Capítulo 2
Lisa se quedó pasmada mientras miraba al hombre que amaba, sus hermosos ojos verdes. Estaba sorprendida, claro que había pensado y hasta deseado casarse con él, pero ¿tan pronto?
-Luis. . .
-Quiero que entiendas que no te estoy pidiendo que nos casemos de inmediato, pero que si deseo claramente que seas mi esposa. No hay nada que desee más Lisa. Te amo- ella le sonrió con lágrimas en los ojos.
-Sí. Acepto mi amor, si quiero casarme contigo- ellos se abrazaron feliz, los padres de Lisa sonreían alegre. Linda aplaudía contenta.
-¡Tendré nuevo hermano!- gritaba mientras reía feliz.
-Ya tienes nuevo hermano, pequeña- Luis se inclinó y deposito un tierno beso en la frente de la niña.
-Yo quiero llevar los anillos, Lisy.
-Claro que si, mi amor- le sonrió mientras que acariciaba su cabello.
-Bienvenido a los Castillo, Luis Francisco.
-Es un placer señor. Juro que no les decepcionaré. ¿Quieres establecer una fecha promedio, cariño?- miraba a Lisa con adoración.
-No lo sé. Estoy por culminar la universidad, me gustaría terminar mis estudios antes de casarme- ¿ qué te parece un año?
-Me parece perfecto Lisa, todo será como tú quieras mi amor.
Los días fueron pasando Luis Francisco y Lisa vivían a plenitud su amor, ella solía visitar la mansión Alcázar, los padres de Luis Francisco la adoraban, sobre todo la madre, la señora Mara, ella era extremadamente dulce con ella.
Los encuentros amorosos se hacían cada vez más frecuentes, era imposible mantener las manos alejadas del otro. Disfrutaban de fines de semana en la playa, de comidas familiares, ambas familias habían encajado a la perfección.
Linda revoloteaba siempre sobre Lisa, haciéndole preguntas sobre Luis, ella le adoraba y él siempre tenía detalles para con ella. En las noches Linda, se metía bajo las sábanas de su hermana y conversaban por horas, Linda siempre hablaba de lo contenta que estaba porque su hermana nunca dejaba de sonreír.
La relación entre las hermanas Castillo, era tan fuerte que más que hermanas eran las mejores amigas. Linda sentía admiración por su hermana, la veía como el ejemplo a seguir, de hecho siempre decía;
-Cuando sea mayor Lisa, quisiera ser como tú y quiero conseguir un novio tan bonito como Luis Francisco.
Lisa por su parte, adoraba a Linda, para ella, esa niña era; su hermana, su amiga, su adoración, su amor, la luz de sus ojos. Despertaba en ella su instinto maternal, siempre la protegía sin importar de quien tuviese que hacerlo.
Mara Castillo adoraba a Lisa, ella era su mayor orgullo, su hija mayor, su consentida, el reflejo de lo que ella alguna vez había sido. Henrry Castillo por su parte, protegía con su vida a su pequeña Linda, ella era dulce, hermosa, y su amor más tierno. Y es necesario aclarar que no era que no amasen a sus dos hijas, porque de hecho las amaban con su vida, era solo que se sentían identificados más con una que con otra.
Los meses habían transcurrido con mucha rapidez, de hecho ya habían pasado seis meses desde que Luis Francisco le pidiese ser su esposa y colocara en su dedo un hermoso anillo de compromiso.
Pero en aquel momento estaba sumamente nerviosa.
Se encontraba en el cuarto de baño de su habitación, y sobre el lavamanos cuatro pruebas de embarazo diferentes, y una quinta en sus manos, esperando que marcara su respuesta. Y rogando a Dios porque las otras estuviesen equivocadas.
Pero no.
No había equivocación. Era la quinta prueba que se hacía, y cuando vio aparecer las dos rayitas, sintió como si su alma cayera al suelo.
Cinco pruebas no podían equivocarse. Su madre la mataría.
¿Qué pensaría Luis Francisco?
Porque ya no tenía ninguna duda.
¡Estaba embarazada!
Aquel día en la universidad estuvo distante y bastante retraída, cuando terminó su última clase se dirigió al estacionamiento. El auto de Luis Francisco estaba aparcado. Él como siempre la esperaba recargado sobre el capó, la recibió con un largo beso y un fuerte abrazo. Lisa sintió que ya no podía más con el nudo que se había formado en su garganta, y exteriorizó su angustia en lágrimas y sollozos.
