Capítulo 2
La sangre se me baja al suelo, y mi respiración se corta... Es él en verdad. Al fin puedo verlo en persona, tan tangible que siento mi cuerpo congelarse ante el golpe de la realidad. La seguridad de que sí existe, de que al fin deja de ser sólo un sueño, un grupo de imágenes efímeras volando en mi mente, en mi imaginación...
Ahora está frente a mí, con sus esferas verdes observándome a unos cuantos metros de distancia. Con esa sonrisa tan dulce y cálida, que tantas veces vi en las noches de estos cuatro años...
Pero mi cerebro se queda en blanco, y el miedo de que todo se desmorone frente a mis ojos como en las horrendas pesadillas que suelo tener, me invade sacando un instinto muy básico que nubla mi voluntad: huir de aquí. Y hacerme la distraída puede salvarme esta vez.
Con toda la fuerza de voluntad que logro juntar me doy vuelta de nuevo hacia el casillero abriéndolo con una mano temblorosa. Cuando el pestillo cede, meto mi cabeza dentro, simulando buscar algo.
-Uhm... ¿Ellie? -pregunta un Andy confundido.
-¿En serio esta es tu manera de evadir las cosas, amiga?
-Sí, Sara -farfullo como puedo, con un nudo en mi garganta.
-Sal de ahí -exige ella, empujándome un poco del hombro, con actitud decidida.
-No, Sara -no siento que el aire que respiro llegue a mis pulmones, y el asfixiante pánico hace que quiera gritar y llorar.
-No creo que tenga valor, déjala, se acobardó -se mofa Andy con su voz de apostar, pero esta vez no es cobardía, es aún peor.
-Uh, ¡Ellie cobarde! -canturrea la peli negra, intentando revolverme el cabello y hacerme cosquillas en los costados, pero no siento nada, estoy paralizada.
-Les partiré un libro en la cabeza a los dos si no se callan -les advierto con la voz quebrada, ya sintiendo el típico picor en mis ojos color avellana.
-Oye Ellie, creo que enserio tienes que ver esto -la voz preocupada de Sara hace que eche un vistazo por instinto de curiosidad, volteándome lo justo y necesario para ver la escena en el pasillo.
El grupito de Daphne, quienes son las de mayor nivel económico dentro del Instituto, y las típicas chicas populares, están rodeando a Alessander...
La vívida imagen de siete buitres tras su presa, una presa acorralada contra los casilleros a unos cuatro metros del mío. Las sonrisas empalagosas y el actuar de Daphne no deja duda de que quiere tener el nuevo trofeo, porque así es como siempre ven a los chicos, como objetos que cambian cuando quieren. Y él no parece siquiera notarlas.
Sus ojos pasan de las chicas a su alrededor, fijos en mí, y conectándose con los míos en cuanto lo observo. Una sonrisa de lado surca sus labios, y sus ojos destellan con un brillo peculiar... Me quedo estática, pasmada ante ese mismo sentimiento extraño en mi pecho, junto con la inmensa necesidad de correr hacia sus brazos y refugiarme en su cuello, como tanto imaginé romantizando un encuentro épico con el chico de mis sueños.
‹‹Tan idéntico...››
Hasta que, sin saber cómo, tomo coraje y le devuelvo la sonrisa.
-Vaya que te está mirando -comenta risueña Sara.
-Y vaya que es igual a tus dibujos, pequeña paliducha -me codea Andy-. Es increíble.
Vemos como habla rápido con las chicas que lo abruman con preguntas y empieza a tratar de caminar hacia nosotros.
Y justo el bendito timbre suena. ¡Salvada por la campaña! Como dice el dicho...
-Soldado que huye, sirve para otra guerra -tartamudeo fingiendo una sonrisa, mientras que dentro estoy muerta de nervios junto con el pánico que se apodera de mi cordura, y ajustando mi mochila al hombro y abrazando mis libros, me preparo para huir-. ¡Adiós! -grito corriendo al salón de clase.
Mis amigos se me quedan mirando mal, pero prefiero eso, antes que afrontar la realidad y mi propia vergüenza de actuar como idiota frente a Alessander. La niña dentro de mí aún no cree que esto sea real, más porque mi lado más coherente siempre ha creído que era un problema con mi cabeza, sin dar la posibilidad de que este chico sea real, de carne y hueso como yo.
El salón de matemáticas es un caos, el grupito de nerds adelante son los únicos sentados. Vuelan bolitas de papel por todos lados, y los gritos de los grupos del fondo peleando no paran. Me siento y acomodo todo en mi asiento habitual bajo la mirada de una enfadada Sara, que es mi compañera de banco y de distracción en esta clase. Intento concentrarme en ordenar minuciosamente los libros y fotocopias, enfocando mi atención en mi banco y tratando de contar hasta tres en cada respiración para normalizar mi pánico.
