Capítulo 2

Ethan Kensington se despertó con la boca seca y un dolor de cabeza palpitante, el residuo del champán barato que Scarlett había insistido en beber para celebrar su recuperación milagrosa. Extendió el brazo hacia el lado derecho de la cama, esperando encontrar la piel cálida de Iris o, al menos, el vaso de agua con limón que ella siempre dejaba allí. Su mano golpeó el aire vacío. Abrió los ojos, molestos por la luz del sol que se filtraba sin piedad a través de las cortinas que nadie había cerrado.

-Iris-graznó. Silencio. se sentó en la cama,frotándose las sienes. el lado de la cama de Iris estaba hecho,perfectamente liso,como si Nadie hubiera dormido allí. Frunció el ceño. Iris Nunca se levantaba antes que él SIN dejar una nota O hacer ruido en el baño. se levantó y bajó las escaleras,arrastrando los pies y su mal humor. Esperaba encontrarla en la cocina,con ese delantal ridículo,preparando café. pero la cocina estaba desierta. Solo la señora Higgins,el ama de llaves,estaba allí,limpiando la encimera con un nerviosismo palpable.

-Buenos días, señor -dijo la mujer, evitando su mirada.

-¿Dónde está mi mujer? -preguntó Ethan, sirviéndose él mismo el café, algo que le irritó profundamente.

La señora Higgins señaló hacia la mesa del desayuno. No había comida. Solo un sobre manila. Ethan lo tomó, rasgó el sello y sacó el documento. Acuerdo de Disolución Matrimonial. Leyó el título y soltó una carcajada seca, sin humor.

-¿Es esto una broma? -murmuró, tirando los papeles sobre la mesa como si estuvieran sucios-. Iris, sal de donde estés. Este juego de la esposa ofendida ya no tiene gracia.

Nadie respondió. Subió de nuevo al dormitorio, convencido de que ella estaba escondida en el vestidor, llorando, esperando a que él fuera a consolarla. Abrió las puertas del armario de par en par. Sus trajes estaban allí. Los vestidos de gala que él le había comprado estaban allí. Pero faltaba algo. Los huecos donde solían estar sus ropas baratas, esas que ella trajo del pueblo y que él detestaba, estaban vacíos. Fue entonces cuando vio las joyas. El collar de diamantes, los pendientes de perlas, el anillo de compromiso... todo estaba cuidadosamente alineado en el estante, junto a las llaves del coche y las tarjetas de crédito.

Una sensación fría le recorrió la espina dorsal. No era miedo, se dijo a sí mismo. Era ira. ¿Cómo se atrevía a irse así? ¿Sin una discusión? ¿Sin darle la oportunidad de explicar... o de ignorarla? Sacó su teléfono y marcó su número.

El número que usted ha marcado no se encuentra disponible. Por favor, verifique...

-Maldita sea -gritó, cortando la llamada. Intentó llamar de nuevo. El mismo mensaje mecánico. Lo había bloqueado o había dado de baja la línea.

Al otro lado de la ciudad, en un apartamento moderno pero discreto, alquilado bajo el nombre de una sociedad fantasma, Iris estaba sentada en el suelo de madera. Llevaba unos vaqueros desgastados y una camiseta negra. Chloe le tendió una taza de café humeante.

-¿Estás segura de esto? -preguntó Chloe, mirando la pantalla del portátil de Iris-. Podrías haberle sacado la mitad de su fortuna. Es la ley.

-No quiero su dinero, Chloe -dijo Iris sin levantar la vista del teclado. Sus dedos volaban sobre las teclas, respondiendo correos en alemán y francés-. Quiero cortar cualquier lazo que me una a él. Si tomo su dinero, siempre habrá un vínculo. Además, tengo mis propios recursos.

Iris abrió una cuenta bancaria segura en pantalla. El saldo no era astronómico, pero sí suficiente para empezar de nuevo, acumulado gracias a pequeñas inversiones inteligentes que había hecho a lo largo de los años bajo seudónimos indetectables.

En la sede del Grupo Kensington, la atmósfera era tensa. Ethan estaba en una reunión de la junta directiva, pero su mente estaba en la casa vacía. Su asistente, Liam, entró con cara de circunstancia y le susurró al oído.

-Señor, el banco ha notificado movimientos. La señora... Iris, ha cancelado todas las tarjetas conjuntas. No ha sacado dinero, simplemente ha renunciado al acceso.

Ethan sintió un golpe en el orgullo. Ella no solo se había ido; había rechazado su poder. En su mundo, el dinero era el lenguaje del control. Rechazar su dinero era el insulto supremo. En ese momento, su teléfono personal vibró. Era Scarlett.

-Ethan, me siento un poco débil -sollozó ella-. Creo que ayer fue demasiada emoción. ¿Puedes venir?

La irritación de Ethan se disipó momentáneamente, reemplazada por el hábito de ser el salvador. -Voy para allá -dijo, levantándose.

En el hospital, Scarlett estaba sentada en la cama, perfectamente maquillada. Mark Jones, el mejor amigo de Ethan, estaba allí, haciéndole compañía.

-¿La campesina finalmente se largó? -exclamó Mark al ver entrar a Ethan-. Tío, esto hay que celebrarlo. Esa mujer era un lastre social. Siempre callada, siempre en las esquinas. Te mereces algo mejor.

