Capítulo 2

Emma.

Mientras observó a aquel bello muchacho, obviamente tratando de ser discreta llega a mi cabeza el recuerdo de lo sucedido en Italia; de como llegué hasta este lugar y sobre todo como todo se salió de control.

Tiempo atrás.

Es una linda mañana, voy a la cocina en bata a recibir el desayuno a Donato, mi esposo; sobra decir que lo hago por rutina, no porque lo ame. Desde hace un par de años atrás ya mi vida junto a él no es como lo era antes, tanto así que dormimos en habitaciones separadas; no porque me trate mal o sea un patán, todo lo contrario, él es todo un caballero.

El inconveniente está en la intimidad, tanto así hasta el punto en que no volvimos a consumir dicho acto, por tal motivo él decidió llevar sus cosas a la habitación de al lado, aún salimos y compartimos cenas, vamos siempre de la mano como si no sucediera nada malo entre los dos, pero dentro de la casa somos indiferentes el uno con el otro.

Al llegar a su habitación él se encuentra hablando al teléfono, deje la bandeja sobre la mesa de noche y me dispuse a salir, pero él me detuvo haciéndome una seña con su mano; espere a que terminará la llamada para que me dijera en que le podía ayudar.

—Hola Emma —me saludó con su cabeza abajo, mientras que con el tenedor llevaba un trozo de fruta a su boca.

—¿Estás bien?, te noto un poco nervioso —le dije mientras me acercaba a él.

—Todo está bien, solo necesito que me acompañes a una reunión que tengo el día de hoy en la oficina, sé que no te agradan este tipo de situaciones, pero te pido que está vez lo hagas. —En su cara había una expresión de temor.

—Por supuesto que iré contigo, solo déjame me arreglo y salimos. —Di media vuelta y salí de su habitación.

Fui a la ducha para refrescar mi hermoso cuerpo, después de ello salí cubriendo mi cabeza con la toalla mientras que mi cuerpo se encontraba al descubierto, lo hacía porque todas las habitaciones contaban con el baño en su interior.

Saqué uno de mis mejores vestidos para hacer uso de el en compañía de Donato, apliqué bastante loción y me puse unos zapatos altos; suelo utilizar muy poco maquillaje, para no quitarle protagonismo a mis ojos, y así poder resaltar el color verde de ellos, mi figura esbelta me favorece bastante.

Al llegar a la sala él ya se encontraba allí sentado en el sofá esperándome, se levantó mientras que ponía una de sus particulares caras de desagrado por esperar, salimos de casa yendo directo al auto, obviamente quien nos lleva es Marcó, el escolta y conductor de nosotros, todo ello desde que quisieron acabar con la vida de Donato.

Mientras íbamos en el carro mi esposo me comentó de unos nuevos negocios con los hermanos Moretti, que lo único que él sabía de ellos era de lo peligrosos y traicioneros que eran, aun así sabiendo del riesgo que sería hacer negocios con ellos él estaba dispuesto a seguir adelante.

En medio de un silencio tétrico dentro del auto, luego de unos cuantos minutos Donato pone su mirada en mí y me brinda una sonrisa.

—Agradezco que le hayas dado tu apellido a mi hija, no cualquier persona lo hace, pero tú y tu buen corazón hizo que te sacrificarlas por tu amiga y aquella niña; reconozco todo lo que has hecho por ella, al igual que por mí, haciéndote pasar por mi esposa, y más aun intentando tener una relación conmigo, sabiendo que no sentías nada por mí.

»Te pido disculpas por la mala actitud de Celeste; ella ha perdido el respeto por nosotros, mientras que le brindamos lo mejor de cada uno, ella nos corresponde con odio y groserías constantes, en especial a ti —sus palabras hicieron que rodara una lágrima tras la otra por mis mejillas.

—No tienes nada que agradecer, lo hice porque no podía dejar a la hija de mi única y mejor amiga sin esa figura tan importante como lo es la mamá; lo nuestro no funcionó y en estos momentos no quiero hablar más de ello. —Desvié la mirada poniéndola en la ventana.

Sentía algo en el ambiente, algo que me hacía erizar la piel; al llegar allí él le indicó a Marco que por nada se fuera a separar de nosotros, obteniendo por respuesta un asentimiento con su cabeza. Saludamos a las recepcionistas para luego entrar al ascensor, estando allí dentro volteé la cabeza y puse la mirada en Donato.

Él se encontraba demasiado sudoroso, y al ver sus manos me di cuenta que estaban temblando; aquel hecho causaba en mí que los nervios se elevarán, no tanto, así como los de él pero si me hacía dudar de lo que podría llegar a pasar dentro de su oficina. El ascensor se detuvo en el piso veintiséis indicando que habíamos llegado, Donato toma de mi mano para salir de camino a su oficina.

