Capítulo 2
'¿Qué sucede?'. Minnie estaba impactada. Antes de que ella pudiera hacer algo, todo se había vuelto confuso. De hecho, ella miró el arma escondida en su pulsera, que aún no había podido utilizar.
No entendía el giro inesperado de los acontecimientos. Sin embargo, la situación se había vuelto a su favor, y por ende decidió aprovecharla.
Entre la multitud, Minnie buscaba a su hijo. Gritos y llantos llenaban el aire, pero ella no podía encontrar a Bruce. Y, como era de esperarse, el pánico se apoderó de ella.
Se preguntó si es que había sido golpeado por el candelabro de cristal.
Sin embargo, Minnie vio como caía el candelabro, estrellándose en un lugar diferente a donde se encontraba Bruce. Pero eso no la calmó. Es más, innumerables pensamientos pasaban por su mente perturbada. Por eso corrió hacia el lugar donde había caído el candelabro para ver si su hijo estaba allí. En el camino, ayudó a apartar a dos invitados que fueron heridos por el candelabro.
'¡Oh Dios mío! ¡Los guardaespaldas de la familia Lu están aquí! También llegó la policía. Estoy atrapada'.
A Minnie se le subió el corazón a la garganta después de escuchar unos pasos que le resultaban muy familiares. Abandonó su búsqueda frenética para irse corriendo del lugar. Pero, al salir del salón de baile, un poderoso rayo de luz la encegueció. Alguien le había puesto una pistola en la cabeza.
"¡Señor Lu, la encontré!". El frío metálico de la pistola provocó un escalofrío que recorrió su espinazo.
"¡Ah, nos encontramos de nuevo!". Un relajado Michael se apoyó en la silla de cuero mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Minnie.
Antes, cuando vestía el traje de camarera, creía que ella era simplemente una belleza sin neuronas. Sin embargo, no sabía que caería en sus redes. Había algo en ella que llamaba su atención.
Minnie tenía unas cejas espesas enmarcadas en un rostro común, con una pequeña nariz y los labios rojos; se veía como una de esas personas que pasaban inadvertidas entre la multitud. Sin embargo, sus deslumbrantes ojos cautivaron inmediatamente a Michael, quien podía vislumbrar la poderosa tormenta escondida detrás de aquellas brillantes pupilas.
Por un momento sus ojos se cruzaron, y en el corazón de Michael surgieron emociones que no había experimentado desde hace mucho tiempo. Pero finalmente él salió de su trance, y una fría expresión habitó su rostro, acompañada por una burlesca sonrisa. 'Es solo otra mujer cuyos ojos se parecen a los de tu amada', se convenció a sí mismo.
En efecto, durante los últimos años Michael había tenido relaciones con todas las mujeres que le recordaban a su amor. Sin embargo, y por más que algunas fueran parecidas, ninguna podría reemplazarla. Y, tan pronto como saciara su lujuria, su vida regresaría a la normalidad.
Un destello de rabia cruzó los ojos de Michael antes que sonriera sarcásticamente. Se frotó la barbilla, observándola sin pudores. Entonces, al percatarse de la forma en que él la miraba, Minnie se sonrojó.
Es más. Ya que había corrido con todas sus fuerzas, los tirantes de su vestido de noche se cayeron, revelando una piel lechosa. Minnie miró al tipo mientras, enojada, levantaba las correas.
"¿Cómo te atreviste a ofenderme? Yo tengo un método muy simple para tratar con ladrones como tú", dijo Michael, haciendo el gesto de cortarle una mano. "Pero te dejo la elección a ti. ¿Qué prefieres, perder la mano derecha, o la izquierda?".
Impactada, Minnie abrió sus ojos. Él creía que ella era una ladrona, pero ni siquiera había tocado alguna de sus pertenencias.
Minnie se sintió muy frustrada. Evidentemente, ella no era la única que había ido a la exposición con un objetivo en particular. En el caso de ella, solo había venido para buscar a Bruce. En cuanto a los demás, supuso que estaban aquí por el diamante azul.
Michael se preguntó por qué una mujer tan peleadora repentinamente se había quedado en silencio.
Se inclinó hacia adelante para apretar el botón que estaba al lado de la mesa. Entonces, cada movimiento de Minnie desde su irrupción en el jardín, pasando por derribar a la mujer, colarse en el salón de baile y hasta ser la responsable de la destrucción del candelabro, empezó a aparecer proyectado en la pared de enfrente.