-Hey, hey, ¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué lloras preciosa?- ella no pudo responder, sino que se abrazó a él con más fuerza- Ssshhh- le susurró- no hay nada que no podamos solventar juntos princesa. Sin importar lo que sea, yo estaré aquí para ti- ella lo miró con ojos vidriosos.
-Es. . . estoy. . . estoy embarazada- sollozó y le abrazó nuevamente. Luis Francisco dejó que la información llegará a su cerebro y lo procesara.
¡Estaba embarazada!, ¡Y él estaba feliz!
Tener un hijo con la mujer que amaba era el mayor privilegio que cualquier hombre pudiera tener.
-¡Eso es maravilloso Lisa, estamos embarazados, mi amor!- le dijo con una ámplia sonrisa. Ella le miró sorprendida.
-¿Estás. . . estás feliz?
-Estoy muy, muy feliz. Es más, nunca había estado tan feliz, cariño. Seremos padres, ese bebé y tú son lo más importante Lisa. No me pudo haber ocurrido nada mejor.
-Oh Luis, estaba tan asustada- lloró- tenía miedo de que me dejaras sola con el bebé.
-Jamás- le tomó el mentón con ambas manos- jamás haría algo como eso, cariño. Te amo, eres lo más importante para mí, y nada nos separará. Nuestro bebé será dichoso porque será el centro de nuestras vidas. No te preocupes todo saldrá bien cariño. Adelantaremos la boda, nos casaremos en dos o tres semanas, compraremos una casa enorme, la que más te guste, mi amor. Y esperaremos ansiosos la llegada de ese bebé. Todo estará bien- Lisa lo abrazó con fuerza, aferrándose a la esperanza de felicidad que él le brindaba.
Aquella noche después de la cena, mientras todos estaban reunidos en la sala de estar, cuando Lisa tomó con fuerza la mano de Luis Francisco y había dicho.
-Tenemos algo importante que decirles.
-¿De qué se trata, cariño?- había dicho su madre sonriente y ella estuvo a punto de no decir nada, pero Luis Francisco al notar como ella se había tensado, le presionó la mano con más fuerza, infundiéndole un poco de ánimo.
-Yo. . . Estoy embarazada.- Había dejado hacer la noticia como una bomba en la tranquilidad de la sala, y las diferentes reacciones le abrumaron; su padre había fruncido el ceño, su madre se había recostado sobre el espaldar del sofá llevándose ambas manos al pecho y la pequeña Linda, había gritado feliz, para luego correr a los brazos de su hermana.
-¡Tendremos un bebé, tendremos un bebé!- gritaba en medio del éxtasis que sentía y luego besaba con cariño el abdomen plano de su hermana.
-Sé que es apresurado- había intervenido Luis Francisco- no lo habíamos planeado así, sin embargo es así como sucedieron las cosas, compraremos una casa, nos casaremos en tres semanas y les juro por mi vida que tanto a Lisa como a mi bebé, los haré inmensamente feliz.
-Estoy feliz Lisy, tendremos un bebé- la felicidad de Linda era abrumadora y provocaba que los ojos de Lisa se tornaran vidriosos.
Las tres siguientes semanas habían sido una total locura, Luis Francisco y ella habían visitados muchísimas casas, de todos los tamaños, de dos y tres plantas, con grandes y pequeños jardines, y ella había quedado exhausta, pero al finalizar la segunda semana, ya habían conseguido la casa que ella quería, de dos plantas, hermosa y elegante, con muchas habitaciones, y una especialmente para su bebé, habían decidido que si era una niña le llamarían Melissa, y si resultaba ser un varoncito entonces su nombre sería Federico.
Los preparativos de la boda estaban casi listos, se casarían por el civil, y al día siguiente tendrían la boda eclesiástica. Ella estaba dichosa de poder tener la boda que tanto había soñado y con el hombre que había soñado.
Todo avanzaba con rapidez y la nueva casa ya estaba decorada con los muebles que Lisa había escogido, pronto empezarían a mudar las cosas de ambos.
Linda no paraba de preguntar cuando nacería su hermanito, no comprendía que pronto sería tía. Así que Lisa la dejó llamarle; bebé hermano, ya habría tiempo de explicarle los verdaderos lazos con el bebé.