-¿Tengo algo en la cara? -le pregunto inocente, ya habiendo recuperado mi cordura.
-Si, inmadurez -dice señalándome toda la cara con su dedo acusador.
-No es para tanto, si quiere hablarnos que espere al recreo -intento simular que leo el cuadernillo de actividades de la materia, pero mi amiga coloca una mano en la página, carraspeando sarcásticamente.
-¿Resentida por los cuatro años de espera, princesa? -mofa agitando sus dedos delante de mi cara, y luego saca sus libros de la mochila.
-No, simple cobardía -me encojo de hombros, vagando la mirada sin punto fijo por el salón de clases.
Hace tiempo hemos hablado sobre esto, sobre qué pasaría si él fuese real, si se presentara un día y tuviera que afrontar todas estas emociones juntas. Pero siempre fue sólo eso, un "qué pasaría si..." que quedaba en la imaginación. No se sentía real hablarlo antes, y no se siente real vivirlo ahora.
-Buenos días clase -el profesor Scott entra y el salón se vuelve paz, todos se sientan guardando silencio-. Espero que hayan terminado las actividades que les dejé la semana pasada. Las repasaremos al final de clase, ahora abran los libros en la página sesentaiocho para seguir con el próximo tema.
Y así transcurre la clase, con mi mente divagando, distraída en recuerdos. No voy a mentir, ver a Alessander no me trajo la reacción que esperaba a los doce años, cuando pensaba que todo era color de rosa. El ardor en el pecho sigue latente, y el saber que él no me conoce, pero yo a él sí, y que pasé cuatro años esperando conocerlo... Hace que me sienta dolida. Y humillada por mi propia estupidez. ¿Cómo podría pretender que él me conociera? Que me haya sonreído seguro fue coincidencia, o quizá sea el típico mujeriego rey de preparatoria. Más seguro con todas las chicas que se le acercaron...
-Oye, Ellie -me codea Sara con cara preocupada-. Parece que vas a asesinar a medio salón. ¿Qué te pasa?
-Nada, sólo...
-¿Celosa por lo del pasillo? -se burla moviendo las cejas de arriba abajo.
-Claro que no. Yo no soy celosa -le saco la lengua juguetona.
-Claro, y yo soy... Tu padre -dice dramatizando a Darth Vader, intentando sacarme una sonrisa.
-Que chistosita -y cuando estoy por replicarle algo, un fuerte carraspeo nos hace callar de inmediato.
-Señorita Cooper -la voz gruesa del profesor retumba en el salón-. ¿Podría decirnos el resultado de la ecuación? -pregunta señalando la pizarra.
-Yo... -la cara de mi amiga es un poema, y yo trato de contener una carcajada para no ligar un reto también.
-La próxima vez espero que preste atención en mi clase, señorita Cooper. También va para usted, señorita Carduccio.
Cuando el profesor se da la vuelta y sigue anotando ecuaciones en la pizarra, nos miramos y reímos bajito. Alguna que otra vez hemos ido a parar a la sala del director por molestar en clase, más cuando nos tocaba alguna materia en donde los tres estuviésemos juntos.
-Mejor hagamos las actividades antes que nos manden a detención -le digo y nos ponemos a trabajar en eso.
-Pero... Ellie -volteo a verla, y su rostro ya demuestra la preocupación que ha querido ocultar desde lo ocurrido en la biblioteca- Todo estará bien. ¿De acuerdo?
Sólo me limito a asentir levemente con una sonrisa forzada, aún no logro controlar siquiera el temblor de mis manos. Resulta que es mucho más difícil de lo que alguna vez imaginé, quizá por confiar en que era tan solo un invento de mi imaginación, como los niños con sus amigos imaginarios, pero el hecho de que ahora sea real, el tener que afrontarlo cara a cara, yo... Hace que me sienta débil.
El resto de la clase termina rápido, y antes de darme cuenta el timbre vuelve a sonar. Todos salen corriendo en manada del salón con sus mochilas a medio cerrar, mientras que yo, con toda la tranquilidad y paciencia del mundo, guardo mis cosas a cámara lenta.
-¿Estás de broma, Elleonor? -mi amiga me mira acusadora.
-¿Qué? -sonrío inocente poniendo ojos de cachorro, pero ella niega con la cabeza lentamente apretando en una fina línea sus labios rosa pálido.
-Por tu culpa voy a perder los primeros lugares en la cafetería -se queja y golpea el piso con el pie.
-Pues vete sola...