Inmediatamente, Minnie se puso pálida, pues ella nunca pensó que cada uno de sus movimientos, desde el primero al último, habían sido vigilados por Michael.
"¿Puedes explicarme todo esto?", preguntó Michael, con su mano indicando hacia la imagen que mostraba su dramática entrada.
Minnie era inocente. Sin embargo, las imágenes parecían transmitir una historia diferente. Su mente empezó a acelerarse mientras decidía qué debía hacer. La cámara de vigilancia la había estado monitoreando todo el tiempo, ignorando a las otras personas que habían venido con un fin determinado. Así, ella se había convertido en un chivo expiatorio. Entonces, Minnie cerró sus ojos y respiró profundamente. De seguro la otra parte ya había escapado, mientras ella estaba siendo retenida por los hombres de Michael.
"¡Yo no soy una ladrona! No robé nada", dijo Minnie, arrojando su bolso a Michael e indicándole que lo revisara.
Sin embargo, él ignoró la cartera. Su mirada ardiente estaba pegada sobre el vestido de satén de Minnie, como si estuviera tratando de ver a través de él.
Entonces, Minnie cruzó sus brazos sobre su pecho, y comenzó a retorcerse en el acto. '¿Creerá que escondo algo entre mi vestido?', reflexionó.
Michael chasqueó sus dedos para indicar a los guardaespaldas que se reunieran. "Revísenla, a ver si esconde algo en el vestido".
Los guardaespaldas rodearon a Minnie. Dos de ellos agarraron sus manos, mientras que el otro se puso en cuclillas frente a ella y le sostuvo los muslos.
"¡Ándate a la mierda!", gritó Minnie pateando al tipo que se encontraba frente a ella, para luego empujar a los otros dos que estaban a su lado. Su valentía los sorprendió, y por ende no tuvieron tiempo de reaccionar.
"Señor Lu, la policía encontró el cuerpo de la señora Tang tirado en el jardín. Está muerta. Vienen a investigar el caso", informaron los guardias de seguridad mientras los investigadores entraban apresuradamente.
Minnie se quedó paralizada en el acto. Ella no mató a nadie, pero la muerte de la señora Tang podría complicar el panorama.
Minnie se volvió para mirar a Michael, quien la observaba con desconfianza. Podía sentir lo que estaba pensando. El hombre sospechaba que ella podría haber matado a la señora Tang, arrojando su cuerpo en el jardín.
"Pensé que eras solo una ladrona, pero no creí que matarías a alguien por dinero", comentó con una sonrisa maliciosa entre sus labios. "¡No lo hice!
Acabas de ver el video. Solo la dejé inconsciente, pero no la maté", explicó Minnie.
"¿Video? ¿Cuál video?". Michael sonrió sarcásticamente y apretó un botón. La pantalla quedó completamente negra en un instante.
Había borrado el video. Así, destruyó la única prueba de su inocencia.
Minnie analizó el rostro de Michael y entendió lo que pensaba. Hubo un asesinato en la fiesta de la familia Lu. La policía se la llevaría para cerrar el caso. No le creerían incluso si les explicara, pues no habían pruebas ni evidencias que respaldaran sus palabras. Llevársela como sospechosa sería la mejor solución del caso, tanto para la familia Lu como para la policía.
"Por favor, no hagas esto. No me entregues a la policía", suplicó Minnie, agarrándose de la camisa de Michael.
"¿Por qué no debería hacerlo?", dijo sonriendo. Sin embargo, su risa se congeló tan pronto como ella puso sus labios contra su boca.
Su corazón se aceleró, y su mente quedó en blanco mientras sus cuerpos se frotaban.
Michael se preguntó si este era otro de sus trucos. '¿Esta mujer está demasiado segura de sí misma, o es que me subestima?'. Entonces, su corazón se llenó de rabia.
Durante los últimos años, ninguna mujer se había atrevido a besar sus labios, pero ella lo había hecho intempestivamente.
Una ola de emociones incomprensibles lo abrumó.
Michael resopló con rabia y apretó el cuello de Minnie. "¡Cómo te atreves! ¿Acaso no le tienes miedo a la muerte?". La ferocidad de su mirada le provocó escalofríos en la espalda.
