Capítulo 2
El maestro de Abigaíl, la llevó a varios lugares de Finare poco concurridos y en espacios abiertos como praderas, para que nadie salga revolcado por Abigaíl en caso de hacer prácticas más complicadas. Eran entrenamientos para llevarla al límite de sí misma hasta donde pueda conocer bien su potencial, también hubo rato de relax para descansar o repensar lo que no hizo bien; la curiosidad de la Torrender de querer hacer más o experimentar algo asombroso, entre pequeños desvelos lo imaginaba e incluso en sus sueños entrenaba, a veces no descanso por completo.
En septiembre del año 2220.
La Abigaíl de veintiún años de un metro setenta y uno, acompañada de su maestro Sebastián de cincuenta y dos años con algo de canas, se van a entrenar a Las Montañas Heladas de Nanún con Solicitud de permiso. Fue aprobado por la mismísima presidenta de Nanún, Andrea Khond quien tuvo interés en conocer a Abigaíl.
Continuando con la reunión privaba, en la actualidad…
—La joven Torrender ha estado entrenando en Las Montañas Heladas de Nanún, junto a su Maestro casi un año —comentó Andrea Khond.
—¿Quién es ella? —pregunta Azumi Sazekic con asombro. Su primo se sorprende "¡Casi un año en ese congelador! ¿Qué intentan hacer?", pensó.
—Ella es Abigaíl Arihn, la Torrender más talentosa que yo haya visto en persona —explicó Andrea Khond sonriendo.
—Entonces el primo, Abigaíl Arihn, el maestro y el Héroe Perdido, son nuestra única esperanza —dijo Matías Sarit.
—Cuanto podamos contar con la ayuda de Dracír —comenta Enzo Roll—. Podemos estar seguros de que rescataremos al resto de Los Torrenders.
—Está bien, está bien, ¿Pero cuánto tiempo tenemos? —pregunta Mateo Reyes con algo de prisa y tono nervioso—. ¿Cuánto estima en que regresarán a por nosotros Los Roc Darks?
—Me temo que, en meses o semanas. Y actúen esas rocas parlantes... —dijo Hernán Soles en tono serio—. La posible caída de los cinco Reinos restantes.
Cada uno en la sala de conferencias al escuchar esas palabras imaginó el fin a esa escala. Ya cayeron dos reinos con facilidad, cinco reinos más no sería problema para Los Roc Darks.
—¡Yo me voy! —exclamó Ciro dando media vuelta hacia la puerta—. No pienso ir a Nanún, para luego ir a Zasorial.
—Espera… —dijo Azumi Sazekic levantándose del asiento. Pero el Torrender se marchó, cerrando la puerta detrás de sí.
—Déjalo que se marche, es mejor buscar por separado —explica Hernán Soles.
—Que le vaya bien… —susurra Azumi Sazekic preocupada, se sienta de nuevo.
—¿Damos por terminada la reunión? —preguntó Andrea Khond.
—Sí, pero recomiendo que sean discretos —menciona Enzo Roll—. Finare cayó en condiciones extrañas y podría cundir el pánico.
—¡¿Extrañas condiciones?! —pregunta Matías Sarit intrigado.
—¿Algo más extraño que un Roc Dark o qué? —preguntó Axel Persah confuso.
—En Saiso hubo conflicto y sobrevivientes... —explicó Mateo Reyes—. En Finare secuestrados, solo así, sin pelear.
Casi a todos les tomó por sorpresa lo que dijo.
—¡Imposible! —exclamó Alex Persah, se sintió abrumado. Se creó una tensión en la Sala de conferencias.
—Es lo único que podemos deducir de nuestros satélites —dijo Enzo Roll—. Según el registro de los sensores de calor—. Titubea—. Pues…
—Los habitantes de Torren fueron los primeros secuestrados —menciona Andrea Khond—. Y el resto de Finare, bueno... No quedó nadie—. Un hilo de nerviosismo le atravesó el cuerpo.