-Claro, y dejar que huyas -blanquea los ojos y gruñe frustrada, acercándose a paso apresurado hasta mi banco.
-Es una buena opción -me encojo de hombros distraída.
-Ya basta -me arrebata la mochila y guarda todo de prisa para luego levantarme de la silla y arrastrarme al pasillo.
-De acuerdo, puedo ir sola -me quejo ya algo enfadada, y me suelta con expresión seria.
-¿Cuál es tu problema? -pregunta bufando. El silencio se asienta por unos largos segundos, y la opresión en mi pecho se hace más densa, cortándome la respiración.
-No quiero salir lastimada de esto. Ya pasé cuatro años, y lo había olvidado -miro al piso y suspiro, siento la angustia salir de mis pulmones junto al aire, y cuento hasta tres antes de volver a inhalar-. Quizá podría haberlo olvidado, para no tener miedo ahora al rechazo.
-Oye, mírame -levanta suavemente mi barbilla con su mano derecha, sus ojos transmiten comprensión, y una parte de mí se alegra por el apoyo emocional que ella me da, es como mi bastón personal en los momentos complicados de mi vida-. Dale una oportunidad, quizás y te llevas una sorpresa -sonríe sincera, contagiándome tranquilidad.
Y me encuentro sonriendo con ella, con más ánimos.
‹‹Bien, que comience el show››, pienso sarcástica en mi mente, intentando juntar todo el valor que puedo. Ya es hora de verlo a la cara y hablar con él, al menos presentarme como es debido. Quizás lo conozca por mis sueños, pero realmente no lo conozco, no sé nada sobre él, qué le gusta, quién es en verdad, de dónde viene. Esta es una buena oportunidad de hacer las cosas bien, de empezar de cero con él en la vida real, sin romantizar escenas imaginarias ni tener ese amor platónico que termina siendo tóxico para quien lo carga durante años.
Nos encaminamos a la cafetería que ya está casi repleta de estudiantes enérgicos y hambrientos. A unos metros vemos a Andy, quien está hablando con sus amigos en la entrada.
-¡Oigan chicas! Richard dice de ir a bailar a Moonlight hoy. ¿Vienen?
-Claro, iremos -contesta Sara por mí y me mira- ¿Te quedas en mi casa?
-Sí, ya les había avisado a mi madre y mi tía que hoy saldría con ustedes, iba a decirles de ir a comer, pero esto es una mejor idea -amo salir de noche, y pasar un buen rato bailando va a distraerme de todo este lío mental y emocional.
-Bien, vamos a hacer la fila -Sara me lleva del brazo hasta donde termina la fila de estudiantes esperando para servirse el almuerzo.
-¿Vas a aprovechar para acercarte a Luke hoy? -le pregunto con una sonrisa pícara. Recuerdo cuando lo vio por primera vez el año pasado aquí en la cafetería, Luke era un chico que de niño vivía aquí, en Cashmere con su familia, pero al morir su padre y quedarse solo, su hermano mayor se lo llevó a Chicago donde vive con su esposa. Al cumplir los dieciséis lo dejaron volver y vivir con su mejor amigo Richard. Fue entonces cuando Sara se enamoró de él al verlo otra vez.
-Y por eso te voy a pedir consejo para elegir qué ponerme -exclama bajito, muy emocionada y me abraza-. Estoy nerviosa, quiero estar hermosa y sexy para que me vea y babee por mí -suspira ensoñada, proyectando imaginariamente cómo será su momento épico de hoy.
-Tranquila, que apuesto a que Andy también nos ayudará a que puedas hablar y estar cerca de Luke.
Cuando es nuestro turno en la fila nos sirven el menú del día: pollo con ensalada césar. En esta escuela sirven buena comida, aunque todos los años se quejan para que cambien los menús. Al menos puedo tomar gaseosa, y mi amiga sus típicos jugos frutales.
-No puedo creer que aún no hayan añadido hamburguesas al menú.
-Y yo no puedo creer todavía que nunca engordas con lo mal que comes- me codea y nos reímos, siempre me ha bromeado con todo lo que como, porque es cierto, hasta mi madre y mi tía dicen que tengo el apetito de un joven deportista-. Ayer que cenamos en tu casa pediste mucha comida chatarra, ¡y sigues delgada!
-Es un don -mofó como respuesta. Ella de niña era algo rellenita, y recuerdo que los demás niños no eran agradables con ella-. Y con lo que comes me impresiona que aún no aceptes que eres vegetariana.
-Oye, que sabes no me gustan las etiquetas -me pellizca la mejilla ofendida -. Y ser vegetariana no se basa solo en ensaladas, hay un mundo de comidas riquísimas y variedades, además de que es un estilo de vida y no un plan alimenticio.