Sin embargo, Minnie sacó fuerzas de flaqueza para enfrentarse a él. Enderezó su espalda y lo miró a los ojos. "Me vas a entregar a la policía sin importar cuánto te ruegue o te suplique. Tarde o temprano moriré. ¿Qué puedo perder?".
Su cuerpo se había vuelto gelatina. Todo parecía irreal, y ella sentía como si estuviera flotando por el aire. Su corazón se llenó de angustia, pero estaba decidida a luchar contra él.
De hecho, Minnie estaba tentando a la suerte, pues Michael era un hombre arrogante. Sabía que lo que había hecho lo enfureció tanto que él querría mantenerla bajo su control. Así, en vez de entregarla a la policía, la torturaría él mismo.
Los dos se miraron en silencio. '¿Fallé?', pensó ella. Habían pasado cinco años y quizás Michael ya no era la persona que Minnie creía conocer. Al verlo sin reaccionar, su corazón se encogió.
El sonido de una leve risa sacó a Minnie de su ensueño. Su corazón comenzó a acelerarse cuando Michael colocó un dedo debajo de su barbilla para levantar su cabeza. Su mirada recorrió su rostro antes de posarse en sus brillantes ojos, que parecían un abismo infinito que intentaba absorberlo.
"Bien, puedo protegerte esta vez, pero con una condición".
"¿Cuál condición?".
"¿Eso importa? Después de todo, no te queda alternativa". Michael miró su sonrojado rostro y agregó: "Bueno, es muy sencillo. Quiero que te quedes conmigo durante un mes".
Impresionada, Minnie quedó con la boca abierta. "¿Un mes?".
"¿Cuál es el problema? ¿Es muy poco tiempo? Desafortunadamente, me aburro de las mujeres en un par de días. Pero en tu caso, te doy un mes. Es importante, ¿entiendes?". Michael metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar. Justo antes de salir, se dio vuelta. "Espera aquí. Volveré pronto".
Su arrogancia y prepotencia enfurecieron a Minnie. Pero ella se mordió el labio y lo miró con furia mientras se marchaba. Solo quería preguntar qué pasaría si él se negaba a dejarla ir después del mes. Pero el hombre no le entregó la oportunidad de hablar e incluso la malinterpretó.
Minnie no sabía cómo Michael había resuelto el problema, pero sus subordinados la llevaron de regreso a la villa de Michael. Estaba contenta de haber escapado de la policía.
El candelabro de cristal iluminaba cada rincón del salón de la villa. La mesa de piedra esmaltada estaba cubierta con un mantel sedoso que tenía patrones de rosas esparcidos a lo largo y borlas colgando de sus bordes. Las rosas frescas en el jarrón le añadían encanto al lugar. La lujosa alfombra de lana persa extendida por el suelo hacía del espacio un lugar acogedor.
El lugar no había cambiado desde que se fue. Minnie paseó por el pasillo mientras los recuerdos del pasado inundaban su mente. Caminó hasta el porche y estiró la mano para tocar el óleo.
"¡Detente!". Michael apartó su mano antes de que sus dedos tocaran la delicada tela del cuadro. "¡No tienes derecho a tocar esto!", gritó antes de ajustar la posición del marco.
"No puedes tocar nada en esta casa. Ni una vida entera compensaría las pérdidas si accidentalmente arruinas alguna de estas obras".
"Es solo una pintura de aficionado. No es una obra maestra. ¿Por qué armas un gran escándalo por nada?". Enojada, Minnie puso sus ojos en blanco. Al siguiente segundo, bajó la cabeza para ocultar las emociones que desfilaban por sus pupilas.
Cuando estaban juntos, ella le había regalado el retrato a Michael. Sin embargo, él había comentado que era feo y lo tiró a la basura. Por eso, ahora Minnie se sorprendió al encontrar ese cuadro colgado.
"¡Sube, toma una ducha y espérame!", ordenó Michael, indicando hacia el segundo piso.
El cuerpo de Minnie se congeló, y miró al hombre con los ojos muy abiertos. "¿Qué sucede?", dijo irónicamente. "¿Pensaste que te pedí que te quedaras conmigo para tener con quien charlar cada vez que me aburra?".
Capítulo 3
'¡Qué hombre tan desalmado!', maldijo Minnie para sus adentros mientras pisoteaba furiosamente las escaleras de madera con sus tacones altos, desahogando su ira.
