Capítulo 2

"HAZ LO QUE TENGAS QUE HACER". 

Serem había caminado todo el día tratando de encontrar un empleo, pero resultaba ser otro día perdido. 

La salud del señor Keskin no hacía otra cosa que empeorar, la familia cada vez sufría más peripecias para pagar las cuentas, entre ellas la renta de la vivienda en la que vivían que ya tenía varios meses de atraso. 

Serem era la más preocupada con la situación, ella era la mayor de las hijas del matrimonio Keskin, y siempre había sido la más consciente. 

Había abandonado sus estudios, con tal de ahorrar y que la educación de su hermana menor fuera mucho mejor que la suya. 

Las facturas de la farmacia, con las medicinas destinadas a su padre cada vez eran más altas. 

La situación en lugar de mejorar empeoraba. Nadie le daba una oportunidad y le daba un empleo por básico que pareciera. A pesar de ella tener toda la disposición no tenía la experiencia, ni tenía la preparación académica necesaria para que alguien la contratara. 

La joven comenzaba a desesperarse más a cada segundo. Su madre que nunca había sido una mujer muy dulce, últimamente estaba mucha peor. Además estaba la tensión de ocultarle al señor Keskin que las cosas no mejoraban en lo absoluto. 

—¡Haz lo que tengas que hacer!—Exigió su madre esa noche después de que el resto de la familia se hubieran acostado. —¡Haz lo que sea para traer dinero a esta casa! 

Serem trago en seco, dolida al darse cuenta que su madre no apreciaba su esfuerzo. Tenía los pies llenos de llagas de tanto caminar en búsqueda de cualquier cosa, pero solo pudo bajar la cabeza. 

—Eres medianamente hermosa—siguió su madre reparándola de pies a cabeza. —Alguien debe estar dispuesto a pagar algo por eso. 

Haciendo honor a la verdad, Serem Keskin no era solo «medianamente» hermosa. Aquella comparación había sido tan sosa como llamar sencillamente “profundo” al océano. 

Serem era una belleza absoluta de pies a cabeza. Con cabellos color miel, y ojos de un extraño color violeta. Llamaba la atención por su rostro de rasgos finos, aristocráticos; y por su esbelta figura de reloj de arena. Mas algo era indudable, es que ella tenia porte de reina. Todo en sus gestos y en sí forma de andar gritaba «clase y distinción» a pesar de haber sido criada en la pobreza toda su vida. 

Además era tan dulce que en ocasiones parecía que fingía, porque nadie podía ser tan dulce todo el tiempo. 

Y si, a esa joven virginal si madre la estaba arrojando a la boca de los lobos, a cambio de que trajera cuatro monedas a la casa. 

—Nadie me contrata por mi falta de experiencia, y los otros sencillamente me rechazan por no haber terminado el nivel secundario—le explico con tristeza a su madre, buscando comprensión. 

—La belleza que tanto presumes tiene que servir de algo—. Le grito para luego arrepentirse y taparse la boca con ambas manos. No es que le interesara no lastimar a Serem, sino que cayó en cuenta que podía despertar a su marido y a su hija más pequeña. Y si algo no permitirá el señor Keskin era que su bella hija fuera sacrificada por el bienestar de su salud. 

Si algo era lejano de la realidad, era que Serem presumía de su belleza. No existía nadie más modesto que ella, no había tanta nobleza contenida en una sola persona. 

—Mañana me despertaré temprano y buscaré otra vez empleo—murmuró comenzándose a convencer de que era ella la única culpable de no encontrar un empleo que le permitiera sustentar a su familia, y aliviar la presión que sentía su padre por estar enfermo del corazón y no poder ayudar con los gastos. 

Después que si madre se hubo acaparado, Serem terminó de lavar los trastos y camino por la casa en penumbras, pues para colmo la compañía eléctrica había cortado el servicio esa misma tarde por faltar a los pagos correspondientes. 

Se recostó con cuidado de no hacer ruido en el destartalado camastro donde dormía y allí sola, tragándose los sollozos para que nadie la escuchara, allí lloro sin que nadie lo notara. 

Mucha responsabilidad había puesto la familia en los hombros de una joven de dieciocho años. 

