Capítulo 3
Cuando Coco se enteró de que estaba embarazada, había considerado cuidadosamente lo que le diría a su hijo una vez que alcanzara la mayoría de edad y quisiera saber quién era su padre y dónde estaba.
De todas las opciones posibles y después de pensarlo durante mucho tiempo, había preparado tres explicaciones.
Su primera idea fue decirle que el padre era un hombre arrogante y dominante que estuvo obsesionado con ella pero que, cuando se enteró de que estaba embarazada, trató de obligarla a abortar al bebé y por eso tuvo que huir a un lugar lejano para escapar del peligro.
En segundo lugar, diría que el padre estaba muerto y ella, como una madre, crio a su hijo sola.. Era la forma más fácil, porque incluso podía elegir entre una variedad de razones: accidente automovilístico, cáncer o incluso la peste negra.
Finalmente, en tercer lugar, también consideró decirle a su hijo que en realidad era un bebé probeta, concebido en un laboratorio y que no tenía ni idea de quién era su padre.
Ella imaginó el momento de decir estas respuestas como si fuesen parte de una novela romántica o una película dramática, pero cuando llegó el día, mucho antes de lo que esperaba, se sintió completamente perdida. Todas las explicaciones que durante años había preparado, ensayado y repetido en su mente fueron descartadas y su determinación de usarlas colapsó ante la mirada pura e inocente de su hijo.
¿Cómo podía mentirle de esa forma? No sería capaz de hacerlo.
Después de pensarlo muy bien tomando en cuenta todas las consecuencias, Coco decidió decirle la verdad, incluso si sonaba más absurda que las tres explicaciones que había pensado.
"Carl, la verdad es que también quiero encontrar a tu padre biológico, pero no tengo ni idea de quién es. Ni siquiera sé si es un hombre, una mujer o incluso un ser no humano".
Carl se mordió los labios frustrado al no poder entender lo que le decía su madre:
"Mami, ¡es imposible que tengas hijos con una mujer y muchísimo menos con un no humano! Por favor, no evites mi pregunta y respóndeme sinceramente con la verdad", suplicó el niño.
Coco solo pudo suspirar frustrada, sabía que la inteligencia de Carl era muy elevada y podría deducir que no estaba siendo transparente.
A pesar de verse en un aprieto, ella se alegraba de que su hijo no hubiese heredado de ella la falta de ingenio que tanto padecía.
Pero desafortunadamente, su hijo también era persistente, demostrado por cómo la miraba fijamente, esperando pacientemente que ella terminara de responder. Coco, decidida, apretó los dientes y respondió con franqueza:
"Está bien, entonces te diré toda la verdad. No tengo ni un solo recuerdo de mi vida antes de que te tuviera en mi vientre. Sé que no tiene sentido, pero mi memoria comienza a partir del embarazo".
Finalmente, lo dijo. Había confesado la verdad. No culparía a Carl si no le creía de inmediato, porque incluso como escritora de novelas románticas, tenía que admitir que la pérdida de memoria era una de las explicaciones más ridículas.
Sin embargo, en este caso era cierto y no había manera de cambiarlo.
El recuerdo de ese momento le llegó a la mujer con abrumadora exactitud. Coco había despertado en una pequeña cama de madera sin recuerdo alguno de su pasado. Pero comparado con esto, el mayor problema y el más insólito era que había un niño de origen desconocido creciendo en su vientre.
Un médico con flequillo grasiento la examinó y descubrió que tenía una malformación uterina congénita, lo que significaba que si decidía abortarlo, nunca más podría quedar embarazada y perdería por completo la oportunidad de ser madre.
Ese día, Coco lanzó una moneda y tomó la decisión más difícil de su vida: concebiría y daría a luz a ese niño.
Meses después, a pesar de un parto de extrema dificultad durante el cual lloró continuamente, se sintió afortunada por haber dado a luz después de dos noches de trabajo a un hijo tan hermoso.
Ahora que Carl finalmente había escuchado la historia completa, quedó en un silencio reflexivo con el rostro sumido en sus pensamientos. Una sensación de terror se apoderó de Coco, ya que su hijo era un niño todavía, después de todo. A pesar de que su coeficiente intelectual era extraordinariamente alto, no estaba segura de que pudiese comprender y manejar las complicaciones de la vida real adulta. ¿No había sido un acto cruel de su parte haberle contado estas cosas a una edad tan temprana? ¿Estaba siendo una madre irresponsable?
Mientras ella seguía sumergida en sus pensamientos, Carl simplemente contestó haciendo un gesto afirmativo y seguro con la cabeza: "Está bien, mami, estoy teniendo una buena vida y me has cuidado mucho.
Eres suficiente para mí y no necesito nada ni a nadie más".
Coco cubrió la boca con las manos y soltó un grito ahogado, estaba tan conmovida que las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos mientras abrazaba a su sensato hijo.