El dormitorio de Michael todavía estaba pintado de negro, pero las manchas de colores en la pared le daban un poco de vida a la siniestra habitación. Minnie se preguntó si Bruce las había pintado.
Ella había venido a llevarse a su hijo, pero Michael la había obligado inesperadamente a quedarse con él y, a pesar de que a simple vista parecía un castigo, ella no podía estar más feliz con la idea de tenerlo cerca.
Las comisuras de sus labios se tornaron en una sonrisa mientras caminaba hacia el baño.
'Mami es la mejor del mundo...'. El tono de llamada del teléfono hizo que Minnie volviera a sus sentidos, estiró la mano y tomó el teléfono que estaba en la pequeña mesa junto a la bañera. "¿Hola?".
"X, finalmente apareciste", respondió una voz inquietante al otro lado de la línea, sonaba como una serpiente venenosa esperando abalanzarse sobre su presa, dispuesta a atacar en cualquier momento.
El corazón de Minnie se aceleró. ¿Era el anciano?
Cerró los ojos y respiró hondo para calmar sus nervios.
Minnie había desaparecido durante cinco año, ya no era la persona que solía ser. Ni siquiera Michael pudo reconocerla, pero ¿cómo la había identificado el anciano? Ella creía que se trataba de una prueba.
El anciano la había criado desde niña y ella había pasado toda su vida tratando de reembolsarle el favor. Había robado la reliquia de la familia Lu, y su rostro y sus cuerdas vocales se habían arruinado en el proceso. Siguiendo el acuerdo que tenían, ella saldría de la organización después de completar la tarea. ¿Qué quería el anciano de ella?
"¿Qué? ¿Qué X? ¿De qué hablas? ¿Has perdido la cabeza?", Minnie replicó. "Verifica si has marcado el número correcto antes de llamar a alguien". Dicho esto, apretó el teléfono contra su pecho y dijo en voz alta: "Cariño, me daré una ducha, iré en un momento. ¡Espérame!".
Volvió a poner el teléfono en su oreja para hablarle al hombre en la llamada: "No me hagas perder tiempo. ¡Es molesto!".
Minnie colgó y tiró el teléfono sobre la mesa. Su cuerpo empezó a temblar. Se abrazó a sí misma y se hundió en la bañera. Ni siquiera el agua caliente podía calentar su cuerpo.
Por otro lado, el anciano seguía en shock por lo que había escuchado. Sus ojos despiadados miraban a la distancia. 'Es ella, ¿no es así?', murmuró para sí mismo.
Mientras tanto, el incesante golpe en la puerta hizo que Minnie volviera a la realidad. Se estremeció al sentir lo fría que estaba el agua.
"¡Estoy aquí, abre!", se oyó desde afuera. Minnie envolvió su cuerpo con una bata de baño y abrió la puerta. Michael recorrió el cuerpo de la chica con la mirada y se burló con disgusto. "¿Por qué te molestaste en cubrirte? ¡Quítatela!", dijo él.
"Tú...". El rostro de Minnie enrojeció de vergüenza.
"¿Qué? ¿Estás esperando a que rasgue tu bata de baño?".
Al oír esto, ella tragó con fuerza. La bata de baño que se había puesto se deslizó por sus hombros, revelando su cuerpo robusto. El dulce aroma de su gel de baño se hizo presente en todo el cuarto. Los ojos de Michael se agrandaron cuando su mirada se posó en la parte baja de su abdomen. Se puso de pie de un salto y la miró.
"¿Qué pasó?", preguntó ella
mientras mordía su labio nerviosamente y dirigía su mirada hacia donde Michael veía. Él estaba mirando la cicatriz de la cesárea que se dejó cuando ella dio a luz a Bruce. Aunque se había hecho menos perceptible con el paso de los años, Michael aún podía ver la leve cicatriz en su tersa piel.
"¿Estás mirando mi cicatriz?", preguntó ella con una sonrisa forzada. "Bueno, cuando era niña me caí de un árbol y una rama rasgó mi abdomen, dejando una cicatriz permanente en mi piel", trató de explicar.
"¿Oh enserio?", preguntó Michael burlándose y cruzando los brazos sobre el pecho. '¡Qué mentirosa! La cicatriz es demasiado evidente, e incluso se pueden ver las estrías del embarazo si uno se fija bien', pensó. La pasión que tenía disminuyó tan pronto como se dio cuenta de que ella había dado a luz a un hijo.