—Esto es... —dijo Axel Persah sin encontrar las palabras.
—¡Es triste!... —expresó Azumi Sazekic afligida. Tiene buenos recuerdos de su hogar de nacimiento.
—¡Oigan, oigan!... Aún tenemos un plan, por más difícil que parezca —dice Andrea Khond esperanzada. Intenta no sentirse indefensa y creer en una pequeña salida.
—¡¿Un plan de cuatro Torrenders?! —preguntó Axel Persah incrédulo.
—Por eso la discreción de esta reunión, Los Roc Darks no deben saber lo que planeamos —responde Enzo Roll.
—El factor sorpresa determina la infiltración exitosa al territorio de Los Roc Dark —menciona Hernán Soles.
—Exacto, y será mejor que nos vayamos a descansar… —dijo Enzo Roll con voz firme—. La reunión terminó, y teniente supervisa los preparativos del Plan.
—¡Sí señor! —responde Hernán Soles.
—¡Pasen un feliz día!, presidentes —exclamó Enzo Roll concluyente.
Todos los presentes se levantaron de sus asientos con pocas esperanzas, pendiendo de un hilo, aferrados a la única idea que el Héroe Perdido y compañía los salve a todos.
Mientras tanto en Las Montañas Heladas de Nanún.
Una ligera tormenta de nieve asecha en estos momentos. Sin comunicación con el resto del mundo.
Los Torrenders con cierta resistencia al clima, no necesitan de mucho abrigo. Abigaíl viste de franela, un mono y zapatos deportivos, todo el conjunto es de color blanco. Su maestro lleva el mismo conjunto que ella, con algunas diferencias como líneas marrones largas y cortas, con marcas desde los zapatos deportivos hasta el mono y la franela, tiene líneas artísticas de color marrón claro, aparte lleva puesto una capa con capucha marrón.
Cada país se representa por color en las capas con capucha, es como un pasaporte cuando viajas al extranjero indicando de dónde provienes, y también existen tipo térmicas. En caso de Finare se representa por el color marrón.
Abigaíl y su maestro viven en lo más alto de la montaña, a nueve mil metros de altura, cerca de otra cima, hay un precipicio interno oscuro y un precipicio externo como para bajar esquiando a nivel extremo.
Para vivir en la montaña helada, Sebastián creó con su poder del elemento Tierra una superficie plana con forma de disco grueso hecha de roca, adherido en el lado interno de la montaña.
El gran disco de roca cuenta con el espacio suficiente para construir una Casita de roca y emplear intensos entrenamientos. A la orilla de la superficie hay doce rocas alargadas de dos metros de alto, colocadas alrededor para indicar el límite y no caer al precipicio. La poca visibilidad es un problema en una tormenta de nieve.
En uno de los entrenamientos diarios de Abigaíl está parada de manos, sobre una roca alargada y plana que resalta en la superficie nevada, cerca del precipicio. Intenta mantener el equilibrio entre las frías ráfagas de viento.
Su maestro sale de la Casita cruzando el marco sin puerta y la capa marrón ondea por la brisa. Mira con curiosidad a Abigaíl.
—¿Qué haces Abigaíl? —pregunta Sebastián.
—Intento mantener el equilibrio con mi elemento Aire —responde y respira otra bocanada de aire—. Para no caer por las ráfagas.
—Ya lo sospechaba —afirma colocando una mano a la barbilla—. Lo que no sé, ¿por qué tu mundo está de cabeza? —. Pregunta con sarcasmo.
—Pensé que sería mejor, de controlar mi elemento —respira otra bocanada de aire y sigue respondiendo—. Por las impredecibles ráfagas.
—Está bien —responde—. Supongo que ya dominas El Súperviento Arrollador del Dolor.
