Capítulo 3

—Buenos días señora Emma ¿Cómo se encuentra? —Pregunto un investigador sin que tuviese muchas ganas de contestar —Mi nombre en Marcus Muller y voy a realizarle una serie de preguntas —Dijo rápidamente antes de que yo contestara algo.

Una simple cortesía eran sus palabras, la realidad es que le importaba poco si yo me encontraba o no de acuerdo, dejándomelo muy en claro al momento de emplear las esposas.

—¿Usted conocía a la ciudadana Anna Meyer? —Comenzó con una pregunta sencilla este.

—Sí, ella ingreso a trabajar en la empresa familiar hace aproximadamente un año —Indiqué, con la certeza de que pronto se pondría incómodo.

—¿Qué tipo de relación guardaba con ella? —Consultó este sin hacer ningún gesto con el rostro.

—Al principio netamente profesional, después ella comenzó a tener un amorío con mi ex esposo, cosa de la que no me enteré hasta que me sentó en la sala de la casa y me dijo que deseaba el divorcio —Expliqué sinceramente.

—¿Qué sintió en ese momento? —Mencionó el hombre como si le importaran mis emociones.

—Mucha rabia, la despedí de la oficina y la hice echar con los de seguridad —Aseguré reviviendo ese momento.

—¿La amenazo de muerte? —Subió el tono de este interrogatorio a partir de ese momento.

—Sí, pero fue en medio del furor del momento, no fue una sentencia de muerte —Aclaré con miedo de que se desviara la atención hacia amenazas que cualquiera puede decir cuando se siente herido.

—¿Sabe usted que ella se encontraba desaparecida y que el cuerpo que retiramos de un lote de terrenos que eran propiedad de la empresa era de ella? —Inquirió con interés.

—Claro que sabía de su desaparición, me buscaron en el aeropuerto para interrogarme, pero de allí a conocer sobre la existencia de un cadáver no. Esos terrenos fueron adquiridos hace menos de quince días y cualquiera tiene acceso a ellos —Argumenté sin que yo misma pudiera entender las coincidencias.

—Es bastante curioso que de tantas mujeres en esta región se encontrara fallecida ella, después de que fue amenazada públicamente y que de tantos lugares se encontrase en terrenos de su propiedad. En ambos casos el punto en común es usted —Afirmó este con su rostro impasible.

—Si es una coincidencia curiosa, pero la realidad es que yo no tengo nada que ver con eso —Concluí con fuerza.

—“Eso” a lo que se refiere de forma despectiva se llama asesinato, ella fue llevada hasta ese lugar y después fue liquidada de un disparo en la cabeza —Especificó mostrándome las fotos de su cuerpo en descomposición —Luego la enterraron en ese lugar y fue descubierta por unos perros y vista por un hombre que cruzó el lugar —Añadió este colocando más presión sobre mis hombros.

—Lamento lo que le paso a esa chica, pero no tengo nada que ver —Confirmé en un punto sin retorno donde las lágrimas estaban a punto de salir.

—¿Por qué no se llevó a cabo el divorcio como tal? —Preguntó él hombre haciendo que retomara la compostura.

—Cuando él me pidió el divorcio, me dolió. Pero estoy acostumbrada al dolor yo simplemente acepte y él se fue a vivir con ella, en una reunión posterior con los abogados él se enteró de la existencia de un acuerdo prenupcial y que no tendría acceso a mi fortuna. Por el contrario, como yo me quedaría con la custodia de los niños tenía que pagar una pensión y me darían el cincuenta por ciento de los activos. Claro esto no le gusto, era el precio de traicionarme, la chica también lo supo de su boca y al darse cuenta de que ese hombre no era tan rico como pensaba simplemente le hecho de su casa. Él vivió solo un tiempo alejado mientras intentaba una reconciliación conmigo. Hace tres meses volvimos —Hablé con tristeza, cuando uno ve el panorama desde fuera nota todas las incongruencias y errores que ha cometido.

¿Cómo fui capaz de tener tan poca dignidad para aceptarlo de nuevo en mi vida? Si bien es cierto que tengo dos niños pequeños, sin ser eso algo que impidió mi desarrollo profesional o mi vida personal, simplemente lo hice para no sentirme sola, para no asumir que fracasé, por miedo al qué dirán. La imagen era lo más importante en ese momento.

—Comprendo, a mi parecer todos se estaban aprovechando de usted y su dinero ¿Supongo que eso le molesta? —Mencionó este de forma insistente.

—Yo no lo noté hasta ahora, me la he pasado tanto tiempo enfocada en lo que debo hacer que realmente solo en este momento me doy cuenta de los errores que estoy cometiendo —Dije con melancolía, vista con objetividad mi existencia es un verdadero desastre.

—Me imagino su ira. Por eso citó a la joven en ese terreno llevando un arma que no tenía registrada a su nombre, en medio de una discusión cuando esta le da la espalda la ejecuta por la espalda, con una pala entierra su cuerpo a poca profundidad y luego se va a unas idílicas vacaciones en Italia con ese hombre que cree suyo —Elaboró este una hipótesis increíble, dejándome en extremo sorprendida.

—Usted no puede asegurar nada de eso —Espeté con rabia ¿Cómo se atrevía a culparme de esa manera?

—De hecho, contamos con datos suficientes que respaldan los hechos, lo que me gustaría saber es si actuó sola o su esposo también se encuentra involucrado, dado que ambos la odiaban por razones distintas —Habló de eso con tanta naturalidad que sentí me encontraba en uno de esos sueños de los que siempre me despertaba.

Lamentablemente no se trataba de una pesadilla la realidad me estaba golpeando con fuerza el rostro sin que tuviera argumentos suficientes para defender, una trampa del destino para cobrarme todo lo malo que he hecho, esos fraudes bien planeados, esas cifras maquilladas, Explotación, trabajo forzado, mano de obra barata, si son muchas las trampas que deben hacerse para mantener el pie un coloso como Constructora Schmedt.

Pero ni en un millón de años pensé que el crimen que me llevaría a la cárcel seria asesinato ¿Yo? Que no soy capaz de matar ni una araña. Siempre pensé que descubrirían el lavado de dinero, proveniente de muchos inversores que obteniendo su capital de diversos actos no tan lícitos. Son los actos que más ganancia nos brindan, con un pequeño porcentaje invertimos en una que otra obra y sin hacer absolutamente nada, empleando dinero que no es directamente nuestro logramos jugosas ganancias. Esto no es nuevo, en la época de depresión luego de cada guerra acontecida en la historia había otro negocio ilícito que nos alejó de caer en bancarrota, las destiladoras de alcohol caseras, teníamos decenas de estas distribuidas por todo el país.

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Una CEO Tras las Rejas

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