Capítulo 3
Santino miró por encima del hombro y vio a su jefe en el balcón, con un cigarrillo que se consumía lentamente entre sus dedos.
El humo subía en espirales perezosas, cubriendo con un velo fantasmal las facciones marcadas de Waylon, que se suavizaban con cada exhalación.
Waylon rara vez fumaba. De hecho, la última vez que el doctor recordaba haberlo visto hacerlo fue dos años antes.
"Ya la estabilicé. Solo tiene un resfriado fuerte por la lluvia, además de que el susto le pegó con fuerza. La inyecté y le administré algo de medicamento, así que estará bien", le informó Santino a su empleador, acercándose al balcón.
Tras una breve pausa para contemplar el cielo nocturno, comentó: "Vi los titulares. La familia Jenkins no solo la expulsó, sino que la humilló frente a todos, justo en la fiesta de cumpleaños de Marilee".
Luego, sin ocultar la ira en su voz, prosiguió: "¿No le hicieron una prueba de ADN antes de traerla de vuelta del extranjero? Todo esto parece una conspiración".
Una vibración repentina rompió sus comentarios. El celular de Alexia sonaba en la mesita de noche.
Waylon regresó a interior, con la intención de rechazar la llamada, pero al ver el nombre en la pantalla se detuvo en seco. La hostilidad brilló en sus ojos mientras contestaba y activaba el altavoz. Al instante, los gritos estallaron al otro lado de la línea, la furia de su interlocutor era inconfundible.
"Alexia, has ignorado todas mis llamadas y mensajes. ¿Qué pretendes? Fingir que desapareciste no te ayudará. Mañana firmarás el acuerdo de divorcio, y eso será el fin de nuestra relación. Ya te tuve suficiente paciencia, así que deja de interponerte entre Marilee y yo. Has vivido de la familia Jenkins por mucho tiempo. Si te queda algo de dignidad, aléjate para siempre. Es lo menos que puedes hacer por Marilee. No te preocupes por tu parte: recibirás lo que te corresponde. Reconozco que cuidaste de mi abuela y mi madre durante los últimos años, pero no abuses. Tienes que saber cuándo detenerte. ¿Por qué no me contestas? ¿Dónde estás?".
El silencio del otro lado hizo que Roger se sintiera incómodo. De hecho, su confianza vaciló y su tono de voz perdió su dureza.
Santino rogó internamente que alguien interviniera y detuviera esa situación, que cada vez se salía más de control. Desde el momento en que Roger comenzó a hablar, se percató de que la expresión de Waylon se volvió sombría. Su mirada se volvió fría por completo, haciendo que la atmósfera se sintiera gélida y sofocante. De hecho, la opresión era tanta que apenas podía mantenerse de pie: creía que las rodillas le fallarían en cualquier momento.
"¿Así le hablas a ella?", respondió Waylon, con una expresión tan dura que rayaba en lo cruel.
"¿Quién eres tú? ¿Dónde está Alexia?", inquirió Roger, con voz cautelosa, pues todos sus instintos se activaron, advirtiéndole del peligro.
Waylon miró hacia la cama donde Alexia descansaba, respirando débilmente pero estable. Respondió en un murmullo suave, que casi perdía toda tensión:
"Está dormida". Tras un breve silencio, añadió: "Y está aquí conmigo".
Del otro lado de la línea estalló la ira. Roger, con voz atronadora, exclamó: "¿Qué acabas de decir? ¡¿Quién eres tú?!".
"Tranquilízate. Lo descubrirás... si sobrevives", contestó Waylon, con la diversión brillando en sus pupilas, tras soltar una carcajada baja. Sin decir nada más, colgó.
A la mañana siguiente, la lluvia había cesado, dejando que la luz del sol entrara por las ventanas, justo cuando Alexia se despertó.
La mujer agarró su celular. La pantalla se llenó de llamadas perdidas y mensajes, todos cargados de ira, de su esposo. Navegó por el exceso de notificaciones, sin mostrar ninguna reacción, antes de soltar el dispositivo sobre las sábanas.
En ese momento, su prioridad era disfrutar de una ducha caliente. Cuando terminó, vio su reflejo en el espejo del baño. A pesar de que estaba empañado, se percató de un cambio en ella: sus ojos, que antes lucían apagados, ahora tenían un brillo que no había visto en años.
Por primera vez en mucho tiempo sonrió, y una felicidad genuina apareció en su mirada.
Sentía como si la fiebre hubiera quemado toda su confusión, despojando su corazón de viejos dolores y lealtades tontas hacia gente que nunca la había merecido.
Ya no seguiría fingiendo que era ingenua ni actuando como si todo estuviera bien. Esta triste etapa de su vida había terminado.
Cubierta únicamente con una toalla, revisó sus contactos y se detuvo en un nombre que no había tocado en años. La línea sonó una sola vez, antes de que el caos estallara del otro lado.
"¡Luna! ¡Ya era hora! Dime, ¿los rumores son ciertos? ¿Finalmente te vas a divorciar?".
Se escuchaban risas y gritos de fondo, porque sus amigos ni siquiera trataban de disimular que estaban escuchando.
"Sí. Hoy firmaré el acuerdo de divorcio", respondió Alexia con calma.
Del otro lado comenzó una celebración: silbidos, vítores, el tintineo de copas... Parecía que sus amistades estaban de fiesta.
"¡Te tardaste bastante en salir de ese trance! Por fin dejarás de actuar como una deprimente ama de casa. ¡Nuestra Luna ha vuelto!".
"El divorcio es lo mejor que te ha pasado. ¡Roger nunca te mereció! Solo dímelo y yo mismo me encargaré de él".
"Y no me hagas empezar con la sobrevalorada familia Jenkins. Si no fuera por ti, esa gente habría colapsado durante la última crisis del año pasado. Luna, estamos listos cuando tú lo estés. El Consorcio Helix te respalda".
"En ese caso, necesito que me den un aventón", comentó Alexia, con una sonrisa genuina por las risas y el apoyo de sus amigos.
"¿Un aventón? ¿Para tu gran regreso? Solo dime dónde estás, ¡y el campeón de carreras irá a buscarte!", intervino un hombre, sin perder el ritmo, con la voz rebosante de emoción.