Capítulo 3

Alexander Pov.

Observe mi reflejo en el espejo mientras terminaba de arreglarme uno de los tan costosos trajes de marca que tenía. No sabía qué marca eran o cuanto costaba y tampoco me importaba ganar lo que fuese por un traje hecho por un sastre a la medida correcta. Fuese de Hugo Boss, Oscar de la Renta, Armani, Tommy Hilfiger, Massimo Dutti o la que fuese. Me da exactamente igual lo único en lo que siempre enfatiza es que fuese de color negro. ¿Porque? simplemente porque el negro es el color del abismo,del misterio, de la tristeza, de la soledad, y la muerte.

Porque el negro era el color de mi alma, negro era mi pasado, mi presente y mi futuro. El negro era el color que predominaba en mi vida.

En el reflejo del espejo ve lo que las personas ven cuando estoy presente: un hombre joven, apuesto, rico que posee todo, que siempre lo ha tenido todo para ser feliz. Dinero, posición, lujos, mujeres, relaciones en los negocios, un apellido de renombre y poder. En pocas palabras era un bastardo con mucha suerte. Un maldito hijo de perra que lo tenía todo pero que no lograba llenar el vacio que habia en su vida. Porque nada lo llenaba, nada lo satisfacía y nadie le importaba. Un ser déspota, que no respetaba a nadie más que así mismo. Alguien que atropella, humilla, avasalla y destruye sueños, familias y vidas para obtener lo que quiere.

Nunca me había importado ser de esa manera al contrario me había enorgullecido por tener el poder de manejar la vida de los demás a mi antojo. Me había gustado sentir superior a los demás. Pero ahora el solo pensar en quién he sido toda la vida me asquea. Ver mi reflejo me asquea. Todo me asquea, mis trajes de miles de dólares, mis colonias, mi Rolex, mi rostro, mi voz, todo lo que soy. Todo lo que he sido me asquea.

Por puro arrebato rompo el espejo de un puñetazo. "Clack" del cristal astillado se escucha y mi imagen presente espejo se ha deformado. Así realmente soy yo deforme, no soy nada ni nadie. Miro mis nudillos ensangrentados y no me importas ¿porque? Porque no siento nada, no siento dolor, no me duele nada. Tal vez físicamente estaba vivo pero mi alma si es que tenía una estaba muerta y ahora esa alma muerta consumía cuerpo dejándome sin la posibilidad de salvar mi vida.

Unos golpes secos se escucharon en la puerta, pronuncie un "adelante" desganado sin vida, sin alegría sin nada. La puerta se abri.

—señor uno de sus apoderados le llama por teléfono.—me informó Ralph con su habitual formalidad y elegancia como la debe llevar un mayordomo.—dice que es sumamente urgente comunicarse con usted.

—¿quién es?—pregunte sin voltearme.

—el señor Gilbert, del Magnus Hotel en Miami.—dijo Ralph.

Lo que faltaba tener que resolver problemas triviales, cuando para eso le pago muy bien a eso inútiles para que no fastidien y con todo fastidian.

—pasa la llamada a la extensión del despacho.—ordene.

—de inmediato señor.—dijo y frunció el entrecejo.—Señor está sangrando.—mencionó como si yo no me hubiese dado cuenta pero me importaba.—sería más prudente limpiar esos cortes antes o se infestaran.

—no moriré por una infección Ralph.—le dije con sequedad. Y dejándole claro que no deseaba que continuase fastidiando con el mismo tema. Mi leal mayordomo entendió el mensaje claramente y asintiendo con la cabeza dijo

—como usted diga señor.—dijo en su típica elegancia formal.—su desayuno está listo para cuando guste señor Harrison.

—vete—ordene y Ralph girándose sobre su talones obedeció mi orden.

Hice una mueca al escuchar la palabra "desayuno" pues ya comer no significaba nada. Estaba muriendo alimentarme bien no servía de nada. Además de que ya la comida no me sabía a nada, era como arena en mi boca. Ya no disfrutaba de una buena comida ni siquiera podía degustar un buen vino tinto, estaba muerto por dentro no había nada dentro de mi.