Nunca había sentido una satisfacción tan grande como en ese momento, en el que por fin estaba feliz por haber liberado un secreto que la carcomía por adentro.
Mientras era abrazado y la consolaba, Carl pensó para sí mismo: 'Mami puede ser muy estúpida a veces, será mejor no hacer más preguntas para que deje de llorar y manchar su ropa de lágrimas'.
Conmovido por el dolor de su madre, el pequeño niño se acurrucó en su pecho, no le importaba si su madre había perdido la memoria. Después de todo, estaba dotado de un conocimiento y manejo impresionantes con las computadoras. ¡Podría encontrar a su padre él mismo!
Por su parte, a Coco no le interesaba mucho si el padre de Carl estaba vivo o muerto.
Su única preocupación es que apareciera un día y le quitara a su hijo. Mientras eso no ocurriera, le daba igual su existencia.
Al mismo tiempo, el hombre del que estaban hablando madre e hijo se encontraba rodeado por una pila de documentos. Sentado en el escritorio, con la agradable temperatura de su lujosa oficina, sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda mientras se le escapaba un estornudo de la boca.
Ese mismo fin de semana, Coco pasó toda la tarde trabajando en su novela, se había devanado los sesos sin parar hasta que finalmente terminó la última actualización de la semana. En esta parte de la historia que escribía, el héroe había obligado a la heroína a abortar y esta yacía en la mesa de operaciones llorando. ¡La sección de comentarios estaba llena de quejas y ardían las opiniones de los lectores!
Sin embargo, le restó importancia a las quejas como si no fueran significativas y apagó la computadora con un suspiro de alivio por el trabajo realizado. Luego llevó a su hijo a dar un paseo en coche hacia el centro de la ciudad, conduciendo muy lentamente a paso de tortuga.
"¡Mami, date prisa! No confundas el freno con el acelerador, ¡el chico que va detrás nuestro ha estado tocando la bocina para quejarse!".
Los comentarios de Carl alteraron los nervios de Coco, que todavía seguía muy nerviosa al manejar. Estaba sentada tensa en el puesto del conductor, y las manos le temblaban nerviosas mientras sostenía con mucha fuerza el volante. ¡Como piloto nueva, estaba bajo una gran presión!
Sin embargo, su hijo seguía molestándola y presionándola con sus preguntas.
"Mami, ¿cómo pudiste conseguir una licencia de conducir si manejas de esta forma? ¿Realmente aprobaste el examen?".
Coco lo miró sin comprender y respondió: "Hijo, aunque tenemos mucho dinero, jamás me atrevería a pagar por una licencia sin haber hecho el examen. ¡Podría no solo lastimarme a mí misma sino a los demás! No soy una mujer irresponsable".
"¿De verdad? ¿No es porque no te atrevas a usar ese dinero?". Carl sabía que su mamá le estaba mintiendo. '¡No trates de engañarme solo porque soy un niño!', pensó Carl con rebeldía en la intimidad de su mente, considerando que su mamá subestimaba sus capacidades para comprender las cosas de los adultos.
Por su parte, Coco se lamentaba por dentro: '¿Por qué tengo un hijo tan inteligente? A veces ni siquiera sé cómo responder adecuadamente a sus preguntas'.
Por supuesto, ella era realmente rica. Cuando se despertó aquella vez, lo primero que encontró al lado de su tarjeta de identidad fue una pila enorme de efectivo y una tarjeta de banco. Había comprobado cuánto dinero había en esa cuenta y su sorpresa fue máxima al ver cien millones de dólares disponibles.
Sin embargo, nunca tocó ese dinero porque temía que el padre de su hijo le causara problemas o, peor aún, ¡se pudiera llevar a su hijo!
Finalmente, ella decidió responder sin estar muy segura de la credibilidad de sus palabras: "No subestimes mi capacidad para ganar dinero, escribir es bastante rentable, ¿sabes?".
Detuvo el auto después de esto, pues habían llegado a su destino por fin.
"Bueno, ya que tienes mucho dinero, ¿podemos comer allí?", el pequeño querubín señaló un restaurante con un cartel dorado que se veía muy lujoso, al juzgar por su fachada.
Un letrero gigantesco mostraba una imagen con el nombre del lugar, "Tycoon Seafood's Big Mac" se leía en unas letras enormes.
Coco se quedó sin habla por un momento, el restaurante a donde su hijo quería entrar era el lugar de mariscos más caro de toda la zona. ¡Un solo plato ahí le costaría medio mes de salario!
Pensando rápido, le señaló a Carl un establecimiento al otro lado de la calle:
"Hijo, ¡creo que esto podría ser más adecuado para ti!".
Era un buffet que ofrecía bebidas gratis, y donde podrían comer todo lo que quisieran por solo cien dólares.