Los problemas eran tantos, que nadie se percató que esa día cumplía años, nadie recordó que ella también era un ser humano que necesita calor humano y reconocimiento. 

Ya no era una niña, había llegado a la mayoría de edad sola, llorando y pidiendo que todo aquello fuera un mal sueño . 

Lloró por no ser lo suficientemente buena, ni todo lo valiente que se requería para sacar a su familia de las penurias que se venían. 

A la mañana siguiente, Serem despertó con el rostro hinchado y con el estómago revuelto. Aún así se metió en su gastada ropa y haciendo muecas de dolor se calzó sus únicos zapatos, que ya le habían destrozado los pies, peor no tenía otra alternativa que usarlos. 

Sin desayunar se marchó antes que alguien en la casa se despertara, si existía un ser celestial tenía que ayudarla, para que la situación mejorase. ¡Tenía que mejorar! O se quedarían en la calle con un padre enfermo y una hermana de quince años que necesitaba tener un techo sobre su cabeza, y descansar para rendir en el colegio. 

Serem camino por las calles de los principales restaurantes de su pequeño pueblo ofreciendose como friega platos, o chica de la limpieza en cada negocio, pero no conseguí nada. Nadie quería un nuevo trabajador. Así que siguió caminando en otro rumbo. 

En aquel pueblo tan pequeño no parecía haber nada para ella, nadie la compadecía, nadie se ponía en sus zapatos. 

Ya casi con lágrimas en los ojos por el esfuerzo que estaba haciendo en caminar kilómetros con los pies heridos se tomó con un anuncio, que podía seignificar su nueva esperanza. 

—¡Gracias Allah!— susurro mirando al cielo, tenía que ser eso una señal divina para ella, para acabar con tanto sufrimiento.

Capítulo 3

“INICIO DE UN ENGAÑO ” 

Serem camino con paso apurado acercándose a la fila de muchachas que esperaban por audicionar. Era rídiculo, pero sabía que esa Agencia de Modelos en específico aceptaba a muchachas como ella sin ninguna experiencia en el mundo de las pasarelas y el espectáculo. 

Cuando vio el anuncio supo que quizás había alguna esperanza, su madre le había gritado la noche anterior que explotara su belleza y a ella no se le ocurría un método mejor de acerlo que audicionar. Si no resultaba ya podría decirle a su progenitora, que se equivocaba, y que nadie pagaría una sola Lira por ella . 

La fila era interminable, pero lo que más le sorprendió fue que uno de sus vecinos que tenía fama de delincuente y desadaptado fuera quien estuviera tomando los datos de las muchachas. 

Ese hombre le ponía los pelos de punta. Tan pronto ella dejó de ser una niña pequeña, y comenzó a verse como una señorita, cada vez que se topaba con él le decía puras groserías de carácter lascivo. 

Serem se alarmó, pero aún así continuó adelante. Tenía pocas alternativas. 

Habían tantas chicas que perdería todo el día en entrar. 

Tampoco la ayudaba la forma sencilla en que iba vestida, o la ausencia absoluta de maquillaje en su rostro. Mientras que las otras muchachas algunas parecían payasas por la cantidad exagerada de maquillaje que usaban. 

Respiro profundo al tiempo que el estómago le rugía de hambre, y aguardó en silencio que las horas pasaran. 

Serían las tres de la tarde cuando por fin llegó su turno. 

Aquel hombre despreciable que anotaba los nombres cuando la vi sonrió con maldad. 

—¡Que bella sirena nos ha traído la marea!— comentó mirando a Serem con descaro, desnudándola con sus ojos lujurioros. 

Serem se abrazó el cuerpo con las como si pudiera protegerse de su asqueroso escrutinio. Sentía que los ojos de aquel hombre era capaz de traspasar su desgastada ropa. 

Ella no respondió al hombre que volvió a hablarle devorandola con cada ojeada que le daba. 

—¡Nombre y apellido, niña! ¡Además de un número telefónico a donde podamos localizarte si es que eres seleccionada. 