El día de la boda civil había llegado, Lisa escogió un hermoso vestido blanco, ajustado a su cuerpo, resaltando cada curva de su hermoso cuerpo.
Después de la unión Alcázar- Castillo, habían tenido una pequeña reunión en casa de los Castillo junto a la familia y los amigos más cercanos.
Lisa se sentía dichosa y plena junto al hombre que amaba, ser la señora Alcázar se sentía de maravilla. Al día siguiente sellarían su unión frente a los ojos de Dios. Una unión de amor eterno. Un pacto de entrega absoluta.
El gran día llegó y Lisa estaba realmente nerviosa. Miraba a Linda con su hermoso vestido rosa y su largo cabello negro revoloteando alrededor de ella.
-Eres la novia más bonita que he visto, Lisy.
-Y tú, la damita más preciosa- le respondió ella acariciando la punta de su nariz.
Llegó a la iglesia con su hermoso vestido blanco, y mientras entraba sonreía a todos.
Al llegar Luis Francisco la recibió, y los nervios se apoderaron de ella cuando sus manos rozaron con los de ella, nervios que pronto cedieron ante una gran felicidad.
Cuando llegó el momento del beso, Luis Francisco la miró sonriente y ella correspondió dichosa de ser la mujer que el amara.
Jamás se había sentido tan feliz, tan plena que al sentir que había conseguido su lugar en e l mundo, y ese lugar era en los brazos de su esposo . Después de la ceremonia se dedicaron a tomarse algunas fotos, unas divertidas y otras más serias y románticas.
Después de la gran celebración Lisa y Luis Francisco se encaminaron a disfrutar de una hermosa y romántica Luna de miel en París, el país del amor.
Capítulo 3
LISA. . .
Mi embarazo ha avanzado felizmente, no pensé que se pudiese ser tan dichosa. Siento como mi bebé crece y se mueve dentro de mí, aún no me acostumbro del todo, es una sensación tan extraña. Cada vez que pienso que dentro de mí se gesta una vida, me siento maravillada.
Nuestra casa es el sueño de cualquier mujer; amplia, hermosa, con una decoración exquisita, las habitaciones son muy ámplias. Luis Francisco, decidió comprar la que más me gustó, tiene dos niveles, y un gran jardín que es sencillamente maravilloso.
El médico nos ha dicho que el bebé es un varoncito; nuestro Federico, ya lo imagino corriendo por el jardín.
Luis Francisco, no puede estar más orgulloso, se ha encargado él mismo de la decoración de la habitación de nuestro Fede. A todo el mundo le comenta lo guapo e inteligente que será su hijo, y yo no puedo más que sonreír feliz, por ser la mujer más dichosa de todas, verlo tan emocionado me hace tan dichosa que siempre quiero llorar. No pensé que se pudiese amar tanto. Luis Francisco va a la universidad por la mañana al igual que yo, por las tardes vuelvo a casa para descansar y ocuparme de mi hogar, él se va a las oficinas de su padre. Trabaja muy duro por darnos a nuestro hijo y a mí una vida maravillosa. Cuando vuelve a casa me consiente, me llena de cariños, es tan buen hombre, tan buen padre, que no dudo que seremos felices hasta nuestro último suspiro; él, nuestro Fede y yo, juntos viviremos plenamente dichosos.
Extraño mucho a mi familia, quizás más a mis padres, porque mi pequeña Linda casi que se ha venido a vivir con nosotros. Sonrío como tonta, pero no puedo evitarlo, ella es mi adoración, la amo tan profundamente que la siento tan mía. Ella es ese rayo de luz que siempre brilla, sus grandes ojos café, su hermosa mirada, su lindo y lacio cabello.
Siempre he sabido que mi padre la adora, y no es secreto para mí que Linda, es su favorita. Pero no puedo chuparlo, también es mi favorita.
Mi madre siempre me ha preferido, no porque me ame más, sino porque me parezco más a ella.
-¡Lisa!- se queja mi pequeña hermana- ¡ te has quedado otra vez con esa mirada tonta!- hace puchero y luego ríe.
-Lo siento, princesa- me disculpo- solo pensaba un poco.
-¿En qué?- me mira frunciendo el ceño. Amo ese gesto en ella, le da una apariencia medio indignada.
-En todo un poco.
-¿Piensas en mi hermanito?- me sonríe.
-No es tu hermanito preciosa, es tu sobrino- río feliz.