-¿Y por qué no pruebas otra cosa? Ya que vives a dieta estando delgada, no necesitas eso, eres hermosa por dentro y por fuera.
-Lo sé -se queja sentándose desganada en la mesa que conseguimos casi en el fondo de la cafetería-. El problema es que pensar en preparar otra cosa me da una pereza brutal. Y más si tengo que cocinar, siempre termino quemando la comida.
-Cierto -logro decirle entre carcajadas-. Pobre tu madre que siempre le dejas las ollas y los sartenes quemados.
-Deja de burlarte de mí y come -se ríe tirándome un pedacito de tomate en la cara.
-Chicas -se sienta Andy con nosotras-. Adivinen a quién invitó Richard para que venga hoy a Moonlight -dice subiendo y bajando las cejas pícaramente.
Ambas nos miramos. No sé qué cara tengo, pero se me baja el alma al piso con pensar que se refiere a...
-¡Alessander! -chilla Sara contenta.
-Exacto -Andy me mira sonriente, pero se le borra al instante preocupado-. Aunque no creo que por "mundo Ellie" haya caído bien la noticia.
-Oye, déjala. Seguro se le pasa el espanto, si hasta puede aprovechar a ponerse linda para él -ella me guiña el ojo, pero sigo estática procesando que tendré que verlo también fuera del Instituto.
-Puede ser... -susurro y miro mi pechuga de pollo casi terminada.
‹‹Ya se me fue el hambre››.
-Mira Ellie, ahí viene Alessander -avisa Andy por lo bajo, pero en mi cabeza esa información resuena como una alarma encendida.
Giro un poco la cabeza y él está mirándome con una radiante sonrisa, caminando hacia nuestra mesa. Puedo apreciar su remera negra marcando su buen físico, y su cabello negro un poco desordenado, con mechones cayendo en su frente. Acercándose cada vez más...
-Ellie, deja de mirarlo así, que cuando llegue aquí lo vas a espantar -me patea Sara por debajo de la mesa, y brinco sobresaltada. El corazón me retumba en la garganta, y mis manos comienzan a sudar y a temblar.
Al instante me siento más derecha carraspeando, y mirando mi refresco como si fuese lo más interesante del mundo.
-Hola chicos -saluda con voz gruesa y un marcado acento italiano al llegar a nuestra mesa- Soy Alessander Di Lorenzo.
-Hola, soy Andrew Morgan, pero me dicen Andy -le estrecha la mano con una sonrisa amistosa, y señala con la barbilla a mi amiga- ella es Sara Cooper.
-¡Hola! -le estrecha la mano efusivamente-. Bienvenido al High School de Cashmere.
-Gracias por la bienvenida, chicos -dice sonriendo de lado y buscando con sus ojos que le devuelva la mirada, mientras yo no dejo de simular leer la etiqueta del refresco.
-Y ella es... -continúa Andy por mí, pero Alessander lo interrumpe.
-Elleonor Carduccio -alzo rápidamente la mirada, sin creer que ya sepa de mí-. Mi padre me dijo que te buscara.
Capítulo 3
-¿Buscarme? -logro tartamudear en medio del shock.
-Sí, un amigo cercano de la familia dijo que, si necesitábamos algo, que podríamos pedirte ayuda -su sonrisa de lado, y ese aire inocente... ¿Será cierto?
-¿Quién es ese amigo de la familia? -cuestiona Sara con curiosidad e impactada al igual que yo, con los ojos muy abiertos.
-Marcus Li Greci -dice sereno mientras se sienta en el lugar que le deja Sara, frente a mí. Pero en sus ojos veo una chispa de algo extraño, algo especial, como si ese nombre fuese mucho más de lo que en realidad aparenta.
-No me suena -respondo lo más inexpresiva que puedo.
¿Quién será ese tal Marcus? Que extraño... Y el hecho de haber soñado cuatro años con Alessander y que ahora diga esto, es más insólito aún. Incluso diría que parece un poco escalofriante.
-¿Quieres que ella te ayude, entonces? -inquiere Andy, animado como siempre.
-Algo así, hoy traté de buscar en la biblioteca y no logré encontrar ningún libro de los que me dijeron que había -resopla con frustración, pero mi instinto me asegura que esconde algo importante.
Eso significa que sí era él al que vi, pero si me vio en ese momento, ¿por qué no acercarse y preguntar como cualquier persona normal? Sara me levanta una ceja, y capto que ella se siente igual de alerta que yo. Supongo que piensa igual que yo, y querrá investigar todo este asunto.