—Gracias por venir conmigo —se notaba que algo no estaba bien.

La recepcionista de piso le indico que ya lo estaban esperando, él solo la miró sin decirle palabra alguna, tan solo continuamos caminando lentamente a través de aquel largo pasillo hasta llegar a la enorme puerta de la sala de juntas, él abrió la puerta e ingresamos, allí dentro se encontraba un hombre y una mujer, su aspecto era demasiado elegante sin dejar nada que decir.

—¡Bienvenidos! supongo que ustedes son Nicoletta y Adriano —Ellos se pusieron en pie y sonrieron, mientras asintieron al mismo tiempo—. Gracias por venir, les informo que esta es una empresa donde recibe propuestas por doquier debido a que nosotros le damos la oportunidad a nuevos proyectos.

»Claro está de que sean legales y que no pongan en riesgo nuestra integridad, así que por favor tomen asiento y cuénteme cuál es su propuesta —dijo Donato mientras que nos sentamos frente de ellos, excepto por el escolta que se quedó en pie al lado de la puerta.

—Sí señor —respondió él con una sonrisa en su rostro—. Le agradecemos por habernos recibido, es usted muy cordial al abrir la puerta de su empresa —habla mientras pone su mirada tenebrosa directo en mí.

—Señor Donato, déjeme decirle que para nosotros es un placer hacer negocios con usted, sin hablar de lo beneficiados que saldremos las dos partes —dice Nicoletta mientras dibuja una sonrisa traviesa.

Donato un tanto preocupado por sus nuevos socios les pidió los documentos de lo que ellos le iban a ofrecer, quedando sorprendido mientras leía de ellos, lo noté de inmediato con la expresión que hacía.

Capítulo 3

Emma.

Luego de revisar una y otra vez aquellos documentos rompió el silencio, y no lo hizo de la mejor manera posible.

—No sé que es lo que pretenden hacer ustedes, pero esto que dice aquí es absurdo, no es ni la mitad de dinero en que le compro las telas a los demás proveedores, no sé cuál sea la irregularidad aquí pero no quiero ser participe en este tipo de negocios turbulentos. —Coloca los documentos sobre el escritorio y exhala profundamente.

»Lo que menos quiero es que mi empresa me la arrebaten por irregularidades. —Furioso Donato se puso en pie—. No se crean que porque soy amable, sea un ingenuo que me deje envolver por los bajos precios que ustedes aquí me plantean —dijo poniendo un tono fuerte en su voz.

—Déjese de tonterías señor Donato —responde Nicoletta mientras se pone en pie—. Lo que le venimos a ofrecer son telas de muy buena calidad, además de ello somos nuevos en el mercado por tal motivo le ofrecemos nuestros productos a bajo costo, todo con el fin de crecer en el mercado, además de brindarle un buen beneficio a su empresa —exclamó Nicoletta mostrando su peor cara.

—Recojan sus documentos y retírense de mi empresa, está reunión ha terminado —habla Donato de manera fría y sin rodeos.

Los hermanos Moretti se miraron entre sí y recogieron el sobre, pero antes de salir un gesto que le hizo aquella mujer a Donato me dejó bastante sorprendida, no fui capaz de decir palabra alguna mientras que estuve dentro de aquella oficina, tan solo cumplí con la presencia que se me fue pedida por él.

—¿De dónde los conseguiste?, ¿y cómo llegaron a ti? —fue lo único que le pregunté mientras que él bebía agua.

—Me contactaron a través de una llamada, la cual fue demasiado curiosa, tanto así que llegué a imaginar que se trataba de nuestra hija —con aquella respuesta notaba en él como cambiaba su cara de hombre fuerte a un hombre con miedo.

Después de concluir aquella reunión con los hermanos Moretti él revisó otros documentos hasta llegar la hora del almuerzo, notaba que se encontraba preocupado, al verle el alto grado de estrés que reflejaba su rostro; por lo cual decidí pedirle que fuéramos a comer en un restaurante cercano, no opuso resistencia a mi invitación como usualmente lo hacía.

Salimos de la empresa y nos dirigimos directo al parqueadero, subimos al auto y dimos marcha al restaurante favorito de él.

—Estoy muy feliz con tu compañía, hacía tanto tiempo que no salíamos a comer, al terminar el almuerzo lo que más deseo es ir al apartamento de Celeste; la quiero ver, ya que han pasado varios meses desde la última vez que la vimos, no tengo el corazón tan duro como para corresponderle a ella de la misma manera como ella nos ha abandonado —al escuchar su tono vidrioso al hablar asentí sin cuestionar su petición.