—No, aún no —contesta mientras se pone de pie y le mira—. Practiqué temprano, pero aún siento que le falta más poder—. Observando sus manos, suspira—. Y pueda ser digna del nombre de mi técnica.
—Ummmm eso lo quisiera ver algún día, también sugiero que le cambies el nombre a esa técnica tuya —comenta.
—¡¿Por qué?! —responde a prisa.
—Es como sí sintiera dolor cada vez que lo menciono —sonrió divertido.
—Maestro no se burle, a mí me gusta el nombre.
—Está bien ponle como quieras, el nombre solo facilita recordar las técnicas mientras aprendes el control —comenta fijándose en el reloj que trae en la muñeca—. Y ya es hora de comer… Haré el almuerzo, te daré chance para que entrenes más.
Sebastián da vuelta hacia la Casita. Esta pequeña vivienda es alargada con dos camas a un lado, alejado de la entrada: son losas de roca, en algunas partes hundidas para que el cuerpo se acople, las rocas más cómodas que pueda haber.
Hay una trampilla en medio de la Casita que da acceso a las provisiones como la comida, el agua y la ropa. Y cerca de la entrada está la cocina de combustible y solar. El tipo solar es difícil de recargar durante largas tormentas.
Seis horas más tarde, la tormenta de nieve cesó.
Abigaíl sentada en la misma roca alargada de entrenamiento, está cruzada de piernas con los ojos cerrados, mantiene una concentración interior ininterrumpida. Sin embargo, a lo lejos se escucha un helicóptero sacándola de trance, abre los ojos viendo un helicóptero de color negro en dirección a ellos. "¿Nos trajeron provisiones tan pronto?".
Su maestro qué en este momento tomaba una siesta, oyó el helicóptero también. El sonido de las hélices se hace más fuerte, a decir verdad, Sebastián no tenía mucho que hacer; lleva cuatro años enseñando a Abigaíl, entre lo poco que le falta es dominar su mejor técnica.
Cuando el sonido de las hélices se escucha cerca, Sebastián se levanta de la casi cómoda cama y sale de la Casita. El helicóptero con vidrio ahumado se posiciona para descender sobre la pista de aterrizaje estilo roca, una pista hecha por el mismo.
—¡Tenemos visitantes! —exclama Sebastián—. Es hora de destapar los escalones—. Levanta el brazo derecho con la mano extendida, apuntando hacia la pendiente. Están hechas de rocas aplanadas que en estos momentos están cubiertas de nieve, la pista de aterrizaje queda más abajo de la Casita.
—Maestro, yo lo hago —Interrumpe Abigaíl poniéndose de pie—. Veinte escalones no son nada para mí.
—Ok, hazlo tú.
Abigaíl de un paso, bajó de la roca de entrenamiento y camina más a la orilla del precipicio. Enfoca la mirada pretendiendo adivinar los escalones en la pendiente, con las manos abiertas
apunta en dirección: en las palmas se forma rápido unas pelotas concentradas de Aire, disparándolas de cada mano crea más esferas al instante.
Las pelotas chocan contra la pendiente, las ondas expansivas salpican la nieve hacia los lados descubriendo los escalones.
El helicóptero en descenso a la pista, los tripulantes observan el espectáculo.
—¡Listo! —dice Abigaíl contenta.
—Así que fueron veintidós esferas —contó Sebastián.
—¿Entonces te distes cuenta? —pregunta dando la vuelta, dirigiéndole la mirada.
—Digamos que tengo mucho tiempo libre y sigo siendo tu maestro.
—¡Qué quisquilloso! —exclamó—. Solo fallé dos veces, había nieve allá —. Dijo con mala cara.
—Bueno, lo admito, hiciste un buen trabajo —dice Sebastián, y Abigaíl sonrío.
Del helicóptero baja una tripulante, los Torrenders ven a lo lejos a una mujer de vestimenta ejecutiva de color blanco, encima trae una capa negra con la capucha puesta. Hay dos acompañantes que no bajan, visten de túnicas azul oscuro con capas bicolores entre blanco y negro.