¿Para que cuidarme? ¿Para que alimentarme? Incluso ¿para que trabajar? Si yo ya estoy muerto.

**** **** **** ****

Kimberly Pov.

Llegue tarde como siempre. Eso era típico, había firmado la nómina a no has siete de la mañana sino a las siete y media. Y debía correr al lobby del hotel para ponerme inmediatamente a trabajar. Me mire unos segundos mi reflejo en las puertas de cristal, que separaba las oficinas de la recepción del hotel estaba vestida con el uniforme del hotel: una falda tubo color negra, una camisa de manga larga color roja y tacones de oficinas. Mi cabello estaba recogido en cola de caballo alta y los labios pintados de rojos según era la política de la empresa. Sali en direccion a mi puesto de trabajo pero para mi desgracias me tuve que topar con la mujer más antipática que existe en la faz de la tierra.

Vestida de las misma manera que yo solo que ella tenía algunos de los botones de las camisa abierto, aprovechando sus voluptuosas senos para provocar a las mirada de deseo de los hombres estaba frente a mi Rachel Summer una zorra de categoría "High" como dice Samantha.

―¿Otra vez tarde Kimberly?―me pregunto con su típico tonito irónico Rachel y una sonrisa burlona.

Rachel Summer era la zorra de hotel, se acostaba con los gerentes, guardias de seguridad ,con los huéspedes y con cualquiera que se lo pidieras. Además de ser una ofrecida, era la persona mas antipatica y bochinchera que hay en este mundo. A Sam y a mí nos hacía la vida imposible siempre que se le antojaba y tenía una capacidad descomunal para sacarle a uno el demonio a pasear.

―No creo que sea asunto tuyo Rachel―dije tratando con todas mis fuerzas de no prestarle atención a su claras intenciones de fastidiar.―si llego tarde o no.

―Tiene razón queridita―dijo con una sonrisa cínica―pero creo que Harold le agrade que continuos llegando tarde.―puse los ojos en blanco al escucharlo que dijo.

Definitivamente Rachel no tenía vergüenza alguna, señor Harold Gilbert era uno de los apoderados del dueño del hotel, ademas de tener edad para ser su padre era un hombre casado y con un hijo con él Rachel coqueteaba sin vergüenza alguna. Pero como ese no era mi asunto ni dije nada solo le pase de largo y camine hacia mi área de trabajo. No me meteria en problemas con la amante de uno de los apoderados y administrador del dueño del hotel. Los hombre cuando se trata de mujeres fáciles como Rachel puede volverse estúpidos e irracionales.Y problemas ya tenia yo como para meterme en otro mas de gratis.

Mi principal preocupación en este momento era decidir qué haría con el bebé que estaba esperando. Tenía tres caminos: el aborto, la adopción o quedarme con el. Y aún no había decidido que hacer con mi vida. Tenía demasiadas deudas y un bebe solo me traería más problemas pero no me creía con valor para ir a una clínica y realizarse un aborto...me daba miedo.

Negué con la cabeza, debía dejar por lo menos por unas horas esa tema oculto y encerrado bajo llave en el rincón más oscuro y alejado de mi mente, para después más tarde o quizá mañana tratar con el. Me senté en mi despectivo lugar detrás del mostrador de marmol recien pulido, me coloque el auricular en el oído, encendí la ¡Mac porque si algo había en este hotel ademas de glamour era lo ultimo en tecnologia, para mayor satisfacción de los huéspedes.

**** **** **** *****

Me dirigí hacia mi despacho donde contestaría la llamada del inútil de Gilbert para salir de eso ya. Aún no sabía que debía hacer con lo que me quedaba de vida y con la inmensa fortuna que poesía, pero debía hacer algo con ella. No se la dejaría a mi tío para que destruyese lo que mis abuelos construyeron eso jamás.

Puse el altavoz para contestar la llamada y encendí la ¡Mac para ponerme a trabajar en algo, para distraerme la mente aunque fuese por unos momentos.