-Claro, si quieres mañana antes de clases te ayudo con los libros -y tomaré mi tiempo para investigar de qué va todo esto.
-Oye, Alessander -lo llama Sara fingiendo estar emocionada, cambiando de tema-. ¿Irás a Moonlight hoy?
-Claro que sí -sonríe deslumbrante estirándose en la silla, la punta de sus zapatillas roza con ligereza los míos, y los remuevo inmediatamente hacia atrás, escondiéndolos bajo mi asiento. Siento mi cara arder y los latidos se me aceleran incontrolablemente, y por el rabillo del ojo veo que sus labios se curvan ligeramente en las comisuras, conteniendo una gran sonrisa reflejada en el brillo de sus grises ojos-. Acabo de llegar ayer y ya hay fiestas. Ya me está gustando este lugar.
-Y eso que recién llegas -se ríe Andy, y tiene razón. Aquí viven de fiesta en fiesta-. ¿Ustedes van juntas?
-Sí, ¿te pasamos a buscar? -pregunta Sara luego de terminar de beber su cajita de jugo natural.
-Por mí, genial. Sigo castigado y mi padre no me devolverá mi coche hasta dentro de un mes -bufa mi amigo con desespero.
-¿Castigado, y aun así saldrás? -se sorprende Alessander, enarcando sus pobladas cejas negras.
-Tiene una hermana menor con la que se cubren siempre las espaldas -mofo con burla, cruzándome de brazos sobre la mesa.
-Ya quisiera yo que mi hermano fuese así conmigo -bromea sarcástico.
-¿Qué edad tiene? -curiosea Sara, guiñándome un ojo disimuladamente.
-Tiene quince, aunque es muy estricto -hace una mueca de fastidio, y noto que el cariño fraternal no sube a sus ojos, pero tampoco ninguna otra emoción.
‹‹¿Habrá un problema familiar detrás de esa broma?››.
-Mi hermana tiene la misma edad, y parece una niña de cinco años con sus berrinches -cuenta Andy sacándonos unas risas, porque es cierto, siempre fue la princesa de la casa.
-¿Por qué tu hermano es estricto? -insiste Sara en el tema. Noto que a Alessander se le borra la sonrisa, y veo un poco de incomodidad y molestia en sus facciones.
-Supongo que él ya es así -zanja el tema, encogiéndose de hombros como para restarle impotencia.
Con Sara intercambiamos una mirada rápida, ambas captamos la reacción. Por suerte Andy no, y sigue con el tema de la fiesta. El resto de la charla hasta que suena la campana es tranquila, platicando de cosas triviales y sobre el Instituto. Además de soportar a mi amigo preguntando de todo sobre el país natal de Alessander, quedamos en pasar a buscarlo por su casa ya que no tiene coche y sus padres estarán ocupados para llevarlo hasta el club Moonlight, en Wenatchee, a unos veinte minutos por la ruta 2.
En los pasillos nos separamos, Sara va con Andy a biología, y me doy vuelta encaminándome al salón de Historia, pero...
-Parece que compartiremos la misma clase -sonríe Alessander alcanzándome.
Le devuelvo la sonrisa y caminamos hasta el salón, su andar es despreocupado, pero también parece fingido, hay algo de incomodidad en su andar, además de la visible tensión en sus hombros. Al principio, al verlo en el pasillo, no sabía cómo actuaría estando a su lado, pero me siento cómoda, con una rara e inexplicable sensación de confianza y familiaridad. Y a pesar de que no sé cómo es él en realidad, siento que puedo confiar, que puedo incluso, hasta cierto punto, llegar a leer sus emociones. Al menos ya no tengo la presión y necesidad de saber quién es y si es real, aunque más. Ya logré lo que estos cuatro años estuve esperando. Aunque sus actitudes no me cierran mucho, por lo que estaré con los sentidos alerta, por si acaso.
En el salón, mis compañeros ya están casi todos sentados y la profesora aún no llega, por suerte. Paso y acomodo las cosas en mi banco. Eran de a dos, y como en esta clase siempre somos impares, yo prefiero ser la que se quede sola atrás de todo. Además de ayudarme a concentrar, y de poder ver a toda la clase sin problemas, lo hago ya que no llevo muy buena relación con mis compañeros. Para ellos soy la "rarita", y en realidad prefiero que eso siga así.
Alessander se queda parado en la puerta, esperando a la profesora. Imagino que para presentarse con ella y hablar, ya que estamos a casi mitad del primer semestre.
Unos minutos después una señora regordeta, algo canosa, pero de aspecto vital y alegre cruza el umbral.
-Buenos días, clase -saluda con voz cantarina.
-Buenos días, profesora Belletti.