-Igual lo voy a querer mucho- se encoge de hombros.
-Claro que sí, princesa- acarició su cabello sintiendo una gran ternura inundar mi pecho.
-¿A qué hora vuelve mi hermano, Luis Francisco?
-No debe tardar en llegar, Linda.
-¿Le preparamos un pastel?- preguntó abriendo mucho los ojos.
-Eres una glotona- río- apresurémonos o no se enfriará a tiempo. . .
Cuatro meses después. . .
Siento que ya no puedo dar un paso más, tengo una enorme panza. Mi pequeño Fede debe ser muy grande, y cada vez que me patea siento que me partirá una costilla.
Las enormes manos de mis esposo rodean la circunferencia de mi abdomen y me estrecha cariñosamente contra su pecho. Suspiro sintiendo su cuerpo emanar calor. Soy tan feliz, no me hace falta absolutamente nada. Ese hombre es mi amigo, mi esposo, mi compañero, mi amante, mi confidente, mi protector. Deja un beso en mi cuello y suspiro nuevamente.
-Mi amor. . . – dice junto a mi oído, su voz ronca llega a las profundidades de mi ser.
-Luis. . . Te amo, te amo tanto.
-Y yo a ti. Soy tan feliz, más de lo que nunca pude imaginar- acaricia mi barriga. Tengo tantas ganas de llorar de pronto siento un fuerte dolor en mis caderas.
-¡Ayyy!- gritó un poco.
-¿Qué sucede?- su tono se torna nervioso. Me gira y me dedica una mirada confundida.
-¡Ayyy!- vuelvo a sentir el dolor que se expande hasta mi vientre, me avergüenzo al sentir que me he orinado, pero luego lo comprendo- Amor. . . llama a mis padre, a los tuyos y por lo que más quieras, llévame al hospital. ¡Nacerá Federico!- lo veo agrandar sus ojos enormemente.
-¡¿Ahora?!- grita angustiado, está más nervioso que yo.
LUIS FRANCISCO. . .
El parto no ha sido sencillo. Aunque mi adorada Lisa tenía fuertes contracciones y había roto fuente, Federico no terminaba de nacer. Según dicen los médicos, Lisa no estaba dilatando. Después de alrededor de un par de horas de dolores, entramos a sala de partos, Lisa pujó como toda una heroína, se ha ganado mi completa admiración y respeto. No sé cómo las mujeres pueden soportar ese grado de estrés y dolor, definitivamente ellas son el sexo fuerte.
Cuando escuché el llanto de mi bebé, lloré de felicidad, mi pecho de hinchó de orgullo y amor. ¿Se puede ser más feliz?, No lo sé, pero seguramente no, porque yo estoy a punto de morir de felicidad.
Es un bebé tan hermoso. . .
Quizás lo piense porque es mi hijo; mi adorado Federico, pero la verdad es que no puedo dejar de mirarlo. Tan pequeño, tan frágil, tan vulnerable, tan dulcemente hermoso y perfecto. No pensé que ser padre se sintiese tan bien. Sin duda alguna mi hijo es de ahora en adelante mi gran orgullo.
Me inclino y beso la frente de mi amada, ella me sonríe.
-¡Es hermoso!- me dice y mis ojos se llenan de lágrimas.
-Es lo más hermoso que he visto jamás- ya sin poder evitarlo, lágrimas recorren mis mejillas. Lisa me mira y sonríe- Gracias- le digo totalmente conmovido- Muchas gracias, cariño.
-Gracias a ti, mi amor.- La puerta de la habitación se abrió y la familia entró sonriente.
-¡Oh Dios mío, Lisa!- gimió mi suegra- ¡Qué bello es!
La traviesa Linda corrió hasta subirse a la cama, sus dulces ojos se clavaron en mi hijo.
-¿Es Fede?- preguntó frunciendo el ceño.
-Si, princesa- le respondió Lisa.
-Es muy bonito- le dio un tierno beso en la frente, e increíblemente el niño esbozó una mueca que pareció una sonrisa- es mi precioso bebé, Lisa.
-Si, cariño.
-Te prometo que lo voy a querer toda la vida- volvió a besarle con ojos brillando de emoción. Y no dude ni por un instante que su pequeñito corazón estuviese hablando con toda sinceridad y que cumpliera con la promesa que acababa de hacerle a su sobrino.