"Entonces, ¿quieres decir que todavía eres virgen?", preguntó Michael, arqueando una ceja.
Incapaz de soportar la mirada inquisitiva del hombre, Minnie bajó la mirada al suelo. 'Puedo fingir ser virgen si quieres, pero no estoy preparada para eso hoy', reflexionó ella. Habría podido fingir cualquier cosa y hacerle creer a Michael que todavía era virgen si hubiera conocido sus planes antes.
"No me interesa acostarme con una mujer que ya se ha acostado con otros hombres. ¿Pensaste que me gustaría tener sexo contigo a pesar de saber que te abandonó otro hombre?". La ira corría por sus venas, se sentía engañado. ¡Qué desperdicio que una mujer así tuviera ese par de hermosos ojos! Michael frunció el ceño mientras veía a Minnie y acto seguido tomó su teléfono para llamar a la policía. "¿Hola, director Zhang?".
"¡No!", gritó Minnie en estado de shock por lo que acababa de oír. No quería pasar el resto de su vida en la cárcel. Ella sabía que tarde o temprano él se aprovecharía de la situación y la amenazaría con eso.
Sin dudarlo, se abalanzó sobre Michael, tratando de agarrar su teléfono. Sin embargo, el hombre levantó la mano más allá de su alcance y dio un paso atrás. La mano de Minnie se deslizó por la cintura de Michael y accidentalmente aterrizó en su ingle.
Al instante, un rubor sutil pintó las mejillas de la mujer.
Michael estaba furioso. "¡Déjame ir!", gritó el hombre.
"No te dejaré a menos que cuelgues la llamada", negoció Minnie.
"¡Qué mujer más desvergonzada!".
El rostro de Michael estaba rojo de ira. Nadie había intentado discutir con él antes, por lo que su odio por Minnie se intensificó. Lo que más deseaba en ese momento era hacerle la vida imposible a aquella mujer.
Ella no se avergonzaba de suplicar, después de todo rogar era mejor que pasar el resto de su vida en la cárcel. "¡No, no te dejaré! Cuelga la llamada ahora mismo".
"¡Para! Haré lo que yo quiera. No tienes derecho a negociar conmigo", gritaba Michael.
"Bien... ¿Qué tal ahora? ¿Puedo negociar contigo ahora?". En un intento desesperado, cogió valor y apretó con fuerza su miembro viril, parecía no importarle la evidente furia que desbordaba de Michael.
"Parece que no tienes miedo de morir", dijo Michael frunciendo el ceño y continuó: "Bien, voy a colgar".
Minnie se apartó de él al ver que había colgado la llamada. Sin embargo, el hombre fue más rápido, Minnie no pudo escapar de él y, sin siquiera preverlo, su cabeza cayó sobre la alfombra del cuarto, haciendo un ruido sordo. Antes de que pudiera reaccionar, Michael la hizo rodar, envolviendo la alfombra alrededor de su cuerpo.
"¡Michael, suéltame!", suplicaba ella. Su cuerpo estaba aprisionado por la alfombra, no podía moverse ni una pulgada.
"¿Por qué no intentas escapar de mí ahora?", dijo él con una sonrisa malvada en el rostro mientras se acercaba a ella. El corazón de Minnie se aceleraba con cada paso que él daba.
"Oye... ¡Detente! ¿Qué estás haciendo?", gritaba ella mientras Michael ataba la alfombra con una cuerda. Luego, él se levantó, echó la alfombra con el cuerpo de Minnie a sus hombros y se dirigió a la terraza del tejado.
"Tengamos una conversación tranquila. No quieres convertirte en un asesino, ¿verdad?", ella trataba de persuadirlo. "¡Michael, eres un hombre importante! Te meterás en problemas si me matas, no deberías infringir la ley de esa manera".
Aunque era una noche de verano y el cielo estaba despejado, el aire seguía siendo frío. El cabello húmedo pegado a sus mejillas hacía que la mujer temblara.
"No, por favor...", ella seguía rogando. 'No le temo a la muerte, pero ciertamente no merezco morir de esta manera. Mis huesos se romperán en mil pedazos si tan siquiera me tirase', pensaba ella.