—Así que tenemos visita de Nanún —comenta Sebastián acercándose a la orilla.
La mujer subiendo los escalones. Abigaíl la reconoce apenas a medio camino, su pelirrojo cabello sobresale un poco de la capucha. Cuando ella llega hasta a ellos, se acerca la Torrender.
—¡Andrea! —exclamó Abigaíl dando un abrazo.
—Abigaíl cómo estás —responde Andrea recibiendo el abrazo.
—¡La mismísima presidenta de Nanún nos visita! —exclamó Sebastián—. ¡Cuánto tiempo!, a que se debe el honor.
—¡Hola Sebastián!, cuánto tiempo ¿Verdad? —comenta Andrea—. Hace meses que no los veía y no recordaba el frío de acá.
—Y eso que traes puesta la capa térmica —mencionó Abigaíl.
—¿Llegaste sola? ¿El piloto nos tiene miedo? —pregunta Sebastián irónico.
—No exactamente, vine con dos acompañantes. Son androides del País Central —comenta Andrea.
—Entonces llegas de lejos —dice Sebastián.
—Pero no traigo buenas noticias —expresó Andrea incómoda.
—¿Qué pasó? —Abigaíl se preocupa.
—Pues... Verás... —Andrea respira hondo—. Finare cayó a manos de Los Roc Darks.
Cuando escucharon esas palabras Abigaíl y Sebastián, un frío inquietante les recorrió el cuerpo. Finare es el lugar donde crecieron y vivieron toda su vida, en el país hay una ciudad llena de Torrenders, es una noticia que no esperaban escuchar.
—¿Esto está ocurriendo? —Sebastián cayendo sentado hizo una pregunta al aire. Recordando la última vez que vio a su esposa y a su hijo.
—No sé cómo ocurrió, y quisiera saberlo —dijo Andrea triste.
Abigaíl no sabe cómo reaccionar, está inmóvil. Sus padres murieron hace años de una extraña enfermedad y ha estado sola desde entonces, excepto por la compañía de su maestro.
Capítulo 3
Hace tres años.
En un día como cualquier otro, Los Rock Darks invadieron el país de Saiso en un abrir y cerrar de ojos, conocido también como el Reino de Oro. Cientos de residentes originarios fueron protegidos por Los Torrenders, pero la mayoría no logró sobrevivir.
Mucho pronosticaron el principio del caos, el fin entre finales, y no llegó a ocurrir nada. En los meses siguientes, hubo una aparente calma; la aparición de Los Roc Darks fue relacionado con el Evento de Torren donde nacieron los Torrenders, sin embargo, hay dudas al respecto. Desde el país de Finare a Saiso hay una gran distancia, está de por medio el mar y tres países, es muy poco probable que una horda de rocas vivientes deambulara entre naciones sin ser vistos.
Las Montañas Heladas de Nanún, actualidad.
—Todos fueron secuestrados —explica Andrea—. Pero aún podemos traerlos de vuelta a casa.
—¿Están en Saiso cierto? —preguntó Sebastián incómodo.
—Sí, todas las naves gigantes se dirigieron a Saiso —dice Andrea.
—Entonces nos vamos —Abigaíl se animó hablar—. Llévanos allá.
—También vengo a contar un plan, uno que incluye al Héroe Perdido —comenta Andrea.
—¿El Héroe Perdido?, ese es el plan —dice Sebastián.
—Dicen que se retiró porque ya es viejo —menciona Abigaíl.
—¿Cómo que viejo? Dracír es más joven que yo —contesta Sebastián.
—A Los Torrenders no se le nota mucho la edad —dijo Andrea—. Jamás supe cuántos años tenía.
—Dracír tendrá sus treinta y siete o sus treinta y ocho —menciona Sebastián.
—¿Lo conociste Maestro? —pregunta Abigaíl.
