Capítulo 2

10 años antes

- Vamos, vamos Davina, date prisa Josh está abajo en el coche esperando. – gritaba una chica golpeando rítmicamente la puerta del baño, mientras en el interior Davina le daba los últimos retoques a su maquillaje.

Davina sonrió a su reflejo, hoy era un día importante, un gran día, hoy comenzaba el resto de su vida. Se miró una vez, asegurándose de que los rizos habían quedado bien en su largo cabello negro, que la gruesa línea negra sobre sus ojos eran pareja, retoco su labial rojo, se ajustó la chamarra sobre el top negro y abrió por fin la puerta del baño. La chica que antes tocaba la puerta se lanzó sobre ella envolviéndola en un gran abrazo de oso.

- Ya era hora, estábamos a punto de irnos sin ti y te lo ibas a perder. – Davina sonrió sabiendo que obviamente le mentía, hoy era su gran día, la función no podía comenzar sin ella.

- Mejor salgamos, antes que Josh se ponga cascarrabias.

- ¿Antes? Parece que no conoces a tu propio novio, hace 20 minutos se puso gruñón, en serio, no sé cómo lo soportas. – le respondió la chica con otra sonrisa mientras transitaban por el angosto pasillo blanco alejándose del baño, cuando pasaron frente a la cocina Davina le grito a su madre.

- Ya me voy, mamá.

- Si, tengan cuidado, no regresen tarde. ¿Llevas tu llave?

- Si mamá – contesto Davina alejándose, pero su madre volvió a hablar.

- Yvonne. ¿Hablaste con tu madre, sabe a dónde van? ¿Qué le digo si viene a buscarte? – la madre de Yvonne no estaba de acuerdo con sus Hobbies y con casi nada de lo que, hacia feliz a su hija, por lo que la chica solía mentir sobre su ubicación frecuentemente.

- Si tía Mia, le dije que iba a acompañar a Davina a la audición como apoyo moral, así que no tienes que mentir. – Mia asintió, aunque sabía que las chicas no la podían ver, y ellas no esperaron más antes de salir de la casa y bajar las escaleras de granito hasta el coche rojo que les espera aparcado en la derecha de la casa.

Yvonne y Davina iban con sus brazos entrelazado, ambas usaban un top, Jens gastados y una chamarra, aunque los colores no eran los mismos, solían vestirse parecido. Desde que las personas les decían que parecían hermanas, solían aprovecharse de eso para confundir. A pesar de que Yvonne era un año mayor, eran realmente similares, ambas con una hermosa piel bronceada, de estatura mediada y bastante delgadas con cabellos negro. El pelo de Yvonne era rizado desde pequeña mientras que el de Davina era más lacio, pero se turnaban para cambiar estilos. Hoy ambas llevaban el cabello rizado y suelto sobre su espalda.

Cuando llegaron al coche Davina abrió la puerta del copiloto y tomó asiento, mientras que Yvonne fue al del pasajero.

- Hola Bebé - saludó al chico al chico sentado en el asiento del piloto que fumaba una última bocanada de humo antes de aventar el cigarro por la ventanilla. - te he dicho que no lances cabos al jardín de mi madre, después se está quejando que se le mueren las flores. - se quejó la chica imaginándose la reprimenda de su madre si llegaba a ver aquello.

- Y yo te he dicho que no me gusta estar esperándote durante más de 1 hora a que termines de arreglarte. Odio que demores tanto. - se quejó malhumorado sin siquiera regalarle una mirada mientras ponía el coche en marcha - hoy es un día importante para todos nosotros el resto de la banda ya llegó y nos están esperando solo faltabas tú.

- Sé que es un día importante, pero todavía faltan casi 2 horas para la reunión, Sabía que si me guiaba por ustedes podíamos amanecer en la disquera. - el auto se puso en marcha mientras salían del vecindario de la chica dejando atrás su casa y a su madre. - Venga Baby, relájate, tú mismo lo has dicho, hoy es un día importante. - Davina le regaló una sonrisa radiante pero el chico ni si quiera giró sus azules ojos hacia ella una vez. Rindiéndose Davina comenzó a observar por la ventanilla distraída mientras iban rumbo a la reunión que se suponía cambiaría sus vidas.

Media hora después el coche rojo se detuvo en el parqueo de un edificio de oficinas donde se encontraba los estudios Rain Music una joven compañía discográfica en ascensión. El trío bajó del coche y se acercaron a otros 2 chicos que esperaban cerca de la entrada.