Ethan asintió, pero su mirada se desvió hacia la ventana lluviosa. -Se fue sin pedir nada -dijo, casi para sí mismo-. Ni un centavo.

-Seguro que volverá arrastrándose cuando se le acabe el cambio suelto -se rió Mark-. Dale una semana. El hambre cura el orgullo.

Ethan quería creerlo. Pero la imagen del armario vacío y las joyas alineadas con precisión militar le decía lo contrario. Esa no era la obra de alguien que planeaba volver.

Capítulo 3

La oficina de Ethan Kensington en el piso cuarenta y dos parecía una fortaleza de cristal y acero. El abogado Mr. Davis colocó una carpeta de cuero sobre el escritorio inmaculado con una calma exasperante.

-Aquí están los documentos finales, señor Kensington. Mi cliente solicita la disolución inmediata. Renuncia explícita a pensión compensatoria, bienes inmuebles y acciones.

Ethan miró al abogado con incredulidad. -¿Quién le paga, Davis? Usted es el abogado más caro de la ciudad. Iris no tiene ni para pagar el alquiler de un sótano. ¿Tiene un amante? ¿Es eso?

Davis mantuvo su expresión profesional. -Mis honorarios han sido cubiertos por un fideicomiso privado. La señora Sterling valora su libertad por encima de cualquier negociación.

La palabra libertad se clavó en el ego de Ethan. Firmó los papeles con trazos violentos. -Bien. Si quiere jugar a ser independiente, que lo sea. Dígale que cuando esté viviendo debajo de un puente, no venga a pedirme ayuda.

Cuando el abogado salió, Ethan presionó el intercomunicador. -Liam, averigua dónde está viviendo. Y bloquéale el acceso a cualquier cuenta conjunta residual. Quiero saber cada movimiento que haga.

Liam entró en la oficina más tarde, luciendo incómodo. -Señor, es extraño. No hay rastro de ella en los hoteles de la ciudad. Tampoco hay contratos de alquiler a su nombre. Es como si se hubiera evaporado.

-Nadie se evapora, Liam. Sigue buscando.

Mientras tanto, Iris caminaba hacia un concesionario de coches de segunda mano en las afueras. Necesitaba transporte, pero no podía permitirse llamar la atención. Nada de Ferraris ni coches deportivos que gritaran "mírame". Necesitaba algo fiable y anónimo.

-Quiero ese sedán negro -señaló un modelo común, de hace tres años, con el motor en buen estado-. Pago al contado.

El vendedor, un hombre con camisa sudada, sonrió al ver el fajo de billetes. -Buena elección, señorita. Papeles a nombre de...

-A nombre de "Blue Jay Logistics" -dijo Iris, entregándole los datos de una sociedad pantalla que había creado esa misma mañana.

Una hora después, conducía hacia el centro comercial de lujo. Necesitaba ropa adecuada para las reuniones que se avecinaban, no los trajes beige que Ethan aprobaba. Entró en una boutique de alta costura, moviéndose con una seguridad que antes ocultaba bajo capas de timidez fingida.

Al fondo de la tienda, escuchó una voz familiar.

-Mamá, mira este vestido. Es perfecto para la gala de caridad. Ethan va a babear.

Eran Scarlett y Evelyn. Iris se detuvo un momento tras un perchero de abrigos de piel. Llevaban bolsas de las tiendas más caras.

-Pobre Ethan -dijo Evelyn con su voz viperina-. Tener que lidiar con el divorcio de esa inútil. Dicen que se fue sin nada. Probablemente termine limpiando baños.

Scarlett rió. -Se lo merece por intentar robarme la vida. Oh, mira, ¿quién es esa mujer de allí?

Iris sabía que no podía esconderse eternamente. Se ajustó las gafas de sol oscuras y salió de detrás del perchero. Caminó con paso firme hacia la salida, pasando a escasos metros de ellas. Su postura era erguida, su aura fría.

-¿Iris?-susurró Scarlett,atónita,reconociendo vagamente la silueta.

Iris no se detuvo. Ni siquiera giró la cabeza. Las ignoró con la indiferencia absoluta con la que se ignora a un insecto en la pared. Esa falta de reacción, esa negación de su existencia, fue más insultante que cualquier grito.

-¡Oye! -gritó Evelyn-. ¡Te estoy hablando!

Pero Iris ya había salido de la tienda, dejando que la puerta de cristal se cerrara suavemente tras de sí.

Scarlett sacó su teléfono y escribió furiosamente un mensaje a Ethan: Acabo de ver a Iris. Nos ignoró por completo. Iba vestida como una vagabunda, pero actuaba como si fuera la reina de Inglaterra. Es patética.

Ethan recibió el mensaje mientras conducía hacia casa. La descripción contradictoria lo confundió. ¿Vagabunda o reina? Mark Jones lo llamó en ese momento.

-Tío, olvida tus penas. Vamos a 'The Void'. Hoy es noche de máscaras. Necesitas despejarte.

Ethan miró el mensaje de Scarlett de nuevo. La curiosidad le quemaba. Si Iris estaba en la ciudad, tarde o temprano cometería un error. -Voy -dijo Ethan-. Necesito dejar de pensar en esa mujer ingrata.

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Tras el divorcio, el CEO descubrió que soy una genio

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