—No literal, estudiamos en la misma escuela —aclaró Sebastián—. La primera vez que lo vi, Dracír era un niño y yo era maestro de esa escuela.
—¿Entonces le dio clases? —pregunta Abigaíl.
—No, solo lo conocí de vista en la escuela —dijo Sebastián—. Pero esos ojos, no parecen de un niño de ocho años, no puedes olvidar algo como eso.
—Entiendo —dice Abigaíl.
—Y el plan consiste en saber dónde está —puntualiza Andrea.
—Nos tomará demasiado tiempo —afirmó Abigaíl—. Buscar país por país en esta situación complicada, no lo imagino.
—Te puedo ahorrar los viajes diciéndote que está en Zasorial —menciona Andrea.
—El país más grande de todos, con razón nadie sabe dónde está —comenta Sebastián.
—Nos vamos para Zasorial entonces —dice Abigaíl dando media vuelta, para empacar sus cosas. Sebastián se levanta y hace lo mismo.
—Yo espero aquí mientras recogen sus pertenencias —dijo Andrea esperanzada.
Y así Abigaíl a punto de emprender un largo viaje a Zasorial, conocerá lo qué le depara el destino. Un plan complejo con la incertidumbre en el pecho.
Cuando Abigaíl y Sebastián salen de la Casita con las maletas hechas, y Andrea a la espera. Se acerca a ellos un androide que subió los escalones sin previo aviso.
—Hola, soy NF26Y —dice con voz robótica. De tamaño promedio, trae puesto una túnica azul oscuro y una capa bicolor de blanco y negro, sus extremidades son grisáceas—. Traigo un mensaje del País Central.
—¿Si?… ¿Cuál es el mensaje NF26Y? —pregunta Andrea intrigada.
—Torrenders esperen una hora más, antes de partir —dice NF26Y—. Viene para acá otro helicóptero con provisiones experimentales.
—¡¿Una hora?! Porque esperar más, tenemos prisa —comenta Abigaíl. Sebastián le mira como diciéndole que se calme.
—¿Experimentales, dices? —Sebastián preguntándole al androide.
—El paquete contiene bebida energizante y comida extra para un largo viaje —dice NF26Y—. Son los únicos Torrenders, los necesitamos vivos.
—Está bien esperaremos, somos dos por el momento —comentó Sebastián—. Los Roc Darks no son nada fáciles—. Dice con voz baja, no queriendo hablar de ello.
—Nunca insistí en preguntar maestro, porque hace tres años fue una tragedia —explica Abigaíl—. ¿Pero cómo son Los Roc Darks?
—Son grandes… Más de dos metros, como todo el mundo sabe —cuenta Sebastián—. Pero son más que eso—. Siente como le pesan los recuerdos.
—¿Más que eso? —Abigaíl siente curiosidad—. Sé que veré uno cara a cara en Saiso.
Andrea mira a Sebastián con curiosidad también, aunque no dice nada quiere saber sobre Los Roc Darks.
—Aunque sean pesados y grandes, no son lentos —aclara Sebastián—. Aparte son muy fuertes.
—Entonces tan rápidos como un Torrender —Abigaíl se preocupa.
—No como un Torrender —afirmó Sebastián—. Son mejores que un Torrender.
Sorprendidas Abigaíl y Andrea por lo que escuchan.
—Quée... eee... ¿Los Roc Darks? ¿Son tan poderosos? —Titubea Abigaíl.
—Por eso nunca te hablé de ellos Abigaíl —se explica Sebastián—. Su existencia es desmotivadora.
—Yo... —Abigaíl no encuentra las palabras, apenas lo asimila.
—Por ello quise venir a Las Montañas Heladas de Nanún —menciona Sebastián—. Para que domines tu poder y también desarrollar tu mejor técnica.