- Por dios Josh, creí que se habían arrepentido y nos habían dejado tirados- dijo el más alto de los chicos de cabellos rojos fuegos y ojos color esmeraldas.

- Eso nunca – sonrió Josh mostrando esa media sonrisa pícara que tanto le gustaba a Davina. Pero que hoy le habían negado - no se llamaría Josh y su banda si tuviera pensado dejarlos tirados. - Davina siempre había pensado que era un nombre ridículo y poco ingenioso, pero Josh fue quien propuso armar la banda, por lo que había sido quien también había escogido el nombre

- Bueno ya que estamos aquí mejor entremos. – dijo Davina mientras sus ojos vagaban por el edificio frente a ellos. Pero antes que sus pies dieran un segundo paso unas posesivas manos se aferrarnos a sus caderas. Josh dio un paso sujetándola por la cintura. Sus azules ojos por fin se fijaron en ella y su sangre comenzó a bombear más fuerte cargado de expectativas.

- Ven guapa, vamos a aplastarlos - dijo Josh mientras tomándole de la mano caminaba hacia el edificio manteniéndola un paso detrás de él.

Capítulo 3

El presente

En el asiento del pasajero Davina observaba distraída el pasaje, todo había cambiado en su ausencia, las calles, los edificios, hasta las personas parecían diferentes. Ella misma se notaba diferente. Aquellos 10 años en la cárcel la habían cambiado y ya no era la misma chiquilla de 16 años a la que habían condenado hacia tanto tiempo. Poco a poco el entorno se fue tornando más conocido las calles por las que había pasado tantas veces, las cafeterías que solía frecuentar, no sabía cómo, pero iba camino a su casa, a pesar de que nunca le había comentado la dirección al chófer del jeep; curiosa le regaló una mirada al hombre a su lado. No habían conversado en todo el camino, pero aun así el silencio no había sido algo molesto, de esos que sientes la necesidad de rellenar con palabras absurdas. Habían viajado en silencio uno al lado del otro, dos completos desconocidos, pero extrañamente Davina se sentía cómoda alrededor del elegante hombre en traje caro.

- Hemos llegado – sentención Owen sacando a la chica de sus pensamientos, sorprendida observó por la ventana para darse cuenta de que efectivamente se encontraba frente a la casa de su madre.

- Bien, gracias por el aventón. – dijo ella mientras se disponía a salir del auto, pero la voz de Owen la detuvo.

- ¿Quieres que te esperemos aquí? Puedo llevarte después al hotel y buscarte esos chicos.

- Gracias por la oferta, pero creo que necesito un tiempo en casa, no estoy seguro de ser lo que tú empresa está buscando, pero prometo ponerme pronto en contacto. – para reafirmar sus palabras batió la tarjeta de presentación en su mano.

- Está bien – aceptó Owen – avísame si necesitas cualquier cosa.

Y sin decir nada más Davina bajó del todoterreno y se precipitó hacia las escaleras de la que antes había sido su casa, su hogar. Muchas veces había soñado en la cárcel con este momento, se había imaginado cientos de veces subiendo los escalones de granito mientras sus dedos acariciaban el frío metal de la baranda. Se imaginó el último tramo antes de por fin saltar frente a la puerta de la casa mientras gritaba sorpresa a su madre sentada en la sala viendo la televisión. En diversos escenarios las reacciones fueron diferentes, lo que no esperaba Davina, era ver su plan fracasar debido a unas inoportunas rejas. El que había sido su hogar ya no se sintió así cuando Davina tuvo que tocar el timbre como cualquier otro invitado.

La voz de su madre se sintió desde el interior de la casa con un claro Ya va y un par de minutos después la puerta principal se abrió y vio a su madre atravesarla. A pesar de sus 48 años Mía Laurent era una mujer hermosa, con el cabello un poco más blanco con algunas canas decorándolo y algunas arrugas en su rostro, pero su innegable belleza seguía ahí. Cuando Mía vio a su hija se quedó congelada un segundo y Davina por primera vez consideró el rechazo de su madre, pero la idea de inmediato desapareció cuando Mía abrió la reja y estrechó a su hija contra sus brazos mientras las lágrimas corrían sin cesar por su rostro. De pronto la apartó e inspecciono por todas partes.