—Se-Serem Keskin, tengo dieciocho años— murmuro tímidamente. También proporcionó el número de teléfono de la vecina, pues estaba segura que su padre con lo conservador que era moriría infartado al saber que ella estaba audicionando para ser modelo. 

—¡No tiembles niñita!¡Aquí nadie va a morderte!… o al menos no todavía— la miro una vez más, reparó sus curvas y su rostro que incitaba a pecar y se saboreó. Estaba seguro que esa jovencita era Virgen, la había goloceado desde que empezó a verse como una mujer, y ahora el destino se la ponía al alcance de la mano.—La segunda puerta a la derecha, Serem Keskin— le informó para después morderse los labios con descaro. 

Serem se estremeció de asco y miedo, y se puso a pensar si valía la pena entrar por esa puerta. Solo llego a la desesperada decisión de entrar, porque no tenía otra salida. 

A final de la tarde había perdido todo el día en la fila para entrar, si lo dejaba solo estaría peor que en la mañana al haber perdido todo el día para nada. 

Sus pies comenzaron a caminar por el corredor buscando la puerta indicada hasta que por fin estuvo en frente de esta. 

Tocó suavemente e inmediatamente una mujer que parecía modelo de revistas para caballero abrió la puerta, haciéndole un ademán para que entrara. 

Serem paso saliva y entró en lo que parecía un estudio fotográfico. No lo sabía a ciencia cierta pues en su vida había entrado a otro estudio fotográfico. 

Dentro habían otros dos hombres, que realmente no le dieron mejor impresión que el hombre de la puerta. 

Así, asustada como un ciervo herido se paró en el centro de aquella habitación mientras que el resto de los presentes la reparaban de pies a cabezas. 

—¡Dinos tu nombre! — le ordenó la mujer y Serem asustada como estaba no respondió al instante. 

—Se-Serem Kes-Keskin — otra vez la voz le salía rota y tartamudeaba. ¿Cómo es que se le había ocurrido ser modelo? Si ni siquiera podía hablar en público sin tartamudear, pensó con congoja. 

Nadie la contrataría, ¡por Allah! 

Nadie contrataría a una muchacha que no supiera hablar. 

—¿Cuántos años tienes? ¿Diescisiete?¿Dieciocho tal vez?— la abordó uno de los hombres. 

—Dieciocho— confirmó ella. 

—¡Quítate la ropa! —le ordenaron y el color de la cara de la muchacha desapareció del todo. 

—¡No-no me-me pu-puedo quitar la ropa!— protestó Serem que aún tartamudeando sabía que aquello iba contra todos sus principios. Podía ser pobre, estar desesperada pero no era idiota. Ingenua quizás, pero no descarada. 

—No tienes de que preocuparte muchacha. Solo tratamos de ver tu figura y cómo se ve en fotos. Por estética tenemos que estar seguros de que eres lo que estamos buscando— explicó la sensual mujer de cabello rojo que con todo el descaro del mundo se acercó a Serem quitándole la mochila que aún llevaba en el hombro—. Solo queremos ver si tienes una bonita figura. ¡Puedes conservar tu ropa interior!— explicó tratando de convencerla—¿¡Cómo piensas ser modelo si no eres capaz de posar en traje de baño!? Imagina que estás en traje de baño, y deja que yo me encargue de lo demás. 

Serem espantada se dejó convencer y aquella mujer le sacó la camisa y la remera que llevaba con manos rápidas. Le comenzó a sacar el pantalón mientras que Serem se abrazaba, tratando de cubrirse el sostén con ambos brazos. 

En menos de dos minutos estaba en ropa interior, que no era la las lujosa, más bien era sencilla, blanca y virginal. Sus bragas y su sostén eran de algodón, sin encajes ni adornos pero no era necesario. 

Serem sin dudas era la mujer más hermosa que había audicionado allí ese día. Era un verdadero hallazgo y tanto la mujer como los dos hombres que estaban en ese cuarto lo sabían. 

Era una lástima que ellos no fueran una verdadera Agencia para Modelos y si una organización criminal dedicada a la trata de blancas. 

Si de algo estaban seguros es que esa jovencita, siendo Virgen como de hecho lo era, les haría ganar unas cuantos millones de Liras.

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