A pesar de ser historia y resultar en algunos temas algo tediosos, con ella es fácil aprender, y más para los que nos gusta leer novelas, ya que para los trabajos prácticos hace que interpretemos la historia como un libro en donde su protagonista cumple varias hazañas y aventuras. Recuerdo la vez que nos comentó sobre su sueño frustrado de ser arqueóloga, y logré comprenderla un poco. También me fascina la idea de viajar por el mundo descubriendo aventuras nuevas... Quizás y algún día logre hacerlo.
Aunque hay que tener cuidado con lo que uno pide.
-¿Y por qué tú no estás sentado? -le pregunta amable al nuevo, sacando de su bolso de cuero marrón el libro seleccionado para nuestra clase de hoy-. Oh, ya, eres el joven Di Lorenzo, ¿verdad?
-Sí, profesora.
-De acuerdo. Clase -aplaude para llamar a todos-, él será su nuevo compañero este año, se llama Alessander Di Lorenzo, sean amables -sonríe y luego pasea la vista... hasta mí-. Siéntate con la señorita Carduccio, podrá ayudarte con el programa para que estés al tanto.
-Gracias -nuestras miradas se cruzan por un breve segundo, y una tensión se crea entre nosotros, mientras somos indiferentes para casi todos los demás.
Al caminar por el pasillo hasta el asiento vacío, noto las miradas de varias chicas sobre nosotros, algunas de curiosidad, otras parecen de envidia, y la "reina titiritera" –como le apodamos Sara y yo–, Daphne, comiéndoselo con los ojos mientras juguetea mordiendo el extremo de una lapicera.
Siento rabia, muchísima rabia acumulada. Quiero que le quite los ojos de encima, pero no puedo hacer nada y eso me frustra peor, ya que esta sensación tan agobiante en mi pecho, una necesidad por lastimar a quien le coquetee, me quema y envuelve mi mente en un manto de niebla negruzca. Nunca he sido celosa o territorial en mi vida, si bien tampoco he tenido novio, no me visualizo como una persona tóxica o que le importen las acciones de los demás. Pero sin más, comienzo a sentir el ya típico picor en mis ojos, en señal de que se tornan rojos, y la desbordante y agobiante sequedad en la garganta y en la boca, junto a la sed desesperante. Me remuevo incómoda en el asiento, restriego mis ojos haciendo de cuenta que me pican, pero esta sensación no cesa y ya pasa a ser una necesidad de romper algo.
La señora Belletti comienza la clase, y no logro concentrarme, mi compañero de banco intenta disimular no verme, pero el peso de su mirada intensifica mi desespero. Muerdo sutilmente la piel dentro de mi mejilla, me concentro en el ardor y en el comienzo del sabor metálico chocando con mi lengua. Un alivio recorre en forma de escalofrío mi columna, junto a una sensación de frío desde mi nuca hasta mi cintura baja, y me dejo llevar un segundo por esa euforia que despeja mi mente, logrando que mis pensamientos se centren y pueda enfocar la vista nuevamente prestando atención a la clase.
Trato de concentrarme en la profesora y en respirar hondo. Garabateo otra hoja en blanco tranquilizando mi mente y mi cuerpo. Desde que tengo memoria que mis emociones siempre suelen querer explotar, así como ahora, y produce que mis ojos se tiñan de un extraño y terrorífico rojo escarlata, sin ninguna razón coherente ni natural. Es algo que oculté toda mi vida, algo demasiado vergonzoso teniendo en cuenta que no tengo ni una mínima idea de por qué sucede, y solo mi mejor amiga sabe de eso.
-Carduccio -su voz es la misma que oí tantas noches en los sueños, con ese tono tan jovial y melodioso.
-¿Sí?
-¿Podrías enseñarme lo que estuvieron dando en clase?
-Claro -abro la carpeta y busco desde el comienzo de la materia. Cuando encuentro la primera fecha de clase le paso la carpeta, y al tomarla nuestras manos se tocan. Una descarga eléctrica fue proseguida por un extraño cosquilleo. Bajo la mirada, y siento mi rostro enrojecer un poco.
‹‹Maldita vergüenza, harás que lo note. Boba, boba. Respira y cálmate››.
-Gracias. Tienes linda caligrafía -sonríe, sus dedos se deslizan sobre la primera página, trazando líneas sobre mis anotaciones.
-Gracias -mis mejillas arden aún más, por lo que trato de distraerme continuando el garabato que va tomando forma en la imagen de un viejo pasillo oscuro.
-Y tu apellido es italiano -afirma pasando las hojas con atención.
-Sí, mis antepasados son de allí.