‐ ¿Estás bien? ¿Te duele en alguna parte? ¿Te escapaste de la prisión? - Davina podía ver los engranajes del celebro de su madre trabajando a toda marcha - no deberías haber venido hasta aquí, será donde primero te busquen tienes que esconderte.

- Mamá, - intento intervenir.

- Necesitas dinero, tendré que sacar los ahorros del banco.

- Mamá- insistió Davina

- Venderé el coche, esta nuevo, seguro me dan una buena pasta por él.

- Mamá - Davina alzó la voz para sacarla de sus maquinaciones - no hace falta que vendas el coche, no me escapé, me dejaron ir, y cumplí mi condena, soy una mujer libre.

- Libre – repitió su madre en voz baja como si no pudiera entenderlo, hasta que comprendió las palabras de su hija y volvió a darle un gran abrazo encerrándola contra su pecho – oh dios, no puedo creerlo, al fin todo terminó. Llorando acaricio el cabello de su pequeña y luego bruscamente la volvió a separar para mirarla a los ojos. – ¿Por qué no me dijiste nada la semana pasada cuando fui a verte? ¿Por qué no me llamaste? Podríamos haber ido a recogerte.

- No quería molestar, a parte quería darte la sorpresa.

- Querías matarme de un infarto al corazón, ya no estoy para estos sustos Davina... - la voz de Mia fue interrumpida por una pequeñita figura que se detuvo en la entrada principal de la casa.

- Mamá – dijo la niña de no más 5 años.

- Oh, - Mia se secó las lágrimas y se acercó a la pequeña - ven cariño quiero presentarte a alguien. – Mia levanto a la pequeña en brazos y camino hacia Davina- Denise, ella es tu hermana Davina, recuerdas te hable de ella antes, te dije que estaba en un lugar lejos, pero pronto regresaría- la niña asintió y observo a su hermana con curiosidad. Davina se acercó y le acaricio el cabello.

- Hola Denise, soy Davina, un placer poder finalmente conocerte, la última vez que te vi, aun estabas en el vientre de tu mamá. – Davina había tenido cinco largos años para adaptarse a la idea de que era hermana mayor, pero una cosa era imaginarlo, y otra diferente ver a su madre sosteniendo en brazos una versión miniatura suya. La pequeña tenía el cabello negro y lacio como el suyo, pero su piel era unos tonos más claros, unos ojos color café grandes y expresivos y unas mejillas rosas y regordetas y Davina supo desde el primer momento que la vio que aquella pequeña le gustaría y se robaría un pedacito de su corazón justo también como... Davina bajo la vista y vio que su mano instintivamente había viajado a plano vientre, su madre también se percató del gesto y queriendo aligerar el ambiente hablo.

- Cariño, mejor entremos, vamos a comer algo, debes estar ansiosa por probar mi sazón.

Davina entro en la casa, la misma donde había vivido toda su infancia, solo que aquí también habían ocurrido cambios, la pared del pasillo de entrada donde antes estaba lleno de fotografías suyas ahora era decorada por fotos de una beba hermosa y todas sus primeras veces, solo un par de fotografías suyas seguían sobre una mesita en la sala. Los antiguos muebles estilo colonial, habían sido sustituidos por un moderno sofá en forma de L y un sillón de masajes. Davina siguió a su madre hasta el comedor y se asombró al ver que la estructura había cambiado, la pared que dividía la cocina del comedor había desaparecido y una amplia barra americana ocupaba el sitio, la pequeña Denise tomo asiento en una de las banquetas mientras mia rodeaba la barra y se ponía a trabajar en la cocina, siguiendo a su hermana menor Davina también tomo asiento, su madre de pronto dejó el cuchillo a medio cortar del queso cuando cayó en cuenta de algo.

- Es la primera vez que ves la remodelación.

- Unjú – asintió distraída Davina mientras robaba un pedazo de queso que su madre había cortado, Mia le pego en la mano y la hizo soltarlo

- Las manos, Davina, están sucias. – ambas se miraron y cayeron en un silencio incomodo, aquello era algo normal en ellas, Davina intentaba robar comida y su madre la reñía, pero eran las acciones entre una madre y su hija adolescente de 16 años, Davina ya no era aquella niña, acababa de cumplir los 26 y en ese momento madre e hija se acaban de percatar que no sabían cómo actuar alrededor de la otra.

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