Yendo de camino quedó aturdida por el fuerte estallido del vidrio del auto por el costado de Donato, tan solo me fijé como el escolta sacó su arma y respondía contra aquellos malhechores; el tiempo se detuvo, todo transcurría en mi cabeza de manera lenta, levanté la cabeza y puse la mirada hacia donde se encontraba Donato, el escenario era el más cruel y despiadado que nunca antes había presenciado.

Vidrios por doquier, el rostro de Donato estaba sin color, no suficiente con eso bajé la mirada llevándola hasta la altura del pecho de él, el cual brotaba sangre sin parar, entre en shock; mis manos temblaban y con ellas el resto de mi cuerpo, tanto así que no pude hacer nada al ver la cantidad de sangre que inundaba el auto.

Marco abrió la puerta repentinamente para brindarle su ayuda a Donato, colocó sus dedos sobre su cuello y solo apretó los labios y negó con su cabeza.

—Señora, lo lamento mucho pero ya no hay nada que hacer, los disparos han sido certeros, los cuales no le han dado oportunidad alguna de sobrevivir —fueron sus palabras mientras me miraba tristemente.

Aquel acto marcó mi vida de sobremanera, tanto así que no fui capaz de salir del auto hasta que llegaron a sacar el cuerpo del hombre con el que acababa de entablar una conversación; tomé mi teléfono móvil en mi temblorosa mano y procedí a llamar a Celeste. Al cabo de insistir unas cuantas veces logré conseguir que ella me diera respuesta.

—¿Qué se te ofrece mamá? —responde de manera fría—. Háblame rápido porque me encuentro demasiado ocupada, solo espero que lo que me vayas a decir sea realmente importante como para haberme hecho perder el tiempo al haber contestado. —Ella como siempre contestando de manera odiosa e incomprensiva.

—Lamento mucho que sea yo quien te tenga que dar esta mala noticia. —Tuve que hacer una pausa, debido a que el nudo que tenía en mi garganta impedía que saliera de mi boca tal trágica noticia.

—Habla de una buena vez, porque no tengo todo el día para estar perdiendo el tiempo contigo —su manera petulante de hablar me hace romper en llanto, es increíble que sea capaz de hablarme de esa manera sabiendo que yo soy su mamá.

—A tu padre le han quitado la vida, lo mínimo que puedes hacer es venir a despedirte de él. —Hubo un silencio por parte de ella, luego carraspeó su garganta.

—Espero que no te hayas emocionado con todas las propiedades que él me ha dejado, recuerda que ese imperio es y será tan solo mio, el cual no lo compartiré con nadie y menos contigo. —Era increíble lo que le estaba escuchando.

—¿Me estás hablando en serio hija? —Obtuve por respuesta una sonora carcajada.

—Sabes que yo no bromeo, hace mucho que perdí el gusto por las bromas, y no cuentes conmigo si piensas que yo iré a despedirme de mi padre, hay más cosas que tengo que hacer y no tengo tiempo para despedirme de un frío cadáver. Si no es más adiós, hablaremos luego, cuando me esté posicionando de todas las propiedades de Donato —fueron las palabras de aquella fría y cruel mujer.

Finalizó la llamada para luego dar inicio a todo el papeleo y organizar su sepelio, es increíble cómo habían acabado la vida de un hombre bueno en tan solo un par de segundos.

En su sepelio lo acompañaron todos sus colaboradores y amigos, pero la presencia de los hermanos Moretti provocaba en mí que se eriza todo el cuerpo, no lograba entender quien había sido capaz de acabar con la vida de un hombre que no se metía con nadie, todo lo contrario, era quien le daba trabajo y oportunidades a muchas personas.

Al finalizar aquel momento triste fui a casa en compañía de Marco y al llegar allí e ingresar en aquella enorme casa me senté en el sofá; me sentí tan sola que no fui capaz de estar un solo momento más en este lugar. Fui a mi cuarto para empacar un par de cosas personales e ir al aeropuerto en compañía de Marco.

Lo único que quería era ir a un lugar donde no me sintiera sola, es decir sin aquel enorme vacío que provocaba la pérdida del hombre con el que he compartido varios años de mi vida.

Por lo cual decidí ir a España a una de las cuantas propiedades de Donato, quizá un aire fresco me ayudaría para enfrentar a mi hija.

Al llegar a este lugar el ambiente era diferente, el aire puro ingresando a mis pulmones acompañado de aquel olor del césped recién cortado me hacía recordar mis días alegres, cerré los ojos y me tranquilicé un poco.

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Una Oportunidad Para Amaar

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