-Oh, interesante -ladea otra sonrisa, trascribiendo los textos a su cuadernillo.
Al rato me devuelve la carpeta, justo cuando la profesora empieza a escribir preguntas en la pizarra. El resto de la clase transcurre normal.
No sé cómo buscarle conversación, y me intriga demasiado la forma en la que ahora aparece en mi vida, mencionando a un supuesto amigo de la familia. ¿Será una mentira para ganar confianza? Todo es desesperante, así que titubeo un poco y me armo de valor para dar un paso en conocerlo, al menos.
-Y entonces... ¿Estás a gusto en Cashmere?
-Sí -contesta con una suave risa cantarina-. Se parece un poco de donde me mudé.
-¿Vivías en un pueblo también?
-Sí, en Marianopoli, en Italia. En diez años tuve que mudarme ocho veces, y me acostumbré a no encariñarme demasiado, pero... -bufa y se encoge de hombros, recargándose en el respaldar de la silla-. Pude llamarlo hogar el tiempo que duró. El pueblo en sí es pequeño, pero está rodeado por campos y paisaje, que es lo que le da vida -un suspiro nostálgico se escapa de sus labios, y se queda pensativo mirando al frente-. Solía caminar solo a las afueras del pueblo, era muy tranquilo y me ayudaba a despejar la mente.
-Suena realmente hermoso -imagino como debería ser allí, un Alessander rodeado por tanto verde, caminando solo disfrutando de la naturaleza...
‹‹Algo me suena familiar de toda aquella escena››.
-Lamento que hayas tenido que mudarte -murmuro viendo que la profesora Belletti se voltea para escribir una consigna en la pizarra.
-Era inevitable. Por el trabajo de mi padre debemos mudarnos, mi madre no está tampoco muy a gusto con eso, pero es necesario.
-Bueno, aquí no tenemos ese tipo de paisajes, pero dicen que el bosque cruzando el río es interesante.
-¿Has cruzado? -alza la ceja, se lo nota interesado en ese tema.
-Quizás -sonrío inocente, colocando mi mentón sobre mis manos entrelazadas sobre el banco.
-Aunque llegué ayer, ya oí los rumores. ¿No te preocupa? -vuelve a recostándose en la silla, con los pies cruzados hacia adelante. La profesora sigue anotando en la pizarra y hablando con los alumnos de los primeros bancos, quienes contestan con entusiasmo sus preguntas.
-No creo en esas cosas -contesto completamente segura.
-¿Por qué no? -su mirada es atenta y seria, tomándolo como un tema más importante de lo que para mí es una leyenda vieja, un cuento más de los viejos pueblerinos.
-Solo no creo que sea posible que alguien se transforme en un animal, o que haya seres que vivan de sangre -acoto encogiendo los hombros-. Es anatómicamente imposible.
-Anatómicamente imposible -repite conteniendo una risa, como si fuese un buen chiste.
-No sé de qué te ríes -bufo y me siento derecha, lista para recalcar mi punto-. Es como creer que Superman existe. Son solo leyendas para asustar a los niños y a los ingenuos.
-Elleonor... -mira al frente, en donde la señora Belletti comienza a caminar hacia aquí, y luego a mí de nuevo-. Por una razón nacen los "leyendas".
La profesora pasa por el pasillo cerca nuestro pidiendo silencio, por lo que no logro preguntarle a qué se refiere. Es un demente si cree en esas cosas. Es imposible que sea cierto, si no ya se sabría y la ciencia lo expondría, porque serían un peligro para todos los seres humanos.
‹‹¿Monstruos sueltos en las calles? ¡Ja! Sí, claro››.
Comentamos sobre los ejercicios hasta que el timbre que indica el fin de clases suena. Guardo la carpeta y la lapicera en el bolso, y mi compañero de banco hace lo mismo.
-¿Te veré en la noche? -pregunta con un brillo en sus ojos esmeralda.
-Claro, pasaremos por ti a las diez -ajusto mi mochila al hombro-. Te veo luego, entonces.
-Hasta pronto.
Camino medio deprisa hasta salir al pasillo, donde una Sara inquieta me observa inquisitiva.
-Vamos al coche, que te cuento -musito con resignación, y empieza a dar saltitos para luego enganchar su brazo con el mío con la felicidad de un niño.
Salimos rápido por lo que no vemos si Alessander ni Andrew vienen detrás. La curiosidad ya está haciendo añicos a mi amiga.
-¡Dime todo! -chilla cerrando de un portazo.
-Oye, bájale a tu entusiasmo, me dejarás sin puerta -me quejo recostando la cabeza en el volante y suspirando con fuerza-. Bueno, me contó sobre el pueblo del que se mudó, y que su padre tiene un trabajo que hace que se muden mucho. Pero luego salió el tema de las leyendas locales y él...
