir conmigo?

Salí del restaurante mientras mi madre me llevaba por un brazo, como si fuera una niña, que necesitaba un castigo, quise soltarme pero me dio una bofetada, estaba decepcionada de mi, le había fallado según ella, según yo no estaba haciendo nada malo, cuando llegamos a casa, allí fue donde todo se complico.

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Viviendo con el Enemigo

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