—Cuantas veces he dicho que no deseo ser molestado si no es un asunto de gravedad Gilbert.—conteste con seriedad y sin la menor empatía

—Buenos Días señor Harrison ¿como esta?—me salud el muy hipócrita como si realmente le importase algo de mi.

De eso estaba lleno mi vida. El ambiente en el que me movía era uno donde prevalecen los negocios, el dinero, la hipocresía y las frivolidades. Un mundo muy vacío donde solo uno recibe alabanza o halagos cuando los demás desean obtener algo de ti. Donde el dinero que posee vale más que tu persona y donde si no eres apreciado.

—aborrece sus saludos de cortesía hipócritas, que no me interesa en lo más mínimo Gilbert.—dije serio.–y dígame para que me ha llamado.

—señor Harrison era para infórmale de un asunto de extrema gravedad

Casi me río al escuchar eso. ¿Gravedad? En mi vida nada grave pasaba bajo mi mando. Yo controlaba un imperio, era amo y señor. Y nada pasaba si yo no lo permitía.

—hable de una vez.—ordene ya impaciente

—su hotel en Miami está presentando pérdidas señor.—me informó Gilbert, escuchar eso me hizo fruncí ligeramente el ceño.

—¿de que diablos está hablando Gilbert?—pregunte.—el Harrison Magnus Hotel es uno de los más populares y frecuentados hoteles en Miami. Es uno de los mejores hotel en los Estados Unidos.—le recordé.

—pero ahora presenta pérdidas señor tanto que...—se detuvo un momento y volví a hablar.—creo que el Hotel está arruinando señor y lo mejor sería que usted lo vendiese...

¿Venderlo? Pero ese idiota se había vuelto loco, ese hotel fue uno de los primeros que mi abuelo construyó, esa era su joya. En la playas de Miami mis abuelos se conocieron, se enamoraron, se casaron y tuvieron a mi madre muerta. No yo no podía vender ese hotel sería una falta de resto a la memoria de aquellos que todo me lo dieron.

Mientras el imbecil de Gilbert habla fanfarronería yo busque los estado financieros del hotel y efectivamente el hotel venía presentado pérdidas en cantidades extraordinarias desde hace algún tiempo. Pero eso era algo imposible ese hotel siempre había sido un negocio muy sólido, con una clientela fija, y que le otorgaba a los clientes un review que permitía volver y tener una rebaja de precio si era cliente habitual de alguna de la facilidades del hotel. No tenía sentido que hotel perdiese tanto dinero, no tenía logia.

Aquí había algo extraño. Alguien debía estar robándose mi dinero.

Una enojo descomunal comentó a dominarme. Desprecia a la gente que trataba de tomarme el pelo, o intentase adueñarse de lo que me pertenecía. Pero esto no se quedaría así. De Alexander Harrison nadie se burla, ¡nadie!.

—¿señor?—la voz de Gilbert desde el auricular del altavoz me devolvió a la realidad.—¿señor Harrison se encuentra allí?

—si.—dije con frialdad.—y quiero que prepare todo para mi llegada.

—¿va a venir?

—si—conteste con frialdad.—quiero ver con mis propios ojos al idiota que se atreve a robarme.—diciendo eso finalice la llamada.

Mire con enojo los números de la gráficas en que se presentaba en el minutos de la computadora. La verdad es que tenía que ser o muy idiota o unos verdaderos sin vergüenza para pretender tocarme y esperar que yo lo permita. Y no era tanto por el dinero sino porque me han tratado de ver la cara y eso no lo tolero.

Presione el botón para llamar a Ralph, deseaba viajar a Miami a lo más tarde esa misma tarde. No permitiría que me continuase viendo la cara. La puerta de mi despacho se abrí y por ella apareció mi fiel e intachable mayordomo

—mande usted señor.—dijo el hombre

—Ralph ordena que preparen mi jet inmediatamente y empaca mi equipaje y el tuyo nos vamos de viaje.

—como ordene señor.—dijo el hombre con un semblante sereno.—¿puedo preguntar a donde está vez señor?

—Miami.

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Un Canalla Arrepentido

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