‹‹¿Cómo puedo interpretar su reacción?››
-Él, ¿qué?
-Supongo que dio a entender que sí cree en esas cosas -levanto los hombros con desinterés y pongo en marcha el coche.
-¿Supones? -insiste ella, girándose en el asiento hacia mi lado.
-Sí... Es que actuó un poco raro, al final dijo que "por una razón nacen las leyendas". Quizás es un fanático de historias de ficción -le resto importancia con un gesto de mano y ella frunce el ceño.
-Bueno Ellie, sabes que yo sí creo en esas leyendas. Que actualmente no haya casos no quita que los hubo en su tiempo -contesta reacia.
-Si fuese posible ya habría reportes filtrados de la ciencia confirmándolo.
-¿Y quién dice que se filtra todo?
Estaciono el coche frente a la casa de Sara y en lo que bajamos pienso que quizá tenga razón, pero mi lado testarudo se niega a creer que sea posible. ¿Transformar un cuerpo humano a un animal? ¿Vivir sólo de sangre?
Entramos a la casa y la madre de Sara, la señora Julia Cooper, nos mira desde la cocina mientras el olor a salsa inunda mis sentidos.
-Hola, chicas -seca sus manos con un repasador y lo cuelga en la manila del horno antes de acercarse y darnos un corto abrazo a cada una-. El almuerzo ya casi está listo.
-Hola, mamá. Estaremos en la habitación. ¿Nos llamas cuando esté listo? -mi amiga me arrastra por el pasillo que da a las habitaciones, apurada por seguir la conversación.
-¡Hola, señora Cooper! - logro saludarla trastabillándome con el apuro de mi amiga al jalarme del brazo...
-¡Hola, cariño! Y ya déjame de decir señora, me hace sentir vieja. ¡Les avisaré en un rato!
Se escucha su jovial risa cuando Sara cierra la puerta con el pie mientras tira su bolso al suelo, y se tira a la cama quitándose las zapatillas a empujones con los pies. Yo dejo la mochila en la silla del escritorio y me tiro junto a ella mirando al techo.
-¿Qué piensas hacer con Alessander? ¿Intentarás ser su amiga?
-No pensé en eso aún. Sigo procesando que está aquí... -suspiro exasperada, cubriéndome los ojos con el doblez del codo-. Tanto tiempo deseando conocerlo en persona que ahora... Me cuesta asimilar que es real.
-¿Sigues enamorada de él?
-No lo sé... Más teniendo en cuenta que me sentía de esa manera hace 3 años, pero que en ese entonces solo era un sueño, una fantasía... -mi voz se quiebra en un murmullo, y no dejo de sentir mi corazón acelerado, y mi mente nublada.
-Y ahora es real -dice sentándose y mirándome fijamente-. Es real y tienes que descubrir qué tiene él de especial. ¿Y quién es ese tal Marcus del que habló?
-No me suena de ningún lado -me levanto estirándome y camino hasta el escritorio donde está su computadora-. ¿Recuerdas el apellido que nombró? Era algo difícil.
-Li Greci. Suena que es italiano, pero de las clases que tomó mi madre de latín en la Universidad, me suena más a ese idioma.
-¿Es latín? ¿Qué esos términos no se dejaron de usar hace mucho? -tecleo en el buscador el traductor, e ingreso el apellido.
-Lo corrige a "Li Grect" -lee mi amiga señalando el resultado-. Significa elevado. Supongo que me equivoqué. Ponlo en italiano.
Vuelvo a teclear y aparece el resultado.
-Los griegos -leo analizando la traducción-. Se usaban términos así para denotar el origen de dónde venían las personas. ¿Será un descendiente de griegos?
-Es posible. Busca el nombre completo.
El buscador da resultados para Marcus Li Greci, aparece una lista, pero ningún artículo habla sobre el hombre, salvo uno que llama mi atención, el tercer resultado. Cliqueo y es un artículo de un museo, y en el encabezado hay una foto de ocho hombres, de unos treinta y tantos hasta unos cincuenta y otros. Y uno de esos hombres tiene los ojos verdes, y es muy parecido a Alessander. Y junto a él, otro hombre igual de alto, con barba cuadrada y cabello castaño, muy pálido y sus ojos cafés me recuerdan a alguien, pero no logro recordar...
-Museo Archeológico Regionale di Marianopoli -lee mi amiga.
-Es el lugar del que me contó que se mudó. Parece que fue el último trabajo de su padre -digo señalando al hombre de ojos verdes-. Marianopoli, Caltanissetta, Italia...
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