Minnie miró hacia abajo y vio los densos rosales esparcidos por el jardín, de solo ver las múltiples espinas que brotaban de estos, hacía que su cuerpo se estremeciera. Miró al hombre enojado que la estaba llevando y dijo:
"Michael, me disculpo por ofenderte. Por favor, entrégame a la policía".
"¿Estás segura?", replicó él, mirándola con desprecio. Por un momento, había creído que Minnie no tenía miedo, pero parecía que estaba equivocado y solo se trataba de una farsa.
"Es demasiado tarde. Debiste haber pensado con claridad antes de ofenderme".
Minnie sintió que su cuerpo se abalanzaba hacia adelante. Sus pulmones se contrajeron. La sonrisa sarcástica de Michael sería la última imagen en su mente antes de morir.
Minnie todavía tenía muchas cosas por hacer y parecía que iba a morir antes de cumplir sus deseos. Todavía no le había dicho a Bruce que ella era su madre. Michael no sabía que ella era su esposa. Pero lo peor de todo, Minnie iba a tener una muerte espantosa.
Al pensar en todo eso, fue inevitable que miles de lágrimas se desbordaran por sus ojos, era solo cuestión de segundos antes de que su vida se separara de este mundo.
Minnie sintió que movían su cuerpo abruptamente. Abrió lentamente los ojos y se dio cuenta de que Michael solo hizo un gesto para asustarla y ya la había bajado de sus hombros. Sus piernas empezaron a temblar, no podía dejar de sollozar.
"¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?". Michael se acuclilló a su lado y le levantó la cara con los dedos. Ver el rostro asustado de aquella mujer le produjo una alegría indescriptible.
'¡Esta mujer es una gran actriz! ¿Cómo se atreve a hacerme sus horribles trucos? La he sobreestimado. Todo ha sido un acto para llamar mi atención.
¡Todas las mujeres son iguales!', pensó él.
Minnie apretó los puños debajo de la alfombra. El hombre sonreía maliciosamente, estaba disfrutando de la broma que le estaba gastando. Ella no dejaba de temblar de miedo, realmente creía que era el último día de su vida.
Michael pensó que Minnie era una cobarde, pero lo que no sabía era que la mujer no le temía a la muerte, sino que temía partir del mundo sin pasar los días con su hijo y el amor de su vida.
"¡No estoy asustada!", resopló Minnie ruidosamente y miró directamente al hombre.
"¿De verdad? ¿No tienes miedo?". Michael pasó sus dedos por las finas mejillas de la mujer. Lágrimas cayeron sobre su palma, verificando la cobardía de Minnie.
"Escuché que no salen lágrimas de los ojos si uno se pone boca abajo, pero supongo que me mintieron". Luego de decir eso, Minnie secó sus lágrimas y desvió la mirada.
Sus palabras dejaron a Michael atónito por un momento. Una conversación del pasado resonó en su mente. "Michael, ¿lo sabías? Hanazawa Rui, un personaje masculino en un drama, una vez le dijo a la protagonista que se pusiera boca abajo si quería llorar. Dijo que las lágrimas no fluirían de esta manera".
"Qué absurdo. ¡No escuches a esos idiotas! Tú eres mi mujer y me aseguraré de que no tengas motivos para llorar. Te colmaré de toda la felicidad del mundo".
El corazón de Michael se aceleró. Sacudió la cabeza, tratando de olvidar aquellos recuerdos de la mujer que gobernaba su corazón. "Eres obstinada, sin duda", dijo, saliendo del trance, "Pero tengo muchas formas de torturarte".
Minnie vio el brillo en sus ojos, él la había mirado de la misma manera antes. Su juego había comenzado y no estaba lista para perder esta vez.
Minnie frunció los labios y estudió el rostro de Michael. Antes de que él pudiera hacer su siguiente movimiento, ella lo golpeó con la cabeza con todas sus fuerzas. Él gritó mientras se tambaleaba hacia atrás. Aprovechando la distracción, se liberó totalmente de la alfombra.
"¡Maldición! ¿Todavía quieres huir?", dijo Michael entre dientes y corrió tras ella.
"Está bien, corre hasta donde tus piernas te permitan, pero tendrás que detenerte en el callejón sin salida", dijo Michael tratando de seguirla, pero la perdió de vista en un abrir y cerrar de ojos.
"¿Dónde te escondes?
No puedes esconderte para siempre, te encontraré tarde o temprano". Cruzó el pasillo vacío con la esperanza de encontrar a Minnie.