—El Súperviento... —Abigaíl no pronuncia el nombre completo y piensa en posibilidades. "¿Mi mejor técnica? ¿Cómo puedo acertar el golpe a algo tan rápido, aunque domine mi técnica? Apenas me dé cuenta estaré acabada".
—Sé lo que supones Abigaíl —responde Sebastián—. Y te entiendo, no es fácil.
—Es una locura —dice Andrea—. ¿Entonces el Héroe Perdido? Es una mentira, nunca luchó contra Los Roc Darks—. Se desanima.
—La verdad es que... — Sebastián toma una pausa antes de responder—. Dracír sí estuvo en Saiso, nosotros Los Torrenders a duras penas sobrevivimos, pero...
—¿Qué? —pregunta Abigaíl.
—No existe Torrender que derrote a Los Roc Darks —confiesa Sebastián.
Abigaíl y Andrea se les eriza la piel, una sensación más fría que el clima.
—A excepción de Dracír, él supera a Los Torrenders —Sigue contando Sebastián—. Aunque nosotros lo consideramos un Torrender, él es distinto.
—¿Él supera a los Torrenders...? —preguntó Abigaíl despacio, intentando asimilar el poder de Los Roc Darks y ahora escucha que Dracír es uno más de los poderosos. A ella le parece un mundo inalcanzable.
—No entiendo por qué se retiró —dice Sebastián—. La última vez que lo vi fue en Saiso y sus últimas palabras fueron, me retiro por el bien del futuro.
—¿Qué quiso decir Dracír? —pregunta Andrea confundida.
—Quizás para estimular a los demás, que luchen por sí mismos, no lo sé —dice Sebastián.
—¡Pero eso no fue peor! —exclama Abigaíl—. Él se fue, nadie protegió a Torren, ni a Finare, ni a nadie—. Casi se le salen las lágrimas.
—La caída de Finare me sorprendió, pero no imagino a Dracír abandonando a alguien —comenta Sebastián.
—Eso mismo piensa el Director General —interrumpe Andrea—. Me contactó, me explicó el plan—. Suspiró y luego dijo—. Un plan sobre ti Abigaíl y tu maestro, con la esperanza que encontrarán a Dracír.
—Aunque no podemos hacer mucho —dijo Abigaíl afligida.
—Yo tampoco sabía que Dracír podría ser el único —comenta Andrea resignada—. El Director no me comentó nada.
—Hace tiempo le conté al Director sobre ti Abigaíl, tienes talento —menciona Sebastián—. Y ahora estamos acá con este plan, aunque no seamos como Dracír, podemos llegar a Saiso con su guía.
No sabe en qué pensar Abigaíl, jamás conoció a Dracír ni de vista.
—Es hora de irnos presidenta —dice NF26Y con su voz robótica—. El próximo helicóptero está en camino.
—Está bien, les deseo éxitos —comenta Andrea y abraza a Abigaíl—. Cuídate mucho, nos vemos pronto.
—Sí, tú también —dice Abigaíl.
—Hasta luego, presidenta —se despide Sebastián.
—Hasta luego, Sebastián, cuida a Abigaíl —dice Andrea despidiéndose.
—Siempre… —asiente Sebastián.
Se retira bajando los escalones y el androide siguiéndole el paso hasta llegar al helicóptero, se montan tomando sus asientos. Para luego el piloto encender las hélices, asciende, viaja al noroeste.
Abigaíl y Sebastián se sentaron en la nieve sin hablar, había mucho para reflexionar y a la vez no encontraban respuestas.
Luego de un rato a lo lejos se escucha unas hélices, esta vez viene un helicóptero de color blanco.
—¿Maestro?
—Dime.
—Ojalá que los energizantes nos sirvan de algo.
—Sí, yo espero eso también.
Cuando el sonido de las hélices se hizo más fuerte, el helicóptero está en posición para aterrizar. Ya en la pista, bajaron cinco tripulantes abrigados con suéteres gruesos de color blanco, pantalones negros y botas negras. Los cinco llevan capas bicolores con la capucha puesta, uno sube los escalones con una caja pequeña en brazos. Y los otros cuatro que son tres hombres y una mujer, se disponen a bajar las cajas.
Sebastián se levanta y Abigaíl hace lo mismo. El sujeto llega hasta ellos, no se le puede ver toda la cara, lleva una especie de casco integral de color negro como de motociclista, pero su diseño está descubierto a la altura de la boca. Él es de tez blanco.
—Hola Torrenders soy Jairo, les traigo el producto.
—Mucho gusto —dice Sebastián y Abigaíl.
—No tenemos mucho tiempo, les muestro rápido —comenta Jairo.
Pone la caja en el suelo, lo abre y se ve el contenido que son cuatro botellas de agua. Jairo le da una botella a Abigaíl, la etiqueta dice energizante.
—A ver —dice Abigaíl estirando un brazo y agita la botella fijándose si ve algo distinto.
—Dime una cosa Jairo —dice Sebastián—. ¿Por qué tantas cajas? —. Pregunta observando la pista de aterrizaje. A simple vista calcula unas quince cajas.
—Aaah, eso —responde Jairo—. Son las provisiones, pero no sé preocupe señor también trajimos un mini-transportador antigravedad, llevará las cajas por ustedes.
—Que detalle —opina Sebastián.
—Tome uno también —dice Jairo dándole una botella energizante que sostiene en la mano Sebastián.
—¿Y qué se supone que hace esto? —pregunta Abigaíl curiosa, destapa la botella y toma un trago.
—Muchas cosas, pero debería quitarles el cansancio —contesta Jairo—. Son Torrenders, se hizo el esfuerzo de crearles algo efectivo.
—¡Oye está bueno!, es de fresa —exclama Abigaíl.
—¿Sí? —dice Sebastián destapando el suyo y probando un sorbo—. Tienes razón Abigaíl.
—Sí, el sabor es bueno también —comenta Jairo mientras sonríe.
—Me estoy sintiendo mareada —dijo Abigaíl viendo como todo se mueve de un lado a otro.
—¡Cuidado te caes! —exclama Jairo.
—Yo también me siento mareado —dice Sebastián que intenta estar de pie. Todo alrededor gira y ve como cae Abigaíl en la nieve. Termina él cayendo sobre la nieve también, escucha al fondo la voz de Jairo que dice.
—No se preocupen, solo es un efecto secundario.
Queda inconsciente Sebastián. Minutos después, sin poder abrirlos los ojos escucha voces a lo lejos.
—Jefe, ya descargamos todas las cajas —voz masculina.
—Bien, dile al androide que suba —voz de Jairo.
—¡Si señor!
Sebastián vuelve a caer en el sueño profundo.
Diez minutos después...
Abigaíl sintiéndose incómoda y paralizada, reconoce la roca dónde está acostada, es donde siempre entrena, pero no sabe cómo llego hasta allí. Abre el ojo y ve los tripulantes alrededor. También está un androide de color blanco a su lado, es tipo cirujano.
"¡¿Un androide blanco?! ¿Qué hace aquí?", pensó Abigaíl.
—Hola Abigaíl, como te sientes... paralizada —comentó Jairo—. Androide muéstrame el frasco—. Capta la orden el androide.
En el pecho del androide se abre un compartimento, saca un pequeño frasco y lo muestra sobre su mano robótica.
—¿Reconoces esto Abigaíl? —pregunta Jairo.
Abigaíl dirige la mirada al frasco, contiene un líquido transparente y ve adentro un ojo de color verde satinado brillante flotando.
—¡Exacto Abigaíl, es tu ojo! —exclama Jairo con una sonrisa maléfica.
Abigaíl sorprendida, no se había dado cuenta qué ve un solo lado, era cierto, le faltaba el ojo izquierdo. El efecto de la parálisis recorriéndole el cuerpo y ella sin poder hacer nada.